ZUÑIGA ALBAN HERNAN

PINTOR Y GRABADOR.- Nació en Ambato el 18 de Enero de 1948 y fueron sus padres legítimos Ricardo Zúñiga Domínguez, natural de Guano, zapatero de rodilla que se estableció en Ambato donde casó con Ana Albán Ruiz, de profesión modista que confeccionaba vestidos basándose en los figurines de una época gloriosa de la moda – los años cincuenta – hija del Coronel Hugo Albán Borja. Allí nacieron sus dos hijos. En 1952 pasaron a Guayaquil, alquilaron un departamento en 10 de Agosto y Santa Elena. Fue obrero en la fábrica Venus de productos de caucho ubicada en El Oro y la Ría, después pusieron el bazar Cecilia cerca del Mercado Central, se hizo modelador de calzado y prosperó.
Estudió las primeras letras en el Pensionado Mera de los Hermanos Cristianos de Ambato y la primaria en la escuela parroquial García Moreno de la plaza de la Victoria donde formó parte del Coro cantando música religiosa. “Cuando salía de clases iba a observar a las numerosas prostitutas y a otras formas de vida popular del sector, aunque después tenía que confesarme, pero la penitencia era leve debido a mi calidad de monaguillo. Por esas observaciones aún soy una especie de cronista de esta América, glosario extraordinario de realismo mágico exuberante y el barrio se transformaría en modelo de tratamiento de mi obra tanto poética como pictórica” por eso aún recuerda como los charlatanes sacaban de sus baúles a la serpiente Martha Julia y considera que en esos código subyacen aspectos urbanos ya idos pero llenos de poesía. De esos barrios recuerda las visitas al cine Lux en Colón y Pío Montúfar con Jorge Velasco Mackenzie, sitios que después le servirían a éste para recrear el barrio marginal de Matavivela en su novela “El rincón de los justos.”
Durante las clases ilustraba todos sus cuadernos con hermosos dibujos, era algo sensual porque parecía que el dibujar fuera parte de su ser y cuando cumplió los trece años su madre se esmeró en confeccionar un vestido muy fino por el que cobró bien y le pudo adquirir los trece dólares que costaba el curso de Dibujo por correspondencia de la American Cultural Interchange de Miami que le fue de mucha utilidad. Por esos meses ingresó al Colegio Mercantil de Homero Velarde, profesor sumamente adusto y victoriano que acostumbraba castigar con palmeta a los alumnos que no hacían bien los ejercicios de letras Palmer inglesa, cursiva y redonda; pues, según él, los Tenedores de Libros debían ser artistas calígrafos, y por persistir su manía de decorador de cuadernos dos veces recibió fuete.
A los quince años una amiga de familia le consiguió colocación como obrero textil en la fábrica Harinas del Ecuador con S/. 450 semanales de sueldo. Tenía talento y lo puso al servicio del arte pues aprendió serigrafía y a dibujar el lienzo con que se fabricaban los saquillos de harina que la gente pobre utilizaba para confeccionar sus vestidos y cuando falleció el técnico norteamericano asumió la dirección del taller con S/. 700, alquiló un departamento que habitó con los suyos en Luque y García Avilés frente a los laboratorios Marzo, que daba a un extenso patio comunicado a la calle, a donde bajaba con el caballete a pintar.
Una tarde, mientras se encontraba abstraído en su arte, pasó el profesor Medardo Paz Domínguez, de la Escuela Municipal de Bellas Artes, que se interesó en su trabajo y le invitó a participar en el Salón de Mayo de 1963 promovido por la Asociación de Jóvenes Intelectuales de Guayaquil, que inauguró en la Biblioteca Municipal la consulesa de Panamá Rosa Parada de Puig. Allí conoció a otros jóvenes pintores como Juan Villafuerte, Roosevelt Cruz, José Carreño, Miguel Yaulema, Bolívar Peñafiel, etc. que investigaban para romper el figurativismo indigenista y se unió a ellos hasta lograr un neofigurativismo, expresión conjunta de temática, gestualidad y conducta social, mientras en Quito ocurría algo parecido con los llamados Cuatro Mosqueteros o guaguas de Viola: Ramiro Jácome, Nelson Román, José Unda y Washington Iza, quienes expusieron un Anti salón en Guayaquil el 69.
En la Asociación de Jovenes Intelectuales de Guayaquil realizaron Carreño, Yaulema, Villafuerte y Zúñiga una gran actividad artística y en los Certámenes de Mayo escribía poesía para folletines ilustrados y marginales, mientras trabajaba sus obras en la casa de Villafuerte en Machala y Capitán Nájera, que pintaba por entonces una serie de cien dibujos a dos manos y sobre papel que recién se exhibió en la Exposición retrospectiva de Villafuerte, organizada por el Banco Central de Guayaquil en 1991.
El 64 obtuvo una de las Menciones al Dibujo en el Intercambio Cultural Americano en Buenos Aires. Frecuentaba el local de la Asociación de Carpinteros y la peluquería de Floresmilo Romero en Sucre entre García Avilés y Rumichaca donde leía la revista “Bohemia” y sin estar afiliado al Partido Comunista se fue vinculando a la revolución cubana y a las labores de difusión de esa doctrina política, cultura ideológica que fue marcando un rumbo en su vida y en su estética y que podría sintetizarse en una necesidad de cuestionar el stablishmen, de hacer las veces de un cronista de la vida que se propicia en los márgenes.
El 66, debido a que el señor Velarde no permitía el pelo largo a lo Beatle ni que fuera pintor – “para que siguiera en el Colegio tenía que dejar a esa gente” – se fue al Colegio Alberto U. Ottati de la Asociación de Empleados. Por iguales razones su compañero de banca Jorge Velasco Mackenzie salió al Colegio Marco A. Reinoso.
El 68 se graduó de Contador Público y comenzó a trabajar en UBESA con S/. 1.500, haciendo esporádicos trabajos como contador en la Clínica Neuroquirúrgica de los Dres. Gilberto Martínez Carrión y Gustavo Cornejo Montalvo con S/. 900 y con el poeta Jaime Martínez y con Jorge Velasco Mackenzie puso oficina en Aguirre y Santa Elena, pero como más se pasaba pintando terminó por trasformarla en taller de pintura y una tarde le dijo a su madre “Mañana voy a cometer un crimen, voy a matar a un Contador”. Su madre, que siempre le había comprendido, aceptó el cambio no sin advertirle que pasaría numerosas privaciones por seguir los dictados de su vocación. Una búsqueda que aún no termina señalaría el nuevo camino, siguiendo la senda trazada por el expresionismo alemán, a través de revistas de arte como “Scala”, que conseguía en los puestos de cachineros de la calle Pedro Pablo Gómez.
Por esos días irrumpía José Luís Cueva en el mundo del arte latinoamericano mientras Zúñiga admiraba a los neo fígurativos argentinos Rómulo Maccio, Luís Felipe Noe, Deira, Heredia, que tanto influenciaron con su visión descarnada, contemporánea y actual de la talidomida, el miedo persistente a Hiroshima y Nagasaki, el conflicto de los misiles de Cuba. I no mostraba al indio con desesperanza sino al hombre amenazado y aterrorizado por sus congéneres, todo dentro de un feísmo “’intransigente, valiente, honesto, irónico, desmitificador, denunciador y subversivo”. Etapa que ha denominado “marginal” por ser fruto de una visión urbana y suburbana del puerto.
Vino luego un período post colombino, abstracto libre, de cromática rica y trazos que tienden a lo sígnico, iniciada el 65, donde postuló el oficio y desarrollo manual, gestual y estilístico, de recuperación y actualización ideográfica de los diseños ancestrales, paréntesis influido por las formas de Enrique Távara, pues pronto viajó a Guápulo a unirse a Ramiro Jácome y los otros feistas “no solamente en febriles sesiones de pintura, sino en largas tertulias de bohemia, aportando el taller de serigrafía que hace obras de contenido popular y político”.
El 70 logró el Primer Premio en el Salón de Diciembre del Patronato Municipal de Bellas Artes. El 71 el Primer Gran Premio en la IX Feria Municipal de Riobamba y por iniciativa de Carlos Eduardo Jaramillo instaló un Taller de Arte para niños y adultos en el Núcleo del Guayas de la CCE. con cursos de pintura libre y artes gráficas, aplicando un método propio que va desde los simples ejercicios de psicomotricidad hasta enseñanza complicada y que duran desde tres meses a dos años según los casos.
El 72 casó con la Contadora Georgina Moscoso Saltos con dos hijas, consiguió una de las Menciones en el Salón de Mayo y fue contratado para iniciar un programa piloto en el Colegio Nacional José Vicente Trujillo, encaminado a renovar las opciones prácticas mediante la enseñanza de la serigrafía o forma de reproducción manual, pero terminó renunciando porque le fue imposible hacer pedagogía dentro del magisterio y el 75 se reintegró por entero a su Taller de Arte de la CCE ganó una Mención de Honor en el Salón Premio de París y otra en el Concurso Nacional de la Municipalidad de Quito.
El 75 se integró a una Cooperativa de Vivienda llamada Rumiñahui, creada entre los miembros de la Sociedad de Carpinteros, invadieron la zona de atrás de la ciudadela Huancavilca, lo que hoy es las Malvinas, donde construyó una rústica vivienda que habitó cinco años con su esposa e hijas, vinculandose a todo el proceso de ganar un espacio al manglar, hacer que llegue el relleno, que entren los tanqueros de agua, que se instalen los postes de luz, etc. Le tocó ver la celebración de los quinces años de las niñas pobres con toda la pompa kitsch y barroca dentro de un imaginario que las autoridades pretenden ignorar y comenzó a pintar una Crónica de los Esteros y la serie Eroticantropus o arte de lo sensual, sobre el comportamiento erótico alejado de lo lujurioso y pornográfico, “aguadas libres con dibujo de líneas de color, gruesas, sinuosas y sensuales, deformadoras de las figuras hasta hacer irreconocible los detalles voluptuosos y enfrentar al espectador con lo que lo sexual tiene de violencia”, que exhibió en la Galería de Madeleine Holander.
El 78 ganó los primeros Premios en el Salón de Pintura de Julio y Octubre trabajando neofiguración feísta en un clima fantástico, con expresión sincopada rica de rasgos magistas, que funde esperpento con fantasía y juego, según opinión de Hernán Rodríguez Castelo, pero lejos de instalarse hace un desgarrado dibujo de denuncia social acompañado de textos titulados “Crónica de los Esteros” trabajados en el Guasmo, y logró el Premio Nacional de Poesía Medardo Ángel Silva del Centro Municipal de Cultura, actuando como jurados: Hugo Salazar Tamariz, Ileana Espinel, Rafael Díaz Icaza y Carlos Eduardo Jaramillo. Una segunda edición acaba de aparecer en la imprenta del Núcleo del Guayas de la CCE en Febrero del 2.016. Estos textos hablan de la sobrevivencia de las migraciones internas a la gran urbe, mediante poblaciones asentadas en áreas periféricas hasta lograr implementar un proceso de urbanización creándose nuevos signos culturales a base de mitos, ritos y lenguajes propios de lo novedoso y popular.
El 81 concurrió al Encuentro Internacional de Jóvenes Pintores que duró dos meses en Cuba y siguió varios cursos de técnicas de grabados tales como Xilografía, Agua Fuerte, Punta Seca y Serigrafía en el Taller de Artes Gráficas de La Habana con los profesores José Countino, Roger Aguilar y Carlos del Toro. El grabado pasó a ser, de una forma de supervivencia a una herramienta de comunicación alternativa pues le permitió estructurar una estética propia que fue desde siempre una manera de transgresión. Por eso se ha dicho que es un creador autodidacta porque aparte de una metodología y disciplina adquiridas, conserva la libertad expresiva necesaria para romper con las convenciones. El 84 su poemario urbano de tipos populares “La Crónica de Cartón” fue premiado en el Concurso del Poema Mural del Centro Municipal de Cultura, sirviéndole de base para la serie “Chamberos”. El 85 adquirió una Casa en la ciudadela Sauces II con un préstamo hipotecario al IESS. El 87 asistió a la Bienal de Cali y apareció su estudio crítico biográfico en la Revista Diner´s de Quito, el 89 expuso la serie “Mis Universos” en la Galería de Expresiones, el 90 concurrió a la Bienal de Cuenca. Ese año cambió su visión estética, estudiando el comportamiento guayaco, nuestra forma de ser, actuar, vivir, etc. en carteles de dibujo agudo y sereno. También pintura política con toda la riqueza que su expresión ha alcanzado”. El 91 fundó el taller de grabado Galo Galecio en el Núcleo del Guayas de la CCE contando con los auspicios del Presidente del Núcleo, Miguel Donoso Pareja. El 92 concurrió a la Bienal de La Habana. Poco después restauró las pinturas del Paraninfo de la Universidad de Guayaquil, sobre todo la alegoría del cielo raso pero usó una coloración azul muy violenta sobreponiendola al celeste claro original.
El 94 vio llorar por televisión a Lorena Bobbit, la sencilla chica nacida en Bucay, migrante en los Estados Unidos, víctima propiciatoria del sistema, pues llevada por la desesperación ante los incesantes maltratos sexuales y psicológicos que recibía de su esposo el Sargento de la marina norteamericana John Bobbit, una noche en el interior de su hogar tomó un cuchillo y le cercenó el pene, que luego arrojo cerca del lugar. El agredido se trasladó a una clínica donde le reimplantaron el miembro, luego de lo cual realizó varios film pornos, ganando fama y dinero.
Impresionado Hernán con el drama doméstico de nuestra compatriota se le ocurrió personificarla con las túnicas de la advocación a la virgen dolorosa del Colegio San Gabriel, de los jesuitas en Quito, en un cuadro que tituló “Variante significativa: La Adolorida de Bucay”, réplica de la virgen mater dolorosa con el rostro de la Bobbit, un cuchillo en una mano, un pene en la otra y a sus pies velas y excremento, que presentó al Salón Medios alternativos de creación, convocado por la Municipalidad de Guayaquil, como una mezcla de pintura, instalación y recital. El Jurado de Admisión creyó que reunía méritos suficientes y aceptó la obra y el Jurado de Premiación le concedió uno de los cinco galardones del certamen, consistentes cada uno en dos millones de sucres.
Poco después realizó al pie del cuadro lo que él dio en llamar la génesis de la instalación con acción, mediante el rito de recitar varios textos propios (Versos Kitsch) juego más bien semántico y demostrativo de las experiencias de las mujeres latinas por alcanzar el sueño de norte América, intentos que a veces chocan con la injusticia de una sociedad que a veces torna machista, racista y xenofóbica. Por eso Lorena o la Adolorida alcanzó tanto éxito en el Salón y con el rito, en cuya mitad salía una chica vestida de papel a repartir pitos entre los asistentes para que hagan uso de ellos y formen una algarabía o adhesión a Lorena, se completaba el mensaje.
Al siguiente día el Alcalde León Febres Cordero fue informado del asunto y sin siquiera tomarse el trabajo de observar el cuadro, se exaltó como era su respuesta ante cualquier problema y mal asesorado dispuso la incautación de la obra en una de las bodegas, donde aun permanece. Orden que fue aplaudida por algunos medios de opinión mas bien conservadores, que protestaron porque “se observe a la Dolorosa en el Museo, en acto blasfemo y atentatorio contra la profunda fe del pueblo”.
Enseguida la prensa del país se hizo eco del asunto y hubo opiniones encontradas. Las noches del 27 y 28 Hernán repitió el rito en media calle y frente al Museo, con gran cantidad de curiosos que se agolparon llamados por el escándalo. En una parte del texto se dice “Lorena ha armado un gran pito y ese pito suena en todas las bocas”, momento en el cual el público comenzaba a pitar durísimo con unos pitos obsequiados para el efecto, en juego polisénico.
El escándalo continuó por varias semanas y sirvió para demostrar que sobre las consideraciones religiosas de cualquier índole, se impone la calidad del artista plástico, comunicador nato y muy personal de toda novedad digna de ser relevada, lo demás no interesa, ni tiene importancia por falta de trascendencia..
Al poco tiempo suscribió un acuerdo con el Municipio para actuar con sus alumnos en las paredes de la ciudad pues apenas los vándalos hacían sus extraños garabatos en los muros, acudían al lugar y tras borrar meticulosamente, los pintaban con signografías aborígenes. En una ocasión fue confundido y arrestado mientras daba forma a un mural bajo un puente, pero el nuevo Alcalde Jaime Nebot – al saberlo – le renovó el permiso. El 2.006 recibió la Medalla al Mérito Cultural de Primera Clase que le otorgó el Ministerio de Educación.
De allí en adelante, dedicado por entero al rescate de los personajes populares a través de dibujos y grabados, fue llamado el 2.008 por varias instituciones quiteñas para presentar una muestra de largo alcance. Así nació la serie dedicada a las prostitutas, gomeros, chamberos y pandilleros, toda gente marginal en las urbes, colección con treinta dibujos y grabados que denominó “El ladrón de sueños en la Capilla del robo” pues allí, en esa antiquísima iglesia quiteña recién restaurada, tuvo lugar la exposición que con posterioridad fue trasladada a la Casa de las Artes.
Trabajos en los que incursiona sutilmente en lo abstracto para que el espectador cree en su mente los mundos que le ofrece el artista, convirtiendose en cómplice de su delito, pues se considera un ladrón que arrebata los sueños de los marginados, localizados en los sectores populares donde transcurrieron los días de su infancia: los alrededores del mercado central en Guayaquil y la Avenida Veinticuatro de Mayo en Quito, sitios non santos por supuesto.
Hernán “ha explorado lo mágico y maravilloso, convocando a sus criaturas a rituales lúdicos, por eso es artista inquieto, versátil, comprometido con su pueblo y con su tiempo, pero en el arte y por el arte”. Está preparando una Retrospectiva a nivel nacional en exposición itinerante y una Exposición sobre las Musas, con visión sobre el eterno femenino como trabajadora, madre o amante, pero siempre sujeto ideal de inspiración, así como una Antología de su poesía que aparecerá próximamente en el Núcleo del Guayas, cuya Pinacoteca Moderna dirige hace muchos años. También se le conocen esculturas, todas ellas de hermosa significación.”
Autodidacta y dibujante por naturaleza, irreverente porque disfruta cada día de una nueva forma de expresión pero leal y perseverante en la línea y en la búsqueda de novedades. Ama el arte y dedica buena parte de su tiempo a la restauración.
Delgado, trigueño, pelo largo y ojos negros, nariz grande y roma. Católico aunque no practicante pero por encima de estas circunstancias siempre ha sido un ser introspectivo, aislado, meditabundo y por ende poco expresivo, que esconde su nerviosismo vital fumando incansablemente cigarrillos.