Biografía
Rodolfo Perez Pimentel
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Rodolfo Perez Pimentel

Narrado por:

Doctor Fernando Jurado Noboa

Academia Nacional de Historia

Nació en Guayaquil el 2 de noviembre de 1.939 en la Policlínica del Dr. Teodoro Maldonado, casa de madera ubicada en V. M. Rendón entre Chimborazo y Córdova. Sus padres vivían en un departamento alquilado por su abuela Teresa Concha en Boyacá y P. Icaza esquina, casa de los Salvador. Se trata sin duda alguna de la persona más erudita sobre la historia de su ciudad y evidentemente sobre muchísimas cosas de la historia del país. Su primer compañero de juegos fue su pariente y vecino Carlos Rendón Boloña. A los tres años se cambiaron a la casa de María Teresa Aspiazu Carbo, esquina de 9 de octubre y Boyacá junto con sus abuelos Pimentel. Cursó preparatoria en el Colegio María Auxiliadora de las madres salesianas, la primaria en el Internacional del Sr. Joaquín List y el San José La Salle de los Hermanos Cristianos. Entre los seis y siete años le sucedió un hecho muy importante en su vida. “Creo que la primera lección de genealogía me la dio mi abuelo Juan Luís, quien acostumbraba todos los domingos llevarme a la misa de san Francisco a las diez de la mañana. Le pedí que no lo hiciera por el lado del inmenso cuadro mural del infierno sino por el otro lado del templo, donde un niño Jesús bajaba del cielo entre nubes a los brazos de san Antonio de Padua, cuadro también de enormes proporciones, que me encantaba ver por sus tres dimensiones; y a la salida me compraba una estampa a colores, de fabricación italiana, con bordes dorados.

Yo las coleccionaba en un libro de misa pequeño, de tapa de carey y broche de oro, hasta que un día, de tantas estampas, se reventó el broche. Entonces mi abuelo me dijo que no me apene y ya en la casa tomó papel y las fue pegando hasta que formó un álbum que yo miraba y remiraba considerándolo un tesoro. Por ahí comenzó mi afición a coleccionar fotos viejas.” En 1.947 tuvo el primer dolor serio en su vida, murió su abuelo Juan Luís Pimentel Tinajero a causa de un tercer derrame cerebral, se sintió desolado y volvió un ser introspectivo. En esa infancia solían ir con frecuencia a su casa sus tíos Jorge Pérez Concha y Julio Pimentel Carbo, éste asistía a los almuerzos de familia, ambos excelentes historiadores y conversadores, que relataban estupendas anécdotas que el sobrino se las aprendía de memoria, pues estaba dotado de una admirable capacidad de conservación nésica. Aparte solía ir de visita donde su abuela Teresa Concha y sus tías abuelas las Concha a quienes les fascinaba hablar de la revolución protagonizada por su hermano Carlos en 1913.

En la escuela era un muchacho común y corriente, muy sociable y agradable. Entre 1951 y el 52 ganó por dos veces el premio de La Filantrópica. A los doce años aprendió a nadar en la piscina del Club Emelec e ingresó al Colegio Vicente Rocafuerte. Estando en el primer año un día oyó a su tío Julio Pimentel Carbo que el libro genealógico de Pedro Robles como muy bueno. Su padre lo tenía bajo llave, Rodolfo se lo pidió prestado y nunca más se lo devolvió. Se aprendió de memoria el apellido Pérez de Antepara y se quedó admirado del currículo de Víctor Manuel Rendón Pérez. Le frustró no encontrar a los Pimentel. El tío Julio le explicó que en 19938 Robles sabía muy poco de estos últimos, de tal manera que le facilitó unos apuntes, pero también le aconsejó: Debes leer otros apellidos que se relacionan con tu persona. Rodolfo comenzó así a coleccionar antepasados que los iba llenado en un cuaderno, se le dio hasta por anotar el color de los ojos y por varias líneas llegó a los primeros pobladores de Guayaquil. Fue como una primera satisfacción narcisista sobre sus propios orígenes. En 1.953 se entregó sistemáticamente a la natación que practicaba tres veces a la semana, además le encantaba el ajedrez y la filatelia, fue socio junior del Círculo de Ajedrez Guayaquil y varias veces ganó en su categoría. En 1954, a los quince años de edad, su curiosidad por el presente y por el pasado, se vio alimentada por dos fuentes básicas: las amigas de su madre que hablaban sobre la sociedad del presente y los amigos de su padre, que parados en una de las esquinas del boulevard 9 de octubre, como buenos caballeros decimonónicos, comentaban cosas de principio de siglo y a veces de antes. El más conocedor era José Venegas Ramos. Así, este muchacho prematuro, era los quince años de edad, una biblia sobre la primera mitad del siglo de la ciudad de Guayaquil. Pero, además, como tenía las tardes libres, en una de ellas, armado de un cuchillo, abrió uno de los estantes de libros de su padre y se puso a leer imparable, le atraía muchísimo la historia de González Suárez, Chávez Franco, Pino Roca, Oscar Efrén Reyes y Roberto Andrade, así como las biografías de Eloy Alfaro y García Moreno. Un día se engolosinó tanto que no se dio cuenta de la hora y a las seis lo sorprendió su padre, se rio y le entregó las llaves de los tres estantes, pero también leía muchísima poesía, a Poe a Rubén Darío, las Flores del Mal, las Estancias, etc. de tal manera que su cultura era histórica y literaria al mismo tiempo. El 55 se entregó al tenis y al levantamiento de pesas con profesor privado. El mismo año fue capitán del equipo de Ajedrez de su colegio y quedaron campeones durante tres años. El 56 su madre le sacó de un ropero la Probanza del apellido Pimentel guardada desde 1.883 por su abuelo. Volvió así a inquietarle el virus soporífero de la genealogía y le pidió a Julio Pimentel que le presentara con Pedro Robles, el maestro de los maestros, quien contaba por entonces con cuarenta y cuatro años de edad. No era fácil que Pedro abriera las puertas de su corazón, pero le pareció que por afinidad Rodolfo era el hijo que nunca había tenido y le tomó a cargo durante siete años como su Secretario, le enseñó muchísimas cosas, tanto de investigaciones, cuanto de las historias orales, que Pedro había oído relatar a sus viejos entre 1930 y el 50 y que se remontaban a 1860, de manera que esos siete años fueron el mejor postgrado que un alumno podía encontrar.

Decidido a sacar la segunda edición de su obra de 1938 Robles empezó el dictado morosamente, pero no pasaron del apellido Arteta. Al mismo tiempo en 1.956 Rodolfo consiguió su primer empleo como vendedor en la Casa Comercial de Luís A. Cordovéz Casa Nacional de Comercio S. A.  donde se mantuvo dos años. Data de 1957 su primer texto, unos apuntes de Literatura española en más de cien páginas, teniendo como base las clases del profesor. Bachillerado en enero del 58 cobra gran interés por la bibliografía hace amistad en Quito con don Carlos Manuel Larrea quien le designa su agente de compra de libros en Guayaquil, visita con frecuencia al sabio Carlos A. Rolando – tenía ya setenta y siete años – quien le refiere que medio siglo antes González Suárez en Quito le dijo: Lee solo las cosas de la Patria. Palabras que impactaron mucho en Rodolfo y desde entonces inició un fichero biográfico – bibliográfico en base a sus lecturas y conocimientos y en diecisiete años logró formar una colección muy extensa, que treinta años después daría lugar al nacimiento de su Diccionario, hoy obra básica en la historia cultural del Ecuador. Al mismo tiempo se empleaba como analista en la Subdirección Administrativa de la Dirección General de Aduanas donde se mantuvo hasta 1960. En su vida universitaria recibió el Accesit al Contenta que concede la Universidad del Puerto.

Su trabajo con Robles era asiduo y fatigante, el maestro le prestaba documentos y el alumno sacaba varias copias mecanográficas, insistiendo obsesivamente en que no debían tener borrón alguno, Pero además, ese año de 1.958 empezó a interesarse en la genealogía de los demás, visitando a gentes como Luís Noboa Icaza, Clemente Pino Icaza, Pío López Lara en su botica de El Comercio, Miguel Aspiazu Carbo, Manuel Alfonso de Arzube Villamil e Ignacio Jurado Avilés expertos en fotografías del siglo XIX y de seguido se pasaba  al frente de su casa, al Cuerpo de Bomberos, a charlas con Genaro Cucalón Jiménez. Rodolfo ha escrito: Debo conocer que sin los conocimientos genealógicos no hubiera podido entender a cabalidad, el proceso histórico de mi país, donde muchas cosas se realizan por palancas y otras por meras recomendaciones.

En esa época asistió un año a la Escuela Municipal de Bellas Artes, cultivaba la fotografía y la pintura. El 60 dejó las Aduanas y pasó a ser profesor de Historia del recién creado Colegio Nacional Eloy Alfaro donde se mantuvo tres años. Ya había comenzado a colaborar en el estudio profesional del Dr. Jorge Zavala Baquerizo. Este trabajo le obligó a cortar en mucho sus visitas a la biblioteca de Pedro Robles, aunque comenzó a enviar colaboraciones históricas al diario El Universo, haciéndose conocido en los medios culturales de su ciudad En 1961 su pariente el Dr. Otto Quintero Rumbea le nombró Primer Asistente de la Alcaldía de Guayaquil, como presidente de la Asociación de empleados municipales asistió al I Congreso de Sindicalismo Libre realizado en Quito y fue secretario fundador del Patronato Histórico de Guayaquil cuya presidencia recayó en Carlos Zevallos Menéndez. Mientras tanto el Dr. Rafael Euclides Silva, impactado de su erudición, le hizo nombrar a los veinte y dos años de edad, miembro del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, siendo el miembro más joven de la institución. Era miembro de la Cámara Junior y del Instituto de Cultura Hispánica.  Curiosamente editó por entonces una pionera genealogía indígena. Sobre sus antepasados maternos los Caiche Tomalá, tema tabú que apenas lo habían topado en Quito José Gabriel Navarro y el padre José María Vargas. En junio del 63 fue requerido por el Dr. Ala Vedra y Tama para escribir una cónica sobre su castillo, con motivo de la solemne inauguración. La noticia atrajo el interés del público, que la noche señalada se aglomeró en las puertas del edificio formando calle de honor a los invitados. Rodolfo era un joven liberal con algunas ideas quiza anticuadas con respecto a la genealogía y a la heráldica, aunque su inteligencia buscaba modernizarse. Su amistad con su compañero de clases Gerardo Peña Matheus le permitía consultar a veces la espléndida biblioteca del Dr. Arroyo del Río.

Graduado de Licenciador en Ciencias Sociales marchó en julio a New York en plan trashumante, realizó varios trabajos, ahorró dinero, se matriculó en The American Language Institute, considerada la facultad de enseñanza de idiomas de la New York University, recomendado por el Cónsul General, Bolívar Avilés Alfaro, habitó en uno de los hoteles de la Young Men Christian Asociation Y.M.C.A. en la 53 St, y 2 Ave. en Manhattan, después se cambió a la 2ve. Ave. en Brooklyn, finalmente en vivió en casa de una familia norteamericana en Grand St. East side de Manhattan, y cuando había conseguido varias ofertas de trabajo como profesor de idioma español, debió regresar apresuradamente a Guayaquil en agosto del 64, para evitar que le envíen en uno de los primeros contingentes armados que entraron a pelear en la guerra del Viet Nam; sin embargo, de lo cual, considera que los meses que estuvo en los Estados Unidos fueron enteramente aprovechados y constituyeron una valiosa lección de vida y experiencias en esa sociedad tan desarrollada.

Nuevamente en la Universidad volvió a sus estudios de leyes, comenzó a trabajar en la oficina de publicidad Mac and Ericson, se ennovió de Nuria Puig-Mir Game a quien empezó a visitar de continuo, a la par que formaba su biblioteca y una valiosa colección de retratos de antepasados: Catorce por el lado paterno y trece por el materno. Fue llamado por la Municipalidad de Milagro para crear el Escudo Cantonal y designado secretario del Patronato de Cárceles que presidía Eduardo López Proaño, así como secretario fundador ad honorem del Patronato Municipal de Cultura, el 65 organizó el Salón de Pintura y Escultura de ese año, cuyo presidente fue el Maestro Alfredo Palacios.

En marzo del 66 consiguió que su amigo personal el Coronel Marco Vinicio González, Jefe de la II Zona Militar, se comprometa a entregar la plaza de Guayaquil a fin de evitar mayores disturbios, al día siguiente Clemente Yerovi era electo y un día más tarde asumió el poder, Rodolfo vino a Quito como secretario privado, pero estuvo poco tiempo, El presidente le propuso un consulado, mas, la grave enfermedad de su padre fallecido el 9 de octubre siguiente, no le permitió aceptar. Ese año fue nombrado profesor del Colegio Nacional Dolores Sucre donde se mantuvo dos años, ocupó la presidencia del Tribunal Provincial Electoral del Guayas y puso oficina en Luque 105 y Pichincha esquina, dedicando su tiempo al mandato y cobranzas, a los bienes raíces y asesor al American Field Service.

El 27 de enero del 67 contrajo matrimonio con su novia. En sus palabras, ese acto y el nacimiento de cada uno de sus tres hijos han sido de los hechos más bellos de su vida. Vivía atrás de la villa de sus padres en el barrio del Centenario, Rosa Borja No. 110. El 68 se dan tres hechos trascendentes en su vida, se gradúa de abogado, empieza a publicar en la primera página del suplemento dominical de El Universo, una sección de corte antropológico, con mitos, leyendas, consejas, historias, crónicas y cuentos del país. Estas crónicas aparecieron sin interrupción hasta 1972. El alcalde Asaad Bucaram le nombró el mismo año 68 Presidente del Patronato Municipal de Bellas Artes y como tal restauró la pinacoteca colonial del Museo Municipal encontrando cosas tan bellas como un óleo de Joaquín Pareja, un casi desconocido pintor colonial de Guayaquil. El 70 el nuevo Alcalde Enrique Grau Ruiz le nombró Director de la Biblioteca y Museo Municipales y obtuvo el doctorado en Derecho con la tesis: Administración, órganos y magistrados de justicia de Guayaquil en el siglo XVIII, aprobada con la nota máxima de diez. El 72 fundó el Patronato Histórico de Guayaquil como una entidad autónoma y al año siguiente organizó los homenajes nacionales por el cincuentenario del fallecimiento del sabio Teodoro Wolf, obteniendo que la Casa de la Cultura edite la segunda edición de su monumental Geografía y Geología del Ecuador. Ese año adquirió un terreno en la Urbanización Los Ceibos y construyó su villa, donde habitó con los suyos hasta el 2002, es decir, treinta años. El 74 fundó el Museo de las Fuerzas Armadas en Guayaquil que lamentablemente quedó en proyecto, ejerció la Asesoría Jurídica ad honorem del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura, formó parte de la Dirección de historia y Geografía del Ejército con sede en Quito e ingresó al Club de la Unión. El 76 fue designado Concejal del Cantón, comisionado de Cultura y organizó la solemne coronación del poeta José María Egas en el salón de honor de la Municipalidad. El 77 fundó la compañía Promotora Universal Prosal S. A. dedicada a la importación de vehículos con financiamiento bancario durante cuatro años. El 77 adquirió un departamento en el condominio El Plaza, ensenada de Chipipe, en Salinas. Al que llevó la vajilla de loza que había sido de su tatarabuela Mercedes Ordeñana de Baquerizo.  El 78 el Alcalde Guillermo Molina Defranc designó a los Cronistas Vitalicios de Guayaquil Miguel Aspiazu Carbo, Abel Romeo Castillo y Luís Noboa Icaza, agregando el nombre de Rodolfo por ser el más joven y representar el futuro. El 79, como Gerente de la Cooperativa de Vivienda Nuestra Casa, construyó dos condominios de departamentos al final de Urdesa Central. En 1982 fue designado Director fundador del Central Nacional de Investigaciones del Banco Central en Guayaquil donde laboró un año. El 83 sufrió una primera y devastadora inundación de su villa en Los Ceibos, volvió a colaborar en El Universo con numerosas biografías que han dado origen al Diccionario Biográfico del Ecuador y presentó a conocimiento del Cabildo una larga exposición sobre la Fundación de Guayaquil, iniciando así una campaña que aún no finaliza y con motivo de los setenta y cinco años de Filanbanco apareció su Nuestro Guayaquil Antiguo con numerosas fotografías tomadas de El Ecuador en Chicago y de la Guía Comercial y Agrícola de 1911, al año siguiente apareció la segunda edición por manos del IEES y el 85 la tercera, auspiciada por el Consejo Provincial del Guayas. En octubre del 83 fue socio fundador de la Sociedad Amigos de la Genealogía con sede en Quito. En julio del 84 ingresó a la Academia Nacional de Historia, con un discurso sobre Joaquín Gallegos Lara y acostumbraba asistir a las tertulias almuerzos celebradas en la villa de Gustavo Vásconez Hurtado en Quito, cuyos asistentes pudieron gozar de su increíble conversación. El Ministro de Educación le confirió la Medalla al Mérito Cultural de primera clase. El 85 representó al Ministro de Agricultura en la liquidación de la Comuna Casas Viejas, parroquia Chongón, Cantón Guayaquil y viajó con su esposa Nuria un mes a Chile. El 86 pasó a colaborar en El Telégrafo. En mayo del 87 inició su magistral Diccionario Biográfico del Ecuador, con la aparición del primer volumen en los talleres de la Universidad de Guayaquil, la obra alcanzaría el volumen veinte y tres. El mismo 87 empezó a editar en Expreso una obra sobre Parasicología que originaría su Libro de Misterio y a una sección de Heráldica y Genealogía titulada El Ecuador Social, que no desea editar. Expreso lo designó para la gira de la primera dama de la nación a Cuba. El viaje duró siete días y fue una magnífica experiencia de vida, aunque también sirvió para confirmar las falencias culturales de nuestras autoridades. El entonces Ministro de Educación ignoraba todo sobre la isla y hasta sobre nuestro país, no sabía la existencia del busto del General Alfaro en La Habana a pesar que la comitiva pasó varias veces por el sitio y que el Ministro era miembro de la Junta Suprema del partido Liberal del Ecuador. Una pena y una vergüenza. En abril del 88 apareció el primer volumen de El Ecuador Profundo, conteniendo sus colaboraciones en El Universo. La obra alcanzó lo cuatro tomos. El 88 el Diccionario compitió por el Premio Internacional Menéndez y Pelayo. El 92 empezó a trabajar como abogado para el grupo comercial Sarcuni. Y viajó un mes a España con su esposa. En el invierno del 93 se inundó su villa perdiendo numerosos papeles, fotos y recuerdos de familia. En 1996 la SAG organizó una sesión en Quito para recibirlo formalmente. Ese año recibió la Medalla al Mérito Cultural de primera clase y escribió la biografía de Luís Noboa Naranjo, que permanece inédita. Ese año se operó de cataratas y de miopía ambos ojos, pero el derecho le empezó a molestar desde entonces – a causa de una uveítis – y tras numerosas operaciones terminó por perderlo. El 97 volvió a sufrir una seria inundación al interior de su villa. En marzo del 98 fue designado Notario 16 interino con despacho en Baquerizo Moreno 910 y Víctor Manuel Rendón. Al poco tiempo ganó la titularidad por Concurso. El 99 su Diccionario recibió el Premio Internacional Luz de América concedido por la Fundación de Arte y Cultura con sede en Miami. El 2000 el Ministerio de Educación le otorgó a su Diccionario el Premio Nacional al mejor libro de investigación del año, siendo la primera ocasión que se instituía tal galardón y la Academia Nacional de Historia del Ecuador presidida por Plutarco Naranjo, lo elevó a la dignidad de Miembro de Número a petición de los académicos Agustín Moreno y Jorge Villalba. Notificada la designación y pagados los cincuenta dólares, valor de la correspondiente Medalla dorada, el asunto sigue pendiente hasta la presente fecha. El 2002 vendió su villa de Los Ceibos y se trasladó a vivir en la Urbanización Lagosol, en el kilómetro 6,8 de la vía a Samborondón para estar al frente del domicilio de sus nietos. El 2001 empezaron a salir las segundas ediciones del Diccionario Biográfico y el Ecuador Profundo, fueron las últimas publicaciones aparecidas en los talleres de la U. de Guayaquil que fueron cerrados. El 2003 fue miembros de la Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores. Comenzó a viajar por Europa y el Medio Oriente. El 2005 recibió el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en la especialidad de Actividades Literarias, causándole enorme placer pues significaba el reconocimiento a medio siglo de trabajos. El 2006 recibe la condecoración de la Orden Nacional al Mérito del Ecuador en el grado de Comendador. El 2008 fue designado colaborar por el Ecuador, del Diccionario Biográfico español que editó la Real Academia de la Historia en 56 volúmenes en Madrid y colocó sus trabajos en el Internet, para consulta gratuita de los internautas, que también pueden bajar sus páginas. Ver: El Ecuador Profundo, com – Diccionario Biográfico del Ecuador, com – Libro de Misterio, com – Álbum Biográfico del Ecuador.com (con las fichas de su tarjetero personal. Entre 1995 y el 99 mantuvo columna propia en la revista dominical Memorias Porteñas, de Expreso. El 2014 presidió el Capítulo de Guayaquil de la Academia Nacional de Historia del Ecuador. Acaba de publicar las terceras ediciones corregidas y notablemente aumentadas de sus obras.