YEROVI OREJUELA AGUSTÍN L.

EMPRESARIO Y ESCRITOR.- Nació en Quito y fue bautizado en el Sagrario con los nombres de Agustín Leonidas el 4 de Septiembre de 1847. Primogénito del matrimonio formado en 1844 por Alegría Orejuela y Cañizares y por el Dr. Agustín Yerovi Pintado (1815-1853) Abogado liberal graduado en el Convictorio de San Fernando, ambos quiteños.
En 1853, de seis años de edad, mientras viajaba a caballo con su padre, al pasar por el Páramo de Tiopullo, vio como un rayo le mataba y regresó valientemente a Quito a dar aviso a sus familiares.
Huérfano de padre inició sus estudios primarios en el Colegio de la Unión de gratos recuerdos en el Ecuador, prosiguiéndolos en el San Gabriel hasta graduarse de Bachiller en Filosofía con honores.
Por ceder a expresos deseos de su familia más que a inclinaciones propias decidió estudiar Medicina en la Universidad de Santo Tomas, aunque ni su carácter ni sentimientos le hacían amable esa carrera. Por eso, antes que en los hospitales se le veía en los claustros universitarios departiendo con jóvenes amigos que cursaban Derecho y que, como él, tenían ideas liberales y de progreso social. Lo que se dio en llamar por entonces la buena doctrina.
En 1868, fue discípulo de Juan Montalvo y dejó conocer sus disposiciones literarias especialmente para el género satírico escribiendo ocurrencias y letrillas que difundía a través de las páginas de un periodiquillo que tituló “El Gorrión”, para burlarse de las ridiculeces extremas del ex Presidente García Moreno, que aspiraba a una reelección.
Al producirse la revolución del 16 de Enero de 1869 que dio al traste con el gobierno legítimo del Presidente Javier Espinosa, los sujetos principales del liberalismo ecuatoriano empezaron a caer presos y a salir desterrados del país, Yerovi pudo esconderse algún tiempo pero prefirió partir hacia Cuenca y fue de los primeros alumnos matriculados en la Corporación Universitaria de esta ciudad donde culminó su carrera. Mientras tanto vivía en casa de la familia Fernández de Córdoba que le trataba con estimación y aprecio y en 1870, no pudiendo volver a la capital, se dirigió a la costa.
Primero trabajó cuatro meses en el hospital de Babahoyo, bastándole tan corto lapso para poner en condiciones muy favorables aquel establecimiento y granjearse la estimación del vecindario. Allí conoció y trató a Isabel Victoria Matheus y Pacheco, acaudalada joven guayaquileña que acompañaba a su hermano Guillermo, enfermo de tuberculosis, quien falleció en 1871.
Ella volvió al puerto principal donde también se instaló el joven Yerovi, quien pronto se hizo de una clientela selecta y numerosa, contrayendo matrimonio en Agosto de 1874. Ese año promovió la construcción del primer hipódromo, cuya compañía anónima constituyó con un capital social de S/.53.100. Al año siguiente fue socio de la Empresa que construyó el ferrocarril entre Duran y Yaguachi y “mientras el país se estremecía ante la perspectiva de la reelección del tirano,” comenzó a enviar colaboraciones a “La Nueva Era”, periódico propiedad de jóvenes liberales como Federico Proaño y Miguel Valverde, que a poco fueron llevados a Quito y deportados a las lejanas y peligrosas riberas del río Napo. Muchos patriotas apelaron a la conspiración, el gobierno declaró el estado de sitio y desató una ola de persecuciones para amedrentarles pues en Mayo se iba a realizar las elecciones para la presidencia de la República y García Moreno no quería competidores.
Yerovi y el Coronel Juan Manuel Uraga fueron confinados algunos meses en Quito, donde tomaron contacto con numerosos grupos liberales. Nuevamente en Guayaquil, recibieron una carta del Dr. Manuel Polanco Carrión conminándoles a sumarse a un vasto plan conspirativo contra la vida de García Moreno, pero ni Uraga ni Yerovi quisieron saber nada del asunto. Entre el 75 y el 78 no intervino en política.
En 1876 fue amigo de Alfaro, Montalvo y Urbina, en su casa se realizaron varias tertulias y producida la revolución del 9 de Julio a favor de su amigo el General Ignacio de Veintemilla en Guayaquil, escribió desde “El Republicano” de Latacunga a favor del régimen constitucional de Borrero, pero la revolución triunfó.
El 78 asistió como Diputado por el Guayas a la Convención Nacional y su actividad independiente y elevada, así como sus dotes de oratoria que siempre las tuvo en grado superlativo, le hicieron acreedor al aplauso general. “La Candela”, periódico de oposición que no perdonaba a nadie, encomió sus actuaciones en términos demasiado honrosos.
El 79 comenzó a colaborar desenfadadamente en el diario “La Nación”, criticando el gobierno de Veintemilla. Se enemistaron y tuvo que ausentarse el 80 a Lima, con su esposa e hijos pequeños, quienes al poco tiempo retornaron dejándole solo en el Perú. Entonces conoció a una joven soltera y nació un niño que reconoció y llamó Leonidas Yerovi Douat (Lima 1881 – Lima 1917) quien llegaría a ser el mejor poeta festivo que ha tenido ese país en el siglo XX.
Yerovi no era propiamente un literato pero escribía de política, hacia versos y sátiras urticantes y hasta llegó a cultivar el género costumbrista tan en boga, con artículos largos como “El Hombre llama”, “El Político mosca”, “Elogios Fúnebres”, “Mater Dolorosa”, “Los Sesudos” y varios más que aparecieron bajo el epígrafe de “Aires de Flauta” en diversas publicaciones.
En todos hacia sentir su presencia de pensador profundo y de satírico cultivado, porque siempre fue lo que se dice un hombre de mundo, ligero, agradable y delicado, que tenia la vibración nerviosa del espíritu y la ternura del sentimiento, aparte había aprendido sin profesores a hablar y a escribir en inglés y francés.
En 1883 a la caída del Dictador, pudo regresar al país. En 1884 formó una compañía de comercio para la construcción de un teatro que llamó “Oasis” que funcionó hasta terminar quemado en el Incendio Grande en Octubre de 1896. Allí se presentaron durante doce años muchas de las Compañías extranjeras de Operas y Operetas que arribaban al puerto y hasta dramas de Montalvo.
En 1885 fue electo Diputado por el Guayas. En el Congreso enjuició al Ministro de Guerra, General José María Sarasti, por el fusilamiento del joven Leopoldo González, acusado del delito de sedición, por sus ideas liberales.
Ese año fue copromotor del servicio de Carros Urbanos tirado por mulas que funcionó mucho tiempo en Guayaquil. Los había cubiertos o imperiales y sin techo o Góndolas que salían desde las cinco de la tarde por el Malecón y servían para tomar el aire fresco que soplaba desde Chanduy hasta las ocho de la noche. La ciudad prontamente se cubrió de rieles en más de 25.000 mts. También puso en funcionamiento plataformas para transportar carga, volquetas para el acarreo de cascajo y dos importantes carrozas fúnebres.
En 1887 figuró entre los socios fundadores del Banco Anglo -Ecuatoriano y salió designado Gerente de firma conjunta con Marco J. Kelly.
Luego Kelly otorgó poder a Tácito Cucalón para actuar en su nombre con Yerovi. En Junio, estando Kelly próximo a ausentarse, revocó el poder. Los socios reemplazaron a Kelly con Gustavo Rodríguez. El Banco resultó un buen negocio al principio y llegó a producir dividendos del diecisiete por ciento anual.
Mientras tanto la Municipalidad de Guayaquil había iniciado los trabajos de aprovisionamiento de agua potable mediante una red de cañerías de más de noventa kilómetros que conectaba a la ciudad con el sitio de Agua Clara en las vertientes de la Cordillera Occidental de los Andes. Un directorio autónomo administraba los trabajos y el Banco de Crédito Hipotecario financió las obras con un préstamo de S/ 716.000. El sabio Teodoro Wolf supervisó las obras hasta que en 1889 fue sustituido por los Ingenieros franceses Millet y Coiret, asociados con Yerovi, que los había traído del Canal de Panamá. El proyecto continuó sin tropiezos y el 1 de Enero de 1893 penetró la primera gota de agua procedente de Agua Clara a los tanques de almacenamiento ubicados aljibes o en lo alto del Cerro del Carmen.
En 1884 había arrendado a doña Baltazara Calderón de Rocafuerte una parte del latifundio Conducta para instalar cañadulzales y un ingenio de azúcar. En 1888 se trasladó por negocios a Europa a fin de adquirir la maquinaria para instalar un ingenio de caña de azúcar en la hacienda “La Isla” cerca de Naranjal. Residió varios meses en Paris y ayudó con dinero a su amigo el escritor Juan Montalvo que pasaba por una severa crisis económica.
En Enero del 89 le acompañó en sus últimos momentos y le amortajó con sus manos, perennizados en un ensayo biográfico donde exteriorizó sus elevados sentimientos afectivos de amigo y admirador sincero con la grave personalidad del biografiado. Más que un ensayo propiamente dicho fue una obra de amor: “Yerovi utilizó un claro y brillante estilo, hermosísimos símiles o acuarelas de nuestra serranía, cuadros salientes de la historia ecuatoriana, sin faltar la anécdota conmovedora, tierna, humana, en los principales pasajes de la vida de tan ilustre personaje; por lo lúcido y estoico de su carácter, por su genialidad como escritor”. El 88 hizo sociedad con el Dr. Lorenzo Rufo Peña León y cuando el 90 murió la viuda de Rocafuerte la sociedad le adeudaba dos años de arriendos. La maquinaria había sido puesta por los señores Pidoux y Lazare Cahen e instalada por los antiguos establecimientos Cail de Paris.
El ingenio requería de muchísimo capital que los socios Yerovi Peña no tenían, de manera que este desfase económico hizo que se atrasaran los trabajos, que en un primer momento no rindieron los frutos apetecidos pues tuvo que esperar varios años para que la caña de azúcar comenzara a producir, después la sociedad se vio abocada a adquirir la tierra en veinte y cuatro mil sucres que fueron concedidos por Aspiazu Hermanos. El Ingenio sufrió serios tropiezos con las maquinarias, finalmente dio grandes pérdidas y el socio Peña se retiró, arrastrando a Yerovi a una difícil situación económica.
Vivía con los suyos en una casa propia ubicada en la Avenida Olmedo No. 33 y Malecón, con gran patio posterior. En dicha Avenida pensó colocar las estatuas de Pedro Carbo y Juan Montalvo, al lado de la del poeta Olmedo que la Municipalidad había mandado a confeccionar; era todo un personaje, querido y respetado por su carácter franco y abierto, por su generosidad inaudita para con todos, por sus ideales. I aunque no era un político propiamente dicho se sentía inclinado al servicio del país. En 1891 refutó al Presidente Antonio Flores Jijón con “Apreciaciones económicas del año de 1890” en 7 págs. respuesta suya a “Para la Historia” En 1891 apoyó la candidatura presidencial de Clemente Ballén quien se excusó. Sus negocios agrícolas en el ingenio le quitaban tiempo para intervenir en otros asuntos.
En 1895 se sumó a la revolución liberal de Guayaquil. En 1896 concurrió como Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente que inició sus sesiones en Octubre – luego del incendio grande de Guayaquil. Con otros prestantes liberales formó el bloque radical minoritario. Luego se trasladaron a sesionar en Quito por el temor a la fiebre amarilla de ese año, invirtió en varios negocios mineros y editó en Guayaquil su ensayo biográfico sobre Juan Montalvo, que le ganó justa fama literaria y el aprecio del elemento liberal del país, que contó con un instrumento válido para defender el buen nombre del gran escritor, frente al ataque recio de la clerecía y los ultramontanos. La obra se vendió enseguida. La segunda edición apareció en 1898 en Quito, la tercera en París en 1901, una cuarta en Quito en 1932, en octavo y 77 págs.
En 1897 volvió a la política con una “Carta Política al Sr. Dr. Ignacio Robles, Gobernador del Guayas” juzgando los actos del gobierno del Presidente Alfaro, sus desaciertos e injusticias. El asunto fue muy comentado en toda la República y le malquistó con el ala radical del Liberalismo, sin perturbar sus buenas relaciones con el Viejo Luchador que le apreciaba en alto grado y tanto, que en 1898, olvidando el incidente, le promovió a Ministro de Hacienda en tiempos fiscales asaz difíciles. Entonces Yerovi se preocupó de ordenar las cuentas y presentar algunos proyectos de importancia al Congreso, que recogió en “Proyectos presentados a la Legislatura de 1898” donde manifestó: No podemos organizar la hacienda pública sin la ayuda del Congreso… bastante desacreditados estamos fuera del país por falta de seriedad en el cumplimiento de nuestras obligaciones, pero como el gobierno quiso llevar adelante nuevas confiscaciones a título de empréstitos forzosos, renunció tras corto desempeño.
En 1899 viajó con su hija Isabel María y su esposo Carlos Matheus y Pacheco a París quienes acababan de contraer nupcias para arreglar ciertos créditos vencidos que afectaban su fortuna, originados en las inversiones realizadas en el ingenio Rocafuerte.
Matheus era su yerno por estar casado con su hija y al mismo tiempo era su cuñado por ser hermano de su señora. En 1900 los acompañó a los Estados Unidos y a Europa. En 1901 dio a la luz “Proyecto propuesto para la Construcción del ferrocarril del Sur” en 14 págs. En 1902 falleció su hijo Alfonso de solo veintitrés años y desde entonces ya no se le vio reír (1)
Vendió el Ingenio por las deudas a Julián Aspiazu Sedeño quien terminó traspasandolo a Parodi, y libre Yerovi de toda traba económica se trasladó a vivir con los suyos a Quito. Fundó la Compañía de Tracción eléctrica de Quito y la impulsó algunos meses como empresario. Sus numerosos amigos le candidatizaron para Consejero Municipal. Realizadas las elecciones triunfó y se posesionó.
El Presidente Leonidas Plaza le solicitó que acepte el rectorado del Instituto Mejía que atravesaba un mal momento y solo por amor a la juventud se hizo cargo de tan difícil cometido.
Políticamente se encontraba entre dos fuegos. Los Radicales le acusaban de desertar de sus filas por su carácter francamente filosófico, enemigo de todo fanatismo y amigo por lo tanto de un acercamiento a la derecha, los Ultramontanos, que seguían fuertes en la frontera con Colombia, no le podían perdonar su colaboración con Alfaro siendo sobrino carnal del Arzobispo José Maria Yerovi Pintado, escándalo sin nombre para las mentes pacatas.
En el mejía empezó por rodearse de buenos elementos, profesores antiguos y acreditados que hicieron posible la rehabilitación del plantel, conseguida a medias por lo corto de su rectorado.
El 14 de Enero de 1903, por la mañana visitó a su anciana madre y concurrió al Mejía, por la tarde en circunstancias en que se trasladaba del Mejía a la Municipalidad en compañía de su amigo Abelardo Posso, para asistir a una sesión convocada a esa hora; al llegar a la esquina de la Concepción y siendo las cuatro y media, se sintió fatigado y se detuvo un instante a descansar, cuando le sobrevino un violento ataque que lo habría arrojado al suelo si no le contiene su amigo y otras personas que a tiempo acudieron. El empresario de coches Rafael Tobar le prestó en su oficina los primeros auxilios y proporcionó uno de sus coches para que fuera conducido inmediatamente a su casa en compañía de los Dres. Florentino Uribe y Ricardo Ortiz, que se presentaron apresuradamente, sabedores de lo que ocurría.
Allí le hicieron unas fricciones de éter y hasta le pusieron una inyección de cafeína para conseguir movimientos del corazón, empero solo alcanzó a decir “Esto se termina” y expiró en medio de sus familiares y amigos que le asistían. Estaba pobre ¡Quien tanto dinero y tantos proyectos había manejado!. Solo tenía cincuenta y cinco años de edad.
Dos horas después pasó su cadáver a la Iglesia de la Compañía. Al día siguiente se realizó el sepelio en el Cementerio de San Diego con lucido cortejo de veinte niños del Mejía llevando sendas cruces y coronas de ciprés y pensamientos, tras los cuales iba la banda de música de la Artillería Sucre, la carroza conducida por tres parejas de caballos negros, el ataúd en hombros de sus parientes Luis Eduardo Bueno, Ramón y Rafael Borja Yerovi, Carlos Matheus y Pacheco y Guillermo y León Espinosa Acevedo. El duelo fue presidido por el General Flavio Alfaro Santana, Ministro de Guerra y Marina y tuvo gran acompañamiento.
Dejó una novela inédita “Los locos cuerdos”, estudio antropológico que presenta personajes tragicómicos. Al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento apareció una Corona Fúnebre bajo el titulo de “Recuerdos a la memoria del Sr. Dr. Dn. Agustín L. Yerovi” I la hemosísima y culta Marietta de Veintemilla le dedicó una de sus famosas “Disgresiones libres”.
Como amigo fue siempre consecuente, cariñoso y acostumbraba llevar hasta el sacrificio las relaciones con los demás. En política su liberalismo moderado le mantuvo casi aparte. En sus actos observó siempre la mayor dulzura y por eso ganaba simpatías. Los Artesanos del Pichincha le tenían como uno de los suyos pues les frecuentaba y favorecía dentro de sus posibilidades, que al final se tornaron escasas.
Tuvo siempre la vena de lo popular por campechano, extrovertido y apasionado por el arte, los viajes y todo lo que incidía sobre su personalidad romántica, trashumante, eufórica y aventurera.
En tres ocasiones hizo dinero pero como era de talante generoso, emprendedor y soñador, lo perdió.