YÉPEZ BATALLAS GUMERSINDO

ACADÉMICO DE LA LENGUA.- Nació en Guayaquil el 24 de Noviembre de 1912. Hijo legítimo del Dr. Gumersindo Yépez y Yépez cuya biografía puede leerse en este Diccionario y de Julia Batallas Flores, naturales de Baba y Quito respectivamente.
Huérfano de padre a los dos años de edad y el menor de la familia, tuvo dos hermanas llamadas Lucía y Laura, creció mimado y consentido junto a su madre y a sus dos buenas tías Luz Ana y Guadalupe Yépez.
A los seis años ingresó al Colegio de los Hermanos Cristianos ubicado atrás de la Catedral donde a la par de excelente alumno era buen deportista.
En 1925 se matriculó en el Vicente Rocafuerte y tuvo de profesor de filosofía al Dr. José Vicente Trujillo. Pronto se aficionó al boxeo y entrenó con el célebre Manolo Viscaino; practicó también el fútbol y los deportes atléticos.
En lo intelectual se interesaba en las abstrusas obras de la filosofía clásica alemana (que después estudiaría en Berlín) coleccionaba monedas antiguas (tenía una de Julio Cesar y otra de Nerón) y se metió a fotógrafo aficionado pues había adquirido en una tienda de antigüedades la clásica cámara de fuelle y trípode. En su casa inauguró un cuarto oscuro de revelado y experimentó con materiales químicos adquiridos en la botica del Comercio, pesando en una pequeña balanza y mezclando a base de sabias fórmulas químicas, algunas de su invención.
Era feliz en su mansión esquinera de 9 de Octubre y Escobedo, vivía ocupado en sus estudios y “hobbies” y a pesar de su corta edad disfrutaba de una total independencia económica, pues su cariñosa madre le había entregado la renta mensual que producía el muelle privado de la calle Roca y Malecón, herencia del tío abuelo Rafael Yépez Ruydiaz, cuyo alquiler pagaba puntualmente la empresa de vapores de los Granja. Entre sus mayores diversiones se encontraba la cinematografía. Tenía un pequeño teatro con un proyector profesional. Con él exhibía a sus invitados las últimas películas que alquilaba a los teatros Edén, Parisiana, Victoria, etc. En esos tiempos los proyectores no funcionaban con motores eléctricos sino con un manubrio, así que había que ser muy valiente o muy fuerte para pasar una película de ocho rollos.
En 1931 se graduó de bachiller en filosofía y comenzó los estudios de Jurisprudencia. El 36 fue licenciado en Ciencias Sociales. En 1937 el Ministro de Educación Pública Dr. José de Rubira Ramos lo nombró profesor de Filosofía en el Colegio Vicente Rocafuerte, cátedra que desempeñó durante ocho años. El 38 formó parte de la Comisión que redactó la Ley de Educación Pública que entró enseguida en vigencia.
En 1940 asistió invitado a la toma de posesión presidencial de su profesor de Código Civil el Dr. Carlos Arroyo del Río. Al poco tiempo egresó de la universidad con el título de Licenciado en Ciencias Sociales y hablando perfectamente inglés y francés aprendidos con ayuda de diccionarios; luego estudiaría raíces griegas y latinas para leer los clásicos y como era un gran conocedor de la Gramática española publicaró numerosos ensayos, entre los que sobresalen: Psicología de las multitudes delincuentes, Platón y la República perfecta, La vida espiritual de Israel, La Etica de Espinosa, gran monumento del espíritu; Aspectos culturales del Islam, Henri Bergson, su vida y obra; La Estética de Benedetto Croce, Los Ensayos de Montaigne, etc. hacía presencia intelectual cada vez más en Guayaquil.
Su amigo Francisco Huerta Renden, Decano de la recién fundada Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil, le entregó en 1942 la cátedra de Estética y Filosofía de la Historia, donde cosechó tantos triunfos como en el Vicente. Cuando desempeñaba esa cátedra reemplazó temporalmente al Dr. José Vicente Trujillo en Filosofía del Derecho. Como maestro fue formando una biblioteca particular que llegó a ser una de las mejores de la ciudad por su colección de clásicos y obras de filosofía.
En 1942 se vendió la casa familiar para cubrir deudas de su cuñado Baquerizo German y pasó a alquilar con su madre y hermana soltera un departamento en Hurtado y Quito.
En 1945 fue electo miembro de número de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y al poco tiempo, tras el fallecimiento de su hermana Lucía, casada con Manuel José Baquerizo German con hijos y luego de su madre, viajó en 1947 con su hermana Laura y su sobrina Alicia Baquerizo Yépes a New York, movido por su admiración a los Estados Unidos y su conocimiento perfecto de la lengua inglesa, finalizando así la primera parte de su vida a los treinta y cinco años de edad, para comenzar una nueva.
Se establecieron en un cómodo departamento de Manhattan; visitó museos, bibliotecas, salas de conferencias y universidades a fin de conocer ampliamente esa gran cultura. El 48 aceptó las funciones de profesor de español y editor con métodos de enseñanza en la Academia Berlitz que funcionaba en el Rockefeller Center, donde permaneció por espacio de más de cinco años ganando buenos sueldos. Allí conoció a Consuelo Sesé Sánchez, natural de New York hija de padres españoles nacidos en Murcia y Almería, ella también profesora en la Berlitz, con la que contrajo matrimonio en 1953 a la edad de cuarenta y un años.
Desde 1952 era Redactor especial de la Edición en español de la revista mensual de Ciencia, Arte y Medicina “Medical Doctor´s News Magazíne” también llamada MD de la que fue director veinte años. Esta publicación dejó de imprimirse en 1972 a causa de la muerte de su fundador Félix Martí Ibáñez, notable humanista y exiliado español que había desempeñado el Ministerio de Salud Pública en la España republicana de los años 30.
En la MD escribió numerosos artículos sobre los novísimos descubrimientos científicos y el avance general de la cultura en el mundo. Fue su época más feliz, viajó muchísimo, visitó casi todas las capitales europeas, conoció historia a través de sus museos, bibliotecas y universidades. Hizo estudios arqueológicos en el Agora de Atenas y en el Foro de Roma. En Turquía, además de las mezquitas de Estambul, visitó en Anatolia la ruinas de Troya, Pérgamo, Efeso y Mileto. En la Isla de Cos, en el Dodecaneso, estudió los restos arqueológicos del Juramento de Hipócrates. Pero donde más concentró su atención fue en Berlín con tantas tumbas, museos, bibliotecas y archivos de los grandes filósofos, gloría de esa nación.
En 1956 su amigo el Canciller Teodoro Alvarado Garaycoa le envió el nombramiento de miembro de la Delegación del Ecuador ante las Naciones Unidas que no aceptó por falta de tiempo y de interés en el asunto. Vivía cómodamente de su trabajo intelectual y siempre le había parecido que los cargos de gobierno eran intrascendentes. Ya habían nacido sus hijos: John, funcionario de la Empresa de Teléfonos de Nueva York, casado y padre de dos hijos; y la Doctora Maribel, profesora de Lingüística de la Universidad de Nueva York y luego en Princeton.
Y a la par que escribía y viajaba disfrutando de una vida plena de cultura, mejoraba su técnica en el revelado fotográfico, llegando a dominar el revelado en colores. En estos empeños de cultura y placer de conocer nuevos países, cruzó el Atlántico más de cuarenta veces. El 71 realizó estudios de arqueología en Atenas y Roma, así como estudios filológicos de ladino entre los Sefardíes de Salónica.
Desde 1963 empezó a gestionar con el gran poeta español Odón Betanzos Palacios la creación de la Academia Norteamericana de la Lengua Española cuya sede se fijó en New York. El 5 de Agosto de 1973 recibieron la aprobación oficial y desde entonces fue su Secretario con la categoría de Miembro de Número. La Academia ha desarrollado una gran labor filológica y cultural en una nación de lengua inglesa pero con veinte millones de hispano hablantes (más que en muchos países hispanoamericanos) y hoy cuenta con numerosos Miembros de Número en los Estados y Correspondientes en los países de habla española.
Entre sus miembros han figurado los más notables exponentes de la cultura hispana como Jorge Guillen, poeta; Ramón Sender, novelista; José Ferrater Mora, filósofo. Un boletín que dirige el notable hispanista Eugenio Chang Rodríguez recoge lo más importante de sus aportaciones.
Jubilado en 1977, pasaba inviernos en Caracas donde habitaba su cuñado Sesé y sobrinos o en Almería, en cuya localidad adquirió una villa de descanso, pues el clima cálido de la costa mediterránea le sentaba bien para su inveterada asma que de vez en cuando le atormentaba. En 1992, al cumplir sus ochenta años, se jubiló en la Academia como Secretario Emeritus.
Concurría a los Congresos Internacionales de la Academia de la Lengua y vivía en su departamento de la Avenida Novena y calle 29 de Nueva York, en un conjunto de tres edificios de cemento revestidos de ladrillos rojos de cuarenta pisos cada uno, dedicado a recopilar sus escritos del MD News Magazine y otros de índoles filosófica que aún mantenía inéditos y estaba preparando una obra con una nueva visión interpretativa de la filosofía kantiana de gran interés entre los eruditos.
Medido, metódico, disciplinado y autodidacto, era el perfecto “Scholar”. Viejo soñador y humanista que creía en el triunfo del ideal de cultura y que había caminado oteando el horizonte filosófico de Occidente con singular clarividencia.
Sano, fuerte, optimista – a lo Walt Whitman – había aplicado su inteligencia al estudio y con el Obispo Juan Arzube Jaramillo, de Los Angeles, eran las personalidades más interesantes de la colonia ecuatoriana en los Estados Unidos. Yepes en el lado Atlántico y Arzube en el Pacífico. En Guayaquil era recordado con veneración por sus numerosos discípulos. Tal su fama como pedagogo.
En 1991 me escribió y refiriendo a sus dos etapas (Guayaquil y New York) opinó así: En ambos casos la vida ha sido buena para mí, quizá en el Ecuador gocé de mayor bienestar económico pero en los Estados Unidos he logrado realizar con éxito todo lo que me he propuesto. La experiencia más grandiosa de mi existencia han sido los viajes por Europa, principalmente Grecia e Italia, países que conozco mejor que el Ecuador y el recuerdo más fascinante mi visita a Turquía, principalmente Anatolia, estudiando las ruinas de Mileto, Efeso, Troya, etc.
En 1995 editó en New York el primer tomo de sus “Ensayos Filosóficos” en 256 pags con trece trabajos e Indice que abarcan como en un colorido arco iris toda la gama de la Filosofía, Arte e Historia. En los estudios de Atenas y Roma, recrea el mundo clásico y los grandes hechos humanos ocurridos en ese suelo sagrado de la antigüedad. Hay ensayos para todos los gustos, desde el teatro clásico griego hasta la risa y el amor, pasando por las grandes culturas judías y arábiga de la Edad Media y estudios de profundos pensadores como Espinosa, Croce y Kant, todo ello escrito en un brillante como hermoso estilo.
Consumado humanista, la Filosofía era su fuerte. Su conocimiento se movía entre ella motivado por la razón como fuente y como inclinación ordenadora no solo de su pensamiento sino también de su vivir. Perfeccionista, escribía armónicamente sobre los temas más variados con grave precisión y estilo claro y depurado.
“En Yépes estaba presente el tacto y finura sudamericanos en su trato y en sus ademanes. En sus ensayos sobre Montaigne y Kant, plenos de conocimientos, de agudezas, de riqueza en el detalle, su emoción alcanza hondura y profundidad”.
Al ocurrir los ataques suicidas a las Torres gemelas de New York el 11 de septiembre del 2001 se impresionó mucho. Entonces lo llamé y conversamos largo rato por teléfono, a mediados de Octubre fue internado aquejado de pulmonía y tras ocho días de hospitalización fue dado de alta y salió a su casa, pero se le hincharon las piernas y su esposa llamó a una ambulancia que nuevamente le trasladó al Hospital. Pocos minutos más tarde falleció tranquilamente a consecuencia de un paro cardiaco junto a su esposa e hija. Eran las nueve de la noche del martes 23 de octubre, tenía casi ochenta y nueve años. Su sepelio se realizó al día siguiente con lucido acompañamiento y concurrieron sus compañeros en la Academia de la Lengua y numerosas autoridades culturales en la ciudad.
Habitaba con los suyos un cómodo departamento en 425 West 25 th. Street. Su basta y hermosa producción intelectual en Medical Doctors merece ser recogida y editada en varios tomos pues escribió mucho y bien, sobre tópicos tan disímiles como medicina, abogacía, cultura, religión, ciencia, etc. porque siempre fue un sabio, es decir, un perfecto humanista.