VITERI GUZMAN ALBERTO

EDUCADOR.- Nació en la hacienda La Compañía del Cantón Otavalo el 15 de Mayo de 1888 y fueron sus padres legítimos Carlos Alejandro Viteri Guzmán, enfermo, solitario, religioso, dedicado en su juventud al cultivo del campo en la hacienda San Vicente de Pusir, falleció antes de cumplir los sesenta años, está enterrado en la Catedral de Ibarra con sus cuñados los Guzmán Guerra; y su prima segunda Mercedes Alejandrina Guzmán Guerra, naturales de Ibarra y Otavalo respectivamente.
El segundo de una larga familia compuesta de ocho hermanos, recibió en el bautizo los nombre de Carlos Alberto y tuvo una niñez y juventud feliz a la sombra protectora de su tío Daniel Antonio Guzmán Guerra, hombre de mucha fortuna y abolengo, quien protegía a los suyos. Con varios amigos se amarraban los ojos para cruzar el viejo y estrecho puente de madera del río Tahuando en época de correntada.
Estudió la primaria en una escuelita de Otavalo y la secundaria en el Seminario de San Diego graduándose de bachiller en Humanidades Clásicas, habiendo sido alumno del Obispo de Ibarra, Federico González Suárez, quien jamás le negó las mejores notas. Entonces entró de auxiliar a una de las Notarías de Otavalo donde sin embargo no hizo carrera.
Durante largos años mantuvo el semanario “El Observador” en Ibarra, defensor del ideario liberal radical al cual fue afiliado, contribuyendo a la afirmación del laicismo en la provincia de Imbabura y con nobles iniciativas como la construcción del ferrocarril a San Lorenzo, cuya realización propugnó.
En Noviembre del 13 dedicó “a mis distinguidas amigas Clementina de Durand y a la niña Ana Cristina Durand” unos hermosos rasgos de prosa poética titulados ¡Hacia la esperanza! con pensamientos sobre Dios, la naturaleza, la esperanza, la felicidad, la muerte en 46 págs. y el 9 de Septiembre de 1914 casó en Ibarra con Ana Cristina Durand Ramírez natural de Guayaquil, hermanastra de Clemente Palma, con larga sucesión.
En 1915 ocupó la cátedra de Matemáticas y Astronomía en el Colegio Teodoro Gómez de la Torre. En Enero del 16 finalizó un texto para sus alumnos: “Elementos de Astronomía” muy influenciado por sus lecturas de Camilo Flammarion, que por ser el primero que se editó en Ibarra sobre esa materia, causó la natural sensación. El 21 presidió la Sociedad estudiantil Intelectual y Deportiva. Era un promotor cívico de primer orden, fue de los primeros en explicar e introducir el sistema métrico decimal en sus clases, porque hasta entonces se usaban otras medidas, pero los curas no le querían.
En Abril del 22 fue Director del Liceo Pedro Carbo de Bahía de Caráquez, ciudad a la que se trasladó a vivir con su familia. En dichas funciones defendió al alumnado de un profesor hosco e irritable que tenía fama de ser muy duro en los exámenes, pues pensaba con buen criterio que la cortesía era indispensable como una excelente forma de motivación personal. Por entonces colaboró asiduamente en el diario “El Globo” de esa localidad.
En 1925 fue designado Rector del Colegio Teodoro Gómez de la Torre de Ibarra y tuvo brillantísimo desempeño introduciendo el estudio de la ciencias contables, convocando a la juventud para el ejercicio del deporte y las largas caminatas a pie y a caballo por las orillas de los ríos de la provincia, con dirección a Guallupe, donde el río Guayabamba toma el nombre de Mira y cruza a territorio colombiano.
En 1928 ocupó una de las Concejalías de Ibarra y luchó por instalar la luz eléctrica, los servicios higiénicos y baños públicos. Al inaugurarse el tramo del ferrocarril Ibarra – Quito tomó la palabra en el Palacio Municipal y dijo al Presidente Isidro Ayora: “Ciudadano Presidente”, recibiendo el aplauso del pueblo y un fuerte y caluroso abrazo de su amigo el primer Mandatario, que rubricó con este gesto el disgusto que sentía por los adulos de los anteriores oradores.
Una huelga motivada en razones ideológicas porque acostumbraba recomendar la lectura de la obra “Los Miserables” de Víctor Hugo, escritor no muy bien visto por la Curia, hizo que el Canónigo Alejandro Pasquel Monge y el Profesor Octavio Villamar le llevaran a renunciar en 1930.
El gobierno le pidió que ocupara la Jefatura Política de Ibarra y como no aceptó, le pasaron al Vicerrectorado del Colegio Bolívar de Tulcán al lado de su pariente y compadre el rector Carlos Emilio Grijalva Sierra y con motivo del ascenso al poder en Colombia de su correligionario el Dr. Alfonso López Pumajero, se trasladó a Bogotá en compañía de su hijo Juan que solo tenía trece años. El Embajador ecuatoriano Dr. Manuel Cabeza de Vaca les llevó a presentar en Palacio. “Fuimos recibidos con honores sencillos pero dignos de un Embajador, se le designó una silla frente a la del Presidente y a mí una mesa en la que departí con el joven Alfonso López Michaelson”, escribiría su hijo, años después.
En Tulcán luchó como Concejal del cantón por introducir el ciclismo como deporte de montaña y a causa de un artículo suyo publicado en el semanario de oposición “Esparta” fue cancelado en 1935 por el presidente Velasco Ibarra. Desempleado y con larga familia, se ayudaba económicamente llevando la contabilidad a numerosos comerciantes y particulares. También solía colaborar en el semanario “Frontera” del Dr. Juan Navarro. Su castellano era rasgado y jamás incurría en vicios de dicción, pues trataba de ser siempre un purista de la lengua. En 1.936 fue nombrado por el dictador Federico Páez para la subgerencia de la empresa Scotonni, beneficiaria de la construcción del ferrocarril Ibarra – San Lorenzo y vivió con los suyos en condiciones muy precarias, por lo alejado de la zona. Allí hizo realidad su ideal de ver construido el ferrocarril, hasta que una divergencia con el Ingeniero Jefe de la Obra le llevó a renunciar.
En 1939 su discípulo Oswaldo Jaramillo Larrea le trasladó de Inspector de Extranjería y pudo trabajar para hacer del Ecuador un asilo contra la opresión, concediendo visas de residencia a numerosos judíos pues sabía de la persecución que eran víctimas. Así fue como arribaron los Hitti, Juris, Axel, Weisser, etc. que ayudaron al progreso del país y como periodista colaboró en “La Patria” de Gustavo Mortensen Gangotena.
Padre preocupado, buen maestro que seguía de cerca la educación de sus hijos, interesándose en que cada uno de ellos tuviera conocimientos especiales. Les pagaba profesores de francés y de instrumentos musicales (violín y mandolina) inculcándoles el amor a las matemáticas, álgebra, trigonometría, y a las buenas lecturas que dirigía con amor.
En 1940 intervino en la campaña que llevó al solio presidencial al Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río. Designado Subdirector General de Subsistencias con sede en Guayaquil, con Jorge Salvador Donoso, Director en Quito, ayudó al control de los precios.
El 4 de Noviembre del 43, día de su santo, fue homenajeado con un almuerzo en el hogar de mis padres, con quienes mantenía una hermosa amistad. Asistieron amigos comunes y Julio Pimentel Carbo leyó en los postres un Brindis en verso, que el santo agradeció emocionado, con una improvisación largamente aplaudida.
El brindis dice así: Para don Alberto Viteri Guzmán.- El hogar de los esposos / Pérez Concha – Pimentel, / se muestra muy afanoso / por arreglar bien la mesa / con bellas copas de cristal // llenas de vino exquisito / y un límpido mantel. // Donosamente se expresa / que algo muy especial l/ ocurre en esta mansión / y que es propicia la ocasión / para colgar a un amigo / quien celebra venturoso / su día más dichoso .// Es a Carlitos Alberto / Viteri por apellido / a quien se le hace un cumplido / con el ánimo despierto, / con toda emoción sincera / siendo de casa un amigo / muy estimado por cierto / es justo, claro y correcto / que un almuerzo se le diera / para festejar sus días / desearle mucha ventura / que todo sea melodía / y que viva una largura. // Este seños es de historia / y aunque Ud. no lo crea / no ha tenido una presea / por falta de petitoria. / Natural del Imbabura / y precisamente de Ibarra / nació feliz la criatura / con ambiciones de garra / Creció, fue a la escuela / tuvo dolores de muela / y por un avatar de la vida/ no fue soldado ni cura / aunque estudió con locura / el latín, la teodisea. // y la filosofía del escolástico / fue para él un tema gimnástico // Después cambió el celaje / dio el tiempo volteretas / se templó el coraje / y le llevaron los afanes / a ocupar también un puesto / en el escaso presupuesto / de las provincias de sus manes// Luego, por sus dotes de honrado / por su firmeza de empleado / por su constante trabajo / tuvo veloces ascensos / tanto en las cumbres serranas / como en las sabanas del bajo / Con probidad manejó / valiosos y muchos caudales / desde las piezas de Ley / hasta tesoros mentales / de estudiosa juventud. / Y esta es su gran virtud / haber sido conductor / de pupilos descollantes / de secundaria profesor / y de un Colegio, rector .// ahora es Director / y se mueve con destreza / controlando con dureza / la subida de los precios ./ Pero qué rompecabezas / es meterse en las comidas repartiendo las vituallas / que los relamidos / se tragan en sus agallas. / Cuanto trabaja el señor / en el puesto de Control / porque la carne, el fréjol, / la manteca y el arroz -esto si que es atroz- / no falte en ningún hogar / y cualquiera pueda comprar / con unos sucres escasos / algo que merendar / y la barriga llenar / para que la gente no olvide / que los dientes son para mascar. // Pintemos también su retrato / y diremos muy orondos / con claridad meridiana: / De estatura muy mediana / tiene un corazón gigante / y para hacer consonante /lleva lentes redondos / con sombrerito de paja / es un señor muy alhaja. // Cuando saluda galante / Viteri Alberto a su mandar. // Muy cuidadoso en su ropa / nunca en él se denota / un infeliz combinado / siempre bien almidonado / los ternos blancos de dril / que solo usa en Guayaquil / para librarse del clima / Idem con sus vestidos de lana, / con sus corbatas de seda, / sin que salir nunca pueda / como un hombre de estima / El cine y las visitas / son sus motivos de gloria / sin embargo tiene historias / de algunas románticas citas / y para que su figura quede completa / sabe montar bicicleta. // Pero, con estos versos insulsos / estoy cometiendo un entuerto / pues a Carlitos Alberto / no le causan noble impulso, / por eso imploro disculpas / por esta salida de tono / y solo pido sin encono / un Viva Carlitos Alberto.- Guayaquil 4 de Noviembre de 1943.-
Este género de pleitesía era usual en las familias porteñas cuando se agasajaba a un pariente o a un amigo muy querido, pues todo se hacía con gran formalidad y cumplimiento.
En 1944 fue tesorero de la campaña presidencial el candidato oficialista Miguel Angel Albornoz Tabares y al producirse la revolución populista el 28 de Mayo sufrió prisión pero el Dr. Velasco Ibarra dispuso su libertad, aunque por asuntos de cuentas le llamarán en múltiples ocasiones a declarar y finalmente fue llevado al Panóptico, compartiendo la celda con Juan X. Marcos y el Dr. Arturo Cabrera. El caso pasó a manos del Dr. Mariano Suárez Veintimilla quien explicó a uno de sus hijos: No tengo nada de que acusarlo. Han confundido los bienes de su padre con los de Daniel Antonio Guzmán, mi paisano. Vaya a sacarlo y entregó la boleta de excarcelación a los seis meses de su prisión. Entonces comenzó los trámites de su jubilación ante el Seguro Social y consiguió con su sobrino Fausto Viteri Gándara la representación comercial del Jabón Lagarto, pues estaba pobre y tenía que subsistir. Por mucho tiempo escribió para el diario socialista “La Tierra” bajo el pseudónimo de Jean Valjean tomado de Los Miserables. El 48 el gobierno de Galo Plazo le expropió su hacienda “Lachas” pagándole únicamente la cantidad de veinte y cinco mil sucres. En los años 50 pasó a Guayaquil a desempeñar la Gerencia de un almacén de venta de ropa propiedad de sus parientes los Pinto Guzmán ubicado en Pedro Carbo casi al llegar al boulevard. El 52 en Guayaquil recibió la noticia de la muerte de su madre y sufrió un gran dolor. Vivía en una residencial del centro de la ciudad y su situación económica era mediana. El 57 regresó a Quito y desempeñó la Gerencia del Banco Nacional de Fomento en Tulcán, deslizando su vida en medio del halago y el cariño de los suyos, para quienes era toda bondad y ternura, con esa jovialidad tan propia de las almas grandes.
De ochenta años, viviendo con su hijo Juan, sufrió una caída en la vereda, al parecer sin consecuencias, pues no se rompió ningún hueso, pero a causa del simbrón y del derrame quedó hablando palabras sin sentido y ya no fue el mismo. Su fallecimiento ocurrido el 8 de Enero de 1970, a la avanzada edad de ochenta y dos años, de un decaimiento general por el derrame cerebral sufrido dos años atrás. Fue enterrado en el Batán.
Estatura baja, delgado y musculado, blanco rosado, calvo, pelo negro, ojos verde y expresión colérica, pero de corazón tan sensible que se llenaba de lágrimas ante la menor injusticia y ante el dolor ajeno, quizá ese era su principal defecto, si es que se quiere calificar así esta noble cualidad de los espíritus superiores, ya que vivimos un mundo al revés.
De pensamiento intelectualizado y con la educación decimonónica que se impartía en el Ecuador hasta el año 1895, superó las barreras ideológicas y luchó por el triunfo de la civilización en la provincia de Imbabura. Dejó muchísimos discípulos que aún recuerdan y veneran su memoria, pues tuvo ecuanimidad de criterio, sagacidad de procedimientos y conducta rectilínea. Con los niños era con un dulce abuelito que sonreía siempre.