VILLAVICENCIO Y MONTUFAR MANUEL

GEOGRAFO.- Nació en Quito en Octubre de 1804 y fueron sus padres Pedro Villavicencio Chiriboga, diezmero quiteño y María Eva Montúfar, quiteña, hija de Pedro Montúfar y Larrea (hermano de Juan Pío Montúfar, II Marqués de Selva Alegre) Doña Eva era una mujer superior a su época por ser dada al cultivo de las ciencias. En 1840 proporcionó a Juan Pablo Sanz los recursos necesarios para realizar los primeros ensayos de tipografía nacional.
Creció en un ambiente de arte y cultura aprendiendo las primeras letras de su madre y cursó el bachillerato después. En 1824 ingresó a la Universidad Central donde siguió los cursos de Farmacia y Química. El 20 de Marzo de 1832 pasó a la facultad de Medicina y como aficionado a la investigación botánica realizó numerosos viajes fuera de Quito que impidieron la terminación de sus estudios.
Unas veces viajaba al oriente y en otras hacía excursiones por las mesetas interandinas recolectando especies para el Museo privado en su quinta “Yavirac” donde instaló un invernadero de flores exóticas del país y otras muchas del exterior.
Por entonces vivía en la capital el Dr. William Jameson que le servía de guía y maestro, con él organizó un Museo Entomológico con aves y reptiles disecados por ellos mismos y colecciones antropológicas y arqueológicas con trajes y armas indígenas y objetos precolombinos de piedra, cerámica y metal. Tampoco faltaban las muestras de minerales, tierras y fósiles de diversas partes del país.
Para premiar sus esfuerzos la Junta de Gobierno de Instrucción le entregó las cátedras de Química y Botánica a las que dedicó buena parte de su tiempo. El 20 de Junio de 1843 sus alumnos sostuvieron un Certamen Público de Química en la Iglesia de San Camilo.
En 1846 y movido de su afán aventurero realizó un viaje de un año por Archidona cuyos detalles se han conservado a través del Informe escrito en el Napo al Presidente Vicente Ramón Roca, haciéndole conocer sus observaciones sobre la Geografía e Historia Natural de esas regiones. De regreso se trajo un herbario, animales, insectos y fósiles, parte de lo cual obsequió a Roca instalando el resto en Yavirac. Luchaba inútilmente porque se abrieran caminos hacia el oriente, pero era tal la pobreza del erario que pese a las buenas intenciones presidenciales el proyecto no pudo realizarse.
En 1852 el Presidente José María Urbina le designó Gobernador de aquellas provincias. Villavicencio comenzó un Cuadernito de apuntes y utilizó los escasos fondos para construir caminos, puentes y otras obras públicas que facilitaron el ingreso a la zona. Fueron famosos los puentes de tarabita, también abrió rastrojales y recolectó insectos y plantas medicinales, arrostrando diversos y variados peligros. El 53 probó la ayahuasca, planta alucinógena que le produjo ensueños agradables y luego terroríficos. La Ayahuasca era muy usada por lo pendes o brujos de la Amazonía para contactar a los espíritus ancestrales. Villavicencio fue el primer científico americano en probar sus efectos oníricos y relatar las consecuencias.
Su cuadernillo, comenzado antes del año 52 que viajó por segunda ocasión al oriente, debía remitirlo al polígrafo italiano Adrián Balbi “geógrafo apreciado como eminencia mundial y ansioso por obtener y recopilar datos del Ecuador a objeto de publicarlos en un segundo compendio de su Geografía Universal, pero habiendo muerto Balbi en 1848, quedose Villavicencio “con el olivo en ciernes”.
Era un apasionado patriota, se esforzaba por defender nuestra integridad amazónica, luchando por el mejoramiento de la vida de las tribus; sin embargo no estudió el valor medicinal de las plantas o si lo hizo, sus estudios no han podido llegar a nosotros.
Su fortuna, que no había sido escasa, se veía muy disminuida y amenazaba terminar. Quizá por eso regresó a Quito y buscó un trabajo estable que le provea de recursos para escribir una “Geografía del Ecuador”, obra que ya tenía esbozada, pues había trazado varias cartas Geográficas muy primitivas guiado solamente por la brújula pues no disponía de otros aparatos más perfeccionados.
En 1854 viajó a Guayaquil y el Vicerrector del Colegio San Vicente del Guayas, Dr. Luciano Moral, le dispensó su amistad y una cátedra. A él dedicará años después su obra. Por entonces contrajo matrimonio con la guayaquileña Ana Cirio y Robles de quien no dejó sucesión, viuda de José Manuel Estrada.
El 56 se trasladó a Riobamba y en unión del joven Mariano Astudillo Arrieta realizó numerosas excursiones arqueológicas, geográficas y de observación sociológica por la provincia de Chimborazo. Entre 1854 y el 58 terminó de escribir su Geografía y gracias a la protección económica de Juan María Gutiérrez, ilustre bibliógrafo argentino exiliado en el puerto para escapar de la tiranía de Juan Manuel de Rosas, publicó se año “Terrenos baldíos en el Ecuador” en 47 págs. y viajó a New York a corregir las pruebas de su Geografía que salió el 58, en español, en la imprenta de Robert Craighead en 81 – 85 Central St. con 9 págs. de introducción y 505 de lectura. Obra cumbre de su talento, primera Geografía general de un país sudamericano escrita y publicada por un ciudadano del propio país.
Ese fue un año crucial en su vida porque también adquirió el título de Doctor en Química y Farmacia que le otorgó la U. Central de Quito.
En 1860 editó en Valparaíso un “Apéndice a la Geografía del Ecuador y defensa de los Terrenos Baldíos en 73 págs. de texto y un Mapa, con noticias etnográficas y sociológicas de las tribus indígenas de la Amazonía, a fin de establecer nuestros derechos territoriales frente a los países vecinos. El 61 asistió a la Convención Nacional convocada en Quito, como diputado por la nueva provincia de Esmeraldas.
En 1865 dio a la luz en la Imprenta Nacional la “Memoria leída en la incorporación a la Academia Nacional de Quito el 8 de Diciembre de 1864”. Después asistió como Diputado al Congreso Nacional y falleció de sesenta y siete años en Quito, el 12 de Enero de 1871, cuando aún podía esperarse mucho más de su amplio talento e ilustración.
Lamentablemente no tuvo escuela por eso sus conocimientos geográficos fueron empíricos y superficiales, tampoco dispuso de un instrumental científico adecuado para efectuar mediciones, aprovechó los Mapas antiguos y los cambió a su antojo. No existe su biografía pero algunos autores se han preocupado de dar ligeros esbozo de su vida.
De estatura regular tendiendo a la obesidad, mirada clara y faz risueña, cabellos escasos, claros y ensortijados. La tez blanca, sus maneras y andar rápido como buen aventurero. La palabra fácil, la conversación amena y anecdótica por sus viajes y experiencias con los indígenas del oriente a los que trató y sacó noticias. Dejó varios hijos naturales pues era alegremente bohemio con las mujeres.
Su Geografía del Ecuador está dividida en tres capítulos: 1) Generalidades de la Geografía Física con descripciones del globo, posiciones astronómicas, accidentes geográficos, etc. 2) Geografía antes de la conquista española donde reproduce muchos párrafos de la obra del Padre Juan de Velasco, S.J. y 3) Geografía Descriptiva, con los tres Distritos y sus Cantones, Parroquias, Anejos y Ciudades, Noticias Etnográficas, Planos y Litografías de ciudades, Planos y una de su rostro.
La Geografía se imprimió al mismo tiempo que la “Carta Geográfica de la República del Ecuador”, su suplemento, editado en la Imprenta de F. Mayer y Cia. New York. Escala 1:1.350.000 aproximadamente, “delineada en vista a otras Cartas más antiguas como las de Pedro Vicente Maldonado, el Barón de Humbolt, Sebastián Wisse y las de Sondeo de las Costas M. Fritz Roy y H. Kellet y “las particularidades del autor”, que fuera duramente criticada por Richard Spruce en 1.861 cuando estuvo en nuestro país, pero fue la única Carta Geográfica que tuvimos para la instrucción pública hasta que apareció la muy completa y exacta del Dr. Teodoro Wolf.
Por el hallazgo de varios fósiles y tiestos se le considera el fundador de los trabajos paleontológicos y arqueológicos en el Ecuador y por su Geografía y la Carta Geográfica ha pasado a la historia nacional como uno de los mayores científicos del siglo XIX, más que como un simple anticuario.