VILLAMIL JOLY JOSE MARIA

PROCER.- Nació en New Orleans capital de la Luisiana, el 10 de junio de 1789, cuando era parte de los dominios de España. Hijo legítimo de Pedro González de la Galea y del Villar de Villamil, natural de la villa de Castropol, Obispado de Oviedo, Asturias, España, llegado a New Orleans como comerciante, fue designado Mayordomo del hospital Real, pudo construirse una casa en el barrio francés y darle a sus hijos una excelente educación particular que comprendía español, inglés, francés, aritmética, geometría, música y filosofía, y de Catalina Joly Lebrún, criolla luisianesa de origen francés. Tuvieron tres hijos, siendo José el menor.
“Mi padre era ya de alguna edad cuando vine al mundo; fui por consiguiente su orgullo, me llevaba a todas partes y tales eran las consideraciones que sus amigos le dispensaban que cuando lo invitaban a alguna reunión nunca faltaban de decirle: tráigase a Pepito”
En 1800 la Luisiana fue entregada por España a Francia y el 3 fue vendida a los Estados Unidos. En 1804 sentó plaza de Cadete de la “Compañía de rifleros voluntarios de Luisiana”, el 5 ascendió a Sargento Primero con fama de valiente y casi sin igual con el rifle en la cara.
En 1810 viajó a España enviado por sus padres a fin de completar su educación y recomendado por sus hermanos mayores Felipe y Pedro Villamil, fue recibido paternalmente por el General Ignacio Alava, Gobernador de Cádiz, que lo invitó a numerosas “soires”. La mujer del Gobernador quiso aprender algunos pasos de danza y especialmente uno llamado “L’Oiseleur” y Villamil se lo enseñó influyendo ante ella para obtener la libertad de varios oficiales franceses que hizo pasar por luisianeses sin serlo. La gentil señora de Alava lo apodó “Chacta”, nombre simbólico tomado del héroe de la novela romántica “Atela” de chateanbriand, que Villamil conservó el resto de su vida. También frecuentaba en Cádiz a americanos distinguidos e ingresó a la Logia masónica “Lautaro” en compañía del mexicano Lorenzo de Velasco. El bonaerense Manuel de Sarratea, “a quien solíamos escuchar con respeto,” les preguntó: ¿Sois capaces de consagraros a la causa americana? Nos abrazamos e hicimos el juramento, escribió años después.
Enseguida viajó a Maracaibo en Venezuela donde vivían sus hermanos en buena posición social y económica. Allí escribió cartas revolucionarias que fueron interceptadas por el Gobernador de la plaza de Maracaibo y solo merced a influencias y a su corta edad, se libró de morir fusilado. Partió entonces Panamá donde su hermano Felipe tenía relaciones.
En 1812 estuvo en Guayaquil dedicado al comercio y logró pingues ganancias. En 1813 viajó a los Estados Unidos y compró la goleta Alcance que trajo cargada de armas para venderlas al Virrey de la Pezuela. En ella vino con su madre viuda. Al pasar por Puerto Príncipe fue presentado a Bolívar quien le animó a luchar por la independencia de América. Ese año contrajo matrimonio con “la hermosa” guayaquileña Ana Garaycoa Llaguno y adquirió una casa situada en el Malecón entre 9 de Octubre y Elizalde.
El 8 de febrero de 1816 viajaba con su esposa y dos tiernas hijas al Callao, cuando a la altura de Isla Verde divisaron una escuadra fondeada en la isla Puna y pensando que eran piratas que venían a atacar Guayaquil, viró de regreso para avisar el peligro, siendo perseguido por un bergantín y una goleta y al pasar por el fortín de Punta de Piedra pidió que hicieran fuego y los detuvieran. A la una de la madrugada del día 9 llegó al puerto y dio la voz de alarma. Ocho horas después se presentó la flota, armada en corso por la junta revolucionaria de la Provincia libre del Río de la Plata y comandada por el Almirante Guillermo Brown, pero todo esto se supo después.
Villamil recibió la orden de situarse con una compañía en “una pampita” frente a la orilla – a un costado del sitio donde hoy se levanta el edificio del Club de la Unión – y desde allí contestó el fuego con grave peligro para su vida. La batalla favoreció a los guayaquileños que abordaron la nave del enemigo e hicieron prisionero a Brown, quien recorría el Pacífico con fines revolucionarios – en su calidad de corsario americano al servicio del gobierno de las provincias unidas del Rio de la Plata. Villamil hizo de traductor y se enteró del proyecto, finalmente Brown salvó su vida, pues fue canjeado por varios prisioneros españoles que traía consigo.
Ese año vendió la goleta Alcance a los socios Luzarraga y Loro, posteriormente adquirió el bergantín Santa Eulalia en sociedad con los comerciantes Santiago Vergara y José Ramón Méndez.
En 1818 vivió en Lima y trabajó por la independencia pero el Virrey José de la Serna le hizo reconvenir por boca de un amigo común que resultó ser el Mariscal José de Lamar, Inspector general del Virreinato.
La tarde del domingo 1 de Octubre de 1820 visitó con su amigo José María de Anteparo a su vecino Pedro Morlás, Tesorero de las Reales Cajas de la ciudad y habiendo escuchado a la joven Isabelita Morlás, hija del anfitrión, quien se sentía aburrida porque no tenía nada que hacer, aprovechó para ofrecerle un baile esa misma noche en su casa, situación que le permitió reunir a varios de los oficiales de los batallones acantonados en la ciudad con el objeto de iniciar una conspiración. En los siguientes días visitó a varios personajes ofreciendo la dirección del movimiento. Primero a Jacinto Bejarano que estaba pletórico y enfermo en sus sesenta y ocho años de edad, luego a Olmedo quien también se excusó por ser civil y no militar. El sábado 7 los conspiradores decidieron adelantar la revolución para la madrugada del lunes 9, porque un fraile mercedario había dado aviso a las autoridades y estas sospecharon que algo se estaba tramando. En la noche del domingo 8 de Octubre los revolucionarios tomaron los cuarteles casi sin efusión de sangre y el lunes 9 Guayaquil amaneció libre del dominio español. Villamil fue aclamado en las calles por ser uno de los principales líderes de la revolución. Su esposa había confeccionado una bandera compuesta de tres fajas horizontales color celeste y dos blancas, tomada de la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata que había usado Brown cuatro años antes, pues era la única enseña insurgente que se conocía y desde el balcón de su casa la arrojó al pueblo en las primeras horas de la mañana cuando pasaban con dirección al vecino Cabildo.
El día 14 fue comisionado para comandar la goleta Alcance a fin de informar a Lord Cochrane que estaba con su flota en algún lugar del Pacífico. Villamil lo encontró el 31 fondeado en la bahía de Ancón y el día siguiente fue presentado al Libertador San Martín que le regaló un caballo y lo ascendió a Teniente Coronel, condecorándole con la Orden del Sol del Perú en el grado de Caballero. A su regreso Villamil trajo ciento cincuenta carabinas, recibió la medalla de “Los Libertadores de Guayaquil” y le fue confirmado el grado de Teniente Coronel en Noviembre por la Junta de Gobierno, tras la instalación del Colegio Electoral el día 11 de dicho mes.
Después mandó un batallón creado para contener a los españoles en Babahoyo y tuvo por jefe al Coronel Luzuriaga, enviado por San Martín. El año 21 asistió a la defensa de Guayaquil cuando la sublevación de las lanchas cañoneras y dos buques de guerra, viajó a Panamá y embarcó a la división “Córdoba” que combatirá en la batalla del Pichincha. Por estos viajes el estado le reconoció una acreencia que sin embargo nunca le fue cancelada y años después la cedió a un tercero en el 10% de su valor, para que intente su cobro.
En 1822 formó parte del grupo de partidarios denominados “los Colombianos” que encabezaban sus cuñadas las Garaycoa y salían de noche a las calles a cantar canciones patrióticas. Al arribo del Libertador Bolívar a Guayaquil en Julio de ese año estrechó amistad con él, le visitaba continuamente para leerle diversas obras en francés, fue ascendido a Coronel y fue designado en Agosto Jefe del primer Batallón de Milicias de Guayaquil, cargo que desempeñó hasta el año 27, prestando apoyo logístico al ejército para la liberación del Perú.
A finales de año participó en el remate del estanco de aguardiente y lo ganó por diez mil pesos, en compensación por lo que el gobierno le adeudaba. En 1824 pidió autorización al Cabildo para proveer de agua a la ciudad pero el proyecto fue un fracaso. El 26 presentó una solicitud al Cabildo para la concesión con exclusividad por ocho años de un aserradero con maquinaria a vapor mas no tuvo éxito su petición. En 1828 defendió Guayaquil del Bloqueo peruano y cuando la plaza fue entregada en depósito cayó prisionero con sus cuñados José y Francisco de Garaycoa pero recobraron pronto la libertad ausentándose de Guayaquil.
En Febrero del 29 se produjo la batalla de Tarqui y triunfaron las armas colombianas, pero el Presidente del Perú Mariscal José Domingo Lamar se negó a devolver Guayaquil. Poco después el General Gamarra le traicionó, depuso y envió al destierro en Centroamérica. Recién entonces el Libertador Bolívar, que se encontraba con sus tropas en Buijo, pudo entrar en Guayaquil reincorporándola a Colombia. El Intendente de la ciudad Diego Noboa fue sustituido por Villamil quien se dedicó a pacificar la zona. Entre 1829 y 30 ocupó la Presidencia de la Municipalidad. El 22 de Febrero de este último año quedó prematuramente viudo y con numerosos hijos. Entonces aceptó ser Corregidor y Prefecto del Departamento de Guayaquil.
En Octubre de 1831 envió una comisión exploradora al archipiélago de las islas Galápagos a fin de averiguar sobre la existencia de orchilla – planta utilizada para tinturar los tejidos y que se exportaba a México con buenas ganancias. El 14 de Noviembre constituyó la “Sociedad Colonizadora del Archipiélago de las Galápagos” con un socio norteamericano amigo suyo, para cultivar la orchilla, buscar guano y denunciaron como terrenos baldíos a la isla Charles, que denominó Floreana en honor al Presidente Juan José Flores.
Su amigo José Joaquín de Olmedo, entusiasmado ante el emprendimiento de Villamil por tomar posesión de esas islas y colonizarlas, le dedicó una poesía en francés: // A mom ami. J. Villamil. // Ces isles fortunées qu´ un sprit agissant Naguéres á dónnees a l´Equateur naissant, /Verront fleurit bientot dans leuis flancs etonées / Le riz, et l´ananas, et les ´spis dorés. // Alors, o Villamil, quand la nut eoilée. / Surprenda les travaux cherls de la journée. // Le florien satisfait melera dans ses chants: / Ton nom, e sa Filis, tes bienfaits et ses chamoa: / Entourné des ses fils, et caresant son chien, / Il redirá toujours que sur le sol florien. // Tu appelas le premier, / par mi ces déserts bois, / Hommes, plantes troupeaux, arts, plaisirs, moeurs et lois, / Tous le biens de la paix… de Cérés tous le dons. // Qui révélent aux mers la bonheurs des nations. // Guayaquil, 1831.
El literato peruano Nicolás Corpancho recogió este poema – que de otra manera se hubiera perdido – y lo tradujo al español, haciéndole aparecer en su obra sobre Olmedo publicada en 1861.
Traducción: A mi amigo Villamil. // Estas felices islas que un espíritu osado / al Ecuador naciente, a poco ha regalado, / absortas verán pronto brotar en sus campiñas / el trigo de haces de oro, el arroz y la piña. // Al suspenderse entonces, con la noche serena, / ¡Oh Villamil¡ el día, la agradable faena / el insular contento mezclará en sus cantares / tu nombre al de su Filis, / tus dones a sus lares. // Rodeado de su prole, con un lebrel jugando / que tú fuiste el primero, se gozará cantando / que a los desiertos bosques de la Floreana impartes / hombres, plantas, rebaños, leyes, costumbres y artes, / de la paz los frutos y de Ceres los dones, / que a los mares revelan el bien de las naciones. //
En Diciembre plegó a la revolución de Luís Urdaneta y fue electo Comandante de Armas de Guayaquil. Era propietario de una botica que junto a la de José Antonio Roca Rodríguez eran las únicas que existían en la parroquia de la Concepción de Ciudavieja y su lujosa casa en la parroquia del Centro estaba considerada la más grande del puerto.
En Enero de 1832 formó un cuerpo de Milicias para repeler el ataque de los soldados del batallón Flores que se había sublevado. El día 12 de ese mes la expedición organizada a las islas Galápagos al mando del Coronel Ignacio Hernández tomó posesión de ellas a nombre de la República del Ecuador y por mandato del General José Villamil, Gobernador de esos nuevos territorios ecuatorianos, quien viajó el 20 de Septiembre para impulsar la colonización y fundó meses más tarde la colonia habitacional con la poética denominación de “Asilo de la Paz” como domicilio o habitad de los primeros veinticinco colonos. El 33 el Asilo de la Paz se componía de cincuenta y una casitas y ocho chacras de sembríos de frutales y hortalizas. Los colonos realizaban trabajos útiles: un camino para mejorar el servicio a los balleneros, etc. Es de aclarar que la única ocupación económica temporal que había en las islas antes de la llegada de Villamil, la realizaban los balleneros ingleses y norteamericanos.
Ese año aprovechó para visitar varias islas y se entusiasmó tanto que envió un Informe muy favorable a las autoridades de Guayaquil, que en la parte medular dice: Temperatura deliciosa 60 a 65° Fahrenheit. Agua abundante y buena. Tierra fértil, pues produce la de las dos zonas. Puede mantenerse una población de 12.000 habitantes. Hay un camino de 300 mts. de largo y 10 de ancho y se proyecta extenderlo a 400 mts. hay un manantial de agua que da 80 galones por hora y el agua puede ser conducida por cañería de bambú.” También escribió una carta de invitación a su amigo Olmedo a pasar un mes en la isla Floreana.
Villamil encontró en las Galápagos al Teniente Nicolás Oliverio Lawson que se convirtió de inmediato en su brazo derecho y aconsejó llevar ganado a las islas para aprovechar sus pastos naturales, localizó la mina de sal en el punto Pan de Azúcar y recomendó fundar una segunda colonia en la isla Santiago, que había inspeccionado previamente en la goleta Sofía. Villamil aceptó la propuesta y mandó a José María Troncoso con varios trabajadores en Junio del 35 y aunque se encontró agua, ésta no era permanente, de suerte que este intento colonizador a la larga constituyó un fracaso.
Como dato anecdótico cabe mencionar que dichos trabajadores fueron los que hallaron los expedicionarios del Beagle, entre estos el científico inglés Charles Darwin, autor de la teoría de la evolución de las especies. Lawson acompañó al joven Darwin por las islas, enseñándole las especies nativas, tanto de plantas como de animales.
En 1837 Villamil envió al General Pedro Mena a la isla San Cristóbal para iniciar su colonización. Dicha isla había sido bautizada como Mercedes, en homenaje a la esposa del General Flores y hasta allá trasladó sus esfuerzos Villamil pues abrió un camino a la zona alta, superior o elevada – que años más tarde aprovecharía Manuel J. Cobo para instalar el Ingenio “El Progreso” – y nombró al Teniente William Guerney primer Alcalde de las islas.
Lamentablemente el Presidente Flores trastocó los planes colonizadores de Villamil al ordenar que los soldados rebeldes, penados y/o criminales fueran deportados a las Galápagos y desde entonces la colonia se volvió un sitio peligroso; sin embargo, el Gobernador Villamil (sic.) ejerció el cargo “con tino, sagacidad y gran espíritu práctico” pero renunció ese año 1837 por ciertas dificultades con el Presidente Vicente Rocafuerte y porque el número de colonos había disminuido. En su lugar dejó al General Pedro Mena para que cuide sus bienes. Este llevó ganado a la isla Isabela para provechar sus pastos naturales pero a la larga fracasaría la labor colonizadora y patriótica por la desidia de los gobiernos, más interesados en el manejo de la política del país que en la realización de los grandes proyectos.
En 1841 fue llamado al servicio militar e intervino en la campaña de Pasto con el General Juan José Flores quien le solicitó que volviera a las Galápagos ante el peligro de una disolución total de la colonia y con dinero prestado a su hija Ana de Alarcón trasladó el ganado de su propiedad a la isla San Cristóbal para evitar roces con los colonos de la Floreana.
A principios de 1842 solicitó al gobierno la concesión de la parte sur de la isla Isabela o Albemarle para un hermano suyo que vivía en Venezuela, pero el asunto no prosperó. A fines de Julio se trasladó a las Galápagos en la goleta Manuela y cumpliendo órdenes del gobierno como Gobernador de las Islas, para investigar la existencia de depósitos de Guano, que entonces tenía precios altísimos en los mercados mundiales porque era usado como fertilizante.
En Agosto aún estaba en las Galápagos cuando se enteró de la existencia de un peligrosísimo brote de fiebre amarilla en Panamá. Entonces se hizo a toda vela con el objeto de comunicar la noticia a las autoridades de Guayaquil, a fin de que se declare en cuarentena a todos los barcos provenientes de las costas de México, Centroamérica y Panamá, pero cuando arribó ya era muy tarde, pues días antes, el 31 de Agosto, había fondeado la goleta inglesa “Reina Victoria” procedente de Veragua con varios enfermos y poco después arribó el “Bruja” también infectada. Los meses de Octubre y Noviembre de ese año fueron los peores pues murió una gran cantidad de habitantes.
Con la Revolución del 6 de Marzo de 1845 le enviaron a Manabí para obtener que el Gobernador José María Urbina apoye el movimiento, lo cual consiguió. De regreso transportó una “División de revolucionarios” y asistió a los combates de “La Elvira”. Uno de sus barcos naufragó durante el trayecto mientras transportaba parte de la tropa y habiendo reclamado su importe al Congreso Nacional solo obtuvo que lo ascendieran a General de la República y le concedan el desempeño de la administración de Aduanas de Manabí, donde tuvo una aventura romántica con Casimira Chávez que le proporcionó otra hija, Dolores Villamil Chávez, esposa de Domingo Medranda Cedeño, con sucesión.
Durante ese tiempo casó en Montecristi su hija Colombia con Nicolás Alarcón con numerosa descendencia a la presente fecha.
En 1849 viajó en uno de sus barcos a California atraído por la fiebre del oro y naufragó, salvando a sus pasajeros en unos botes que condujo a puerto. Cuando Flores anunció su expedición a Guayaquil se reincorporó a las armas. En 1851 fue Ministro General durante la administración del presidente Urbina y como buen masón, influyó en su yerno el Diputado Francisco Pablo Icaza Paredes para que solicite en el Congreso la liberación de los esclavos. Llevado el asunto a la Cámara se opuso el Dr. Francisco X. Aguirre Abad diciendo que había que respetar el derecho de los propietarios que se perjudicarían con tal medida y pidió que le permitan redactar un proyecto de creación de fondos para comprar la libertad – manumisión – de los esclavos. Lo que cumplió a través de un impuesto del dos por ciento sobre las testamentarias, del que salió el dinero para las Juntas de Manumisión creadas en la República. En consecuencia Villamil fue el gestor de la terminación de la esclavitud en el Ecuador, Urbina el firmante del Decreto y Aguirre Abad quien le dio forma jurídica. I como Ministro General villamil firmó el susodicho Decreto.
En 1853 fue “Encargado de Negocios del Ecuador ante el gobierno de los Estados Unidos”. Regresó en 1854 y en Junio visitó las Galápagos con el cónsul norteamericano Matheo P. Game a bordo del vapor Guayas en busca de depósitos de guano en cantidades comerciales pero no los encontraron.
De todas maneras el 12 de octubre insistió en su denuncia al gobierno y poco después obtuvo una concesión guanera; sin embargo, se la revocaron al siguiente año. En 1856 fue Diputado al Congreso Nacional. En 1857 Comandante General del distrito del Guayas. En 1858 Jefe de Estado Mayor General y murió su hijo Bolívar, muy joven. En 24 de Septiembre de 1.859 participó en la defensa de Guayaquil durante el ataque de las fuerzas combinadas de García Moreno y Flores y después del combate se exilió en el Perú.
Regresó en 1862 pues su hija Ana vda. de Alarcón le había conseguido un salvoconducto pero arribó aquejado de mala salud, su asma bronquial estaba agudizada. Habitó en el departamento bajo que ocupaba su hija Ana en el boulevard entre Malecón y Pichincha. Estaba pobre, cardiaco, le faltaba el aire, se asfixiaba, permanecía la mayor parte del tiempo en casa pergeñando unas Memorias sobre la Revolución de Octubre, que mandó al año siguiente a editar en Lima bajo el título de “Reseña de los acontecimientos políticos y militares de esta Provincia de Guayaquil desde 1813 hasta 1824 inclusive” extractada de sus apuntaciones y que dedica al pueblo ecuatoriano, en 50 pags. poco más o menos y en cuarto menor. Las suscripciones costaban cinco reales el ejemplar y podían hacerse en el almacén de Juan Gregorio Sánchez o en el de los señores Abadíe y Masferrer. Esta obrita constituye uno de los tres testimonios que existen sobre la revolución del 9 de Octubre de 1820 y ha visto varias reediciones.
En 1866 conoció de la agresión de la armada española a Chile y Perú y ofreció sus servicios a ésta última nación; sin embargo, debido a su mala salud no pudo viajar al Callao como tenía previsto. El 11 de Mayo llegó a Guayaquil la noticia del triunfo peruano y con ella la salvación de Guayaquil, que era la siguiente ciudad – puerto que iba a ser bombardeada. “Se hallaba en su último día. Por la animación que observó en las personas que estaban cerca de él comprendió que algo muy notable ocurría. Se hizo referir todos los pormenores del acontecimiento: se incorporó, realizó sus observaciones y sus pronósticos y al día siguiente dejó de existir” de setenta y siete años once meses de edad, no sin antes entregar la única moneda que le quedaba a su nietecita Ana Luz de Ycaza Villamil.
“Murió después de cincuenta años de servicio sin una pensión para sus viejos días”. Como buen idealista, fue constante y al mismo tiempo ingenuo y su mayor fracaso fue dejarse llevar por las promesas de los financistas norteamericanos Julius de Brissot y Jude P. Benjamin, quienes le aseguraron la existencia de guano en el archipiélago, motivándole por años a buscar dicha riqueza, realizando numerosos y onerosos viajes.
Las hijas reclamaron al gobierno la tercera parte de la isla Floreana pero no les fue concedida. Igualmente la concesión para la caza de ballenas usando el bergantín “Sagitario.” Los nietos autorizaron a particulares la recolección del ganado salvaje de las islas, que descendía del llevado por Villamil en 1832.
Galante, buen bailarín, hombre de mundo y de salón, políglota, aventurero, desprendido en sus negocios y simpatiquísimo.
En 1850 le trató personalmente el viajero francés Eugene Souville de paso por el Ecuador, quien en “Mis recuerdos Marítimos” le describió así: “estatura media, ancho de espaldas, rostro encendido y bajo espesas cejas, ojos vivaces, palabra ardiente, apasionada y enfática. Es un hombre que parece hecho para la acción y las aventuras, además, éstas no le han faltado. En sus primeros años se había enamorado antes de dejar la Luisiana de una bella y rica Jovencita criolla. Villamil, pobre diablo sin dinero, a pesar de sus hermosos ojos y sus cabellos rubios, fue despedido por los padres de la chiquilla, que se casó con otro pretendiente. Su desesperación fue grande, entonces se expatrió, vino a éste país y se casó por su lado. La hermosa de la Luisiana poco después enviudó y recordando a su primer admirador, escribió a Villamil ¿Qué hacer? estaba casado. Algunos años pasaron y él enviudó a su vez. Sin perder un instante Villamil voló a la Luisiana. ¡Oh fatalidad! La bella, para matar su pena, había tomado a un segundo esposo. El golpe fue rudo, nuestro héroe estuvo a punto de buscar consuelo en otro matrimonio. Felizmente no lo hizo; por un cambio de fortuna que quiso coronar su constancia, el segundo esposo de ella fue a juntarse con el primero. Después de cuatro días, nuestro enamorado de sesenta años, va a partir a la Luisiana en donde terminará la novela” I concluye “He conversado con Villamil en español durante más de una hora y nunca he oído hablar esta hermosa lengua con tanta elocuencia”.
Se habra enterado en el cementerio de guayaquil, su lápida de mármol de carrera de un arco de medio punto tiene una cruz y está sostenida en dos columnas dóricas, su epitafio dice: Hizo cuanto bien pudo y en su larga carrera nadie por culpa suya un mal suficiente.