VILLAFUERTE ESTRADA JUAN

PINTOR Y DIBUJANTE.- Nació en Guayaquil el 19 de Junio de 1945.
Fueron sus padres legítimos Manuel Villafuerte Freire, natural de Pelileo, Provincia de Tungurahua, que emigró a Guayaquil y trabajó largos años como comerciantes minorista en el mercado de la calle Machala, luego compró un solar en las calles Machala y Manabí y construyó una pequeña casita donde nacieron sus cuatro hijos siendo Juan el menor; y Rosa Elena Estrada, natural del anejo de la Magdalena, Provincia de Bolívar, hábil tejedora de crochet, de toda clase de tapetes, sobrecamas, etc. de quien posiblemente heredó la habilidad manual.
De escasos dos años tomaba el periódico y sobre papeles blancos dibujada las letras grandes. Su padre le compró carboncillos y con ellos copiaba cuanto veía. Su hermana mayor Nila, le cuidaba y surgió entre ambos una gran complicidad.
De cuatro años fue matriculado en un Jardín de Infantes en Luque y Chimborazo. Desde 1952 estudió en el Colegio Mercantil. El 56, el Arq. Marco Martínez Salazar, Profesor de la Escuela Municipal de Bellas Artes, le facilitó el ingreso a dicho centro. Ya acostumbraba pintar.
El 57 su padre quiso que estudiara la secundaria y lo matriculó en el Colegio Vicente Rocafuerte, tuvo que dejar la Escuela y permaneció hasta el cuarto año. Prefería andar por las calles, especialmente por el malecón y subir al cerro, para pintar cuanto veía. El 59 ganó el concurso Juvenil dibujando el caballo de la estatua de Simón Bolívar.
En 1960 ingresó nuevamente a Bellas Artes destacándose desde el principio. Su padre le compraba los útiles pues se sentía muy orgulloso de él. Entre el 62 y el 64 obtuvo el Primer Premio en Dibujo e inició su carrera como pintor en compañía de Víctor Barros, José Carreño, Oswaldo Cercado, Ugarte, Miguel Yaulema y otros compañeros de los cursos superiores. “Fue una promoción brillante y decidida, que trabajó infatigablemente al amparo de la Fundación Gorelíck, que les facilitaba a precio de costo los materiales de arte importados de Europa y bajo la orientación académica de Alfredo Palacios que dirigía la Escuela, más un buen equipo de profesores tales como César Andrade Faini en Pintura, Theo Constante en Dibujo, José Vicente Ordeñana Trujillo en Historia del Arte, entre otros. Theo ha dicho: Era un muchacho que tenía esa actitud de ser un artista de la izquierda, de esos que vuelan, que desarman rostros, de aquellos que se quejan de la vida, luchan y viajan por ella.
“La energía y soltura conque dibujaba en la época fueron actitudes que habrían de permitirte -más adelante- consolidarse en el oficio. En la tarea de aprendizaje pasó cinco años, después de los cuales se fue a pintar por cuenta propia. Produjo, entonces, obras diversas; muchos autoretratos, dibujos al natural y algunos precolombinos influenciados por Tábara. Incursionó en el Collage con toda clase de materiales y no perdió oportunidad de disparar las certeras flechas de sus sátiras en forma de pintorescas caricaturas. De esa manera supo dar a su obra un sello personalisimo y hasta una considerable trascendencia social. A partir de aquel momento concretó su vena creativa en la figura humana, derrochando dibujo y color con los excelentes recursos de su paleta”.
I como su generación estaba llamada a buscar nuevas salidas de expresión visual, una de ellas fue el paisaje costeño -marino, rural y urbano- Las casas que pintó tienen tanta fuerza expresiva y personalidad como la que manifiestan sus personajes, Ileana Espinel ha dicho: El artista volcaba su fuego interior, su seguridad, en la linea constructiva. Su cromática se diluía en rojos violentos y sardónicos, verdes y azules de contemplativa introspección o amarillo de soleado fulgor cuando no de mustiada detonancia.
Desde 1964, con Hernán Zúñiga y varios compañeros más se reunían en el taller de Juan Manuel Guano, localizado en Colón y Pío Montúfar (1) donde también funcionaba un bar, a crear y a vivir la bohemia, pero siempre fue un incansable dibujante que acostumbraba trabajar hasta diez y seis horas diarias por eso ha dejado una gran producción.
Al egresar de la Escuela de Bellas Artes en 1966 participó en diferentes Exposiciones Colectivas del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura, en el Museo de Arte Colonial y en la CCE. Ese año presentó su primera Muestra Individual en el Centro Ecuatoriano Norteamericano de Guayaquil. Ya era “un dibujante de inmensa pasión y mucha prisa, como si advirtiera que le restaba poco tiempo, al punto que podía terminar cincuenta dibujos cada día. Hizo retratos de familiares amigos, condiscípulos, maestros, así como de celebridades de todas partes. En el Café Galería 78, de propiedad de Juan Hadatty Saltos, un rústico canchón ubicado en el boulevard 9 de Octubre entre Boyacá y García Avilés, había dos asiduos dibujantes: León Ricaurte que copiaba lo que veía interesante y Juan Villafuerte que hacía lo propio con todo lo que tenía delante suyo, tal como una representación artística, una reunión de amigos, una partida de ajedrez, etc.
Sus obras más destacadas aparecen desde 1.967 cuando presentó una muestra personal en la Galería Arte, de Quito, con sus primeros cuadros de una serie sobre el Viet Nam, uno de los hechos que más lo motivó como a todos los de su generación, gritos de violencia contra esa cruel agresión y sus víctimas, guiados por una energía que sin embargo se canalizaba formalmente. Terminaba el dibujo y procedía a romperlo en pedazos que pegaba sobre cartulina para continuarlo en negro, lo coloreaba y eventualmente lo completaba con recortes selectos de diarios y revistas según fuera la propuesta que traía entre manos. “Los hacía con rapidez, uno tras otro, sin ningún tipo de desmayo o de cansancio, como si la fuerza que lo poseía le obligara a ese desmesurado empeño. La serie duró hasta 1973 cuando la guerra había terminado y solo quedaba su amargo recuerdo en la historia como experiencia de lo que no debe ser.”
En 1968 formó parte del Grupo VAN que organizó la Antibienal en el Museo Colonial de Quito y era, a no dudarlo, uno de los más certeros dibujantes del pais; aunque su arte expresionista derivó hacia el retrato en esa época.
Su estilo feista o de expresionismo exagerado, hería a quienes ya habían asimilado el expresionismo de los años treinta, que fue deformante por las grandes manos y pies de las figuras. El momento histórico que vivía la humanidad así lo ameritaba. Cuevas en México, Deira y Macció en Buenos Aires, pintaban caricaturas esperpénticas tomadas de la corrupción, opresión y alienación de la sociedad latinoamericana. I los artista que se negaban a ser manipulados por el sistema y que habían renunciado al Informalismo y al Formalismo, negábanse a ser presas fáciles de la asimilación de las clases dominantes, representadas por damas emperifolladas, cursis, burgueses egoístas, militares represivos, clérigos obesos, intelectuales posistas, enviciados galleros. Por eso eran radicalmente corrosivos, insobornablemente groseros, despiadadamente críticos, según lo ha expresado Hernán Rodríguez Castelo, y sus cuadros eran feístas por rebeldía, haciendo un arte lo menos asimilable posible.
En lo personal era dulce, alegre y melómano pues le agradaba sobremanera la música nacional, los pasillos del dúo Benítez Valencia y los de Carlota Jaramillo, así como también las canciones del argentino Jorge Cafrune, su artista predilecto. Ese año 68 decidió partir hacia Europa. Se embarcó a España, visitó algunas ciudades y finalmente radicó en Barcelona. Allí se matriculó en la Escuela de Bellas Artes decidido a comenzar de nuevo y tomó varios cursos de Grabado y Litografía, explorando nuevas maneras de expresión sin marginar las suyas, pues, al describir formas, las acentuaba y permitía que la intención de testimoniar conviviera con la retórica exuberante y sustancial de si mismo.
La experiencia española fue sin embargo muy provechosa. La madre patria vivía los últimos años de la pesada dictadura franquista aparentando ser aún la España de las castañuelas alegres de otras épocas, cuando solo era una sociedad clerical y militarizada, agónica bajo el fanático y hasta despiadado -por elitista- dominio del Opus Dei.
Su amigo Manuel Esteban Mejía, que compartió con él algunos de esos momentos, ha dicho que fueron muchas y largas las jornadas. Villafuerte siempre con la música al lado, comentando tal o cual obra plástica o un libro, una película, un concierto, mientras desarrollaba con tensión una obra, que concluida, le motivaba algún criterio de satisfacción o de duda. Su espíritu inquieto, vivaz y nada apocado, tenía urgencia de expresarse en la obra. Lo hizo desde su tiempo de estudiante y más en su etapa de España. Eso no siempre fue comprendido y aceptado porque no se le reconoció su obra con el entusiasmo y la rapidez que ella merecía.
En 1969 se presentaron varías pinturas suyas en la Galería Siglo XX de Quito. El 70 mandó numerosos dibujos para ser expuestos en la Galería Pachacamac de Guayaquil. El 71 intervino en el VIII Concurso de Pintura Ciudad de Tarrasa.
En la década de lo setenta emergieron sus trasmutaciones. Cabezas que estallan, de figuras monstruosas mitad mujeres y mitad aves, que posiblemente presagiaban su dolor físico, que unido a su dolor social le llevaba a esta clase de exorcismos. Las mujeres se vuelven aves, personajes sufrientes, muestran varias bocas y venas carótidas, etc.
En 1972 asistió al Salón Internacional de Dibujo Juan Miró, al VIII Salón de Pintura Ciudad de Hospitalet y al XIV Concurso internacional de Dibujo inglada-Guillot, de Barcelona.
En 1973 participó en el Homenaje que los pintores latinoamericanos tributaron a Torres Garcia en la Sala Gandí de Igualmente asistió al IX Salón de Pintura Ciudad de Hospitatet.
En 1974 expuso en el Círculo Artístico de San Lluc de Barcelona, regresó a Guayaquil por ocho meses a visitar a sus padres, hermanos, amigos, expuso en el Museo Municipal de Guayaquil, Galerías Altamira y Gorívar de Quito, Galería y Taller Gala de Guayaquil, así como en la ciudad de Loja.
En 1976 presentó numerosas obras en el Instituto de Cultura Hispánica de Barcelona y en las Galerías Torres de Messeguer, Covarse en Arenys de Mar, Lleonart y Simón en Barcelona. Franco había desaparecido el 75 y se vivían los primeros meses de la democracia española.
En Enero de 1977 lo hizo en el Ayuntamiento de Esplugries y volvió a Ja Simón de su amigo Manuel Oller Varela. Entonces se dijo de su arte que era como la manipulación de brotes inconcientes de elementos con valor simbólico cuando afloran a la superficie; que presentaba eí erotismo directamente o con el refinamiento de la sublimación.
I estando aparentemente bien de salud regresó a Guayaquil para quedarse seis meses. Pensaba hacer una exposición de sus trabajos en España pero inexplicablemente decidió volver a Barcelona pues había comenzado a sentir ciertas molestias que se le agudizaron en la ciudad condal, producidas por un cáncer al colon generalizado. Fue internado dos veces en el Hospital del Seguro Social de Barcelona pero le desahuciaron en la segunda. Su esposa española Araceli Molina, con quien había casado en Barcelona, llamó por teléfono al padre para que viaje a ver al enfermo. Don Manuel y su hija Lila llegaron un lunes y le hallaron en casa. Cuando le silbó desde los bajos Juan se asomó a la ventana muy emocionado. Mejoró algo, el viernes salió de su pieza y almorzó en el comedor, pero en la tarde le vino un fuerte dolor que no pasaba ni con inyecciones. La noche del sábado fue nuevamente internado y falleció el domingo 15 de Agosto de 1977, a las cinco de la tarde, de solo 32 años de edad. Su cadáver, debidamente embalsamado fue traído a Guayaquil pero por equivocación Iberia lo envió a Lima, aunque finalmente llegó al siguiente día. El velatorio se realizó en el Núcleo de la Casa de la Cultura donde se le había preparado una Capilla Ardiente y el entierro fué en el Cementerio General
Mi querido y recordado amigo Juan Villafuerte, con quien pasé tantos momentos de sana bohemia en el Café Galería 79, llevó el dibujo al límite de todas las posibilidades con imaginación y oficio. En 1979 se realizó en la Galería Centenario de Guayaquil la primera muestra retrospectiva de su arte y desde entonces su fama ha crecido situándole entre los primeros pintores ecuatorianos del siglo XX por la calidad de sus dibujos. En Diciembre del 2007, al conmemorarse treinta años de su fallecimiento, se expusieron 150 dibujos suyos en la sala autoral del MAC. que se renovaron en Junio del 2008.