VIESCAS Y CALDERON DE LA BARCA RAMOS

POETA Y POLEMISTA.- Nació en Quito el 9 de Diciembre de 1731. Hijo legítimo de Diego Sánchez de Viescas, y de Josefa Calderón de la Barca Zúñiga y Alvear, naturales de Lima y Quito respectivamente.-
A los catorce años en 1745 ingresó al Colegio Seminario de San Luis y el 48 pasó al Noviciado que la Compañía de Jesús mantenía en Latacunga, donde hizo versos por simple entretenimiento y estudió retórica, demostrandose burlesco y satírico en el “Epitafio fúnebre al lamentable fallecimiento de un burro anciano” escrito como simple ejercicio en la métrica de esdrújulas y la “Requisitoria a una calva apóstata” donde aludió al hecho que don Vicente Recalde, sacerdote docto y calvo inveterado desde muy temprana edad, empezara de un momento a otro a usar una generosa peluca que le cambió completamente la cara, siendo tanta la sorpresa del vecindario que … fragmento // todos la deseaban ver ( la peluca por supuesto) / Para esto se vio correr / de niños turba atrevida, / y la gente compungida / hacía actos de contrición, / como si fuera visión, / de cosa de la otra vida. // El remate de este poema vino poco después con el “Epitafio de una calva sepultada dentro de una peluca”.
Siguió filosofía y teología en la Universidad de San Gregorio, fue condiscípulo de Eugenio Espejo – que años más tarde lo recordará en El Nuevo Luciano de Quito – y realizó su solemne profesión el 19 de Marzo de 1765 así como el cuarto voto. Ese año escribió un relato sobre “Los alborotos de Quito en el año de 1765” que con una carta del padre Constantino Bayle publicó La Gaceta Municipal en 1935 como rareza histórica.
Designado Profesor de Teología Moral en el Seminario de San Luis, escribió un texto que circuló manuscrito entre sus alumnos, pero no mantuvo por mucho tiempo la cátedra porque en eso advino la expulsión y en 1767 salió en el segundo grupo de jesuitas por la vía de Panamá y tras numerosos contratiempos fue a dar en Ravena; sin embargo, poco después, dado su gran capacidad y su inteligencia abstracta que le llevaba a abordar problemas complejos, discusiones dialécticas elevadas, dictó la cátedra de Filosofía Escolástica en el Seminario de esa ciudad, hasta que en 1773 el Papa Clemente XIV extinguió la Orden y quedó de simple Abate.
En 1778 arribó a Ravena en calidad de Legado Pontificio de la provincia de la Romaña el Cardenal Luis Valenti Gonzaga, personaje cultísimo, mecenas de las letras, artes y ciencias, quien le llevó a dirigir las escuelas públicas con general contentamiento de los nobles que veían con agrado la buena educación que se impartía en ellas a sus hijos. En este cargo permaneció quince años con diez pesos mensuales de sueldo. En algún momento, durante este tiempo, escribió el elogio de su protector Gonzaga en su poema “Sueño sobre el sepulcro de Dante” cuando este hizo construir el mausoleo de Dante en Ravena, ciudad en la que el gran poeta pasó sus últimos días de destierro y donde murió, y el soneto “A la restauración de una iglesia de Ravena, debido al celo de D. Gabriel de Roca”, así como el poema largo “Despedida de una madre a la hija desposada”
En 1786 el ex jesuita Giuseppe Pallavicini publicó “Il sacerdote santificato” tratado teológico y moral sobre las funciones sacerdotales, especialmente sobre el sacramento de la confesión que a su criterio no debía ser demasiado rigorista, igualmente tomando partido sobre la llamada moral jesuítica, el probabilismo y otros temas del momento; pero fue replicado con una “Observationi” que apareció anónima. En 1792 Viesca salió en defensa de Pallavicini con una “Riposta alle obsservazioni soprale due lettere che riguardano il sacramento della penitenza e che chiudono lopera intitolata in Sacerdote Santificato dell Abate Viescas quittense.
La obra apareció en idioma italiano que Viescas llegó a dominar conjuntamente con el latín, español y quichua aprendidos desde su infancia, fue impresa en Cesena en 475 pags. y está considerada una de las más importantes de la prosa polémica quiteña por su argumentación espléndida y por la precisión de los términos. Hernán Rodríguez Castelo la considera sin lugar a dudas única por sostenida, penetrante, contundente y rica. Manuel Maria Pólit, en su momento, dijo que es un libro lleno de sana doctrina, fuerte raciocinio y estilo vigoroso.
Sobre la obra de Viescas opinó Juan León Mera en su “Ojeada histórico crítica de la literatura ecuatoriana” que fue un poeta eminentemente lírico porque sus versos se deslizan con suavidad y gracia, son una fuente que surge y vaga por las praderas y en las traducciones alcanzaba a comprender y a explicar la imaginación de las obras ajenas pintadas en otras lenguas. Mérito nada común, pues solo un poeta puede traducir a otro poeta con propiedad, limpieza y gallardía y en cuanto al género burlesco y satírico se conservan algunas piezas suyas que muestran bastantes aptitudes “La muerte elije su Primer Ministro” y el “Romance a un poeta que en el rigor del invierno se ocupaba en hacer versos.”
Viescas hizo numerosas traducciones del italiano al español y viceversa, también dejó dos Disertaciones Apologéticas sobre la Iglesia armenia escritas en latín, un tomo de Panegíricos y Sermones Morales, otro de Cuestiones teológicas morales y poesías latinas y un Apéndice largo de 98 pags. titulado “Carta apologética en defensa de la obra de Juan Josafat Ben Ezra” escrito a medias con su compatriota el jesuita José Valdivieso de las Heras (1) para la obra del jesuita chileno Manuel Lacunza, que éste lanzó bajo el título de “La venida del Mesías en gloria y majestad” que circulaba profusamente en copias manuscritas y recién apareció impresa en Cádiz en 1812 y en Londres en 1826. El Apéndice de Viescas y Valdivieso recién figura en la edición londinense.
Falleció en Ravena el 7 de Marzo de 1799, de sesenta y ocho años de edad, sin que tengamos una descripción física que trasmitir a nuestros lectores pues – aparte de lo ya expresado – muy poco se conoce del mayor polemista quiteño del siglo XVIII.