VELASQUEZ CEVALLOS ELOY

EDUCADOR.- Nació en Portoviejo el 5 de Junio de 1907. Hijo legítimo de Hermelindo Velásquez Menéndez, Sargento Mayor en las guerrillas liberales y de Angela Tarcila Cevallos Intriago, naturales de Portoviejo y Riochico, respectivamente, Provincia de Manabí. Fueron sus padrinos de bautizo el Presidente Eloy Alfaro y la señorita Agripina Mendoza Vera, beata que falleció en olor de santidad según generalizada opinión de ese pueblo.
“Crecí entre espadas y conspiraciones, en zozobras por la revolución de Concha”. Su abuela materna le contaba en la vieja casona familiar, numerosos pasajes heroicos de las gestas liberales. El ambiente era patriarcal, su familia se componía de doce hermanos; mas, a causa de una malhadada fianza que su padre otorgó a un amigo para que pudiera emplearse en las aduanas, quedaron en grave pobreza y cuando se produjo el incendio del palacio municipal de Portoviejo, alquiló su casa al Cabildo y pasó con su larga familia a vivir en el sitio “El Salto”, a cinco kilómetros, distancia que el joven Eloy recorría a diario para recibir clases en la escuela “Tiburcio Macías” y en 1916 recibió la primera comunión del padre Mauricio Destroux Terminada la primaria su padre quiso que estudie para telegrafista. “De ninguna manera -le dijo- yo seré sacerdote, maestro o periodista” y se matriculó en el colegio “Olmedo”, donde hizo circular entre sus compañeros un periodiquito a mano titulado “La Voz del Alma”, apoyando la huelga contra el Rector José Félix Pazmiño Subía y los caducos sistemas de enseñanza que aún predominaban por entonces.
En las vacaciones invernales era cartero del telégrafo con S/. 19,50 mensuales y propinas, pero a los 17 años truncó sus “ estudios y aceptó ser Inspector-Profesor de la Casa de Huérfanos de Artes y Oficios con S/. 50 mensuales.
Pocos meses después, Luis Felipe Chávez, Director Provincial de Educación, le mandó de director de la escuelita fiscal “9 de Octubre” de Riochico, pero los padres de familia no le aceptaron por su corta edad y fue cambiado a la “Sucre” de Montecristi con S/. 70 mensuales, donde enseñó el curso de 1925-26 exitosamente.
En las vacaciones del invierno de 1926 regresó a trabajar a Portoviejo como amanuense del Dr. Miguel Falconí Zamora, Juez II de Letras y en Mayo fue destinado a la escuela fiscal “Tiburcio Macías” con S/. 130, hizo una brillante carrera hasta 1934 y sacó la revista “Educación”, la primera en su género que circuló en Manabí, a medias con el profesor de tipografía Joaquín Ramírez. Entonces era su mejor amigo el poeta Verdi Cevallos Balda y juntos formaban parte de esa pléyade de jóvenes que se reunían en torno al Coronel José Antonio Gómez González, tales como Bolívar Avila, Pedro Zambrano Barcia, Vicente Amador Flor, Horacio Hidrovo Velásquez, Publio Abraham y José Bolívar Falconí, juventud intelectualizada que seguía de cerca las polémicas suscitadas entre Luis Felipe Chávez, Wilfrido Loor y el propio Gómez González.
Entonces ganó un concurso de cinco noches de baile sin sentarse y con el premio visitó Guayaquil, asistió al teatro Victoria y vio una película parlante del zorzal criollo Carlitos Gardel. De regreso a Portoviejo escribió varios artículos narrando esas maravillas. De esa época son sus colaboraciones en las revistas “Iniciación” y “Argos” bajo el seudónimo de “El Marqués Azul”.
En 1926 se suscitó un diferendo entre los Directores de Escuela de Portoviejo: Justino Cornejo de la ‘Tiburcio Macías” y Esther Núñez de la “Veinticuatro de Mayo”. El Director provincial de Educación los canceló y como Velásquez era Primer Vocal de la Sociedad de Preceptores de Manabí, ascendió a la presidencia por incapacidad jurídica de los cancelados. Así las cosas, el profesor Justino Cornejo le armó una polémica que degeneró en lo personal y originó una mortal enemistas entre ambos.
Para las vacaciones de 1931 y ante el inmenso número de Maestros sin título que había en Manabí, promovió un curso de perfeccionamiento en el Instituto Mejía de Quito (2) los maestros recibían conferencias magistrales por las mañanas y realizaban prácticas y trabajos manuales por las tardes con Alfonso Aulestia Bravo en el Normal Juan Montalvo. Una mañana no asistió el Profesor Carlos Andrade-Marín Malo y fue suplido con éxito por Velásquez, quien logró una beca para el quinto curso del Normal, o segundo intensivo.
Allí presidió la Federación de Estudiantes Normalistas, participó en la huelga del 32 contra el Ministro de Educación Manuel Cabeza de Vaca, fue corrector de pruebas del periódico clandestino “El Látigo” que fustigaba al Presidente electo Neptalí Bonifaz Ascázubi, y se graduó de Normalista en 1933. Durante ese lapso redactó por proyectos un texto de Historia para el cuarto grado, que fue premiado por el ministerio, utilizando un estudio sobre dicho método encontrado en la biblioteca municipal de Portoviejo escrito en inglés y que tuvo que traducir al español. También editó la revista “El Radio” con Joaquín Ramírez donde mantuvo la columna “Manabí desde lejos”.
De vuelta a su provincia en las vacaciones de 1934 organizó el primer Curso de la escuela activa de Posgrado, fue nombrado Director-profesor de la Escuela Media “9 de Octubre” de Santa Ana con S/. 180 mensuales y en Mayo de 1935 pasó a dirigir la escuela “Pedro Fermín Cevallos” de Manta con S/. 270 mensuales, cuyos kioscos construyó con erogaciones; mas, solo permaneció hasta Junio, que ascendió a Visitador escolar de Manabí y en 1936 pidió su pase y fue trasladado con igual dignidad a Los Ríos, hasta Agosto que le enviaron a Guayaquil, de secretario primero y luego de Director del Hogar de Menores, con S/. 320 mensuales. El 1o. de Octubre de 1937 fue electo Visitador escolar del Guayas y estuvo hasta Enero del 38, renunciando en el Hogar de Menores del Guayas durante el inicio de la presidencia del Dr. Arroyo del Río en 1940, que lo cambiaron a Inspector Escolar; sin embargo, tal era el grado de descomposición a que llegó dicho Hogar, que en Abril del 42 llamaba “Escuela de Trabajo del Guayas”, que nuevamente fue nombrado Director con S/. 360 mensuales y demostró los negociados que se habían perpetrado.
Mientras tanto el profesorado del Guayas se veía disminuido por una rigurosa disciplina aplicada por el Dr. Carlos Monteverde primero y luego por Alberto Wither Navarro, de suerte que a los maestros se les impedía toda participación en la vida cívica y política del país. Contra ese estado de cosas se alzó Velásquez y fundó el Sindicato de Educadores del Guayas, paralelo al movimiento de ARDEPRO que lideraba el Dr. Rigoberto Ortiz Bermeo y a causa de esta actuación fue cancelado, pero enseguida consiguió trabajo en al Escuela “Infancia Guayaquileña” del profesor Echeverría López y en los Colegios “América” de los profesores Carlos Estarellas Avilés y Pedro José Huerta y “Liceo Ecuador” de Mariano Guevara. En el primero de esos colegios abrió un Curso para que los maestros sin título pudieran graduarse de profesores de tercera categoría y luego de tres meses trescientos maestros obtuvieron sus respectivos diplomas.
Mientras tanto la lucha cívica contra Arroyo del Río se había intensificado, la aciaga actuación nacional frente a la invasión peruana y la firma del protocolo de Río de Janeiro mantenían al país en un estado de insatisfacción permanente. En 1942 Chile invitó a los maestros de América para organizar el CAE (Confederación Americana de Educadores). Velásquez salió electo delegado por la Costa y Rubén Silva por la Sierra. Viajó contra la voluntad del gobierno y hasta llevó diez mil sucres de ayuda que habían recolectado algunass de sus partidarios, al ex-presidente Velasco Ibarra que se hallaba desterrado en Santiago. El viaje fue una odisea porque el gobierno puso numerosas trabas, pero pudo llegar a tiempo para la inauguración del Congreso y consiguió que se apruebe una moción relacionada con la revisión del protocolo antes aludido.
Por entonces su hermana era profesora en el sitio Boca de Caña de Samborondón, donde Abraham Barbery tenía la piladora “La Susana”, quien le pidió se hiciera cargo de la educación de sus cuatro hijos. Con tal fin puso un plantel propio en Chile y Capitán Nájera, que pronto cambió a Gómez Rendón y Noguchi, donde se realizó en Abril de 1944 la primera reunión clandestina de Acción Democrática Ecuatoriana ADE que presidió Francisco Arízaga Luque y contó con la presencia de los delegados nacionales, quienes pudieron sesionar con toda tranquilidad porque los pesquisas creyeron que se trataba de una reunión de padres de familia. Allí se aprobó el Plan de la Revolución del 28 de Mayo de ese año.
Triunfante dicho movimiento fue designado Director Provincial de Educación del Guayas con S/. 620, organizó y llevó a efecto la Semana de Orientación e inquietudes pedagógicas y realizó en Quito el I Congreso del Sindicato de maestros que eligió dos diputados por el Magisterio Nacional a la Asamblea Constituyente de ese año; Emilio Uzcátegui por la Sierra y Velásquez por la Costa.
En la Asamblea obtuvo la aprobación de la Ley de Escalafón, que fue una gran conquista para el magisterio; mas, el presidente Velasco Ibarra quiso postergar su vigencia para después de dos años y el país entero presenció una huelga general de profesores que le hizo ceder.
También obtuvo un aumento de las pensiones de los maestros jubilados y cuando el Embajador norteamericano presentó un proyecto de cesión de archipiélago de las Galápagos por 99 años, hizo callar su lectura y gritó que era infamante “seguir oyendo una propuesta tan deshonesta” y el proyecto no continuó. Por ello Velasco Ibarra le hizo llamar al Palacio y tuvieron un fuerte altercado. Poco después le mandó a pedir su renuncia como Director Provincial de Educación del Guayas, por ser un “hombre peligroso”, pero Velásquez no le dio el gusto y entonces fue trasladado a otra categoría, según la nueva Ley de Escalafón que él mismo había hecho aprobar, quedando fuera del cargo administrativo.
Después del golpe dictatorial del 30 de Marzo de 1946 fue perseguido por los pesquisas, que le seguían a todas partes, pero ni aun así renunció a la presidencia del Sindicato de Maestros.
En 1952 dirigió exitosamente una huelga de maestros municipales contra el Alcalde de Guayaquil Dr. Carlos Guevara Moreno.
Para esa fecha el Ciclo Educativo Tarqui, colegio de su propiedad en Guayaquil, se había acreditado suficientemente, al punto que contaba con 800 alumnos, entre internos y externos.
Igualmente había fundado la Asociación de Rectores de los Colegios Laicos de Guayaquil ADECLA que obtuvo la autonomía de la educación particular, que había estado controlada por los Colegios Fiscales, y en el Núcleo del Guayas de la CCE organizó el I Congreso Nacional de colegios particulares laicos.
En 1960 fundó el programa radial “Antena Pedagógica”, de una hora semanal en Radio Cristal, que cumplió casi treinta años de fructífera e ininterrumpida labor. En Julio de 1965 fue designado Director de la Escuela Fiscal “República de Francia”. El 68 Director General de Educación, hasta el 70, que volvió a la “República de Francia”, aunque por cortos meses, porque le dieron el pase al rectorado del Normal “Leonidas García” con S/. 6.185.
En Noviembre de 1973 fue electo Supervisor Nacional de Educación primaria del Guayas y desde el 75 hasta el 86 fue Supervisor provincial de Educación del Guayas. En 1988 logró los beneficios de la Jubilación a tiempo completo tras 62 años de labores.
Autor de numerosos folletos tales como “Diez artículos escogidos” tomados de su columna “La Educación en el caos Nacional”, que apareció por espacio de doce años en el Diario “El Universo”. “Breviario Cívico” en 67 páginas. “La transformación de la educación ecuatoriana” en 38 páginas.
“Así debemos hablar de la patria y del comportamiento social a nuestros niños” en 61 páginas y en 1987 “Maestro y Periodista” en 226 páginas conteniendo numerosos artículos salidos de su pluma bajo el seudónimo de “Maestro Serenidad”, síntesis de su trabajo de incorporación como licenciado en periodismo en la FACSO de la Universidad de Guayaquil.
En 1990 sufrió un infarto y fue hospitalizado pero se recuperó. El 2.005 enfermó de cáncer a la próstata, guardó cama. Uno de sus nietos cuenta que le fue a visitar y le encontró lúcido aunque con las fuerzas decaídas y que aún tuvo ánimo para cantar el pasillo Manabí en recuerdo a su tierra. Falleció a los pocos días.
Alto, corpulento, viril, de fácil palabra, activo y con carisma de líder, su paso por la educación estuvo jalonado de triunfos y servicios pues sus discípulos sumaban varios miles en todo el país. Como dato anecdótico cabe indicar que cuando un profesor faltaba a clase, acostumbraba reemplazarle, pues dominaba las materias del pensum.