VELASCO IBARRA JOSE MARIA

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.- Nació en Quito el domingo 19 de Marzo de 1893 en la casa que alquilaban sus padres a pocos pasos de la iglesia de San Francisco. Hijo legítimo del Ing. Alejandrino Velasco Sardá natural de la pequeña localidad de Rioverde en la provincia de Esmeraldas y cuya biografía puede verse en este diccionario y de Delia Ibarra Soberón, quiteña.
Niño tímido, corrido, un poco llorón y muy pegado a su casa. Sus primeros años transcurrieron pobremente pues don Alejandrino sufrió persecuciones, estuvo preso en el Panóptico en 1896 por su condición de guerrillero conservador y perdió su cátedra de matemáticas sublimes en la Universidad Central. Desde entonces, para ganarse la vida se dedicó a las mediciones de haciendas pero en 1902 ocurrió la separación de su esposa e hijos a causa de su etilismo carácter difícil y se fue volviendo un ser solitario.
Doña Delia era enérgica y mantenía una férrea disciplina en el hogar, obligando a sus hijos a estudiar para convertirse en personas de provecho. Fue su primera maestra, le enseñó a leer y a escribir, geografía, aritmética, historia, gramática, ciencias. Por eso, años más tarde, su hijo diría: Ella, fue mi madre y consejera, maestra e inspiradora de mi vida.
A los once años, temiendo por su salud, pues era demasiado alto y delgado para su edad, concurrió a la casa esquinera de la Flores y Mejía donde tenía su consultorio el Dr. Rafael Arjona Silva quien aconsejó que saltar a la soga era lo mejor para el muchacho, más tarde doña Delia le obligaba a realizar ejercicios gimnásticos, practicar natación en las frías aguas de las piscinas de Tesalia y ciclismo en las cuestas de Quito.
Huérfano de padre a los diez y seis años, la situación familiar se volvió aún más crítica y el Arzobispo González Suárez tuvo que ayudar con veinte pesos mensuales. Entonces entró por dos años al Seminario menor de San Luís, luego pasó al Colegio San Gabriel de los jesuitas donde amó el estudio. Después ingresó a la Facultad de Jurisprudencia de la U. Central y fundó la Federación Estudiantil Ecuatoriana; mas, en razón de su carácter conflictivo e impetuoso, se distanció de algunos de sus compañeros generacionales.
El 16 era Secretario del Centro Católico Obrero de Quito, en Octubre envió una colaboración a la revista “La Aurora” feminista y obrera de Guayaquil, titulada Asociaciones Obreras, el 18 colaboró en “La Revista” denunciando el anquilosamiento de la Universidad Ecuatoriana. En 1922 se incorporó como Abogado sustentando su tesis sobre “El Sindicalismo”. Por esos años le ocurrió un serio incidente sentimental pues habiendo conocido a la joven Lucila Salvador a quien propuso matrimonio por cartas, pero como ella iba a casarse a los pocos días con un teniente, rechazó tan singular proposición. Entonces, decidió trasladarse a Guayaquil donde permaneció un mes meditando. Finalmente como no podia ser de otra manera volvió a Quito, pero el asunto se conoció y dió mucho que hablar. Esta sería considerada una de sus primeras ”genialidades”.
Se enamoró de las hijas de don Temístocles Terán, Director General de la Beneficencia, primero de Eugenia y luego de Laura, quienes le recordarían como una persona tímida en el fondo pero a su vez encantador.
En 1923 contrajo matrimonio con Esther Silva Burbano, quiteña nacida en 1902, de origen guarandeño, que hablaba francés e inglés por haberse educado en el Colegio de los Sagrados Corazones de Quito con monjas de dichas nacionalidades, era propietaria de una pequeña casa en la antigua quebrada de Jerusalem, que acababa de ser transformada en la Avenida 24 de Mayo y poseía la biblioteca que había sido de su padre, casi toda en francés, adquirida cuando desempeñaba el consulado ecuatoriano en Burdeos.
Velasco Ibarra, en cambio, desempeñaba la secretaría de la Asistencia Pública y ya se distinguía por su genio y figura. Luego fue Asesor de la Municipalidad de Quito y miembro del Consejo de Estado, dándose a conocer en los medios políticos por sus vibrantes arengas que también le acarreaban enemistades y recelos en un medio tradicional que no estaba preparado para esta clase de exabrutos; sin embargo, los conservadores no le perdían de vista y hasta le llegaron a considerar uno de los suyos en recuerdo a la activa militancia de su padre.
A principios de 1924 comenzó a escribir una columna denominada “Acotaciones” para el diario El Comercio de Quito, con estilo apasionado, convincente, frases incisivas, erudición natural, sin afectación. Su seudónimo “Labriolé” pronto se hizo famoso en el país. Durante algunos meses auspició la política conservadora de Jacinto Jijón y Caamaño, pero tras la derrota de este caudillo en la escaramuza militar de San José de Ambi, dejó de hacerlo. El periodismo era por esos días un hobby no productivo. “No cobré un solo centavo por aquella época, firmar con el nombre y apellido era un acto de impudor”.
En 1929 publicó “Democracia y Constitucionalismo” y al año siguiente “Meditaciones y Luchas” y “Cuestiones Americanas” donde campean sus ideas arielistas por una América Latina mejor, junto a un humanismo de tinte liberal y enciclopédico, muy dieciochesco, que supo mantener hasta el final de sus días sin renunciar por ello a su arraigada tradición cristiana.
En 1930 su matrimonio andaba mal por las diferencias de caracteres y por cuanto su esposa no era propiamente una intelectual, de manera que lo cultural los separaba, aparte que ella no podía darle hijos pues los perdía, había sufrido cuatro abortos. Entonces decidió partir a Francia con el ánimo de perfeccionarse en ese idioma y conocer la ciudad luz. Tenía 37 años, hablaba Francés y sufría de contantes estados de exaltación nerviosa.
En Paris asistió en grave pobreza y necesidad a los cursos libres de Humanidades que se dictaban en la Sorbona y en el Colegio de Francia. En 1932 varios amigos lanzaron su candidatura a diputado por la provincia de Pichincha y habiéndole sacado electo lo mandaron a llamar a través del Cónsul en París Carlos de Sucre y Sotomayor, quien pudo dar con él tras intensa búsqueda y le facilitó dinero prestado para el pasaje de vuelta al Ecuador en tercera clase.
En el Congreso defendió con vehemencia la idoneidad del candidato triunfador a la presidencia de la República Neptalí Bonifaz Ascázubi quien sin embargo fue descalificado.
Desde 1933 combatió ardorosamente al gobierno del nuevo Presidente Juan de Dios Martínez Mera por haber surgido del fraude electoral, consiguiendo numerosos votos de desconfianza contra sus gabinetes. La situación se tornó crítica. Martínez Mera intentó conseguir el apoyo del ejército y al no encontrarlo renunció. El 20 de Octubre el Ministro de Gobierno Abelardo Montalvo se encargó de la presidencia de la República, convocó a elecciones para los días 14 y 15 de Noviembre. Velasco Ibarra lanzó su candidatura consiguiendo un amplio apoyo popular. Ya estaba separado de su esposa y se había convertido en una de las más discutidas personalidades de la política ecuatoriana. Durante la campaña trató en Guayaquil a su parienta María Teresa Ponce Luque, hija del su primo segundo el Dr. Alejandro Ponce Elizalde, a la cual llamaría años después “una de las grandes pasiones de mi vida”.
Realizados los comicios triunfó con 51.848 votos contra el socialista Carlos Zambrano Orejuela que obtuvo 11.028, el liberal Colón Eloy Alfaro 945 y el comunista Ricardo Paredes 696 votos pues el otro candidato liberal Carlos Alberto Arroyo del Río se había retirado. Como Presidente electo visitó algunas provincias, viajó por varios países amigos para que el Ecuador abandone su timidez internacional y en una recepción protocolaria brindada en su honor en la Embajada del Ecuador en Buenos Aires, conoció a la joven Corina del Parral Duran, quien asistía acompañada de su madre viuda y simpatizaron de inmediato.
Nuevamente en el Ecuador ascendió a la presidencia el l de Septiembre de 1934 y comenzó a dirigir al país con una energía antes no vista, pues hablaba, gesticulaba, se movía y presentó un Plan de Gobierno y un Plan Económico, éste último elaborado por el banquero guayaquileño Víctor Emilio Estrada, pero el Congreso entró en pugna con el ejecutivo y desaprobó ambos, perdiendose una magnífica oportunidad para estabilizar su moneda y salir de la crisis fiscal iniciada con la baja de las exportaciones del cacao y aumentada con la quiebra mundial de la bolsa de Wall Street ocurrida en Noviembre de 1929.
Pero lo peor le llegó apenas tenía dos semanas en el poder pues el viernes 14 de Septiembre leyó con sorpresa en la primera página del matutino “El Día” un remitido firmado por su cónyuge y dirigido a las damas ecuatorianas. Una parte del texto decía: Mi esposo ha pedido la nulidad de nuestro matrimonio y por la altísima posición que él ocupa en estos momentos, ese hecho, que en otras circunstancias repercute solo en el hogar afectado, ha tenido ahora enorme resonancia, produciendo un escándalo social nunca antes sentido en el Ecuador, por el cual y ante vosotras mi alma se estremece de rubor y de vergüenza…. Me casé como se casa la mujer ecuatoriana, por amor, pura y simplemente por amor… y ahora mi esposo afirma después de tantos años de haber vivido juntos, de abnegación, de austera obediencia, que nuestro matrimonio es nulo. No sé de formulismos de Actas e ignoro si los Jueces van a decir que no estoy casada, que no he sido esposa jamás. Lo que sé es que entré al matrimonio honrada, sincera y amorosa, creyendo en Dios y en mi esposo, segura de que el matrimonio era hasta la tumba… Mi corazón destrozado, mi corazón enfermo, no tiene a donde ir. El único cariño que tuvo para que le sirva de guía en la vida se le va ahora para siempre. Quiero depositarlo pobre, huérfano, solitario, en las manos piadosas de la mujer ecuatoriana. Recibidlo hermanas mías.
Velasco Ibarra pensó en un primer momento contestar la carta pero luego pensó mejor y se dijo a sí mismo: “Vamos al trabajo. Otros mil problemas esperan al Presidente del Ecuador.”
Al poco tiempo ordenó algunas prisiones y hasta clausuró ciertas publicaciones que le hacían oposición de poca monta calificándolas de indecentes pasquines. I entrampado entre los conservadores que solicitaban la terminación de la educación laica a través del diario “El Debate” y los liberales que deseaban tomar desquite por la caída de Martínez Mera, aún se daba tiempo para trabajar.
Un sábado de tarde el Presidente ordenó a su chofer Antonio Leiva que le lleve en el automóvil presidencial a Baños. De regreso el vehículo se encunetó y se conoció en Quito que el presidente se había accidentado. Obligado el chofer a indicar el sitio donde lo había dejado. El asunto se volvió escandaloso y se volvió más aún cuando al poco tiempo el chofer Leiva fue encontrado muerto en el interior del vehículo presidencial cuando iba en camino a Ambato, para llevar a Quito al Dr. Alejandro Ponce Elizalde, a quien el Velasco Ibarra quería sorprender brindándole un agasajo en la Casa Presidencial por ser su onomástico. Leiva presentaba un tiro de su pistola en la cabeza. Se barajaron varias hipótesis, unos decían que el propio Presidente había dispuesto su muerte porque Leiva sabía mucho, otros creyeron ver en su asesinato la venganza de la masonería, que había dispuesto la muerte de Velasco Ibarra a través de su chofer porque éste se habría arrepentido a última hora, lo cual no nos parece muy creíble dada la rusticidad de Leiva.
Para colmos el presidente de los diputados Arroyo del Río, en vista de la beligerancia de las barras velasquistas, solicitó en Agosto del 35 la intervención del ejército para controlar el orden y proteger la vida de los legisladores, pero como no fue escuchado por el Ministro de Defensa suspendió las sesiones del Senado y el 20 de Agosto Velasco Ibarra pensó que la única salida que le quedaba era disolver el Congreso y convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para el 12 de Octubre siguiente, pero lo hizo sin contar con el apoyo de la alta oficialidad, de manera que los militares al conocer por bando el decreto dictatorial lo llevaron detenido al cuartel “Chimborazo” donde prácticamente fue obligado a renunciar a las ocho de la mañana del día siguiente – 21 de Agosto – y a pedir asilo en la embajada de Colombia. A los pocos días salió deportado a ese país. Su administración había durado once meses, tiempo en el cual se trabajó en canales de riego y caminos vecinales, fue creado el Gimnasio educacional femenino, la Escuela experimental de Tumbaco y la Granja agrícola de Tulcán. En Guayaquil se contrató la construcción de los edificios del Colegio Vicente Rocafuerte y de la Aduana, así como el muelle. Reabrió la Escuela Politécnica Nacional pero clausuró la Universidad Central. Después escribiría: “Fue un error mi dictadura, Me precipité sobre las bayonetas”.
Los militares, deseando conservar el orden constitucional, en la madrugada 22 de Agosto habían entregado el poder al Ministro de Gobierno Antonio Pons Campuzano hasta el final del período en 1938.
En el destierro Velasco Ibarra ejerció durante unos pocos meses el magisterio primario en una escuelita en la población de Sevilla, valle del Cauca, Colombia, escribió “Conciencia y Barbarie” y se carteó con su amiga Corina pues la simpatía que ambos sentían se iba transformando en amor; y como su espíritu ambicionaba espacios mayores, emprendió viaje a Buenos Aires donde editó dicha obra, situándose entre los más importantes ensayistas del continente. Ya tenía un nombre internacional, era uno de los más espléndidos pensadores de Latinoamérica y le fueron ofrecidas varias cátedras en los cursos libres que se dictaban en la Universidad de la Plata, pero una aguda depresión le mantenía postrado, casi al borde del suicidio, cuando Corina (1) le llevó de vacaciones a Mar del Plata.
Solo entonces logró superar la crisis y escribió a su madre: “Corina y el mar me han salvado”. A continuación aprovechando que en el Ecuador ya regía la ley del divorcio, se lo planteó a su esposa, quien residía en Quito, con grave escándalo nacional, pues era un ex Presidente de la República.
Logrado su objetivo, en Agosto de 1938 contrajo nupcias con su amada Corina en la ciudad de Montevideo, capital del Uruguay, porque en la Argentina no se reconocía el divorcio y se instaló a vivir feliz y tranquilo con ella en Buenos Aires. Corina suplió psicológicamente la presencia de su madre y fue una leal compañera y una espléndida amiga y consejera, sufriendo las etapas de crisis económica que desde entonces acompañaron a su ilustre esposo, con una entrega sin límites y total estoicismo. A parte de ello, era una mujer intelectualizada y artista, tocaba al piano, componía música, hacía versos que aparecían con su seudónimo “Alma Helios”.
En 1939 Velasco Ibarra editó “Aspectos de Derecho Constitucional” declarado texto en las Universidades de ese país y habiéndose convocado a elecciones presidenciales, sus partidarios le llamaron al Ecuador, intervino con el liberal Arroyo del Río y el conservador Jijón y Caamaño a quienes logró derrotar pero le hicieron fraude y a la postre resultó perdedor. Entonces los aviadores se rebelaron en Quito y al ser dominados, Velasco Ibarra tuvo que salir al exilio a Medellín por la frontera norte.
Nuevamente en Buenos Aires en 1940 volvió a trabajar de profesor pero en 1943 se cambió a Santiago de Chile para estar más cerca del Ecuador, habitando un modesto departamento en la calle Morandé. En la Argentina también editó “Lecciones de Derecho Político”, “Expresión Política Hispanoamericana”, “Experiencias Jurídicas en América” y “Derecho Internacional del Futuro”, textos que revelan la amplitud de sus conocimientos jurídicos y humanísticos. En Chile tuvo de secretario al intelectual ecuatoriano Pedro Jorge Vera durante varios meses.
En abierta oposición al gobierno de Arroyo del Río y habiendo publicado un Programa de Acción que fue del agrado de Acción Democrática Ecuatoriana ADE, agrupación política fundada por Francisco Arízaga Luque en Guayaquil para combatir los excesos del presidente Arroyo del Río, fue lanzada su candidatura presidencial a principios de 1944. Entonces declaró desde su exilio: “Denme un balcón y volveré a la Presidencia”; mas, el gobierno, viendo que ADE había logrado aglutinar en torno a Velasco Ibarra a las mayorías del país, intentó el fraude en favor del candidato oficial Miguel Angel Albornoz Tabares y ADE resolvió dar un golpe revolucionario si el fraude se consumaba, sin embargo la situación pre electoral se tornó tensa porque el gobierno descubrió la conjura, obligando a la directiva de Guayaquil a adelantar la rebelión, que se llevó a cabo a las diez de la noche del domingo 28 de Mayo de 1944, hora en que el pueblo guayaquileño comenzó a salir a las calles formando patrullas armadas, las gentes se tomaron el cuartel de los Carabineros y la sede de los pesquisa, produciéndose escenas sangrientas pues los Carabineros fueron sitiados y se incendió el Cuartel muriendo varios cientos, unos abaleados y otros achicharrados. La resistencia duró hasta las 6 de la mañana. Para colmos, la casa del Gobernador Enrique Baquerizo Moreno, ubicada en Roca y Rocafuerte, fue asaltada y saqueada.
La caída del gobierno se llevó a cabo a las nueve de la mañana cuando Arroyo del Río, conociendo que la ciudad de Guayaquil estaba bajo el control de los revolucionarios, renunció ante el Consejo de Estado y solicitó asilo en la embajada de Colombia.
ADE formó una Junta de Gobierno que quedó integrada por el liberal Julio Teodoro Salem, el conservador Mariano Suárez Veintimilla, el comunista Manuel Agustín Aguirre, el socialista Gustavo Becerra, Luís Larrea Alba por Vanguardia Revolucionaria Socialista, Camilo Ponce Enríquez por el Frente Democrático Ecuatoriano y secretario General José Terán Robalino. La revolución no fue un cuartelazo ni un golpe de estado, fue la insurgencia de todo un pueblo contra un sistema intolerante, por eso ha sido denominada “ La gloriosa”.
De inmediato Velasco Ibarra se movilizó por la frontera de Colombia y habiendo arribado a Quito el día 30 de Mayo con una comitiva de partidarios “a fin de crear una Patria nueva”, el 1 de Junio fue proclamado Presidente en el pretil del Palacio presidencial por Julio Teodoro Salem, ante una abigarrada muchedumbre que le recibió con cariño y vivó apoteósicamente a pesar del fuerte aguacero que se desgarraba. Cuatro días más tarde vino a Guayaquil y recibió la aclamación de las masas. Pedro Saad dijo: “Todo el poder para Velasco”, pues, se le consideraba el redentor del país.
Entre Junio y Julio del 44 se celebraron dos Congresos Nacionales de Trabajadores, el de la derecha católica y el de las izquierdas. Pedro Velasco Ibarra, de la derechista CEDOC y hermano del líder, rechazó el socialismo de los segundos. Desde entonces comenzó la pugna interna entre los triunfadores y convocada la Asamblea Nacional Constituyente del 45 se dividió definitivamente el velasquismo, pues los conservadores y los del Frente Democrático se separaron de ADE para formar el bloque velasquista propiamente dicho, contrarios a los partidarios de ADE que eran los autores únicos y verdaderos de la revolución.
Reunida la Asamblea en Quito, 23 miembros fueron velasquistas de derecha, frente a 67 de ADE que hacían la mayoría. Se expidió una Constitución muy progresista inspirada en la de la República española de 1931, se incorporó las reformas del Código del Trabajo, la autonomía universitaria, el régimen de municipios, redujo el Congreso a una Cámara para evitar las dilatorias politiqueras, creó los Tribunales Constitucional y el Electoral y los llamados diputados funcionales que solo servían para representar a los grupos de poder.
Esta Constitución, considerada como un modelo de democracia, recibió numerosos comentarios internacionales y hasta fue traducida al francés. Velasco Ibarra, como no podía ser de otra manera, fue electo para un período presidencial de cuatro años 1944-48.
Este segundo mandato no le fue exento de contradicciones pues si bien es cierto que sus inicios momentáneamente fueron izquierdistas, poco tiempo después involucionó hacia la derecha; sin embargo, su gobierno fomentó la producción e inició el plan vial del país, por iniciativa de Benjamín Carrión se fundó la Casa de la Cultura Ecuatoriana y aumentó el número de maestros y profesores. Mas, por temor al Congreso y pensando en las limitaciones que le imponía la nueva Constitución, alegó que el Congreso quería iniciar relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, aceptó las renuncias no presentadas de varios ministros y terminó entregado a la política de su maquiavélico Ministro de Gobierno Carlos Guevara Moreno, al punto que se proclamó dictador el 30 de Marzo de 1946, denunciando un complot militar encabezado por el General Alberto Enríquez Gallo al que sacó del país con varios oficiales. Esta dictadura – la segunda de su larga carrera política – inició una despiadada persecución de las izquierdas y fue el principio de la debacle política del país.
Sus opositores le gritaron “Papagayo, se te han caído las plumas rojas” pero entonces dio un giro sorpresivo y convocó a una nueva Asamblea Nacional Constituyente, a la que los liberales, socialistas y comunistas se abstuvieron de concurrir e instalados los Diputados nuevamente fue electo Presidente el 10 de Agosto de 1946, el país volvió a los cauces constitucionales y el Presidente alejó a Guevara Moreno nombrándole Embajador en Santiago de Chile; mas su gobierno se había debilitado a causa de sus indecisiones, persecuciones, y sobre todo por la improvisación en materia económica pues la inflación producida por la segunda Guerra Mundial y el aumento de la obra pública financiada con préstamos e impuestos, mantenían al país en situación de apremio económico, casi en bancarrota, a consecuencia de lo cual, en la noche del 23 de Agosto de 1947 fue depuesto por su Ministro de Defensa, Coronel Carlos Mancheno Cajas y tuvo que partir al exilio en Buenos Aires por la vía de Chile.
Mientras tanto un ejército constitucionalista comandado por el Coronel Angel Baquero Dávila disolvió a las fuerzas insurrectas en el sitio de Socavón cercano a Ambato y caído Mancheno tras una semana en el gobierno, ascendió interinamente el Vicepresidente conservador Mariano Suárez Veintimilla, quien lo hizo con la renuncia firmada para que el Congreso designe a un personaje de ideas liberales.
Reunidos unos cuantos políticos por Galo Plaza Lasso en Quito decidieron cortarle el paso a Arízaga Luque – que por lógica y con entera justicia era el llamado a posesionarse en la presidencia – y presentaron dos candidatos: Andrés F. Córdova, coautor del fraude electoral de 1.940 quien por inteligente y marrullero era capaz de imponer el orden nacional y el banquero guayaquileño católico Carlos Julio Arosemena Tola que jamás había participado en cuestiones políticas y era considerado un perfecto caballero, casi un santo laico. De manera que tras varias votaciones “internas” en las que el Arzobispo de Quito Carlos María de la Torre tomó parte activa, Córdova declinó su candidatura que solo hubiera significado un retroceso hacia la pasada era arroyista que él había ayudado a triunfar y resultó electo Presidente Interino Arosemena Tola por el año que faltaba a Velasco Ibarra, de esta manera se preparó la candidatura liberal de Galo Plaza Lasso quien derrotó el 48, por escaso margen, al conservador Manuel Elicio Flor Torres, un honorable Juez de la Corte Suprema aunque poco conocido en el país. Plaza gobernó cuatro años en medio de la bonanza económica que proporcionaba el auge internacional del banano y pudo concluir su período.
Mientras tanto Velasco Ibarra se ganaba la vida a través de las cátedras de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de La Plata pero ante la política populista de Eva de Perón, que él consideraba una demagoga ignorantona y barata, aunque vivisima, acomodaticia y con gran poder para mangiar a las masas, renunció y viajó a Caracas a enseñar esas mismas materias. En 1951 publicó “Tragedia humana y Cristianismo” obra influenciada por el existencialismo de la cultura europea y su propio desencanto.
En las elecciones presidenciales del 52, nuevamente candidatizado por una coalición independiente, derrotó al conservador Ruperto Alarcón Falconí, asumió por tercera ocasión la presidencia y aunque soportó la ruda oposición de los políticos logró terminar su período en 1956, gracias a las condiciones económicas favorables debido al auge de las exportaciones, especialmente la bananera de la costa.
En las elecciones presidenciales de ese año, que manejó con criterio maquiavélico, lanzó al liberal José Ricardo Chiriboga Villagómez de candidato chimbador y a Carlos Guevara Moreno fortaleció mediante el pacto con los llamados Caciques, políticos que controlaban las provincias costeñas – Julio César Plaza Monzón en Esmeraldas, Emilio Bowen Roggiero en Manabí y Efrén Icaza Moreno en Los Ríos – por lo cual el liberal Raúl Clemente Huerta, candidato mayoritario del pueblo ecuatoriano, quedó disminuido en su votación y se emparejó con el conservador Camilo Ponce Enríquez quien asumió el poder tras discutidos escrutinios, donde se habló mucho de un fraude electoral realizado en la provincia de Loja por el cura Armijos Valdivieso, un sacerdote adinerado, falto de ética y cacique politiquero que hizo de las suyas con las urnas electorales.
Nuevamente en Buenos Aires en 1956, Velasco Ibarra vivió de sus cátedras rodeado del cariño de su esposa y del respeto de la sociedad bonaerense que reconocía al maestro, al filósofo y al pensador continental. El exclusivo Country Club les invitaba a su cena bailable por fin de año y los sentaban en la mesa presidencial, también menudeaban los actos académicos, exposiciones y conferencias donde era el personaje principal.
En 1959 algunos líderes velasquistas aprovechando la exacerbación provocada por las matanzas del 2 y 3 de Junio en las calles de Guayaquil, le llamaron a competir nuevamente para la presidencia por el período de 1960 al 64.
Al principio se resistió pero terminó volviendo a la palestra política y en las elecciones obtuvo 373.811 votos, frente a 175.076 del liberal Galo Plaza Lasso, 172.690 del conservador Gonzalo Cordero Crespo y 46.173 del binomio izquierdista formado por Antonio Parra Velasco y Benjamín Carrión que bajo la consigna y el grito de Parra Carrión revolución asustaron a los pacíficos votantes del país, perdiendo muchísimos votos, sobre todo en el sector intelectual, Los líderes perdedores salieron del país. Plaza a los Estados Unidos, el ex presidente Ponce Enríquez a España, Guevara Moreno a México.
Con un Congreso favorecido por una ostensible mayoría, Velasco Ibarra se topó con la incoherencia e irresponsabilidad de los mandos políticos que había auspiciado su candidatura. El llamado Frente Nacional Velasquista empezó a desintegrarse. Se dieron fuertes confictos ideológicos, surgiendo una izquierda liderada por Joaquín Silva y Manuel Araujo Hidalgo. La liberal de Pedro Concha Enríquez. La conservadora de Rafael Terán Varea y la Arnista – Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana ARNE – declara tendencia falangista de Nicolás Valdano Raffo. A esto se sumó el elemento empresarial, especialmente guayaquileño, deseoso de lograr una apertura de oportunidades de negocios.
Su primer acto de gobierno fue declarar nulo el Protocolo de Río de Janeiro, luego propuso una reforma agraria pero no fue aceptada por el Congreso y en 1961 se produjo una gravísima crisis económica debido a la baja que sufrieron las exportaciones de banano y café lo cual disminuyó el ingreso per cápita. Los precios internos subieron y el régimen devaluó el sucre de dieciocho a veintiuno por dólar. Las izquierdas estaban en constante ebullición debido al reciente triunfo del castrismo en Cuba y su incidencia en la política latinoamericana. En el Ecuador los comunistas seguían controlando los sindicatos pero en las calles surgió una juventud rebelde y se formó la Unión Revolucionaria de Juventudes Ecuatorianas URJE que pensó que la revolución social estaba próxima. En esos días se conoció el negociado de la Chatarra, material bélico dañado e inservible, adquirido con sobreprecio por ciertos jefes militares para uso en el Ministerio de Defensa.
El Vicepresidente Carlos Julio Arosemena Monroy, que acababa de regresar al país de una visita no oficial a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS se erigió en el fiscal de la conciencia ciudadana liderando una oposición tenaz desde el Congreso contra “los enloquecidos por el dinero”. Velasco viajó para las fiestas de Cuenca del 3 de Noviembre y fue mal recibido, en Guayaquil ocurrieron manifestaciones estudiantiles y los sucesos luctuosos de una represión insensata. Hubo bala en el interior del Congreso, Arosemena acusó al gobierno y Velasco sacó del país a varios opositores y ordenó la prisión de Arosemena, de varios legisladores y la clausura del Congreso, lo cual constituyó un gravísimo error político pues al Congreso le restaba solo pocos días para terminar su período. El batallón Chimborazo acantonado en Quito se sublevó y fue reprimido por las fuerzas armadas. A las dos de la mañana del 7 de Noviembre de 1961, encontrándose en el cuartel de tanques de Quito, el Comandante en Jefe del Ejército le comunicó que las armas ya no respondían al mando presidencial y a golpe de tres de la mañana subrepticiamente eligieron al Presidente de la Corte Suprema, Camilo Gallegos Toledo, personaje anodino que no tuvo el apoyo popular. A las diez la Aviación realizó varios vuelos rasantes sobre la capital, el pueblo estaba en las calles y ascendió Arosemena a la presidencia de la República, aclamado por todos mientras Velasco Ibarra regresaba sin pena ni gloria a Buenos Aires viviendo de una modesta pensión por su altísima condición de ex Presidente, la cual le permitió sobrellevar estos años de vejez, con modestia y decencia.
El nuevo presidente pronto fue cercado por la derecha y la iglesia que le perurgia el rompimiento de relaciones diplomáticas con la Cuba revolucionaria de Fidel Castro. La Central de Inteligencia Americana CIA agitaba socialmente al país acusando al presidente de escandaloso por su etilismo y de extremista y aunque finalmente éste tuvo que romper relaciones con Cuba fue derribado del poder a los dos años de gobierno, el 11 de Julio de 1963, y ascendieron cuatro militares (tres jefes de las Fuerzas Armadas y el cuarto impuesto directamente por la CIA por ser uno de sus miembros).
Esta Junta Militar de Gobierno, dirigida por la política continental de los Estados Unidos, se declaró anticomunista, persiguió despiadadamente a las izquierdas, intervino las universidades, clausuró los sindicatos, puso en actividad el Plan de Alianza para el Progreso e inició la primera Reforma Agraria en 1964 que fue un desastre económico pues no solucionó el problema de la tenencia de la tierra y causó enfrentamientos innecesarios, por eso los terratenientes de la sierra y los comerciantes de la costa se unieron para destruirla. El 65 se produjo la guerra del arancel en Guayaquil y el 66 los importadores decidieron no pagar impuestos, deteniendo sus mercaderías en la aduana. El paro se generalizó y los militares – desestabilizados económica y políticamente – cometieron el error de incursionar en los predios de la Universidad Central, provocando una reacción generalizada y finalmente terminaron huyendo el día 29 de Marzo. Unos cuantos políticos pro yanquis, liderados desde las sombras por Galo Plaza, provocaron la elección sui géneris de Clemente Yerovi Indaburu, porque se realizó a través de una cortísima cadena radial, quien realizó un gobierno tranquilo y respetuoso, concentrando sus esfuerzos en el retorno constitucional el 67 a través de la Asamblea Nacional Constituyente que eligió Presidente al independiente Otto Arosemena Gómez frente al liberal Raúl Clemente Huerta.
El nuevo magistrado gobernó con los conservadores y los social cristianos, articuló a la gran empresa privada y a la inversión extranjera pero no fue desafecto a los negociados como el del gas del Golfo con el Consorcio fantasma ADA. Fue combatido por las izquierdas, especialmente a través de Jaime Galarza Zavala, autor del libro “El festín del petróleo”. Finalmente llamó a elecciones por el período 68 – 72.
Velasco Ibarra estaba viejo pero no anciano y en las elecciones del 68 triunfó como era su costumbre, aunque por pequeño margen de votos contra el candidato liberal Dr. Andrés F. Córdova y empezó a gobernar sin problemas. Para colmos su compañero de fórmula el Dr. Víctor Hugo Sicouret perdió ante el liberal Jorge Zavala Baquerizo considerado un consumado jurista y el mejor abogado penalista de la nación.
El país tenía una economía más o menos estable, de manera que pudo defender la tesis territorial de las doscientas millas marítimas, inició la participación ecuatoriana en el Pacto Andino, en Mayo del 70, al decretar nuevos tributos, provocó la reacción estudiantil y las Cámaras de la Producción recurrieron ante la Corte Suprema para suspender dichos decretos por inconstitucionales. En tales circunstancias se movilizaron los estudiantes, fue asesinado Milton Reyes, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador FEUE, las calles de las principales ciudades fueron bloqueadas y el 22 de Junio el presidente Velasco Ibarra proclamó su dictadura civil con el apoyo incondicional de los altos mandos militares, que estaban alborotados por la proximidad de las riquezas provenientes del petróleo y estuvieron de acuerdo con un proyecto tan descabellado solo para medrar con las anunciadas bonanza petroleras a corto plazo, así eran de vivales.
Fueron apresados y salieron del país el Alcalde de Guayaquil Francisco Huerta Montalvo y el Prefecto Provincial del Guayas Asaad Bucaram (líder indiscutible en Guayaquil y su provincia, a quien Velasco Ibarra había atacado diciendo que no tenía alma ecuatoriana) el Congreso dejó de sesionar, su Presidente Juan Alfredo Illingworth Baquerizo no protestó ni se escondió y retirado a Guayaquil reasumió la presidencia de una importante institución pública, lo cual causó indignación) al revés del Vicepresidente de la República Jorge Zavala Baquerizo que en gesto altivo que honra su memoria cívica pasó a la clandestinidad por varios meses.
Las universidades fueron clausuradas, la Corte Suprema reorganizada, el 71 se devaluó la moneda de veintiuno a veinticinco sucres por dólar, hubo una huelga general de trabajadores y cuando Velasco Ibarra anunció el retorno al régimen constitucional se produjo el escándalo de la descalificación del candidato más opcionado, Asaad Bucaram, por ser hijo de padres extranjeros, lo cual constituyó una triquiñuela política, una injusticia palmaria.
Esta dictadura, del año 1970, había nacido marcada por el sino del fracaso pues se apoyaba estrictamente en los militares, por ello el pueblo jamás la aceptó porque era una maniobra que en ningún caso llevaba a nada útil, ya que la constitución preveía los mecanismos legales conducentes a la superación de cualquier crisis; sin embargo, Velasco Ibarra confiaba plenamente en el adulo de los miembros del alto mando y en los continuos abusos y desaciertos de su impulsivo sobrino y Ministro de Gobierno Jorge Acosta Velasco y todo ello le llevó de tumbo en tumbo hasta los carnavales de 1972 que fué derrocado por el General Guillermo Rodríguez Lara, a) General Bombay o simplemente bombita, en alusión a su pequeña estatura y pronunciado abdomen – quien había sido su abyecto admirador hasta la víspera. A ese golpe militar el pueblo denominó “El Carnavalazo” por haberse ejecutado el último día de esas fiestas, martes 15 de Febrero. Esta dictadura militar arrancó nacionalista y revolucionaria y con intenciones de una indefinida permanencia en el país o por lo menos hasta que se termine la riqueza petrolera.
De setenta y nueve años de edad y casi sin un céntimo en el bolsillo pues la pensión mensual de ex presidente de la República era exigua ya que al cambio oficial de esa época en la Argentina ascendía a 350 dólares mensuales solamente, salió por Panamá nuevamente a Buenos Aires, sin retomar las cátedras por su avanzada edad.
Vivía para la lecturas y sus libros, hablando poco en su hogar mientras el país se debatía en medio de la nefasta – por pícara y boba – dictadura militar de Rodríguez Lara que dilapidó la riqueza petrolera, aumentó criminalmente la burocracia, endeudó agresivamente al país y duró hasta el 76, que fue derrocado por sus traidores ministros en plenos festejos del matrimonio de una hija suya, pomposamente celebrado en el Palacio presidencial y que finalizó con el desbande de los asustados invitados, desalojados como simple ganado – sin respeto humano alguno – ni siquiera a las enjoyadas damas y a sus elegantes esposos, que salieron del Palacio sin siquiera probar el bufet. De allí mismo escapó el dictador a seguir el festejo en Pujilí, donde bailó en media calle y ante nutrido público formado por campesinos de la zona un salpashca. Bombita siempre fue alegórico por campechano. Vivísimo y dotado de gran sentido común y al mismo tiempo perspicacia e inteligencia emocional, nunca pudo en cambio desprenderse de sus orígenes campesinos, de allí sus constantes “metidas de pata” que dieron lugar a una gran cantidad de chistes sacados en su contra. En cierta ocasión inventó un viaje al medio oriente “para cobrar una sustanciosa comisión en dólares” – al decir popular – producto de una negociación petrolera. Para el efecto cayó en manos de Guayasamín quien le sangró al país una suculenta cantidad por pintarrajear el avión presidencial, que cada vez que llegaba a un aeropuerto internacional causaba noticia, era fotografiado y salía a colores en los periódicos, tan adefesioso quedó. Bombita se retrató solemne y mentecato, subido a un dromedario, en pleno desierto y con aires de jeque, pues no le faltó ni el turbante.
Los nuevos jefes militares o triunvirus gobernaron en medio de varios escándalos nacionales como el crimen del Economista Abdón Calderón, la llamada Mano Negra y el Vacío de Poder hasta que el 79 hubo elecciones presidenciales, de manera que fueron los militares quienes usufructuaron las riquezas petroleras del país en su primera época, derrochando a manos llenas los dólares del oro negro y no contentos con ello, pidiendo préstamos al exterior y creando lanueva y cuantiosa Deuda externa que por ser impagable aún nos agobia.
Durante todos esos años su amorosa esposa cuidaba al Dr. Velasco Ibarra en el pequeño departamento que habitaban en el segundo piso del condominio ubicado en Bulnes No. 2.009 y Santa Fe en la zona céntrica de Buenos Aires. Según Juan Carlos Faidutti lo ha contado, el departamento era muy pequeño, una sala comedor, dos dormitorios, uno de los cuales servía de biblioteca, donde el ilustre ex mandatario pasaba leyendo y escribiendo de continuo. Juntos formaban una gentil pareja que se quería aunque sin hijos, pero ella pasaba mil penurias económicas pues su marido no tenía ni idea de cómo subsistían, al punto que cuando el dictador Rodríguez Lara aumentó las pensiones mensuales a los ex Presidentes, Velasco Ibarra rechazó el aumentó, disponiendo que lo fuera entregado a unas anodinas monjitas de la caridad que regentaban el asilo San Vicente de Paul en Quito, pues no podía aceptar favores de un dictador traidor a su persona y a la Patria. Su secretaria personal Victoria Samaniego de Salazar vendía en Quito las condecoraciones y regalos recibidos durante su presidencia, para enviar el dinero escaso que recaudaba, lo cual compensaba en algo la magra disponibilidad. Un terreno que le fuera obsequiado en Salinas también se vendió con igual propósito, pero siendo Velasco Ibarra “un verdadero asceta” nunca se quejó.
Las ocasiones en que recibían visitas de ecuatorianos doña Corina alquilaba los servicios de una doméstica para el almuerzo, que se realizaba con gran etiqueta pero brindaba alimentos baratos como eran las pastas y el pollo, ya que la carne de res escapaba a su escuálido presupuesto, mas, la desgracia azotó ese hogar honorable y ejemplar cuando la tarde del 7 de Febrero de 1979 ella falleció al sufrir la caída de un bus cando se disponía a tomarlo para visitar a una hermana. Desde ese día su esposo no pudo soportar tanta soledad y tristeza.
Sus sobrinos Acosta Velasco lo trajeron el día 15 de dicho mes al Ecuador y en el aeropuerto de Quito exclamó “Vengo a meditar y a morir” y así ocurrió pocas semanas después, el viernes 30 de Marzo, a causa de una úlcera perforada, tenía ochenta y seis años de edad y las gentes sencillas dieron en decir que “había muerto de amor”. Fue el final de una romántica historia que había durado cuarenta y dos años. Falleció como los antiguos judíos, pidiendo perdón y perdonando, según confidencias de su amigo el sacerdote dominicano Luís Tipán Rojas que lo ayudó en sus últimos momentos. Dejó en una libreta de ahorros, que se la administraba un sobrino, una cantidad equivalente a veinte dólares.
Alto y delgado. Blanco, pelo y bigote cano. Sus gestos violentos y teatrales pero no estudiados sino naturales, al punto que un sobrino de él llamado Pedro Velasco Espinosas los ha heredado y cada vez que toma la palabra en algún acto público, la gente se ríe y hasta le aplauden al pobre, creyendo que está imitando perfectamente bien a su ilustre tío.
Viril y elegante, siempre tuvo fama de ello. Parco para el beber y el comer, a duras penas un consomé, alguna ensalada verde, una copita de vino. Sus trajes impecables y de casimir inglés, corbatas excelentemente anudadas. Buen lector, expositor y orador de salón y barricada. Amplio y generoso en sus concepciones filosóficas, creyó en el alto destino del género humano y en el fin último de la divinidad. Soñador eterno, tenía fe en la juventud y en los militares que siempre fueron unos míseros aprovechadores y se le portaron con gran bellaquería. Defensor de sus inmediatos colaboradores que también traicionaban sus ideales cayendo en delitos económicos por no calificarles de peculados. Erró mucho por no ser un buen administrador y su vehemencia le llevaba a cometer excesos y a avasallar a los congresos, improntus que el pueblo calificaba de locuras cuando en realidad eran actos primarios y perversos, originados en su permanente exaltación psíquica e insufrible egolatría. Su sexualidad podría ser calificada de errática pues gustaba rodearse de ministros jovencitos pensando que así como eran bellos por fuera también serían cultos por dentro y cuando descubría que la mayor parte eran ignorantes, los abandonaba para que el populacho les despachara sin pena ni gloria a sus casas. Les arrojara a la ignominia como solía decirse por entonces.
Fue amado por las clases populares y las amó con igual intensidad al punto que sinceramente sufría por ellas cuando no podía hacer todo lo que ambicionaba en su beneficio. Su talento clarísimo, su erudición humanística y de tintes europeos, tuvo don de gente y de mando, caballerosidad sin límite, honradez a toda prueba; jamás poseyó apetencias económicas pues era todo espiritualidad, patriotismo, decoro, dignidad y pobreza; no aceptaba chistes ni chascarrillos, ni se supo que fuera un conquistador aunque era gentilísimo con las damas que mucho lo quisieron en secreto y en su primera magistratura hasta mantuvo un affaire en la población de Baños, suceso que trascendió porque habiendo despachado el carro presidencial de vuelta a Quito, éste se accidentó a eso de las tres de la tarde y como se corrió la noticia de su muerte, los militares obligaron al chofer a confesar la verdad y a llevarles al sitio donde había dejado al Presidente y a la dama.
Desarrolló la vialidad del país, construyó escuelas, visitó los pueblos más alejados a lomo de mula o en caballo, con frío o calor, animosamente, llevándoles un mensaje de ecuatorianidad inolvidable. Amó las obras públicas y edificó puentes, camino y edificios. Respetó a la historia y a sus figuras cimeras, veneró la memoria del Libertador y las de de Rocafuerte, García Moreno y González Suárez. Siempre se expresó bien de Montalvo y aunque admiraba la obra de Alfaro, por aquello que su padre le combatió, prefería no mencionarlo.
No dejó partido alguno pues antes de morir declaró “El velasquismo muere conmigo” lo que revela a las claras que conocía el poco valer de los dirigentes de esa tienda política o quizá por una humildad verdadera, pues ese partido nunca fue una corriente intelectual ni doctrinaria. Jamás ganó un centavo con su pluma pues prodigaba artículos, escribía libros y los obsequiaba. Sus obras le revelan como un fino estilista y como un pensador profundo.
Fue un gran hombre, quizá el mayor ecuatoriano del siglo XX. Tuvo un entrañable amor a su madre y a su segunda esposa que idolatraba y admiraba con vehemencia. No así a su padre, con quien siempre mantuvo una relación lejana y a veces hasta inamistosa a causa del etilismo de él y a la decadencia física en que cayó cuando perdió su cátedra de Matemática Sublimes lo que ocasionó la gran pobreza que sufrieron los suyos.
Creyente sincero y cristiano espiritualista e iluminado, tradicionalista pero abierto a toda novedad, sin embargo, al final de sus días fue perdiendo esta cualidad y hasta llegó a extrañarse de cosas tan sencillas como ver a un cura con bigotes, lo que le produjo una sorpresa inaudita y se repetía a si mismo ¿Un cura con bigotes? Pues consideraba que siendo el bigote un atractivo sexual secundario era impropio en un sacerdote.
Defensor de la mujer, del niño, de la familia. A un gran civilista, el mejor del sigo XX ecuatoriano, miembro prominente del Opus Dei, le encargó redactar el nuevo Código de la Familia. Cumplido el encargo le fue entregado el original un día viernes. Velasco le pidió dos días de plazo para leerlo y citó al autor para el lunes de mañana. Cuando le anunciaron al Dr. Juan Larrea Holguin, se levantó del sillón presidencial, fue a la puerta y sin permitirle hablar, le devolvió su proyecto de mala manera gritándole “Ud. es enemigo de la mujer” pues influenciado por ideas antiguas el citado jurista había minimizado a la mujer ecuatoriana, arrebatándole entre otros muchos derechos hasta la administración y venta de sus propios bienes sin el consentimiento por escrito del esposo. Algo inaudito para el siglo XX pero muy propio de las organizaciones extremistas.
Aún no ha tenido un crítico ni un biógrafo, aunque sus familiares publicaron las Obras Completas en varios volúmenes.
Tiene estatuas y bustos en muchos puntos de la Patria pero nunca dialogó ni con el pueblo ni con los jóvenes sino consigo mismo y era tan grande su poder de convicción que las gentes creían participar de un diálogo cuando solo era un monólogo.
Sus ideales entraban siempre en contradicción con la realidad que él llamaba razones políticas y de haber tenido un ámbito mayor, un escenario mejor, hubiera brillado en el mundo aunque solo fue – ni más ni menos -cinco veces Presidente del Ecuador.
Lamentablemente y en forma concomitante con todos sus buenos atributos, poseía un carácter inestable, cambiante, impulsivo y unas ansias locas de poder, al punto que a veces esta megalomanía adquiría la categoría de delirante y entonces erraba pues confundía el alto destino histórico de la Patria con sus obsesiones personales, siempre insatisfechas de mando, por eso nunca se avino con los Congresos ni toleró a los compatriotas que por méritos estaban siendo presidenciales, pues se sentía el único Caudillo, el llamado, el mesiánico. I a casi todos destruyó con odio y maldad hasta aniqularlos políticamente (Arízaga Luque, Guevara Moreno, Raúl Clemente Huerta, Bucaram entre otros, por hablar solo de los más importantes).
El hecho de no haber tenido en su infancia y adolescencia una figura masculina imitable le produjo el trauma de una sexualidad de difícil manejo, de aquellas que Gregorio Marañón calificó de estados intersexuales, que lo llevaba a sufrir continuos paroximos, exaltaciones, arranques, gritos y euforias, que a veces se tornaban incontrolables. Por eso el pueblo se confundía en su sencillez y le decía el loco Velasco, cuando en realidad era un hombre muy cuerdo, aunque permanentemente atormentado.
Su formación conservadora, respetuosa de las jerarquías, permaneció inmanente en su pensamiento; más la revitalización de sus lecturas le hicieron superar esas “fallas”, aunque manteniendo siempre tensiones que se traslucían en violentas emociones cuando solo eran la prueba exterior de su genialidad que sobrevivía a los cambios de su tiempo.
No creyó en la democracia como forma de gobierno sino como tesis filosófica y en el diario gobernar a veces se llevaba por el sentimiento y tomaba el atajo fácil de la dictadura, pues no pactaba, por principio, con la oposición.
Esteta en lo más puro de la concepción, amaba lo bello y lo verdadero. Creía en un Dios justo, luchó por el triunfo de la verdad que para él siempre fue la equidad. Su anecdotario, entresacado del pueblo que aún lo recuerda, no tiene fin. En las exageraciones se parecía mucho a su padre a quien; sin embargo, trataba de no recordar, por eso no le agradaban las personas con barba.
En el ingreso al edificio de la calle Bulnes No. 2009 en Buenos Aires consta una placa de bronce colocada por los miembros del Centro Argentino – Ecuatoriano con una leyenda muy hermosa e indicativa que en el segundo piso habitó el cinco veces Presidente Constitucional del Ecuador y su gentil esposa doña Corina.