VELASCO GALDOS ADELAIDA C.

ESCRITORA.- Nació en Guayaquil en 1894. Hija legítima de Dositeo Velasco Pérez, agricultor ambateño dueño de la hacienda San Lorenzo frente a Puná y de Lorenza Galdós, propietaria urbana en Guayaquil.
Fue alumna del Prof. Leonardo Aulestia. A los doce años publicó su primer artículo en “El Grito del Pueblo”, pues fue una escritora precoz: Un año antes se había dirigido al coronel Angel Polibio Chávez, amigo de sus padres, mediante atenta postal y este cumplido caballero le respondió desde la secretaría del Senado con un sentido cuarteto que dice así // Conozco bien a la aromada rosa /pensando en lo que fue cuando botón / y pongo aquí, con mano temblororosa / memoria y corazón.//
Estudió en la Escuela de las señoritas Carmen, obdulian Dolores Sucre y Lavayen y fue de las alumnas preferidas de Carmencita, quien le enseñó a leer, las cuatro reglas y algo de Gramática, pero su hermana Dolores, -notándole su inclinación al estudio- la preparó para las Bellas Letras con útiles y numerosas lecturas y en 1907 la presentó a las hermanas Rosaura Emelia y Celina María Galarza, que con Teresa Alavedra, publicaban la revista femenil mensual de literatura y variedades titulada “La Ondina del Guayas”.
En 1912 murió su madre y su amigo Modesto Chávez Franco Le escribió “Dios te dio inteligencia de varón, no cantas las flores ni te entusiasmas en los deleites propios de tu edad; lejos de eso buscas temas trascendentales, discurres con severidad y vas grabando tu nombre en acero…” Por esos días también colaboró en las revistas “Juventud Estudiosa”, “Ariel”, “Novedades” y otras más.
En 1914 empezó a escribir en “El Hogar Cristiano”, revista didáctica y religiosa propiedad de Angela Carbo de Maldonado y de las señoras de la Asociación de la Prensa Católica de Guayaquil, que preconizaban la obediencia de la mujer en el ámbito del hogar siguiendo el ejemplo de la Virgen María en Nazaret. En el número de Junio de ese año escribió ¿Feminismo? tratando de mejorar la enseñanza para las mujeres sin cambiar la estructura de la familia tradicional. “No creo que con la participación de la mujer en los Comicios populares ni con los cargos que pudiese tener en los asuntos del Estado mejoraría su desesperante situación. No se pretenda pues inculcar en el corazón de nuestras mujeres, esas engañosas y perjudiciales ideas. Que esos proyectos absurdos e inconcebibles no tengan nunca asidero en el hogar ecuatoriano.
Punto de vista muy de acuerdo con la política de la iglesia de entonces, pero atrasado en relación al progreso alcanzado por las mujeres sufragistas de Inglaterra y los Estados Unidos ¿Qué más se podía esperar de una señorita rica, de sociedad y formada en un hogar a todas luces feliz y patriarcal?
En efecto, su casa situada frente al parque de San Alejo era un nido de amor y respetuosa felicidad. Sus padres cariñosos y sus hermanas Amada y María Esther se desvivían en atenciones y todo era orden y paz y al fallecer doña Lorenza, su hija María Esther comenzó a ser cortejada por el poeta Aurelio Falconí, con quien casó dos años después y Amada se dedicó a la beatitud, presidiendo casi hasta su muerte ocurrida mas de cincuenta años después, la célebre Congregación de damas y señoritas de la Iglesia vecina, donde mi suegra Laura Game de Puig-Mir fue la eterna tesorera.
A raíz del matrimonio de su hermana María Esther, viajó a Lima para tratarse de una afección a la vista de la que felizmente sanó, conoció a María de la Torre, señorita limeña huérfana y pobre, pero culta y de sociedad, que hablaba francés admirablemente y había viajado por Europa como dama de compañía de una familia de alto rango, con quien simpatizó enseguida y quizá para reemplazar psicológicamente a su hermana, invitó a Guayaquil. Desde entonces fueron dos amigas inseparables y modelo, sus patrones de conducta fueron siempre intachables y compartieron las buenas y malas horas en amenas charlas e instructivas y elevadas lecturas (1)
En 1917 envió varios trabajos a la revista “Flora” de Quito de sus amigas las Galarza, firmando con el seudónimo modernista de “Zaira”. De allí en adelante escribió mucho y bien para el diario “El Guante” y siempre con seudónimo, hasta que dicha publicación fue clausurada en 1926 por la dictadura del presidente Isidro Ayora.
Desde ese año inició sus escritos en “El Telégrafo” y gozó de la amistad de sus directivos. Ya era una “feminista notable”, conocida por su prosa de estilo preciosista muy del gusto de la modernidad y que aspiraba a la redención de la mujer a través de las bellas letras. Entre sus amigas se contaban las literatas Marta Piedad Castillo de Leví, Zaida Letty Castillo, Rosa Borja de Ycaza, la ya mencionada Teresa AlaVedra y tama.
El 28 publicó el relato “Leyenda Incaica” en la revista Novedades de Guayaquil. El 32 fundó con Rosa Borja de Ycaza la Legión Femenina de Educación Popular. El 36 fue designada representante por el Ecuador en la Comisión Interamericana de la “Liga Internacional de la Mujer por la paz y la libertad” con sede en Washington, tomando contactos epistolares con las principales mujeres del continente, a consecuencia de lo cual el 38 asumió la iniciativa mundial para solicitar a la Academia de Ciencias de Suecia, el Premio Nóbel de Literatura para Gabriela Mistral, notabilísima maestra rural y excelsa poetisa chilena, por quien Adelaida siempre había sentido una gran admiración aunque sólo conocía por la lectura de sus poemas y por unas pocas cartas.
La propia Adelaida lo ha contado así: “Era grande mi devoción por la obra de Gabriela y se me ocurrió escribir a Constancio C. Vigil, de cuyo aprecio para Gabriela tenía yo conocimiento, quien me contestó inmediatamente, entusiasmado. Luego conseguí otras adhesiones pero a la vez la principal resistencia, de la propia Gabriela, renuente a enviarme sus datos que le solicitaba para la redacción de la Circular que hice llegar a hombres de letras de estas y otras partes. Del Ministro plenipotenciario del Ecuador en Santiago de Chile Gonzalo Zaldumbide obtuve que Gabriela aceptase visitar Guayaquil”, luego, que el Canciller Luis Bossano la invitase oficialmente y recibí la delegación del gobierno para que lo represente en el puerto.
El 19 de Agosto (1938) arribó Gabriela a la isla Puná a bordo del vapor chileno Copiapó y una selecta comitiva la fue a buscar en la motonave Huancavilca. En el muelle fiscal de Guayaquil fue atendida por una delegación de niñas. La pequeña recitadora Anunziata Caputi Campodónico le entregó un ramo de flores y recitó “El beso”, que mereció tiernas caricias de ella.
Primero se alojó en el Grand Hotel y fue visitada por lo más granado de la sociedad. Atentos partes telegráficos del Presidente de la República Manuel María Borrero y del Ministro de Educación Leopoldo Izquieta Pérez saludaron su llegada y numerosas delegaciones de instituciones educativas y literarias la homenajearon. El jueves 25 a las 6 y 15 de la tarde brindó un único Recital Poético “Lectura y comentario de mis últimas poesías” en el teatro Olmedo siendo presentada por María Piedad Castillo de Leví. La luneta costó siete sucres y la Galería para señoritas estudiantes uno cincuenta. Las entradas fueron numeradas. El benefício sirvió paa cubrir los gastos de la estadia.
“El día 27 el Centro de Estudios Literarios de la Universidad le ofreció un selecto acto e hizo su elogio el poeta coronado Francisco J. Falques Ampuero. El 31 la estación radial HC2RI, Quinta Piedad, le dedicó una Audición especial. En los colegios secundarios Vicente Rocafuerte y Guayaquil tuvo sendos encuentros. La Legión Femenina de Educación Popular y la Prof. Mercedes Moreno de Irigoyen le brindaron una Sesión. El 5 de Septiembre fue recibida en Sesión Solemne por la Municipalidad presidida por el Cor. Asisclo Garay, quien la designó Huésped de Honor. El 19 recibió la Orden Nacional al Mérito que le fue impuesta por el Gobernador Dr. José Ramón Boloña Rolando. Entre el 8 y el 15 pasamos vacaciones en Playas y la llevamos a recorrer una serie de pueblecitos típicos de nuestras costas. Finalmente el 24 partió en un barco de la Grace a Panamá. Entonces nos dimos cuenta que habíamos compartido momentos muy gratos con Gabriela, quien se había adueñado de nosotras y nosotras de ella”.
En Octubre el Grupo América de Quito, del que Adelaida formaba parte como corresponsal en Guayaquil, fue el primero en dar su apoyo y aprobación a su proyecto del Nóbel para Gabriela. El poeta Gonzalo Escudero y el periodista Jaime Barrera firmaron una muy bella comunicación. Poco después eran numerosos los intelectuales americanos que se sumaban al pedido de Adelaida, quien también escribió al presidente chileno Pedro Aguirre Cerda solicitándole que interviniera y patrocinara el proyecto.
De allí en adelante todo marchó sobre ruedas. El gobierno de esa hermana nación dirigió la edición masiva de los versos de Gabriela y su traducción a distintos idiomas y finalmente se consiguió tras siete años de lucha, a la finalización de la II Guerra Mundial, que la Academia de Ciencias de Suecia concediera el Nóbel de Literatura, por primera vez, a una mujer latinoamericana.
Mientras tanto en Julio del 41 se produjo la invasión peruana y Adelaida tuvo que trasladar a su amiga María de la Torre a una hacienda cercana, donde permanecieron casi tres meses en espera de que la situación se tranquilice y solo cuando estuvieron seguras de que ya no existía orden de captura contra los ciudadanos peruanos residentes en el puerto regresaron a Guayaquil.
El 42 fue designada miembro del Comité Central de la Cruz Roja Provincial del Guayas y comisionada de asuntos internacionales. El 45 Gabriela Mistral, entonces Cónsul General de Chile en Petrópolis, Brasil, declaró a la prensa mundial con motivo del Premio Nóbel: “La idea nació de una amiga mía, Adelaida Velasco, de Guayaquil, que escribió al presidente Aguirre Cerda, quien había sido mi compañero como profesor y presentó mi candidatura en Estocolmo”. Entonces Adelaida se hizo mundialmente conocida y numerosos periodistas empezaron a entrevistarla.
Nunca había sido política; mas, su amistad con el Dr. Arroyo del Río hizo que en 1947 se atreviera a comentar muy favorablemente su obra “Bajo el Imperio del Odio” y se rumoró insistentemente que había sido ordenada su inmediata prisión en la Intendencia; sin embargo, para probar que era una mujer valerosa, que no temía las consecuencias de sus actos, salió varias veces al comercio, anduvo por las calles y no pasó nada.
El 50 hizo varias declaraciones políticas para el periódico liberal “Jornada”. El 53 escribió en “El Universo” un artículo meditado y enérgico en favor de la libertad de la poetisa argentina Victoria Ocampo, quien había editado en 1938 el poemario “Tala” de Gabriela Mistral y a quien solo conocía por relación epistolar.
El 3 de Septiembre de 1954 pasó Gabriela y sus secretarias en el buque Santa Isabel dos en viaje hacia los Estados Unidos. La escala fue de pocas horas pero Adelaida aprovechó para visitarla en Puná con sus familiares, el Prof. Justino Cornejo y una delegación de alumnos del Colegio Americano. No se veían desde el 38 y tenían tantas cosas que contarse qué el tiempo se hizo corto. Gabriela envió un telegrama al presidente de la República Dr. José María Velasco Ibarra y éste le respondió desde Quito con un conceptuoso saludo.
Gabriela estaba enferma de un cáncer lento e indoloro que la había desmejorado a ojos vista; sin embargo en el buque hizo derroche de buen humor y atendió a todos con la cortesía que siempre la había caracterizado en sus años de juventud y salud. Le brindó una copa de Champan. Nunca más se la volvería a ver y falleció tres años después en Hampstead, Long Island, USA.
El 31 de Marzo del 60 el Cónsul chileno Pedro Zúñiga Arancibia le entregó solemnemente a Adelaida la Medalla Bernardo O´Higgins de primera clase, premiándola por sus afanes para obtener el Nóbel de Gabriela. En Mayo enfermó posiblemente de la emoción y en Junio Justino Cornejo escribió lo siguiente: “Vive en Guayaquil con María de la Torre entre flores, versos cuadros, música, bellas amistades, silencio acariciador y amable. Tiene una voz dulce, unas palabras conductoras de emoción, talento que mira en la solera, el bouquet en el sabor musical. Recibió a Gabriela en su casa de la calle esquinera en el parquecito de San Alejo, casa de florecillas tropicales en cuidados tiestos, con una escalera que os sale de pronto a recibir como los brazos de la dueña de espiritual cristalinidad. Adelaida es hoy por hoy la engreída del gobierno chileno. Hace pocos días le otorgaron una altísima condecoración”.
De allí en adelante empezó a sentirse mal y como era muy dada al estudio de la medicina, se diagnosticó así misma diciendo que tenía un cáncer generalizado a los huesos. Su médico y amigo el Dr. Jorge Luis Auz, que la trataba, se sorprendió de la entereza de ánimo de su paciente y no la contradijo. Poco después ella le manifestó a su sobrino José Falconí Velasco: “Pepe, de esto voy a morir y será en menos de dos meses” y tal como lo dijo se cumplió, entregó su alma al Creador el 26 de Diciembre de 1967 sin dolores y fue enterrada en el Cementerio General de Guayaquil.
Fue una de las primeras escritoras feministas de este siglo y luego una figura mas bien social, que alternaba sus horas entre el arreglo de su casa de madera con muebles finos y de estilo y todas las comodidades del caso y las numerosas instituciones culturales y filantrópicas que la contaban en su seno. Sus escritos corren dispersos por diarios y revistas del país como fieles testigos del pensamiento tradicional de una mujer ecuatoriana de la primera mitad del siglo XX.
Tuvo el gusto por la modernidad, la prosa preciosista y los decorados exóticos, pero no sintió ni pensó de acuerdo a las nuevas tendencias y quedóse en la incómoda posición intermedia que eso acarrea, de allí que al morir era una figura anacrónica.