VELASCO DE ALMEYDA GENOVEVA

BEATA.- Terminadas las guerras de la independencia en 1824 con la victoria de Ayacucho, los próceres retornaron a sus hogares. El Coronel Velasco llegó a Popayán pero encontró que había enviudado hacia ya largos meses y sin doblegarse ante el dolor de su hogar destruido recordó que en Latacunga vivía su amigo el Dr. Joaquín Izurieta y hacia allí emigró, llevándose a su hija única llamada Genoveva, a la qué desde jovencita había enseñado a vestir de soldado, de donde le venía el apodo de “La Generalita” con que todos la conocían. Quince años tenía la chica, talle esbelto, modales suaves y conjunto hermoso que provocaba ardientes y subidas miradas, se completaba con cinturón negro de cuero, botas altas de montar, casaca de paño y botones dorados. Tal su atuendo y por él creía el padre que no le saldrían pretendientes.
Algunos meses habitaban en la casa de los Izurieta cuando la Generalita conoció a Lucindo Almeyda, apuesto y garboso joven de veinticinco años, que unía a su atractivo personal una pobreza franciscana. Celebrado el matrimonio el Coronel Velasco creyó prudente regresar a su tierra, que cada gallo canta mejor en su gallinero; primero estuvieron los tres en Pasto, luego en Popayán donde nació Lucindo en 1826. Por esta época la salud del Coronel sufrió serios quebrantos y a poco falleció dejando a sus familiares en extrema pobreza. Para remate también murió el yerno, de pulmonía.
Eran malos tiempos, la Gran Colombia sufría la guerra civil que es la peor desgracia que le puede ocurrir a una nación; la viuda y el pequeño deambularon por casas de varios parientes hasta que encontraron el apoyo de Dña. Matilde Pombo de Arboleda donde se quedaron a vivir. Con el andar de los años Lucindo Almeyda “sacó cabeza”, graduándose en 1850 de abogado en Buga. Después fue Secretario del Juzgado del Circuito, Juez en el Chocó y diputado a la legislatura del Estado de Popayán en 1857, donde brilló por su talento v simpatía, ganando fama de erudito, poeta y músico aficionado de excelente oído para el piano. En la guerra de 1.860 tomó partido por la Confederación Granadina y en 1862 se retiró a vivir a Pasto donde casó con Dña. Manuela Miller y Cañarte (tía de los Miller y de los Payeze de Guayaquil) de la que enviudó casi enseguida, contrayendo nuevas nupcias en 1866 con la también viuda Dña. Dominga Valencia y Quijano, muriendo él a mediados de Febrero del año siguiente. De este segundo enlace nació póstumo Lucindo Almeyda Valencia, emigrado a Quito en su juventud, tronco de los banqueros ecuatorianos de su apellido.
Para la fecha del primer matrimonio de su hijo, la Generalita salió de Colombia y pasó a Latacunga, quizá por el recuerdo de sus buenos tiempos cuando el amor y la esperanza la habían acompañado. Posiblemente arribó a mediados de 1867 más solitaria que nunca, esperando la tranquilidad que llega con los años postreros. No anduvo errada en esto, se hizo querer de las gentes, conquistando respeto y cariño en el vecindario.
Hacía constante penitencia y oración, invocando a Dios para que la sorprenda la muerte un Viernes Santo, a las tres de la tarde, lo que en efecto sucedió en 1870 para asombro de la colectividad. Su entierro fue solemnísimo, concurrió toda la población y su bien cimentada fama de virtuosa se acrecentó con la de santa ¡Ah! me olvidaba un detalle curioso; Dña. Genoveva ni aún en sus últimos años dejó de vestir a lo militar, por lo que ha pasado al folclore latacungueño con el nombre de “La Santa Generalita: Genoveva Velasco de Almeyda”