VELASCO MACKENZIE JORGE

ESCRITOR.- Nació en Guayaquil el 16 de Enero de 1949. Hijo legítimo de Alfredo Velasco Hernández, artesano guayaquileño graduado en la escuela de la Filantrópica, propietario de una fábrica de botones de tagua que quebró cuando aparecieron los de plástico. Entonces instaló una de fideos y le fue mejor pues era muy diestro en crear máquinas para sus pequeñas fábricas; y de Aída Mackenzie Zambrano, natural del cantón Palestina, provincia del Guayas, hija de propietarios agrícolas.
Fue el segundo de una familia de tres hermanos que alquilaban un departamento en Boyacá y Loja. Cuando tenía ocho años unos parientes subieron a su abuelo materno William Mackenzie que estaba muy enfermo. Era un hombronazo, tocaba muy bien la guitarra, hijo de un obrero de Jamaica venido para lo del ferrocarril.
Durante unas vacaciones en el campo le dio la difteria y su madre. armándose de valor y con una simple hoja de afeitar le practicó la traqueotomía, introduciéndole por el orificio una pluma de pavo para que pudiera respirar. Enseguida fue traído a la Clínica Alcívar pero el viaje fue demorado por el lento paso de la gabarra sobre el río Daule. Después jugó beisbol en la escuela fundada por el Prof. Ricardo Chacón y soñaba con ser el primer ecuatoriano aceptado en las grandes Ligas norteamericanas, pero una lesión en el brazo derecho echó por tierra esas pretensiones.
Nunca fue un buen estudiante y de vez en cuando hasta solía escaparse con su compañero Hernán Zúñiga a beber una cerveza en la cantina El Rincón de los Justos, ubicada dentro del sector comprendido en la calle Colón desde Machala hasta Lorenzo de Garaycoa, espacio marginal de putas y personajes populares (saltimbanquis y culebreros) de quienes aprendió sus historias.
Dicha cantina era la única que abría desde las mañanas, los muchachos entraban escondiendo sus camisas del uniforme dentro de una funda y su propietaria era devota de la niña Narcisita, cuya imagen presidía el salón. I mientras Jorge se tomaba su cerveza Hernán salía a la esquina a fumarse un porro. En la cantina había una alcancía para limosnas a Narcisa y se ignora si la salonera Narcisa Puta practicaba esa profesión, lo cual no importa en lo absoluta, pero la dueña si era Puta y no lo negaba.
En 1970 se graduó de Contador en el Colegio Mercantil. En sus ratos de ocio escribía poesía amatoria pero lo que más le interesaba eran las artes plásticas, así fue como ingresó de oyente nocturno a la Escuela de Bellas Artes y aprendió a templar telas, a jugar con los colores pero salió en 1972 después de ser admitido en el Salón de Julio, por una excesiva conciencia autocrítica. Allí hizo amistad con Juan Villafuerte y volvió a encontrarse con Hernán Zúñiga, dedicándose desde entonces a la creación literaria y para contraer matrimonio con Ana Cabrera Anda. Habitaban un departamento en el Callejón Zavala Gangotena y Los Ríos, donde han nacido sus tres hijos.
Ese año, matriculado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil, siguió estudios de Literatura hasta el 76 que logró la licenciatura en Ciencias de la Educación.
En 1973 empezó a colaborar en el suplemento Para Todos del diario “El Universo” que dirigía Nancy Bravo de Ramsey con artículos de Arte y Literatura relacionados con el boom latinoamericano, artistas y escritores ecuatorianos y hasta mantuvo algunas polémicas. Recuerda una con Alcino Ramírez y otra sobre orientación de la crítica con Sonia Manzano.
Ese año 73 comenzó a dictar las materias de Literatura e Idioma Nacional en el Colegio Particular “Zenón Vélez Viten” por doce sucres la hora, allí permaneció cuatro años.
El 74 viajó a Cali con Carlos Calderón Chico invitados por la Universidad del Valle al IV Congreso de la Nueva Narrativa Hispanoamericana, publicó su primer texto “Aeropuerto” en la importante revista quiteña “La Bufanda del Sol”.
El 75 ganó el Primer Premio consistente en Ocho mil sucres en el Concurso de Cuentos de la Universidad Técnica de Machala con “Aeropuerto”, cuyo argumento se le ocurrió al despedir a una prima que viajaba a los Estados Unidos. También logró el Primer Premio del Concurso Nacional del Poema Mural organizado por la Municipalidad de Guayaquil. Rafael Díaz Ycaza, Presidente del Núcleo del Guayas, incluyó su primer libro de relatos “De Vuelta al Paraíso” en el Volumen cuarto de la Colección “Letras del Ecuador”, que se abre con Aeropuerto y contiene ocho cuentos más, habiendo quedado finalista en el Concurso de la Universidad Católica de Quito.
El libro se hizo solo, relata los conflictos de la adolescencia, la inclusión de una ideología definida por el Socialismo y el rechazo al sistema imperante. Aeropuerto fue reproducido el 76 en la revista “Puesto de Combate” de Bogotá y en “Ancas” de Caracas.
En 1977 Díaz Icaza le editó su segundo libro de relatos “Como gato en tempestad” en el volumen 52 de la misma colección. “Lo quiero como a un hijo que me nació enfermo.
Soy consciente de sus defectos como también de su espontaneidad y frescura. Cuenta los problemas de la adultez y técnicamente aspiró al perfeccionamiento de la forma”, ha dicho su autor.
Su amigo el poeta Fernando Nieto Cadena le llevó a la Universidad Técnica de Babahoyo de profesor accidental de las cátedras de Teoría Literaria y Poesía del Siglo XX. El 79 alcanzó la titularidad y continuó varios años dictando ambas materias.
El 78 obtuvo el Segundo Premio de diez mil sucres en el V Congreso Nacional de Poesía Medardo Ángel Silva de la Municipalidad de Guayaquil con “Manual de Acción Imaginaria”.
Ese año conformó el grupo “Sicoseo”, palabra tomada del argot guayaquileño que equivale a algo conflictuado o a una tomadura de pelo. Sus miembros aspiraban a devolver a los temas populares cierto valor estético, desacralizar la literatura con una nueva actitud frente al trabajo literario, lejos de la inspiración romántica de antaño. Pensaban que escribir es algo tan agotador como cualquier otro trabajo. Hay que modelar el lenguaje, que en fin de cuentas es la herramienta de que se valen los literatos para elaborar sus creaciones. Por eso escribir requiere una gota de inspiración y toneladas de transpiración. Pronto Sicoseo se haría un grupo famoso pues fue cuna de escritores de éxito. El grupo duró poco más de un año pero sirvió para comprender que era necesaria una dedicación completa como escritores de ficciones.
El 79 presentó al Concurso organizado por el Círculo de Lectores con sede en Quito, el primero de los capítulos de una novela en ciernes, mentalizada bajo el título de “El Rincón de los Justos”, y obtuvo una beca de un año para viajar por varios países de Europa. Estuvo en España, Italia y Portugal y tras siete meses de ausencia regresó por Canadá y México, antes de tiempo, porque extrañaba mucho a su familia.La Beca consistía en trescientos dólares mensuales que entonces era muchísimo más dinero que ahora, más pasaje adicional por cada ciudad que visitase.
Nuevamente en Guayaquil editó un tercer libro de relatos “Raymundo y la creación del mundo” dividido en el libro de Raymundo y en el libro del Mundo, con temas aislados originados en diferentes lugares y países, excepto la pequeña saga de Lomas de Sargentillo, escrita de un solo tirón y distribuida a través del libro como cuentos individuales. La obra tiene un personaje determinado y una circunstancia. Raymundo es todo el mundo, por tanto no tiene unidad sino más bien lineamientos generales.
“El contacto directo con destacados poetas de mi generación en grupos literarios de avanzada, me impulsó a antologar y prologar un libro sobre diecisiete poetas contemporáneos que tituló “Colectivo” y salió en 1980 en la colección “Imagen” de Luis Marín Nieto, “pero tuve serios conflictos personales con algunos escritores que no estuvieron conformes con mis apreciaciones y se sintieron afectados porque la crítica literaria en el Ecuador siempre se torna polémica y en ocasiones hasta peligrosa, quizá por eso no he reincidido en esta clase de obras.
El 81 editó en el Núcleo del Guayas un pequeño plaquet de poemas titulado “Algunos tambores que suenan así” en solo 46 pags. y trescientos ejemplares edición casi clandestina por su parvedad. I como consideró que era un libro demasiado personal, casi intimista, se arrepintió de su publicación y lo incineró en la terraza del edificio, salvándose una media docena de ejemplares que había distribuido entres sus más íntimos amigos. Por eso es una obra fantasma, que muy pocos conocen.
El 83 ganó el Primer Premio en el X Concurso Nacional de Relato José de la Cuadra de la Municipalidad de Guayaquil, consistente en veinte y cinco mil sucres con su cuarto libro de cuentos “Músicos y Amaneceres” editado el 86 en Colombia mediante convenio con la editorial El Conejo en diez mil ejemplares que se vendieron rápidamente.
También el 83 obtuvo el Primer Premio de quince mil sucres en el IX Congreso Nacional de obras de Teatro organizado por la Municipalidad de Guayaquil con “En esta casa de enfermos” editado en el N° 13 de la Revista de la Universidad Católica y estrenada en Julio del 91 en la Alianza Francesa por el grupo Dramático “Luz y Sombra”. La obra trata sobre un diálogo imaginario entre Gallegos Lara y Pablo Palacios, el “uno cojo” y el otro loco, producto de los conflictos planteados en la dirección de la Revista “Sicoseo”. En realidad Gallegos Lara era paralitico.
También apareció ese mismo año su novela escrita en Europa entre las cinco y ocho y media de la tarde, sobre cuadernos universitarios “El Rincón de los Justos”, calificada no sin razón como una desgarradora visión sobre el mundo marginal guayaquileño, incursión en el género populachero del suburbio del puerto – barrio imaginario de Mata Vivela – donde la gente vive de alienaciones cotidianas, de modestas ilusiones, de enfebrecidas obsesiones. Pathos heroico y anti heroico. Narrada en primera persona. Una obra maestra en su género y su autor pasó por derecho propio a constar en la lista de los mayores narradores ecuatorianos de todos los tiempos.
Sus primeros lectores, antes de publicarse, fueron Miguel Donoso Pareja y Fernando Nieto Cadena, quienes se entusiasmaron y lo alentaron a continuar las cien páginas que les había mostrado. Era la nueva novela que Guayaquil tanto necesitada.
La obra obtuvo el 84 el Premio a la Mejor Novela editada en el país en el año anterior, de cien mil sucres para su autor y desde entonces ha visto diez ediciones, dos de El Conejo, la segunda en la colección “Grandes Novelas Ecuatorianas”, la tercera en Libresa en 1991, etc. y hasta quieren hacerla una película.
Jorge me ha referido que los estudiantes de la Escuela de Sociología de la Universidad de Guayaquil la tienen de texto para explicar la marginalidad de los personajes. Fernando Itúrburo Rivadeneira incluyó su estudio como parte de la tesis que sustentó en la Sorbona. El Rincón de los Justos llama así porque la dueña de la cantina de ese mismo nombre decía – con suficiencia de filosofía barata – que su clientela se diferencia de los demás habitantes del barrio, porque estos eran injustos. En el texto no se sabe qué supera a qué, si la sintaxis de los personajes: Diablo ocioso, la Leopa, Erasmo, Sebastián, el equilibrista Cristof, la Narcisa virgen y la Narcisa puta, el Ojo Mirador, etc. o si el manejo del habla como escritura.
I aunque Jorge ha seguido produciendo novelas, ninguna ha llegado a tener la fama de esta primera, que cuenta historias tras historias de personajes humanos, propios del folklore del lumpen guayaquileño (1)
Humberto E. Robles ha manifestado que Velasco Mackenzie se plantea usando formas distintas y originales la existencia de un barrio muy especial ubicado en el centro de una comunidad, es decir, de la gran ciudad, con cosas desconocidas, con la vida a flor de piel en esa calle de putas y ladrones, luces resplandecientes, sonidos de cláxones, oscuridad, no el blanco ni el negro, apenas un color inestable y chillón destellos de parabrisas fugaces reflejados en marcha sobre los cristales de los escaparates. Por ello, opina el crítico, Guayaquil resulta un montaje de imágenes desordenadas; más aún constituye la equívoca transparencia de la experiencia contemporánea donde casi no existen ejes organizadores. Por ello, la ciudad actual no puede ser narrada, descrita ni explicada, como a principios de siglo. Ahora sus protagonistas deambulan su subjetividad en desasosiego, paseándonos por Guayaquil con sus reuniones de desubicados sin coyuntura, su ría y su malecón, con su Bahía, Cinco Esquinas y Plaza Central, y con anónimos pasos, piernas y zapatos, suerte de pedazos de cuerpo que subrayan la soledad y la búsqueda de un encuentro erótico, vital, que la trascienda, que la integre a un órden primario, a la certeza de un centro, a una comunidad.
El 85 ganó el Primer Premio del Concurso Nacional de Novela Grupo Guayaquil organizado por el Núcleo del Guayas con su segunda novela “Tambores para una canción perdida”, escrita el 84. “Historia mítica de Margarito el Cantador, negro cimarrón que sin saber que ya había sido decretada la manumisión de los esclavos por el General José Maria Urbina, huyó durante cien años y sin envejecer, recorriendo la historia republicana. “Un hombre que descubre su ancestro, el universo y sus dioses. Novela de elaboración lingüística y poética con tono narrativo, profético y ritual, con la que pagué mi deuda con la negritud, escrita íntegramente en el Taller Literario de Miguel Donoso Pareja, por lo que fue una experiencia fascinadora”.
Pocos días después de su publicación Diego Araujo denunció que las Décimas aparecidas en la obra habían sido tomadas del libro de investigación sociológica y literaria de Laura Hidalgo y aunque el asunto fue debidamente aclarado, no dejó de causarle disgustos. Jorge había preparado una página donde consignaba su Agradecimiento y citaba las Fuentes, que no envió al Concurso para no ser identificado. Al ser impresa la obra, dicha página no apareció por simple falla de la Editorial, quedando en pie la discusión teórica que debió darse y no se dio, si un autor de ficción puede nutrirse de los trabajos de los investigadores sin que eso vaya en detrimento de su capacidad creadora, o si por el contrario prefiere no hacerlo, lo cual sería absurdo. Ese año también alcanzó el Primer Premio de cien mil sucres en el Concurso del Cuento de las Mil Palabras de la Revista “Vistazo” con “El fantasma y el cuento imposible” que incluyó en una Antalogía editada por el Núcleo del Azuay y en la Colección “Libros para el Pueblo”, bajo título de “Palabra de Maromero” con varios otros cuentos, incluso con uno inédito “Clown” y fue contratado como Coordinador de los talleres Literarios del Núcleo del Guayas.
El 88, la Universidad Técnica de Babahoyo dio a la luz una selección suya “Clown y otros cuentos”. El 89 entró a la Dirección Provincial de Cultura del Guayas como Técnico docente y Jefe de Promoción Cultural. El 90 ingresó a la escuela de Arte Dramático de la FACSO como profesor por contrato, y apareció su tercera novela “El Ladrón de levita”, menos ambiciosa que sus anteriores pero que sin embargo revela su alto oficio de escritor por ser “una recreación libre de un famoso personaje, en donde todas las acciones convergen hacia un protagonista, que es el que lleva el hilo conductor de la narrativa en cuatro monólogos revelados por su conciencia, que cuentan su vida. Alegato humano acerca de la trasgresión de la norma en la realidad social”(1)
En 1991 Jorge logró el Tercer Premio del Concurso Nacional de Cuento del Diario El Universo con dos millones de sucres por su libro “Desde una oscura vigilia”, volumen que delata a un escritor “que utiliza permanentemente recursos técnicos, con cuentos bien construidos, maestros y aconteceres y ambientes sub reales, casi existencialista”. Su estatura mediana, trigueño, pelo negro y crespo, ojos de igual color. Se encontraba recopilando información sobre los miembros de la Misión Geodésica. En 1993 comenzó a trabajar en la subdirección Provincial de Cultura del Guayas.
En 1996 dio a la luz “En nombre de un amor imaginario” que obtuvo el Primer Premio en la IV Bienal de la Novela. La obra contiene asuntos literarios englobantes y comienza con la llegada de los miembros de la Misión Geodésica francesa a la Audiencia de Quito en el siglo XVIII y el matrimonio de Godín con Isabel Grandmaisson y sus veinte años de la espera en Riobamba (2)
Desde 1997 Jorge empezó a trabajar una edición crítica de las poesías completas de Hugo Mayo (lo editado y los que quedaron por salir a su muerte) aunque esto último es poco probable que se conozca porque Hugo solía escribir a lápiz y sobre pedazos de papel periódico que arrojaba a una funda puesta en un rincón del suelo de su dormitorio y a su muerte su nuera contrató a unos pintores para que renovaren la habitación y ellos tiraron a un basurero la funda, claro está, sin tener conciencia de lo que hacían, de manera que la única culpable de este estropicio fue la familia del poeta que no cuidó debidamente su obra.
Por entonces se jubiló tras cumplir treinta y cuatro años como docente en la Universidad Técnica de Babahoyo. Recibió cosa de sesenta mil dólares, parte de ese dinero utilizó en comprar autos nuevos a sus hijos y el resto lo estaba invirtiendo en beber como si no existiera un mañana pues se había agudizado su etilismo, por eso sus hijos tuvieron que internarle por dos ocasiones en una Clínica. En la primera ocasión le detuvieron a la fuerza mientras tomaba unas cervezas en Durán y estuvo seis meses en la clínica de Rehabilitación ubicada en la calle Chambers No. 374 al sur de la ciudad de Guayaquil junto a doce pacientes más. I como a los tres meses logró escapar hacia Babahoyo, fue rastreado y volvieron a capturarle.
Durante esos períodos completó una nueva novela titulada “La Casa del fabulante” con su propia historia y la de “los adictos que estaban encerrados en el manicomio, donde reina la angustia, el miedo y la soledad.
Actualmente se encuentra metido en la única república que tienen los escritores, es decir, en el lenguaje, herramienta que les sirve para la expresión de su yo interior y del mundo que los rodea. El 2003 editó la novela “Río de Sombras” que imagina un desbordamiento del río Guayas que convierte a la ciudad en una Venecia.
Desde Mayo del 2013 vive en un espacioso departamento del Astillero, calle Eloy Alfaro, con uno de sus hijos, se siente solo pues ha terminado con el dinero de su jubilación sin a sus mujeres y no tiene “hogar” pero sigue escribiendo y está por dar los últimos toques a su nueva obra cuya trama se desarrolla al interior del parque del Centenario de Guayaquil. El Núcleo del Guayas le concedió su máxima presea en Septiembre del 2015 y se proponía reeditar “Río de Sombras” para finales de año.
Declara que su obra se ha ido puliendo pero la esencia de sus personajes, su ideología, incluso sus escenarios, siguen intactos. Toda literatura evoluciona y la mía no es la excepción, lo que yo trato de hacer es mantenerme fiel a mis creencias, al brillo de estos personajes marginales, que son constantes en mis obras, a esa especie de crítica sana de un sistema. El amor también está presente en mis trabajos: Rosalba, una ex novia, aparece en la mayoría de mis libros, ya sea como un personaje, una embarcación o un lugar, pero siempre está allí, evoca romanticamente.