VELA EGUEZ PABLO HANNIBAL

POETA CORONADO.- Nació en Guayaquil el 16 de Enero de 1891 en la casa de su tío abuelo el Dr. Modesto Jaramillo Egas, ubicada en la antigua calle de la Gallera, hoy general Córdova, esquina con 9 de Octubre. Hijo legítimo de José Mariano Vela Jaramillo, administrador de la Hacienda e Ingenio Chobo propiedad de los Morla y después del Correo de Guayaquil, periodista de “El Tiempo”, “La Patria Libre” y “El Telégrafo” y en 1906 autor de “El Liberalismo Futuro” y de Adela Egüez Alvarez, naturales de Otavalo y Ambato, respectivamente.
Su madre le enseñó a leer de corrido a los cuatro años y al siguiente ingresó a la escuela de la Sociedad Filantrópica del Guayas donde cursó la primaria pues su familia no disponía de mayores recursos. En 1900 pasó al “Vicente Rocafuerte”. Allí escribió el periódico manuscrito y satírico “El Remache” que salía con sus dibujos. En 1903 fue designado Secretario de la Sociedad Filantrópica. En 1905 pasó a Riobamba en busca de mejor clima, graduándose de Bachiller de Filosofía y Letras en el Colegio “Pedro Vicente Maldonado”.
En 1910 estaba nuevamente en Guayaquil en casa de su padre en Seis de Marzo y Colón y se alistó en el Batallón de Reserva “General Illingworth No.2” con el grado de segundo Ayudante Mayor. Ese año obtuvo el Primer Premio en el Concurso Literario promovido en Quito con ocasión del centenario de la Independencia de Colombia. En 1911 ingresó a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil. En 1912 recitó una “Oda” en la velada fúnebre que ofreció la Universidad a la memoria del Dr. Manuel de Jesús de Arzube Franco, Decano de la Facultad de Ciencias Médicas; fue profesor sustituto de Filosofía y Literatura en el “Vicente Rocafuerte” donde lució su fácil palabra hasta 1916 y concurría a la redacción de “El Guante” para conversar principalmente con Manuel J. Calle.
En 1913 colaboró en “El Telégrafo Literario” firmando como “Tirteo” En 1915 se afilió al Partido Liberal escribiendo para “La Ilustración” y “El Pensamiento” bajo el pseudónimo de “Guy de Pavelanny”; en el semanario “La Mañana” hizo campaña en favor de la candidatura presidencial del Dr. Alfredo Baquerizo Moreno de quien fue secretario particular. En 1916 fue electo Diputado suplente por el Guayas, colaboró en “La Francia” a favor de los aliados bajo el pseudónimo de “Max Ranville” y en la revista “Letras” de Quito. Calle lo llevó de redactor a “El Guante”.
En 1917 escribió en “El Respetable Público”, pronunció la Oración Fúnebre en el sepelio de su amigo Calle ylo reemplazó como editorialista en “ El Guante”. Ese año ingresó a la Masonería y llegó a ser Gran Orador de la Gran Logia del Ecuador. En 1919 figuró en “El Nacional” de Alejo Matheus Amador donde tuvo varias columnas con los seudónimos de “Rigadim”, “El más alto” “El Cacique del Guayas”. “El Sargento encargado”, “El más chico”, “Alisin” “Saumun Pin” y “Carlos Martell”. También colaboró en “La Campana” como “El Campanero de Turno”, y en “El Fuete” hizo famoso su seudónimo “Jinete Rojo”.
“La polémica periodística fue su deporte, pleno de emoción, de agilidad, casi de alegría. Fue un periodista de doctrina y de combate. Por entonces contrajo nupcias con Raquel Rendón Constante y tendrán dos hijos: Francisco y Pablo Ney.
En 1920 fue electo Consejero Cantonal de Guayaquil durante la pugna que se desarrolló en nuestra Municipalidad entre baquericistas y tamayistas por dirigir los festejos del centenario de la Independencia; obtuvo el apoyo del primer bloque fue designado Presidente del Concejo y con el Vicepresidente José Vicente Trujillo asistió en Cuenca a los festejos de esa ciudad.
En 1922 fue editorialista del diario “El Intransigente” de Juan Bautista Rolando Coello y al día siguiente de la matanza del 15 de Noviembre sacó un furibundo artículo titulado “La voz de los muertos” que le costó prisión y el destierro a Lima. De allí siguió a Valparaiso y Santiago donde escribió para “La Crónica”.
En 1923 estaba nuevamente en Guayaquil, la Liga Obrera del Guayas le entregó una medalla de Oro y Enrique Baquerizo Moreno lo hizo elegir Presidente de la Junta Liberal del Guayas encabezando la delegación que viajó a la I Asamblea Nacional del mencionado partido que se celebró en Quito, donde obtuvo la Vicepresidencia y redactó los estatutos. Al momento de la clausura fue aclamado Director Supremo del liberalismo por un año. Entonces trabajaba en la oficina de su amigo Eduardo Rivas Ors, empresario de los teatros “Olmedo” y “Edén” y pasó a la redacción de “El Universo” desde el 2 de Agosto de 1923.
En 1924 el Presidente Gonzalo S. Córdova lo nombró Ministro del Tribunal de Cuentas, funciones en las que cesó tras la revolución Juliana acaecida el 9 de Julio de 1925 y desilusionado del liberalismo, sin desafiliarse de ese partido político, empezó a evolucionar hacia un socialismo más bien utópico y libresco.
En 1926 fue editorialista de la revista “Ecuador”. En Febrero del 27 apoyó públicamente la iniciativa de su amigo Eduardo Rivas Ors, administrador del Teatro Edén, al auspiciar la presentación de la Compañía Infantil Nacional de zarzuelas, comedias y variedades del maestro Eduardo Beltrán, que había presentado La Gran Vía y Alta Mar, defendiéndole de la burda acusación de inmoralidad, por cuanto se dijo que dicha actividad artística iba contra la inocencia de la niñez guayaquileña.
En 1928 estuvo entre los fundadores del Consejo Provincial del Guayas creado por mandato de la Constitución de ese año. En 1929 fue Gran Maestro grado 33 y fundó con Carlos Palacios Sáenz y Héctor Zambrano la revista satírica “La Chispa” y sus similares “El Bombo” y “La Bocina”. En 1931 salió electo por dos años Senador funcional por el periodismo, las sociedades científicas y las academias de la República. En 1932 volvió a ser designado uno de los tres Directores Supremos del Partido Liberal con José Peralta y Modesto Larrea Jijón y fue candidatizado a la presidencia de la República por un grupo de ciudadanos independientes aunque de ideas francamente socialistas. El gobierno liberal de Alberto Guerrero Martínez lanzó a Juan de Dios Martínez Mera, los conservadores a Manuel Sotomayor y Luna y Orejuela. Realizadas las elecciones triunfó Martínez Mera con 52.872 votos y se posesionó. Sotomayor y Luna obtuvo 16.200 votos y Vela 6.093 sin embargo el país entero habló de un clarísimo fraude electoral y surgió el descontento en todos los sectores.
Pablo Hannibal Vela era un espíritu ligero “Todo lo hacía con espontánea sencillez, con gracioso donaire, con su risa llena de áureos cascabeles de ironía” por eso su popularidad creciente. En 1933 fue reelecto Senador, hizo oposición y votó por la descalificación del presidente Martínez Mera. En 1934 acompañó al Presidente electo Dr. José María Velasco Ibarra en su gira por el sur del continente. En Septiembre de ese año perdió la calidad de Senador por el golpe de Estado de Velasco Ibarra, a raíz de lo cual se distanciaron y desde 1935 hasta el 38 militó en la oposición a los regimenes dictatoriales de Federico Páez y Alberto Enríquez Gallo.
En 1936 obtuvo el divorcio y contrajo segundas nupcias con Delia María Freile, en quien no tendrá descendencia. Se habían conocido en la campaña electoral del 32 donde ella había sido activista, radicaron en Quito y Vela se dedicó por entero al periodismo, pero al poco tiempo comenzó a sufrir de glaucoma sin saberlo y le disminuyó la vista, primero paulatinamente y después casi por completo, al punto que ya no podía leer ni salir solo a la calle.
Entonces se refugió en la poesía y en la tranquilidad de su hogar. Por las mañanas su señora le leía los diarios en voz alta, luego anotaba los dictados, los pasaba en limpio y enviaba a las oficinas de “El Día” de Quito y “El Universo” de Guayaquil, donde por muchos años mantuvo sus columnas “Vibraciones del Mundo” y “Panoramas de Cultura”.
Por las tardes salían juntos a visitar o a pasear por El Ejido. El con su bastón y ella a su lado “la mano en la mano, lentos y callados, los vi alejarse, perderse de vista en la oscuridad de aquel suave y melancólico atardecer”. Dña. Delia Maria Freile fue fidelísima esposa, cordial compañera y lazarillo de su corazón.
Fruto de esos paseos y meditaciones fue “Arca Sonora” poemario de claras armonías en 215 págs. “con poesía fácil y límpida, rumor de múltiples latidos de un corazón que sufría y callaba, que le abrió las puertas a la fama” El Poeta confesó: “Gracias al dolor he vuelto a la patria del verso” y Telmo Vaca del Pozo aclaró: “El hombre de cultura encuentra en el dolor, casi siempre, el más alto sentido de la vida. Se esconde en el silencio o se delata en el canto. Cuando toma la última forma se reintegra al espíritu universal refundiéndose en la eterna armonía de las cosas”, por eso el pecho de Pablo Hannibal Vela nunca fue mordido por el desengaño.
El gran crítico Nicolás Jiménez escribió: Lo primero que se admira en las poesías de Vela es la facilidad asombrosa para la versificación. Para él no hay dificultades de ritmo, ni de rima. Las palabras y las frases le salen al encuentro. Acuden numerosas a su pluma.
En 1941 apoyó al gobierno con los virulentos y terribles folletos “Un traidor más es un ciudadano menos, la carta de José María Velasco Ibarra al Dr. Carlos Arroyo del Río” en 14 págs. y “Al margen de un Manifiesto del Partido Conservador y de la Unión Nacional Ecuatoriana sobre el Protocolo de Río de Janeiro entre Ecuador y el Perú”.
En 1943 editó un segundo poemario titulado “El árbol que canta” en 162 págs. prologado por Alfredo Baquerizo Moreno y al crearse la Dirección General de Turismo fue designado su Director y allí se mantuvo hasta la revolución del 28 de Mayo de 1944. Meses más tarde fundó en Quito el semanario “Escenario” con Alberto Moreno Andrade, para atacar el proyecto de venta de las islas Galápagos a los Estados Unidos.
En 1945 el Comisario de la “Fiesta de la Lira” de Cuenca le otorgó el Primer Premio por su poema “Los Símbolos de la Paz”, en Guayaquil triunfó en los juegos Florales con “Estampa de Guayaquil” y “Acuarelas Costeñas” y al siguiente año volvió a ganar con “Las últimas bienaventuranzas”.
En Septiembre de 1949, tras el devastador terremoto que asoló la provincia del Tungurahua, visitó Ambato, tierra de su madre y compuso un canto en 757 versos titulado “Ante las ruinas de Ambato”, que no podía ver por su ceguera pero sentía como patriota. En los Juegos Florales de Guayaquil de ese año obtuvo los dos primeros premios con su “Canto a Iberoamérica” y “Ante las ruinas de Ambato”, que salió impreso en 1.951 en 47 págs, el poeta donó al Comité de reconstrucción el dinero de la venta.
Ese año editó el poemario “Agua Dorada” con poemas laureados en 78 págs. y “El Universo” promovió su coronación, que se llevó a efecto “con el frescor de la general acogida, durante una semana de solemnes y continuos festejos en la capital de la República. Su amigo el Dr. José Ricardo Chiriboga Villagómez, Alcalde de Quito, el 9 de Octubre de 1951, le impuso una corona de oro en reconocimiento a la patriótica labor desarrollada a través de más de setenta himnos de provincias, cantones, colegios, instituciones y escuelas. Poesía hecha de compromiso pero con genialidad y a veces con altisonancias retóricas. Este fue su pináculo de gloria, su minuto de oro, su cima de nieve. El Congreso lo declaró “Ilustre Cantor de la Patria” y le concedió una pensión vitalicia de diez mil sucres mensuales igual a la de los Presidentes de la República y la Sociedad Bolivariana de Quito lo eligió su Presidente de Honor. Así pudo vivir sus últimos años con modestia y decencia.
En 1954 “El Universo” promovió una segunda campaña nacional para enviarlo a curar a los Estados Unidos y se formaron numerosos comités que aportaron el dinero necesario para el viaje pero ya era tarde. El Dr. Castro Viejo, que lo examinó en New York, opinó que el glaucoma estaba muy avanzado y había destruido los nervios ópticos.
En 1959 editó en Quito un libro de fábulas y poesías infantiles titulado “Lo que no dijo Esopo” en 142 págs. e índice, declarado texto auxiliar de lectura para la primaria, En 1963 fue miembro del Jurado del Concurso Nacional de Poesía “Ismael Pérez Pazmiño” y el 5 de Agosto de 1968 expiró en Quito, ciudad donde vivía desde hacia treinta y dos años, a causa de varías complicaciones agravadas con neumonía Tenía setenta y siete años de edad.
Blanco, completamente calvo, ojos negrísimos y sonrisa afectuosa y agradable que llamaba a la amistad. Abstemio y fino en sus modales, político en la primera parte de su vida y poeta después, “que tocó el sol de la inmortalidad con las alas crujientes de su verso”.
Pocos días antes de morir escribió al Alcalde Asaad Bucaram donando sus preseas y medallas a la Municipalidad de Guayaquil. Dejó también numerosas obras inéditas. De su poema “Estampa de Guayaquil” tomamos el siguiente fragmento:
// Guayaquil, Guayaquil, pórtico de oro / que a la diestra del Guayas te levantas! / tienes el alma del cristal sonoro. / con que vibras en todas las gargantas, // Ciudad cosmopolita, hogar fecundo, / entre dos aguas, marco de tu casa; / el Guayas, eres tu. dándote al mundo: / y el mundo es el salado que te abraza. // Ciudad del río grande y del estero, / donde el sol es un sol domiciliado / que amanece riendo en el primero / y duerme jugando en el salado. // versos que fueron musicalizados a ritmo de pasillo por Carlos Aurelio Rubira Infante.