VALVERDE CASSAUS Y ALVARADO JUAN JOSE

MARINO.- Nació en Guayaquil el 29 de Junio de 1813. Hijo legítimo de Martín Valverde y Cassaus y de Baltazara Alvarado, guayaquileño el primero, a la segunda se le desconoce el origen.
De sólo once años ingresó el 14 de Julio de 1824 a la Escuela Náutica y para 1826 se encuentra embarcado en el bergantín “Chimborazo” participando en la expedición que se envió a Cartagena de Indias.
En la guerra con el Perú formó parte de la dotación de la goleta de guerra “Guayaquileña”, en ella combatió en Punta Malpelo contra la corbeta “Libertad”, a las órdenes del General Tomás Carlos Wright.
Desde el 22 de Noviembre de 1828 sirvió en la plaza de Guayaquil portándose con bizarría en la inútil defensa de ésta, cuando fue atacada por fuerzas muy superiores de la armada del Almirante Guisse. Al terminarse el bloqueo con la firma de la capitulación, acompañó al General Juan lllingworth al cantón Daule y junto a él permaneció hasta el triunfo de las armas colombianas en Tarqui y el principio de la campaña de Buijo, con la cual que El Libertador logró la devolución del puerto de Guayaquil.
El 1o. de Enero de 1830 fue ascendido a Alférez de Fragata. El 33 era Teniente de Navío y participó en la revolución del 12 de Octubre que proclamó la Jefatura Suprema de Rocafuerte. Poco después entraban las fuerzas del Presidente Juan José Flores a Guayaquil y huyó con Rocafuerte a la isla Puna, a las guerrillas que se conocen en la historia con el nombre de “Guerra de los Chihuahuas”, batiéndose en los encuentros armados de Sono y otros puntos, así como en el valiente desembarco de la planchada, al norte de Guayaquil.
Después se reembarcó en la fragata de guerra “Colombia” y cuando Rocafuerte fue aprisionado en Puna y le llevaron a Guayaquil a firmar los Tratados de Paz con Flores, Valverde fue uno de los que protestó airadamente y fue desterrado al Perú.
Inicióse desde entonces en la navegación comercial como Capitán de un buque mercante que hacía cabotaje entre los puertos del Pacífico, a Talcahuano y el Callao al sur y Acapulco al norte, teniendo como base Guayaquil; “una bien llevada economía le labró la apreciable fortuna que invirtió en su ciudad natal, sin dejar el negocio de los barcos a su mando”.
Flores y Rocafuerte le ofrecieron en varias oportunidades buenas posiciones en la marina ecuatoriana pero no las aceptó. Para la epidemia de Fiebre Amarilla de 1842 ayudó en todo lo que estaba a su alcance con persona y bienes al Gobernador Rocafuerte, que en agradecimiento le dedicó cinco becas en el recién fundado Colegio de San Vicente para que las utilizara cuando sus hijos tuvieran la edad suficiente”.
Posteriormente conformó el Jurado de Imprenta con José María Caamaño, Manuel Espantoso, Manuel Casilari y Teodoro Maldonado.
El 6 de Marzo de 1845 se batió bizarramente dentro de la ciudad contra las tropas del gobierno que estaban acuarteladas en Ciudavieja. Después del triunfo fue designado Jefe de Estado Mayor de la primera División y dirigió personalmente las operaciones militares contra las fuerzas floreanas que ayudó a sitiar y obligó a firmar los Tratados de Paz que dieron por resultado la salida del tiránico Flores.
En Junio pasó de Comandante de Marina de Guayaquil con dos buques y veinte hombres a cargo, estableció una máquina de fundición en el astillero y allí permaneció hasta el 47 que pidió las Letras de Retiro.
El 46 se había asociado con Agustín Roca y Garzón para formar una compañía de veleros de transporte de carga y pasajeros al Callao, que prestó grandes servicios hasta la instalación de la Pacific Steam Co. El principal velero de la flota llamaba “Soledad” y estaba al mando del Teniente de Navío Lucas Rojas, su compañero en la Escuela Náutica.
En 1847 contrajo matrimonio con Angela Menéndez Icaza, joven de 19 años de edad, hija legítima de Joaquín Menéndez y de Nicolasa Icaza, guayaquileña, en quien tuvo siete hijos, un matrimonio estable y feliz.
En 1849 fue designado Director de la Escuela de Pilotaje y Náutica, pero al no recibir los implementos para la enseñanza la escuela permaneció inactiva. Ese año partió a las costas de California con Manuel Eusebio Rendón Treviño, José de Veintemilla Villacís y cuatro guayaquileños, más atraídos por la fiebre de oro, pero la empresa fracasó y regresaron al poco tiempo.
En 1850 colaboró con el General José María Urbina y derrocaron al régimen del presidente Diego Noboa. En el nuevo orden político ocupó la Capitanía del Puerto de Guayaquil a cuyo cargo estaban las matrículas de navegación y la supervisión de arsenales. Igualmente fue designado Comandante del Batallón de Reserva conformado de setecientos individuos de la Maestranza Naval y por Carpinteros de Ribera, toda gente de mar; cuando Flores invadió el golfo en 1852, Valverde ya era Capitán de Navío, tuvo a su cargo la defensa del puerto y levantó la batería de Saraguro. El 4 de Julio se produjo el ataque naval de Flores, quien acercó su navío a tiro de fusil para intentar un desembarco, pero fue rechazado a cañonazos y tuvo que retirarse. En esa acción Valverde fue herido dos veces en el brazo, pero no de gravedad, pues el 28 recibió la orden de partir a bordo del bergantín “Seis de Marzo” llevando a varios individuos sentenciados a pena de expatriación por razones políticas, y para desempeñar varias comisiones de importancia al servicio público. El 21 salió a la mar y enrumbó hacia Buenaventura en la Nueva Granada, donde cumplió todas las comisiones ordenadas; al regresar el 6 de Octubre, les tomó un fuerte temporal a la altura del Chocó, y como era de madrugada, aún no había amanecido y estaba oscuro, el Oficial de Guardia en el puente Francisco Oyarvide, nada pudo hacer para evitar los bajos arenosos de Huascaona frente al puerto de Izcuandé, donde los tumbos furiosos despedazaron la nave en pocos minutos. Entonces se dieron cuenta de que no tenían suficientes botes salvavidas e improvisaron unas débiles balsas que también fueron destrozadas por la mar embravecida.
Solo se salvaron ocho náufragos y murió el resto de la tripulación que pasaba de sesenta hombres. Valverde desapareció con su nave sin poder enviar señales de auxilio. Tenía solamente treinta y nueve años de edad y un futuro promisorio por delante.
Al saberse la infausta noticia en Guayaquil su familia contrató un pailebot para su búsqueda pero todo fue inútil, pues a pesar de las intensas gestiones no se encontraron a las víctimas hasta más allá del golfo de Nicoya. El gobierno también dispuso la salida del bergantín goleta de guerra “Diecisiete de Julio”, comandado por un primo hermano y compañero de Valverde, el Capitán de Navío José Antonio Gómez Valverde, quien recorrió las costas buscando a los posibles sobrevivientes hasta en Tumaco y Buenaventura, sin ningún éxito. Finalmente salió de Guayaquil el “Olmedo”, a realizar nuevas pesquisas, que dieron iguales resultados.
Valverde dejó a sus hijos huérfanos, siendo el mayor de doce años y el menor de sólo cuarenta días de nacido. En Dolores Vera había tenido, a quien sería con el tiempo, un ilustre pedagogo, Manuel María Valverde.
Se desconoce su retrato pero por las fotografías existentes de sus hermanos, el Capitán Valverde debió ser un marino alto y delgado, de contextura musculosa, ojos pequeños y nativos, pelo lacio, negro y tez muy blanca.