VALLEJO MENDOZA CESAR

POETA.- El poeta Macedonio de la Torre al referirse a CESAR VALLEJO lo evocaba en estas palabras. “Lo conocí por primera vez paseándose por la Plaza de Armas de Trüjillo, vestido de negro, muy pulcramente vestido y con una inmensa, hirsuta melena de león. En ese tiempo, allá por los años 13 ó 14, la plaza estaba todavía cubierta de hermosos umbríos ficus, lo cual constituía un digno decorado para una figura arrogante, no por el tamaño ni la contextura, sino por una cierta gravedad que lo ha acompañado hasta el fin”.
Vestido de negro y pensativo, así fue Vallejo, el poeta peruano nacido en Santiago de Chuco el 16 de Marzo 1892, siendo el menor de doce hermanos realizó sus estudios en su pueblo natal y los terminó en Huamachuco y Trujillo, para visitar Lima en 1911 y matricularse en la Universidad de la Libertad donde se graduó de Bachiller con su tesis. “‘El Romanticismo en la poesía castellana”; sin embargo; como todo creador, careció de escuela, salvo la propia que en todo ser impar no tiene cabos para tender a los náufragos de la literatura.
En 1917 publicó “El Pan Nuestro” // Si quisiera tocar todas las puertas / y preguntar por no sé quién, y luego / ver a los pobres, y llorando quedos, / dar pedacitos de pan frescos a todos. // I saquear a los ricos sus viñedos / con las dos manos santas / que a un golpe de luz / volaron desclavadas de la cruz. // I en esta hora fría en que la tierra/ trasciende a polvo humano y es tan triste / quisiera yo tocar todas las puertas, / I suplicar a no se quién, perdón, / I hasta hacerle pedacitos de pan fresco / ¡aquí en el horno de mi corazón! / /
Un año después salió su poemario “Los Heraldos Negros” / con poesía calificada de indígena y clásica que le dio fama continental; su poema más conocido es: // Hay golpes en la vida, tan fuertes …¡Yo no se! / golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozaran el alma. ¡Yo no se! / Son pocos, pero son … Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. / Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; / o los Heraldos Negros que nos manda la muerte. // Son las caídas hondas de los Cristos del alma, / de alguna fe adorable que el destino blasfema. / Esos golpea sangrientos son las crepitaciones / de algún pan que en las puertas del horno se nos quema / I el hombre …¡Pobre … pobre! Vuelve los ojos como / cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; / vuelve los ojos locos y todo lo vivido / se empoza, como charco de culpa, en la mirada. / Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé! // “pero a pesar de esta fama seguía trabajando como simple profesor, con malos sueldos y en eterna miseria, bajo la influencia literaria de Abraham Valdelomar, indiscutido jefe de los Colónidas del “Palais Cóncert” que tenía su grupo estructurado dentro de un modernismo decadente, simbólico y de raras percepciones orientales; sin embargo Vallejo nunca se sujetó a estilo alguno, ni fue indigenista ni comunista; fue humano más que humano, afectivo en extremo y comprendedor de los que sufren y por ello se sintió solo y se alejó a su pueblo natal de Chuco donde intervino en un dramático suceso delictuoso que terminó con el asesinato de un señor de apellido Ciudad y de tres gendarmes; Vallejo fue a dar a la cárcel y allí estuvo tres meses, que no los perdió en fruslerías pues escribió: “Escalas melografiadas” con prosa desgarrada que originaría su mayor obra: “Trilce” – Tres Soles –
En 1923 publicó una novela corta “Fabla salvaje” y poco después emprendió viaje a Europa, instalándose en París, donde pasó miseria hasta que alcanzó a vivir de un empleíllo en una empresa editora cualquiera y de pequeñas colaboraciones mal pagadas en el Perú. Su correspondencia, desde entonces demuestra sus serios problemas económicos, de salud y de desarraigo, que fueron constantes y acentuaron su drama íntimo hasta su muerte.
En 1928 estudió en España con una beca del gobierno español y conoció a los mayores poetas de su tiempo, siendo amigo de García Lorca, Juan Larrea, José Bergamín y Gerardo Diego y parece que fue por esta época que abrazó el ideario comunista. En 1930 fue expulsado de Francia, pasó a España nuevamente y publicó “El Tungsteno” con poesía dura y metálica y “Trilce” ésta última con prólogo de Bergamín (1) un verso de Gerardo Diego y “Rusia” poemario de tinte marxista, producto de sus dos viajes a Moscú realizados al abrazar la causa comunista: En 1932 regresó a su pobreza de París viviendo en el barrio bohemio de Montmartre, fue su mejor amigo el poeta francés Luís Aragó.
Durante la guerra civil española iniciada en 1936 trató de orientar la opinión sudamericana hacia la República y trabajó junto a Jean Cassou y Pablo Neruda. En 1937 asistió en Valencia al Congreso Internacional de escritores antifascistas y escribió su último libro de poemas “España aparta de mi ese cáliz”; regresó a París más miserable que nunca y muy enfermo por las prolongadas persecuciones económicas, que siempre son las más terribles por largas y grises y su casi miseria que le ocasionaba un continuo desgaste nervioso, postrándolo al fin y conducido al Hospital del boulevar Aragó, falleció de una fiebre posiblemente ocasionada por una avanzada tuberculosis pulmonar, el Viernes Santo 15 de Abril de 1938, de 46 años, con fama de ser el mayor poeta sudamericano de su tiempo.
Fue comunista por ideología, sufrido y de complejísima humanidad, todo un pesimista existencial americano.
Su poesía anota tonos claroscuros como un cuadro de Caravaggio. Se lo ubica en el ultraímo (renovación del espíritu y de la técnica poética) con novedades ortográficas, sintácticas, nuevas palabras, sonidos originales y poesía del absurdo.
Én 1940 se editó en México “España, aparta de mí este cáliz”, prosa selecta y épica de la guerra, y aunque se ha dicho que el alma de la raza indígena hablaba por sus tormentos, siempre fue angustiado, supersticioso, fatalista y solo.
Su mundo reducidísimo y pobre fue lo que le atormentó. “Pasaba la más de las noches la frente entre las manos, sentado a caminar, a caminar sin tregua y al borde de la cama siempre entre fantasmas, alta la noche”.
No tuvo sombra amena ni musa bella como otros poetas para soñar, aunque en su muerte lo acompañó Georgette Phillippart, una dulce francesita. Todo él era desesperanzada y fugaz melancolía, prisionero de sus sentimientos, cantó un solo canto toda su vida, y por eso en uno de sus poemas dijo // Fue domingo en las claras orejas de mi burro, / de mi burro peruano, perdonen la tristeza / /Vallejo vivía en París. Su Georgette publicaría más tarde “Apuntes biográficos de César Vallejo”.
En “El Suertero” anunciaba hacia 1917 el fatal sino de su estro, veamos esta hermosa y casi desconocida poesía escrita en tono de transición hacia un postmodernismo acelerado: // Pasan todos los labios. El hastío, /despunta en una arrruga su Yanó. / Para el suertero que atesora acaso /nominal, como Dios, / entre panes tantálicos, humana / impotencia de amor. // Yo le miro el andrajo, y él pudiera / darnos el corazón; / pero la suerte, aquella que en sus manos / porta, pregonando en alta voz / como un pájaro cruel, irá a parar a donde no lo sabe ni lo quiere / este bohemio Dios. // Y digo en este viernes tibio, que anda / a cuestas bajo el sol; / ¿Por qué se habrá vestido de suertero / la voluntad de Dios?//
César Vallejo fue nieto de dos curas españoles que al arribar al Perú tuvieron hijos con sendas mujeres indígenas. También se cuenta como dato curioso que años antes de su muerte tuvo una anticipación de ella al escribir su poema “Piedra negra sobre piedra blanca” // Me moriré en París con aguacero / un día del cual tengo ya el recuerdo / me moriré en París – y no me corro – / Tal vez un Jueves, como es hoy, de otoño //