VALERA PEREZ BLAS

CRONISTA.- Nació en la población de Levanto, provincia de los Chachapoyas, actualmente Departamento de Amazonas, Perú, el día de San Blas 3 de Febrero de 1545.
Hijo del Conquistador Alonso Valera, Capitán de ballesteros en la segunda expedición de Alonso de Alvarado para someter a los indios Chachapoyas en 1537, y de la indígena Urpai, bautizada como Francisca Pérez y muerta cruelmente diez años después por su esposo. Fue su abuelo materno el Curandero Illahuanca, quien jugó un importante rol en su juventud y le enseñó a hablar en quechua.
Se educó en Cajamarca y Trujillo como hispano hablante y después fue enviado por su padre a seguir cursos superiores en el colegio de los misioneros de la Orden franciscana, quienes orientaron su vocación por el sacerdocio y le enseñaron Gramática, Artes y Teología. Era, pues, un caso excepcional, mestizo biblingue, letrado y de primera generación, cosa rara por cierto.
En 1568 arribó a Lima, siendo recibido por el padre Portillo en el recién fundado Colegio de la Compañía. Allí siguió dos años de Arte y uno de Teología y aprendió el aymará y el latin de manera que llegó a dominar cuatro idiomas, pero al mismo tiempo recibió el trato peyorativo que solía darse a los mestizos como él.
Todavía de estudiante y dados sus amplios conocimientos del quechua pasó con el padre Bracamonte y otros a fin de adoctrinar a los indios de Huarochiri y esos contornos considerada una zona importante como centro prehispánico de culto, por eso fue escenario de la más intensa campaña de extirpación de idolatrías, pero en 1570 se volvieron a Lima. Después anduvo por el Cusco con el padre Barzana y en la iglesia de los jesuitas de esa ciudad profesó los tres votos y se ordenó de sacerdote en 1573.
En dicha capital los padres jesuitas mantenían una constante crítica frente a los abusos que cometían las autoridades, siendo amenazados con su expulsión del Virreinato.
En 1577 estuvo en Juli y luego en Potosí, dedicado a leer la clase de Medianos y a escribir una Historia del Perú pues era muy dado a las bellas letras y ya había compuesto un catecismo en quechua y en aymará con el padre José Acosta, considerado el primer sabio naturalista en su tiempo.
En estos trabajos colaboraron sus colegas los padres Alonso de Bárcenas y Bartolomé de Santiago. Por sus viajes se iba convirtiendo en un apasionado defensor de los indios y en un gran entendedor de su cosmovisión, usos y costumbres.
La Compañía le había ordenado que traduzca al quechua los catecismos, confesionarios y otros textos usados para la evangelización de los indios, pero ciertos comentarios suyos sobre el Incario le acarrearon serios problemas en la Orden.
En 1583 participó en el III Concilio limense y el Arzobispo Toribio Alfonso de Mogrovejo aprobó su Catecismo. Después le ocurrió un suceso del que no se tienen noticias oficiales pero a través de una carta del padre Juan Sebastián rector del Colegio de Potosí y otra del Provincial Juan de Atienza, se conoce que tuvieron que quitarle la clase de Medianos por haber incurrido en una falta grave pero no pública con una mujer ni tal que obligase a despedirlo. Lo cierto fue que el padre General dispuso su viaje a España.
Para entonces Valera había terminado su Historia que escribió en latín y con motivo de su traslado debió sacar varias copias igualmente en latín, pues una de ellas dejó en Lima donde fue vista y comentada por el padre Alonso de Sandoval.
A finales de 1587 se encontraba en Cádiz destinado al Colegio de Málaga pero cuando en 1596 ocurrió el asalto, saqueo e incendio de dicho puerto de Cádiz por las fuerzas inglesas del Conde de Essex aún se hallaba en dicha ciudad y aunque se les permitió a los jesuitas retirar sus libros y documentos antes del asalto final, parece que la “Historia Occidentalis” de Valera, en cinco tomos escritos en latín, en el apuro de la fuga se extraviaron en el convento de la Compañía que terminó incendiado.
Al poco tiempo “murió” el padre Valera. La Compañía de Jesús da como fecha oficial de la muerte del Cronista el año de 1597.
En 1600 el padre Maldonado de Saavedra, Modelador del Colegio de Córdova, entregó unos papeles quedados “a la muerte” de Valera al historiador Garcilaso de la Vega, quien así lo afirma y hasta se benefició de ellos, pues los cita varias veces en sus Comentarios Reales, indicando que los había recibido destrozados a causa del asalto de los ingleses.
Esto de la muerte de Valera es asunto controvertido porque unos documentos que acaban de darse a conocer en el Coloquio Internacional celebrado desde el 29 de Septiembre de 1999 en Roma sobre los Cronistas Felipe Guaman Poma de Ayala y el padre Blas Valera, indican que no solamente no murió en España sino que regresó al Perú y que en Málaga le habían dado a escoger entre su expulsión de la Compañía de Jesús o su muerte jurídica, habiendo escogido esto último que equivalía a que nunca jamás se dijera su nombre (1)
Sus escritos oficiales porque ahora andan otros que se le atribuyen, tuvieron mala suerte ya que corrieron desperdigados y aún lo están a pesar del tiempo transcurrido.
El padre Torres en 1604 al volver al Perú trajo un “Vocabulario Histórico”, obra de Valera, que se guardó por mucho tiempo en el Colegio de los jesuitas de La Paz, donde los vio y tuvo en sus manos el jesuita italiano Juan Anello de Oliva a principios del siglo XVII, con otros papeles históricos también de la autoría de Valera.
Se conoce que escribió un libro “De los Indios del Perú, sus costumbres y pacificación”, obra igualmente perdida, y es probable que el manuscrito inédito encontrado en 1879 por el gran americanista Marco Jiménez de la Espada y publicado como “La Relación de un jesuita anónimo” haya sido escrito por Valera. En 1936 Philip Ainswort Means encontró en Cádiz algunos documentos escritos a mano que guardan una estrecha relación con los del jesuita anónimo.
Entre las citas de Anello de Oliva sobre Valera está un comentario muy importante sobre la existencia de un rey antiguo en el Perú y que fue tan buen conocedor de la astronomía que compuso el Calendario solar usado en el Tahuantinsuyo hasta el arribo de los españoles a Cajamaca en 1532.
En referencia al padre Valera se ha dicho que “su obra es de importancia capital para la corriente histórica que partiendo de él, el más antiguo Cronista que la sostiene, rueda por la vertiente de Zárate, Gómara, Garcilaso y Oliva hasta colmar de episodios y afirmaciones sobre la existencia de los Shiris y el quiteñismo de Atahualpa (que hoy se sabe que no es verdadero) pues debió nacer en el Cuzco, la partición del Imperio por Huayna Cápac, etc.”