VALDEZ MIRANDA RAFAEL

PINTOR.- Nació el 3 de Septiembre de 1949 en Milagro, provincia del Guayas. Hijo de Inés Miranda Díaz, natural de Milagro.
De cuatro años solamente fue internado en el Colegio fray Vicente Solano de Huigra donde estudió hasta culminar el tercer curso de secundaria. “Ya desde los primeros años mi profesor el Sr. Merchán me hacía dibujar para la clase y como no tenía otras distracciones me especialicé en paisajes a la acuarela. Para un Concurso Intercolegial entre Huigra, Chunchi y Alausí, gané el Primer Premio con un Cristo al Carboncillo”.
“Pero no todo era bucólico en el colegio pues durante una excursión campestre se me quedó atorado un pie en los durmientes del ferrocarril en el puente de la S y casi me atropelló un autoferro, siendo salvado de milagro”.
“A los catorce años pasé a vivir en el ingenio Valdez mientras estudiaba en el Vicente Rocafuerte pero se me hacía muy difícil viajar todos los días a Guayaquil, así es que a los pocos meses me vine a vivir a casa de mi madre. En las vacaciones regresaba al Ingenio a trabajar como recolector de caña por S/. 10,50 diarios de sueldo, me ayudaba con los óleos y materiales que requería para mis pinturas pues ya había hecho amistad con el pintor Enrique Tabara, quien, a pesar de ser famoso, fue muy bueno y paternal conmigo y me dio clases de pintura gratuitamente durante seis meses”.
“En 1968 me gradué de Bachiller en Físico – Matemáticas e ingresé a la Facultad de Arquitectura, que era la que más se aproximaba a mis tendencias artísticas, pero en eso vino la Reforma Universitaria que eliminó los exámenes de ingreso y hubo grandes bullas que hicieron que se paralizaran los cursos y perdimos el año. Durante los cursos siguientes continuaron los disturbios, Velasco Ibarra se proclamó dictador y clausuró la Universidad por otro año. Total, perdí dos años por causas ajenas a mi voluntad”.
“Recién en 1971 se reabrió la Universidad y contraje matrimonio con Sara Guzmán Rodríguez con quien tengo un hogar estable y feliz y tres hijos”.
“Mientras tanto me había empleado en IETEL como Supervisor de Telefonía con S/. 2.300 de sueldo y pintaba continuamente pero sin pretensiones económicas, regalando todos mis trabajos como si fueran obras sin valor. También hacía retratos a las enamoradas de mis amigos. El 77 me gradué de Arquitecto urbanista con una tesis colectiva sobre el cerro Santa Ana que aún permanece inédita. Entonces dejé mi empleo y pasé al comercio de materiales de construcción, trabajando de intermediario y vivía en una villita alquilada en La Atarazana”.
“El negocio progresó por el auge petrolero del país y pronto me vi rico. El 79 instalé un almacén en 9 de Octubre y Machala de compra y venta de materiales de construcción y de decoración de interiores, pues a mucha gente le gustaba que le diseñara sus ambientes. Luego fui importador y viajaba casi siempre a Miami donde me aprovisionaba de materiales. El 82 tenía un capital ahorrado que me sirvió para viajar con mi familia a California, a realizar un postgrado en Arquitectura en la Universidad UCLA de ese estado, pero al llegar a los Angeles cambié de opinión y me matriculé en la Facultad de Artes Plásticas de North Hollywood, llamada Art Center, donde tomé gusto al arte y comencé a apreciarlo como algo serio”.
“Allí estuve dos años estudiando con profesores de primera categoría como Alex Gonslionov y N. Levín quienes me impulsaron a intervenir en una muestra colectiva realizada en la Stratern School, de los Angeles. Esos cuadros los envié después al Ecuador y se expusieron en 1982 en las Peñas y en el Salón de Julio de la Municipalidad de Guayaquil. Fueron mis primeros trabajos serios en el camino del arte”.
“El 83 mandé dos temperas de mediano tamaño al Salón de Octubre que anualmente organiza el Núcleo del Guayas de la CCE y aunque no fueron premiados, constituyeron la gran sorpresa del Salón, al decir del crítico Hernán Rodríguez Castelo, quien escribió: “Valdez fracciona minuciosamente su espacio, condicionándolo muy libremente y lo enriquece de trazos y colores en conjuntos abigarrados de gran belleza fragmentaria y complejas sugestiones de sentido, en todo lo cual muestra seguridad y oficio”.
“En 1984 tras casi dos años de ausencia regresé a Guayaquil a atender mis negocios que estaban muy descuidados y casi en la bancarrota y aproveché para exponer en el Centro Municipal de Cultura bajo el título de “Dibujos y otras aventuras”. Ignacio Carvallo opinó: Lo importante de Valdez es la vitalidad del color, es algo esencial en su descubrimiento de la realidad. Esta intensidad pictórica que a menudo contrasta con trazos de agresiva obscuridad, habla por sí misma. Se trata de la pintura que fija sugestivos caminos para la libre interpretación y para un deleite que buena parte tiene de mágico, a pesar de su aparente frialdad. En suma, nos sugiere el canto luminoso de los vitrales, la parte misteriosa de lo maquinal, tan integrado a la vida moderna. Breves poemas arquitectónicos son algunos de sus cuadros y en los mismos, las perspectivas que nacen del juego geométrico, enseñan al espectador una nueva clase de paisajes”.
“Ese año también expuse individualmente en el Núcleo del Guayas, en la Municipalidad de Milagro cuando se inauguró la extensión de la CCE. en dicha población, en las Alianzas Francesas de Guayaquil y Quito”.
“El 85 interviene en las exposiciones colectivas de la Galería The Art Circle, de los Angeles, a la cual estoy adscrito como pintor. Dichas exposiciones se realizaron con gran éxito económico y publicitario en Los Angeles, San Francisco, San Diego, Las Cruces y San Bernardino en el estado de California y fueron el inicio de una relación económica y comercial que me es muy ventajosa”.
“El 86 me presenté en las Alianzas Francesas de Guayaquil y Quito con la serie compuesta de ciento un dibujos en blanco y negro titulada “Jodida”, que fuera, calificada de rica y refinada por traducir una holgura espiritual que permite al artista multiplicar variaciones en torno a formas, en procura de dar con lo mágico, lo orgánico, lo extraño, siempre dentro de finas calidades plásticas, medias tintas, equilibrios compositivos, ritmos”.
“En Mayo del 87 abrí por primera vez individualmente en los Angeles y volvió Rodríguez Castelo a interesarse en mis obras diciendo que eran “un mundo de formas abigarradas, tenso, mágico, que recuerda al Tábara de la época que siguió al pre colombinismo. Sus composiciones semi abstractas son ahora complejas, pero tienen una estructura central, un centro de gravedad visual y de significado, en grises, agrisados y serúleos. En Noviembre viajé como delegado a las reuniones de Institutos Culturales de Jerusalem y expuse individualmente veinte témperas en The Galery Ipanema propiedad de Sonia Rosín y se vendieron todas entre un grupo de turistas españoles.
“En 1988 presenté ciento veinte témperas en las Galerías Zpisac de Miami, Rid Strennel Galery de San Antonio, y The Art Circle de Los Angeles. La Curadora del Newport Harbor Art Museum de Los Angeles, Betty Turnbul I, expresó que gracias a una vocación exigente – Valdez – identifica su vida con su pintura y pinta como otros interpelan”.
Dice que su principal compromiso es consigo mismo, con sus creaciones y con el arte. “Trato de investigar constantemente y de ir evolucionando, pero sin perder coherencia estética. Antes mis pinturas tenían más textura. Ahora estoy haciendo una síntesis. A primera vista parece una obra más fácil que la de antes, pero no. Ahora es más difícil”.
El historiador de arte Gerardo Verdecía, refiriéndose a la obra de Valdez anota que “lo que vemos tiene un parecido familiar con el dibujo infantil”. Mas, agrega, “la pobreza de estos cuadros es aparente. El artista trabaja con muchas veladuras para lograr las tonalidades que desea…”. “En fin, la poética de Valdez se ha hecho más sobria, mostrando su trabajo actual una evidente tendencia a la síntesis de los elementos antes utilizados”.
Era propietario de Soluciones Decorativas Racasa C. Ltda. con almacenes en Huancavilca No. 507 y Coronel, donde trabajaba con su esposa en decoraciones de interiores y venta de materiales de construcción y decoración, mientras se dedicaba intensamente al arte, a tiempo completo, pues sus cuadros eran pedidos en el exterior donde tienen gran demanda. “Prácticamente no tengo nada que vender pues toda mi producción sale del país y esto me llena de satisfacción. Viajo entre cinco y seis veces al año a los Estados Unidos por mis exposiciones y negocios y creo que estoy realizado a través del arte. Pinto por vocación, por decisión de vida”.
Su estatura mediana, tez canela, ojos y pelo negro, fluidez en el hablar y al explicar su mundo del arte. Valdez es, en estos momentos, uno de los pintores de mayor éxito económico en el exterior.
Desde el 2000 se mudó a vivir en Miami con los suyos, alternando las labores propias de su comercio de decoración de interiores con la pintura, que vende por contrato a través de varias Galerías de Arte de Florida y California, no ha regresado al país.