TOBAR Y GUARDERAS CARLOS R.

ESCRITOR.- Nació en Quito el 4 de Noviembre de 1853. Hijo legítimo de Manuel Tobar Lasso, natural de Ibarra, Gobernador de la Provincia de Imbabura en 1830, dueño de las haciendas Chinangache y Chiche Tobar y del sitio Sangobulla en Santa Rosa; y de Francisca Guarderas Villacís, quiteña. Fue bautizado con los nombres de Carlos Rodolfo.
Tuvo solamente una hermana llamada Isabel, quien no casó y dejó una suma de dinero para que la Municipalidad de Quito instituya un Premio al mejor libro cada año.
Muy joven “aprendió numerosos testimonios de la independencia a través de las charlas de su abuela paterna Nicolasa Lasso y Borja, viuda de los próceres Juan Pablo Arenas y Miguel Tobar; por otro lado, a través de su tío abuelo Sebastián Guarderas Villacís, heredó papeles y conocimientos de familia” Estas noticias le sirvieron para escribir “Relaciones de un veterano de la independencia”.
“Mi padre, hombre severo aunque bondadoso, fue mi primer maestro de lectura”, luego le enviaron a una escuela pública que funcionaba en el centro de Quito, realizó la secundaria en el internado del Colegio San Gabriel de los jesuitas, donde sus compañeritos le apodaron “Mamita Tobar” y fue discípulo del célebre padre Manuel José Proaño. En “Timoleón Coloma”, novelina autobiográfica, relata que de trece años se metió de cacho y barba a leer el “Pablo y Virginia” de Saint Pierre y la “Átala” de Chateaubrian, que le provocaron emociones contradictorias dada su escasa edad y le sirvieron para aprender a amar la literatura, sentimiento que no le abandonaría jamás, después quiso hacerse militar pero su familia se opuso, finalmente se aplicó a los estudios y obtuvo el grado de Bachiller en Filosofía en 1871.
Entonces siguió los cursos de Medicina en la Universidad Central y de Ciencias Naturales en la Politécnica de los jesuitas alemanes, que en 1875 le reconocieron su competencia como botánico.
El 77 editó ensayo sobre los “Mamíferos en el Ecuador” y a fines de año viajó a la Universidad de Santiago de Chile a perfeccionarse en Medicina. El 78 contrajo matrimonio con María Eva Borgoño Fernández, joven de sociedad y notable pianista, se graduó de Licenciado en Medicina, sustentó su tesis sobre la Hipocondría que publicó el 80 en Quito y recibió la investidura de Doctor en Medicina.
No ejerció jamás su profesión y muchas personas ni siquiera llegaron a enterarse que era médico.
De vuelta a su ciudad natal en 1880 fue electo Concejal suplente y profesor de Literatura y el 81 Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central y dando rienda suelta a su pasión por las bellas letras formó un Círculo Literario con Ángel Polibio Chávez, Quintiliano Sánchez, Roberto Espinosa y Nicolás Clemente Ponce y terminaron por hacer oposición a la dictadura de Veintemilla en 1882.
Era un joven de carácter serio y responsable, reservado en su trato con los demás, y a pesar de su desinterés político, al triunfo de la Restauración en 1883 fue electo Diputado por Imbabura y concurrió a la Convención Nacional de ese año. En lo físico era alto de porte, algo grueso y cargado de espaldas, de continente reposado, buenos modales, palabra amena.
En 1884 colaboró en el periódico “El Progreso” de Cuenca y en varias publicaciones literarias de Quito, figurando entre los poetas marianos cuyas principales producciones reunió el padre Proaño en el folletito “Alboradas de Mayo”, publicado ese año en 78 páginas, con poesías de Roberto Espinosa, Honorato Vásquez, Quintiliano Sánchez, Juan Abel Echeverría, Remigio Crespo Toral, Miguel Moreno y Julio Matovelle entre otros.
En 1885 fue electo Rector de la Universidad Central y en las fiestas “ofrecía unos espléndidos banquetes a los profesores, haciendo gala de excelente gastrónomo”, pues era rico, poseía hacienda, “una casa grande en la esquina de la Plaza del Teatro heredada a su madre, y otra detrás de la Alameda, que aún existe, con reja española.
Durante su rectorado comenzaron a aparecer los “Anales de la Universidad Central”, considerada la mejor publicación seriada del país, donde empezó a publicar varios trabajos como el Prólogo al “Viaje imaginario por las provincias limítrofes de Quito” del Provisor Caicedo, una Necrología del Canónigo Dr. Leopoldo Freile, “Apuntes para un Diccionario de Quiteñismos” en 6 páginas y las “Consultas al Diccionario de la Lengua, algo que falte en el vocabulario académico y lo que sobra en el de los ecuatorianos” en 6 páginas y fue tanto el impulso que dio a la educación que se dijo que había iniciado la reconstrucción física y moral de la Universidad.
La Facultad de Medicina le debe la creación de las cátedras de Clínica Quirúrgica, Oftalmología, Medicina Operatoria y Obstetricia, en las cuales obligó al profesorado a dejar a un lado las clases teóricas para dictarlas en forma práctica en el hospital San Juan de Dios, conforme con las normas dictadas en Quito por los Drs. Ettienne Gayraud y Dominique Domec. También reorganizó las Facultades de Filosofía, de Letras, de Ciencias y de Medicina. Fomentó la biblioteca, renovó la imprenta, El mismo año 85 editó “Brochazos”, recopilación de artículos de prensa, en 292 páginas, incluyendo el juguete cómico en verso “Quien da pan a perro ajeno… /”
El 87 viajó a Lima como delegado a un Congreso Sanitario aprovechó para dar a la prensa su relato “Timoleón Coloma” aparecido en forma de folletín en “El Perú Ilustrado”, como sucesión de dibujos de costumbres quiteñas más que novela propiamente y la Academia Ecuatoriana de la Lengua lo eligió su Miembro.
El 88 viajó a Barcelona por razones de salud y publicó “Mas Brochadas” en 216 páginas con los relatos “Malos Dibujos” y “Timoleón Coloma”, cuadros de humor, recuerdos del Colegio y de sus primeras andanzas de adolescente, con sonrisas plácidas y travesuras ingenuas, escrito en lenguaje familiar, sencillo, que nos acerca a las cosas y hechos como los vio y sintió el niño y el adolescente”, que Tobar debió continuar y lamentablemente dejó inconcluso en Octubre de 1892.
Estando en España le sorprendió su nombramiento de Ministro Plenipotenciario ante esa Corte para obtener el arbitraje de nuestro asunto limítrofe; pero, antes de cumplir esas funciones, prefirió regresar al Ecuador.
En Enero del 91 empezó por entregar en la “Revista Ecuatoriana” su “Relación de un Veterano de la independencia”, que después dio a la luz en 1895 en dos tomos de 282 y 216 páginas respectivamente y ha sido calificada como su obra más ambiciosa y la mejor de todas las suyas, pues está considerada la más importante novela de temas históricos escrita en el Ecuador.
El 94 renunció el rectorado pero se le concedió licencia. Entonces viajó al exterior, desempeñó por cortos meses la Plenipotencia en Chile. A su regreso le correspondió presidir la Junta de Gobierno hasta el advenimiento de la revolución liberal y aunque jamás había sido afiliado a partido político alguno – nunca fue hombre de partido, por ser de la Academia Ecuatoriana de la Lengua que tanto había colaborado con los gobiernos progresistas y conservadores, sufrió postergaciones.
El 95 reasumió sus funciones en la Universidad más al ingresar Alfaro y el ejército liberal a la capital, empezó a complicarse su situación en el alma mater. El 96 dio a la imprenta de la Universidad un manojo de artículos literarios bajo el título “De todo un poco” en 200 páginas, renunció en la Universidad y como jamás había desempeñado su profesión, quedó con las labores de su hacienda; poco después, por muerte del Dr. Julio Castro Bastus, segundo Presidente de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, le sucedió en el cargo.
El 98 editó un folleto de 12 páginas con tres discursos pronunciados por él, por Julio Andrade y por Ricardo Valdivieso, el 10 de Agosto de ese año, en la solemne colocación de la primera piedra del monumento a los Próceres de la Independencia de Quito, cuyo Comité presidía. Ese año volvió a dar por entregas en la revista “El Álbum Literario” sus afamadas Consultas al Diccionario de la Lengua, aumentadas considerablemente. El 99 pronunció un discurso conteniendo “Breves consideraciones acerca de la Educación”, que fue impreso y es importante para conocer los principios humanistas en la cultura de esa época.
En 1900 fue electo Presidente de la Junta Central de Beneficencia de Quito, hizo venir drogas e instrumentos para el Hospital San Juan de Dios y electo Senador por la provincia de Imbabura concurrió a la Cámara y estuvo entre las personalidades que examinaron los restos del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, hallados en el monasterio del Carmen Bajo.
Un periodiquillo titulado “Lecturas Populares” lanzó algunos artículos virulentos contra sus Consultas al Diccionario de la Lengua y lo acusó de haber besado lleno de entusiasmo patriótico las sagradas reliquias del héroe. El asunto trajo cola pues se prestó a chistosos comentarios y Tobar se vio precisado a aclarar que el de los besos patrioteros no había sido él sino un Dr. Vela, quien, llevado por su entusiasmo, no pudo contenerse y estampó un respetuoso como risible ósculo, causando la admiración de los presentes.
En 1901 volvió al Senado y votó contrario a la aprobación de los protocolos sobre las conversaciones sostenidas en Santa Elena entre el representante ecuatoriano Dr. José Peralta y el Delegado Apostólico; sin embargo, opinó favorablemente sobre la entrega – de la iglesia al gobierno – de todos los cementerios del país, convirtiéndose en una figura simpática al liberalismo, pues era el más claro ejemplo de lo que se entendía por un conservador con tendencias liberales, es decir, un tradicionalista no fanatizado, civilizado por viajes y lecturas, y de criterio amplio y progresista. Además, dado su carácter algo retraído, enemigo de las polémicas y discusiones, no tenía enemigos; quizá por eso fue escogido por los conservadores para candidato a la presidencia de la República, pero perdió en las elecciones frente al oficialista Leonidas Plaza Gutiérrez, quien asumió el mando.
Entre 1901 y el 3 fue por segunda ocasión Rector de la Universidad Central.
En 1902 fue designado miembro honorario de la recién fundada Sociedad Jurídico Literaria de Quito.
En 1903 fue enviado de Ministro Plenipotenciario a la Argentina, concurrió al Congreso de tuberculosis y le designaron su Vicepresidente.
En 1904 pasó con iguales funciones diplomáticas al Brasil y firmó el 6 de Mayo el Tratado de Límites Tobar -Río Branco con el Ministro José María da Silva Paranho, Barón de Rio Branco conjuntamente con una Convención de Alianza de carácter defensivo, para evitar que el Perú siguiera ocupando militarmente los territorios de ambas naciones; pero el Congreso Ecuatoriano no aprobó los Tratados pues se argumentó que el Ecuador renunciaba a sus viejos títulos sobre sus territorios situados al este de la línea Apaporis – Tabatinga entre el río Amazonas y el río Caquetá, calculados en sesenta y nueve mil kilómetros cuadrados. Tobar se disgustó mucho por ello pues pensaba – no sin razón – que mientras exista la protección militar dada por una alianza defensiva con el Brasil, estaríamos seguros de cualquier ataque armado por parte del Perú.
En su parte medular el Tratado dice lo siguiente: La República del Ecuador y la República de los Estados Unidos del Brasil acuerdan que terminando favorablemente para el Ecuador, como esta República espera, el litigio que sobre límites existe entre el Ecuador y el Perú, la frontera entre el Ecuador y el Brasil, en la parte que confinen, sea la misma señalada por el Art. VII de la Convención que se celebró entre el Ecuador y el Perú, en Lima, el 23 de Octubre de 1851, con la modificación constante en el Acuerdo asimismo firmado en Lima el 11 de Febrero de 1874, para la permuta de territorios en la línea Iza o Putumayo, esto es, que la frontera – en todo o en parte – según el resultado del antedicho litigio, sea la línea geodésica que va de la boca del riachuelo San Antonio, en la margen izquierda del Amazonas, entre Tabatinga y Leticia, y termina en la confluencia del Apaporis con el Yapurá o Caquetá, menos en la sección del río Iza o Putumayo, cortada por la misma línea desde el alveo del río, entre los puntos de intersección, formará la división.
En 1905 el Presidente Lizardo García le designó Ministro de Relaciones Exteriores pero actuó poco tiempo debido a que en Enero siguiente triunfó la revolución liberal alfarista que terminó ese gobierno.
El 1906 apareció “Algo acerca del monumento a los próceres del 10 de Agosto”, defendiendo el proyecto como Presidente del Comité. Casi enseguida se ausentó a Barcelona por un resentimiento con el Dr. Nicolás Clemente Ponce, que había criticado acaloradamente un soneto suyo. En España publicó la segunda y tercera ediciones de sus Consultas al Diccionario en 1908 y el 11, en 516 paginas, “recibiendo calurosos aplausos por obra tan amena, que enseña y entretiene y está escrita con gracejo, muy castizo y muy donoso en ocasiones”. Por ella fue electo Miembro de la Academia de Historia de Madrid y de la Academia de Bellas Artes de Sevilla y escribió el resumen de historia de la República del Ecuador publicado en la Enciclopedia Espasa.
En 1908 y de consuno con su hijo Carlos Manuel, que era Abogado Internacionalista, editó en francés, idioma que dominaba desde su juventud, “Une affaire digne d´etre traite au Congrés de la Paix á la Haye” en 6 páginas donde expuso que las repúblicas americanas, no por el buen nombre y crédito de todas ellas, sino por otras consideraciones humanitarias y altruistas, deben intervenir siquiera mediata e indirectamente, en las disensiones internas de las Repúblicas del continente. Esta intervención pudiera ser, al menos, negándose al reconocimiento de los gobiernos de hecho, surgidos de revoluciones contra el orden constitucional, lo cual ha sido conocido en la historia como la Doctrina Tobar y mereció la inmediata acogida de diversos países, sobre todo, en Centroamérica.
En 1908 “El Comercio” reeditó en folletín su Timoleón Coloma. El 11, nuevamente residiendo en Quito, fue designado Ministro de Relaciones Exteriores por el presidente Emilio Estrada que falleció poco después, encargándose del Poder Ejecutivo su pariente Carlos Freile Zaldumbide (acababan de contraer matrimonio Carlos Tobar y Borgoño hijo de Tobar con Rosario Zaldumbide Freile, sobrina de Freile) quien le pidió que continuara en funciones, pues su nombre volvía a sonar entre los conservadores para ocupar la presidencia de la República y Freile necesitaba contar con el apoyo de éstos.
Mientras tanto se había insurreccionado el General Pedro J. Montero en Guayaquil, que llamó a Alfaro. En Quito se formó el ejército constitucionalista que bajó por Huigra y Alausí a sofocar la revuelta en la costa. Hubo sangrientos combates y finalmente, tras la tinosa intervención de los Cónsules de los Estados Unidos e Inglaterra, se logró firmar la paz en la población de Duran, pactándose la entrega de Guayaquil y la entrada de los caudillos constitucionalistas vencedores (Leonidas Plaza y Julio Andrade).
Entonces ocurrió algo insólito, pues Tobar nuevamente influido por su brillante hijo Carlos Manuel, declaró que los Cónsules, siendo meros agentes comerciales, no podían abrogarse funciones diplomáticas, dio a la prensa unas Notas que posiblemente redactó su hijo, tituladas: “Notas acerca del papel de los cónsules en las guerras civiles y sobre daños a extranjeros”, y se atrajo la animadversión de buena parte de la opinión de la costa que seguía siendo radical y alfarista.
A los pocos días, el 28 de Enero de 1912, habiendo arribado a la capital los jefes liberales vencidos, mientras Tobar se encontraba asistiendo al sepelio de un primo se produjo el asesinato y arrastre del General Alfaro y sus tenientes y la gente señaló como principales responsables a los miembros del gabinete de Freile Zaldumbide por no tomar las medidas oportunas para impedir dichos crímenes; pero aún así, numerosos conservadores e independientes mantuvieron la candidatura de Tobar a la presidencia.
Tobar se declaró liberal pero nadie le creyó y como dentro del gabinete existían dos tendencias, una mayoritaria con Tobar y otra con el General Leonidas Plaza, llegado el momento de la verdad, el Presidente interino y sus ministros pensaron en el gabinete que lo mejor sería reemplazar a Tobar con un militar que pudiera oponerse con éxito a Plaza y fue escogido Julio Andrade, que casi enseguida fue asesinado.
Entonces, el Encargado Freile Zaldumbide, viéndose desprovisto de todo apoyo, abandonó el Palacio y Plaza dio el tan esperado golpe de estado, obligando al presidente de la Cámara de Diputados, Francisco Andrade Marín, a posesionarse del mando, convocar a elecciones y cederle la Presidencia.
Desalentado por tanto abuso Tobar vendió todos su bienes, se ausentó nuevamente a Barcelona, donde compró una casa amplia y se defendió de las acusaciones de complicidad en el crimen de los Alfaro con el artículo “La Revolución ecuatoriana y la verdadera actitud del Dr. Carlos R. Tobar, relato imparcial para la historia” aparecido en la Revue Amerícaine de París.
También refutó el Mensaje presidencial de Andrade Marín al Congreso de 1912 y cuando el 16 se pronunció un írrito fallo judicial por los crímenes citados, en la misma Revue Americaine sacó el folleto “Calumnias, Calumnias”.
Vivía en Barcelona con su esposa y tres hijos, sintiéndose un sujeto aparte de la política ecuatoriana que tantos disgustos le había ocasionado inmotivadamente y sin atreverse a regresar, bien es verdad que en el Ecuador aún se notaba un ambiente contrario a los personajes que habían actuado en el drama político de 1912 y su secuela revolucionaria en Esmeraldas, que recién había finalizado el 16 con la entrega de las armas de las últimas guerrillas conchistas.
En 1918 clamó en francés contra la barbarie de la Gran Guerra Europea en un folleto de 8 páginas titulado “Quand viendra la paix” que constituyó su último escrito; pues, aquejado de la próstata y comprendiendo que tenía cáncer, no se dejó operar. Falleció en Barcelona el 19 de Abril de 1920, de solo sesenta y siete años de edad.
Fue hombre de humor, generoso y bondadoso, excelente cualidades que le atrajeron la simpatía de sus congéneres; pero a causa de su natural superficialidad, no asimiló los cambios generados por la transformación política liberal de 1895 y rezagado en sus concepciones dejó de escribir desde 1898 los sabrosos relatos de costumbres y las reminiscencias históricas, dedicándose a la diplomacia y a la política.