SUCRE ANTONIO JOSE Y ALCALA

LIBERTADOR.- Nació en Cumaná el 3 de Febrero de 1795. Hijo legítimo del Coronel Vicente de Sucre y Urbaneja y de su primera esposa María Manuela de Alcalá y Sánchez – Vallenilla, naturales de Cumaná en Venezuela. Casi todos en su familia habían sido militares por parte de padre y de madre. Quedó huérfano de madre a los siete años de edad, maduró antes de tiempo y fue llamado a estudiar a Caracas por su padrino el Presbítero Antonio Patricio de Alcalá, Arcediano de esa Catedral, donde recibió su primera educación.

Luego pasó a la Escuela de Ingenieros fundada y dirigida por el Coronel español Tomás Mires y siguió cursos de Geometría, Algebra, Trigonometría, Agrimensura, Fortificación y Artillería. En 1809 con su hermano Pedro y otros jóvenes integró en calidad de Cadete la Compañía de Húsares nobles de Fernando VII en Cumaná, unidad organizada por Juan Manuel de Cajigal y Niño, Gobernador de esa provincia.

El 19 de Abril de 1810 Caracas proclamó su independencia. Entonces retornó a su pueblo natal y siguiendo los consejos de otro tío llamado José Manuel de Sucre, el 12 de Julio la Junta Suprema de Cumaná le otorgó el grado de Oficial de Milicias Regladas, tenía solamente quince años y en Octubre siguiente la Junta de Caracas le nombró Oficial de Ingenieros. Poco después la población de Barcelona inició un movimiento separatista y en las tropas que se enviaron para restablecer el orden concurrió a las órdenes de su padre el Comandante Juan Vicente de Sucre y allí permaneció hasta mediados de 1811 en que le designaron para cooperar en los trabajos de fortificación y defensa del fuerte Margarita.

Entonces ocurrió la llegada del General Francisco de Miranda para defender la República y la Junta de Caracas le concedió plenos poderes y como Ayudante a sus órdenes intervino en la batalla de Valencia y conoció a Simón Bolívar; mas, de inmediato, arribó a las costas de Coro el sanguinario Jefe español Domingo Monteverde, se libraron varias acciones que resultaron contrarias a los patriotas, que terminaron por capitular. Ya era miembro del Estado Mayor. Miranda fue entregado a los españoles y llevado a Cádiz encontraría la muerte en 1816 prisionero en las carracas de dicha población.

Sucre huyó con los suyos a la hacienda de Chacaunare en el golfo de Cariaco y allí se mantuvo hasta que iniciadas nuevamente las operaciones con la invasión desde Guiría por Santiago Mariño, se le presentó en unión de sus hermanos Pedro, Jerónimo, Francisco y de varios parientes y todos marcharon a Cariaco, a recibir un cañón y seiscientos fusiles enviados desde la isla Margarita.

Con el grado de Capitán pasó a la liberación de Barcelona, combatió en la Guerra a Muerte y se distinguió por su infatigable actividad, inteligencia y valor al lado de los más audaces.

El 13 de Enero de 1813 durante el asedio de su natal Cumaná fue elevado a Teniente Coronel y permaneció en la región oriental al lado de Mariño, disciplinando a las tropas. El 14 fue miembro del Estado Mayor General del ejército de oriente y en Marzo avanzaron al sitio Los Pilones, encontraron al ejército patriota de Occidente y juntos marcharon a

Bocachica, cerca de los Llanos, donde hallaron a Boves y lo derrotaron el 31 de Marzo, pero Mariño desaprovechó la ocasión para perseguir al Jefe realista y se perdió una gran oportunidad.

El 5 de Abril hallaron a Bolívar en la Victoria. Mariño tomó hacia la sabana y Bolívar a Puerto Cabello; mas, como el primero fue derrotado, Bolívar tuvo que suspender el bloqueo y regresó para ayudarle.

Nuevamente separados, Mariño volvió a ser derrotado en La Puerta y con los escasos sobrevivientes, entre los que se hallaba el ya Teniente Coronel Antonio José de Sucre, embarcó en La Guayra rumbo a Barcelona, mientras la población civil de Caracas huía despavorida para no caer en manos de las tropas realistas. Sucre pudo llegar a Aragua en uno de los batallones de Mariño y se unió a los patriotas occidentales que lideraba Bolívar. Una nueva derrota les hizo emprender la ruta de Maturín, donde lograron una victoria a las órdenes de José Francisco Bermúdez.

En el interim Boves había atacado Cumaná, ordenando la destrucción y muerte de todo y de todos. La familia Sucre fue ferozmente diezmada. Su hermana la joven Magdalena, prefirió arrojarse por la ventana antes de ser violada y murió a consecuencia de la caída. Vicente fue degollado en su cama de herido en el hospital. La madrastra de Sucre fue descubierta con dos de sus hijas, fue ofendida y destinada a vivir en la soledad de la isla de Arichuna. Después perecieron dos hermanas más y quizá por todo ello dejó el joven militar de reír y desde entonces – reía difícilmente y nunca fue propenso a las manifestaciones ruidosas de la alegría – por eso pasaba por ser grave y circunspecto, mostraba edad mayor que la real y producía más respeto que simpatías. Se sabía solitario, diferente. Creía en el honor, en el desprendimiento, en las lealtades todas. Recto y hasta rígido, exigía mucho de los demás y para disipar la tragedia de la guerra, a todas las mujeres amaba aunque por corto tiempo.

El 5 de Diciembre de 1814 concurrió a la célebre batalla de Urica bajo el mando del General Juan Paz del Castillo que fue favorable a las tropas españolas aunque perdió la vida el sanguinario Boves. Los patriotas sobrevivientes se retiraron a Guiría y de allí a la isla Margarita, que tras un breve sitio, cayó en poder del nuevo Jefe realista, el General Pablo Morillo, que habiendo partido de Cádiz el 18 de Febrero de 1815 con quince mil soldados veteranos de las guerras napoleónicas, dieciocho navíos de guerra y cuarenta y dos de transporte, arribó a mediados de Mayo a Cartagena.

Sucre tuvo a su cargo la defensa del castillo de La Popa, al principio bajo las órdenes de Lino de Pombo, luego del Coronel Soublette, hasta que el 5 de Diciembre, tras ciento dieciséis días de durísimo asedio, los heroicos defensores comandados por el General Bermúdez, tuvieron que abandonar la plaza. Sucre estuvo entre quienes consiguieron huir hacia Haití, donde Bolívar había obtenido la protección del General Alejandro Pétion, presidente de esa nación, quien le concedió armas y pertrechos y con ellos regresó a Los Cayos pero habiéndose producido serias divergencias entre los jefes patriotas Mariño y Bolívar, con la delicadeza y prudencia del caso Sucre intervino ante el primero y logró que se retire a la isla Margarita lo cual le agradeció Bolívar “procure Ud. que si no son amigas estas tropas lo sean por fin y sirvan a la Patria en lugar de destruirla..” logrado lo cual, Sucre prefirió retirarse a la isla de Trinidad y allí permaneció siete meses inactivo, en destierro voluntario. Así era él en su delicadeza.

En Agosto de 1816 se enroló nuevamente en el ejército de oriente a las órdenes de los Generales Mariño y Bermúdez. En Septiembre pusieron sitio al puerto de Cumaná mientras se enseñoreaba la indisciplina y Piar salía hacia el norte debilitando a sus jefes que tuvieron que abandonar el asedio por falta de fuerzas.

Entonces ocurrió el arribo de Bolívar, que en su segunda expedición a Los Cayos traía numerosos refuerzos. Sucre aún permanecía merodeando por Cumaná en calidad de Comandante General de esa provincia. Mariño y Bermúdez se unieron a Bolívar, aunque por corto tiempo, pues el primero salió para Maturín y Cumaná con Urdaneta, luego constituyó el grupo de los Doce que decretó un gobierno Federal para Venezuela con capital en la isla de Margarita, fue designado Capitán General de los Ejércitos de Mar y Tierra, desplazando a Bolívar.

Urdaneta y Sucre protestaron con otros Jefes orientales contra estas arbitrariedades y se fueron a la Guayana en busca de Bolívar. En ese lapso Sucre fue designado Comandante para formar el Cuerpo de Infantería “Bajo Orinoco”, se encontró con su padre y con su antiguo Jefe el General

Mariño, que huía por Punceres a la isla Margarita después de haber sido abandonado por los suyos.

En 1817 la situación se complicó aún más para los patriotas insurgentes; pues, Morillo, tras sojuzgar a la Nueva Granada, había regresado a Venezuela a tiempo que el General Canterac con dos mil seiscientos hombres recién llegados de España sitiaba Cariaco, donde permanecía atrincherado Mariño, que a la postre tuvo que huir. Entonces Canterac ordenó el fusilamiento de los prisioneros, allí falleció su hermano el Capitán Francisco de Sucre.

A fines de año Mariño volvió a Venezuela y obtuvo nuevamente el mando de sus tropas en Cumanacoa y como no pudo unirse con Bermúdez, fueron separadamente derrotados en la campaña del Guárico pero Rafael Urdaneta intervino ante esos Jefes y logró un acuerdo definitivo por el cual se aceptó la Jefatura Suprema de Simón Bolívar, quien además recibió el valioso auxilio de dos mil voluntarios entre ingleses e irlandeses que arribaron formando la Legión Británica e inició una guerra de desgaste en los llanos con la valiosa cooperación del General José Antonio Páez.

Por entonces Bolívar también convocó al Congreso de Angostura y reiniciadas las discordias entre Mariño y Bermúdez, tuvo Sucre que intervenir para ponerlos en paz.

En 1818 le ascendieron a General por decreto del Vicepresidente Francisco Zea en ausencia de Bolívar, quien se hallaba en campaña. El Libertador desconoció el título y como Sucre aceptó su voluntad, éste se lo volvió a conceder.

Ese año Bolívar cruzó la cordillera de los Andes por el paso montañoso del Pisba a casi cuatro mil metros de altura, sorprendió a los realistas de Nueva Granada con este golpe de audacia y tras los sangrientos combates del Corral de Gámeza y el pantano de Vargas se dirigió a la población de Tunja y selló definitivamente la libertad de esos territorios en la gloriosa batalla de Boyacá, el 7 de Agosto de 1819.

En Diciembre se produjo el encuentro de Bolívar y Sucre en el río Orinoco pues no se conocían personalmente y desde ese momento se inició entre ambos una entrañable y perdurable amistad. fue creada la República de Colombia con Venezuela y Nueva Granada. Sucre fue comisionado para adquirir armas en las islas de Santo

Thomas hasta por la cantidad de ochenta mil pesos. Esa fue su primera misión directamente a las órdenes de Bolívar, quien se había fijado en sus cualidades y le comenzaba a preferir. De allí en adelante se fue convirtiendo en su brazo derecho, fue condecorado con la Orden de los Libertadores y ascendido a General de Brigada.

A principios de 1820 Bolívar le incorporó provisionalmente a su Estado Mayor General y figuró en la ocupación de Mérida y Trujillo, siendo designado Ministro interino de Guerra.

En Marzo se produjo en España la revolución liberal del General Riego, secundada por las tropas del General Quiroga y tuvo el Rey Femando VII que jurar la Constitución de 1812. Morillo la acató en Venezuela y fatigado de una lucha sin cuartel, que no conducía a ningún resultado, decidió regresar a la Corte, pero antes quiso conocer a Bolívar y pactar una paz duradera.

El Libertador designó sus Plenipotenciarios. Sucre presidio la delegación como Jefe de Estado Mayor recién nombrado, también estuvo conformada por los Generales José Gabriel Pérez y Briceño Méndez. Las conversaciones se iniciaron en Trujillo y dieron por resultado el día 26 de Noviembre de ese año 20 el fin de la guerra a muerte y la suspensión de las hostilidades por seis meses. Sucre se mostró como un hábil diplomático y al día siguiente se celebró la célebre entrevista de Bolívar y Morillo. Años más tarde Bolívar comentó: Ese tratado es digno del alma de Sucre, la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron, él (tratado) será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicado a la guerra.

Después el Libertador se trasladó a Barinas y a Bogotá en compañía de Sucre y los demás miembros de su Estado Mayor. En dicha capital le designó el 11 de Enero de 1821 Jefe del Ejército del Sur y encomendó seguir a Guayaquil en misión de socorro, para auxiliar a los patriotas insurgentes de ese puerto que habían declarado la independencia el 9 de Octubre de 1820 e iniciadola campaña libertadora de Quito.

En Junio de 1821 arribó Sucre al puerto del Morro, con escasas fuerzas, de Comandante General de la División del Sur y siguió a Guayaquil a entrevistarse con José Joaquín de Olmedo, Presidente de la Junta de Gobierno, luego pasó a adiestrar a las tropas en Samborondón y en ésas se encontraba cuando ocurrió la sublevación del Jefe realista Ramón Ollague, que fue debelada enseguida; sin embargo, dos columnas enemigas se acercaban a la ciudad y el 19 de Agosto de 1 821 tuvo que enfrentar con éxito al General Francisco González en el sitio de Cone, salvándose Guayaquil de la ocupación y el saqueo, así como de un posible y devastador incendio. En esta acción capturo seiscientos prisioneros, setecientos fusiles y otros pertrechos, quedando doscientos muertos en el campo de batalla.

En Septiembre de ese año 21 subió por primera ocasión a la sierra en persecución de General Melchor de Aymerich, pero fue derrotado por efectivos superiores en los arenales de Huachi cerca de Ambato, por cuanto los cascos de los caballos se atascaron en la arena y el General Mires defeccionó a última hora. El enfrentamiento se dio con las fuerzas del Coronel Carlos Tolrá quien avanzó hasta Sabaneta, hoy Montalvo, con el ánimo de seguir hasta Guayaquil pero habiéndose adelantado las lluvias invernales en Noviembre los caminos se volvieron intransitables dificultando el paso de los ejércitos, situación que aprovechó Sucre para pactar un armisticio de seis meses de duración, tiempo que le fue muy útil y volvió a preparar sus cuadros de guerra mientras enamoraba a Pepita Gaínza y Rocafuerte y concebía una hija natural en la hermosa Tomasa Bravo, mujer del pueblo llano de Yaguachi.

Esta niña llamó Simona en honor al Libertador pero falleció antes de cumplir los cuatro años en casa de Angelita Elizalde Lamar, su amiga, quien la cuidaba.

También en esos días le eligieron Senador por el estado de Orinoco al Congreso de Cúcuta, pero no pudo asistir a las sesiones por encontrarse tan lejos. Bolívar le notificó que iría a ayudarle y al no querer hacerlo por mar, viajó por tierra, demorándose en Pasto, más de la cuenta, porque las tropas realistas del General García, fortificadas en el paso del río Juananbú, se lo impidieron en la célebre batalla de Bomboná.

Mientras tanto Sucre había reforzado sus tropas con una División al mando del Coronel Andrés Santa Cruz llegada desde el Perú por órden del Libertador San Martín y los realistas aumentaron sus fuerzas con el batallón Tiradores de Cádiz, que vino con el nuevo Presidente de la Audiencia Mourgeón, vía Panamá, Manta y Quito.

Sucre había estudiado una nueva ruta que pasaba por Cuenca y Riobamba y el 23 de Febrero de 1822 inició la segunda marcha a la serranía ecuatoriana. Primero ocupó Cuenca y con novecientos hombres de la División Auxiliar de los Generales Andrés Santa Cruz y Juan Lavalle, éste último oriundo de las provincias unidas del Río de la Plata (Argentina) y en Abril inició su marcha hacia Quito.

Primero pasaron por Alausí y Tigsán pero los realistas rehuyeron entrar en batalla porque esperaban refuerzos de Pasto. El 21 de Abril ocurrió el combate de Riobamba en las cercanas llanuras de Tapi donde solamente chocaron las vanguardias de ambos ejércitos, formadas por los escuadrones de caballería y fue favorable a los patriotas insurgentes. Este encuentro sirvió para desmoralizar a los españoles pues el argentino Juan Lavalle al divisarles ordenó la retirada y cuando los primeros se creían dueños del terreno, dispuso una rápida maniobra y los enfrentó a galope tendido y cargó a grito de degüello.

Tras esta victoria, el ejército insurgente continuó su marcha hacia la capital. El día 2 de Mayo arribaron a Latacunga donde esperaron por refuerzos, eludiendo a los realistas que se encontraban en Machachi cerca de la quebrada de Jalupana y el cerro la Viudita, enseguida pasaron por los glaciares del Cotopaxi y del Sincholagua para finalmente arribar al valle de los Chillos y por Turubamba situarse el 23 de Mayo en Chillogallo en las cercanías de Quito, en un intento de provocar al ejército realista que ocupaba la pequeña altura conocida como el Panecillo y la parte sur de Quito donde se habían atrincherado.

Para evitarles bordeó Sucre y su ejército las laderas del Pichincha con el fin de llegar al ejido de Iñaquito y cortar cualquier comunicación de Aymerich con sus refuerzos que pudieran llegarle de Pasto.

Esta atrevida maniobra envolvente permitió a los patriotas situarse justamente en uno de los flancos del adversario y escalar sin ser vistos en la madrugada del día 24 por el sitio Chilibulo y el cerro Ungui, en las faldas del volcán Pichincha, desplazarndo la masa de la infantería en un área donde se evitaba la acción de la caballería realista. I aunque la maniobra fue llena de dificultades para la caballería que trasladó el pesado parque de municiones, se completó con éxito.

Esto podía significar tres cosas: 1) Sitiar a Quito, 2) Ir a reunirse con Bolívar en Pasto y regresar a Quito y obtener un triunfo seguro, 3) Enfrentar a los realistas en una batalla abierta que terminaría en una masacre para ambos bandos.

Al amanecer, las fuerzas de Sucre estaban en posición ventajosa y aunque la batalla fue cruenta como se había pensado de antemano, luego de tres horas, a las doce del día, la victoria habían coronado el triunfo y a las tres de la tarde los patriotas iniciaron la entrada a la capital por el barrio de la Chilena. Mientras tanto la caballería realista al no poder entrar en batalla, viendo la derrota de su infantería, huyó a reforzar las tropas en Pasto.

La victoria empero, solo se consiguió a través de la unión de diferentes fuerzas venidas de varias partes de Sudamérica. Andrés Santa Cruz luchó con los rioplatenses, José María Córdova con el batallón Alto Magdalena por Nueva Granada hoy Colombia, José Mires con los guayaquileños.

El bogotano Antonio Morales redactó el Acta de Capitulación con los españoles, ratificada el día 25 por los jefes Sucre y Aymerich. Por ella se entregó a los patriotas el fuerte del Panecillo, banderas, armas y municiones, Los soldados, jefes y oficiales realistas podían permanecer en América, previo juramento de no hacer armas contra las repúblicas de Colombia y Perú, los que desearen salir lo harían con sus familias, sin ser molestados y con gastos pagados, en dirección a La Habana.

Días después le fue presentada la joven Mariana Carcelén y Larrea, hija de los Marqueses de Solanda y Villarica, que solo contaba diecisiete años de edad, mientras el héroe tenía veintisiete, ganándole con diez.

Bolívar arribó el 16 de Junio después de pactar una Capitulación en Pasto y le nombró Intendente del Departamento de Quito pues rápidamente siguió a Guayaquil, a fin de anexar dicha ciudad y su provincia a Colombia y apenas llegado tomó el mando militar de Guayaquil cesando en sus funciones al Dr. José Joaquín de Olmedo quien presidía el triunvirato que gobernaba nuestra Provincia.

El 26 de Julio se produjo la entrevista de los dos Libertadores Bolívar y San Martín en el puerto de Guayaquil y tres días después el Colegio Electoral del Guayas decretaba la incorporación oficial de nuestra Provincia a Colombia, mientras Sucre gobernaba en Quito y los pastusos se volvían a insurreccionar, por lo que Sucre tomó a cargo la pacificación de Pasto, que consiguió tras largo esfuerzo y múltiples sacrificios.

Nuevamente en Quito, formalizó en Marzo de 1823 su compromiso matrimonial con Mariana Carcelén y se ausentó al Perú para iniciar la campaña de liberación de ese país, pues la Junta de Gobierno que presidía el Gran Mariscal José de La Mar y Cortázar en Lima había cesado en funciones como consecuencia de las derrotas sufridas a manos de los ejércitos realistas de Canterac y Valdés y en dicha capital se vivía un ambiente de discordias promovido por José de la Riva Agüero y otros políticos peruanos que se disputaban el poder; sin embargo de ella pudo Sucre firmar con el General Mariano Portocarrero, un Pacto de Auxilio militar de Colombia al Perú.

En tan conflictiva situación llegó a Lima y comenzó por apoyar a Riva Agüero frente al Congreso que lo quería destituir y solo merced a sus esfuerzos logró afianzar a dicha autoridad; mas, como la situación apremiaba pues las fuerzas realistas avanzaban hacia la capital peruana, salió en campaña hacia la región costera de Intermedios y desembarcó por el puerto de Chala, para finalmente ocupar Arequipa, donde se enteró que los Generales patriotas Santa Cruz y Gamarra, había fracasado ruidosamente frente a Canterac, sin siquiera disparar un tiro, por el desbande vergonzoso de sus tropas.

Para entonces Riva Agüero trataba de llegar a un acuerdo con los realistas y desocupaba Lima, viajando hacia el norte donde establecíó su gobierno en Trujillo, y también solicitó el auxilio a San Martín, que se lo negó en histórica comunicación, pues el argentino no era hombre para intervenir en guerras civiles que ensombrecieran su gloria.

Felizmente Bolívar llegó el 9 de Enero de 1823 a tiempo para imponer el orden. En el Callao fue recibido por el nuevo Jefe de Gobierno Marqués de Torre Tagle y por numerosos miembros del Congreso, que en prueba de confianza le otorgaron las facultades extraordinarias. En Octubre se le unió Sucre y en Noviembre salieron en campaña hacia el norte. Sucre tomó por la cordillera hacia Huaraz y Huánuco. Bolívar pasó a Trujillo, donde aún permanecía Riva Agüero, que fue apresado por el Coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente y enviado a Guayaquil para evitar su fusilamiento, mientras en Lima el presidente Torre Tagle había entrado en tratos con los realistas a través del Vizconde de San Donás, pero el 5 de Febrero de 1824 se insurreccionaba la División de Auxiliares argentinos de guarnición en el Callao, tomaban el fuerte y saqueaban la plaza y como la revuelta se fue agravando, el Libertador pidió al Congreso que autorice su carácter de dictador, tras lo cual lanzó una Proclama y designó al General Mariano Necochea, Gobernador de Lima, para que obligue al débil e indeciso Torre Tagle a entregar el poder.

La descomposición social había alcanzado tal grado de peligrosidad que el Libertador decidió tomar las medidas más fuertes para imponer el orden y lo consiguió a base de rigidez, disciplina y terror; pero ocurrió que en el campo realista las cosas no iban mejores, porque habiéndose proclamado en España el Rey Femando VII, monarca absoluto, en el Alto Perú el atrabiliario General Pedro Antonio Olañeta desconoció el gobierno de Virrey José de la Serna, así como la autoridad de los altos jefes que le secundaban, achacándoles el feo delito de ser constitucionalistas y divididas las fuerzas realistas por tan ridícula rencilla, se debilitaron considerablemente.

A principios de 1824 y desde Lima, Bolívar y Sucre habían salido por diferentes rutas. Sucre siguió por el cerro de Pasco a Jauja, luego pasó al sur ya unido con Bolívar y avistaron a Canterac, que bordeaba con sus tropas la laguna de Chinchaycocha. Entonces el Libertador decidió cortarle el paso por la otra orilla, esperando cercarlo con las fuerzas que comandaba Necochea y que se hallaban retrasadas, pero el jefe realista se dio cuenta y salió en precipitada fuga, siendo perseguido por la caballería patriota que le dio alcance y así fue como se produjo el feroz enfrentamiento a lanza y espada, pues no se llegaron a disparar los mosquetes, en la llanura helada de Junín.

Después de su derrota Canterac prosiguió hacia al Cusco y Bolívar pasó cinco días más tarde a Huancayo, donde lanzó una histórica Proclama, alabando la conducta de Olañeta, que pintó como si fuera un gran patriota, cuando en realidad era lo contrario, pero necesitaba que así lo pensara el pueblo.

I dejando a Sucre en las altas sierras, retornó el Libertador a Lima donde se requería su presencia. Dicha Capital fue ocupada sin combate; pues los españoles, al conocer el resultado de las armas en Junín, no tuvieron otra alternativa que refugiarse en el castillo del Callao, último baluarte que les quedaba en las costas del Perú de ese otrora gran imperio. Sucre, por su parte, comenzó a movilizarse sabiendo que los realistas, unificadas sus fuerzas en el Cusco, habían salido a buscarle.

El 30 de Noviembre de 1824, al pasar el río Pampas, el General Valdés quiso sorprender y atrapar a las fuerzas patriotas, pero Sucre comprendió la intención y ordenó al final de la tarde atravesar dicho río con presteza, protegido por las sombras, y así fue como pudo burlar esa maniobra.

De allí en adelante ambos ejércitos continuaron avanzando paralelamente hacia el norte, separados a escasos diez kilómetros el uno del otro, de suerte que por las noches se podían ver los fuegos de ambos campamentos. Los días 2 y el 3 de Diciembre trató Sucre de presentarles batalla, sin éxito, pero al atravesar la quebrada de Callpahuaico, una columna realista que había avanzado por detrás de unas colinas, cayó ocultamente sobre tres batallones patriotas. El momento se presentó peligrosísimo.

Sin perder la calma Sucre dispuso un repliegue ordenado, el fortalecimiento de los flancos con batallones de refuerzos y la batalla no se pudo producir porque los realistas no encontraron sitio por donde atacar. De allí en adelante siguieron vigilándose ambos ejércitos que no llegaron a perderse de vista, hasta que en la mañana del glorioso día 8 de Diciembre las fuerzas de Valdés bajaron imprudentemente y en forma atropellada una colina, para lanzarse contra los patriotas que estaban esperándoles en los bajos y al no tener el espacio suficiente para maniobrar al descubierto, no pudieron emplear su mayoría numérica, fueron contenidos y tras cuatro horas de cruenta batalla, pidieron la paz. Sucre, como siempre, se mostró generoso con los vencidos y les dio toda clase de garantías para regresar a España o permanecer en el Perú.

Cuando el Libertador fue avisado de tan grande triunfo, dicen las crónicas que saltó de alegría y hasta se puso a bailar y no era para menos, pues las guerras por la independencia de América del Sur tocaban a su fin tras catorce años de feroz carnicería. Después comentaría “La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana y la obra del General Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado” y en un esbozo biográfico escribió “Metódico, organizador, disciplinado, mediador, consejero, guía, azote del desórden y sin embargo el amigo de todos. El Congreso peruano le designó Gran Mariscal de Ayacucho, título con el que ha pasado a la historia Sudamericana.

En Febrero de 1825 Sucre fue empujando a Olañeta, el último General rebelde, hacia el Alto Perú y al llegar a la provincia de Chinchas, prácticamente lo colocó en posición desesperada. En Abril, un subordinado de Olañeta de apellido Medinaceli, desconoció su mando y en el combate que libraron ambas facciones, una bala hirió de gravedad al infeliz General que expiró al día siguiente, acogiéndose los sobrevivientes a la generosidad de los patriotas.

Entonces, ya sin oponentes, entró en Potosí y en La Paz y mantuvo amoríos con la bella y noble Rosalía Cortés y Silva, sobrina de los marqueses de Maroto y dueña de una Casona colonial en la calle de San Juan, en el barrio de San Agustín. Poco después nació su hijo José, que no reconoció pero acostumbraba recibir en Palacio. Al crecer este niño, ya muerto el Mariscal, su madre hizo una información de testigos para que pudiera llevar el apellido Sucre y tras la sentencia judicial, casó este vástago y dejó numerosa descendencia a través de once hijos.

Sucre estableció finalmente su capital en Chuquisaca, donde conferenció con el General argentino Arenales. Luego convocó una Asamblea Nacional de las cinco provincias del Alto Perú. En Junio fue designado Encargado del mando supremo y partió al encuentro de Bolívar, a quien halló en Zepita a orillas del lago Titicaca.

El 6 de Octubre de 1825 comenzó su gobierno haciendo una obra civilizadora, fundando colegios, escuelas, hogares de huérfanos y hospitales. Al mismo tiempo reorganizó la hacienda pública centralizando los impuestos indirectos. Fundó “El Cóndor”, periódico oficial de su gobierno y dio amplísima libertad de imprenta y de cultos. Concedió una amnistía general y hasta permitió la exclaustración de los frailes y monjas, que así lo quisieren.

En Mayo de 1826 entregó el poder al Congreso pero le pidieron que continúe en el mando como Presidente Vitalicio. El 27 mantuvo un prolongado romance con María Manuela Rojas, vecina de Chuquisaca, con quien tuvo un hijo llamado Pedro César Sucre, que también llegaría a su mayoría de edad, casó y tuvo descendientes que han perpetuado el apellido en la región de Tarija. A mediados de año el gobierno colombiano empezó requerirle el regreso de las tropas a Bogotá, el Mariscal Gamarra presionaba en la frontera peruana con el ánimo de invadir Bolivia y la situación empezó a tornarse trágica por el peligro de una guerra civil, pues se habían desatado las pasiones contra los colombianos y surgía un fuerte partido nacionalista.

El 18 de Abril de 1827 un grupo de personas intentó victimarle en el interior de uno de los cuarteles de Chuquisaca, disparándole varias veces al cuerpo. Una de las balas le rompió el hueso del antebrazo derecho y dos más le atravesaron el sombrero causándole una herida superficial en el cuero cabelludo que le produjo fuerte hemorragia. Recogido en Palacio y en reposo absoluto, los revolucionarios se adueñaron de la ciudad. Sucre era popular pero los soldados colombianos se habían hecho odioso y eran tildados de “malditos mulatos”.

En tan tristes circunstancias hubo quien opinó que debían asesinarlo pero las damas y algunos miembros del clero hicieron guardia en el dormitorio y no permitieron que se le falte al respecto ni a la vida. El Dr. Casimiro Olañeta hacía de tribuno de la plebe y actuaba como agente del Mariscal Gamarra en connivencia con el Mariscal Andrés de Santa Cruz, quienes parecen que fueron quienes planificaron el golpe; sin embargo, el día 21 se presentó en Chuquisaca el General Francisco López con las fuerzas colombianas y no sin trabajo pudo liberarle.

Sucre estaba mejor, pero había comprendido que contra el sentimiento nacional de los pueblos nada se puede, decidió entregar el mando supremo al Ministro de Guerra José María Pérez y se trasladó a la hacienda de Nuccho a fin de preparar su Mensaje al Congreso; mientras Gamarra ponía sitio a Chuquisaca, donde finalmente suscribió con Pérez el Tratado de Piquiza, que concertó el retiro definitivo de las fuerzas colombianas y aceptaba la renuncia presentada por Sucre. El 1 de Agosto se reunió el Congreso boliviano y Sucre salió al día siguiente con destino a Quito, pues ya se encontraba casado por poderes con Mariana de Carcelén y Larrea, que le esperaba en esa capital, donde hizo su arribo el día 30 de Septiembre y vivió una temporada de cuatro meses de paz, a pesar que en Pasto habían desatado una insurrección los Generales José María Obando e Hilario López.

Sin embargo, el peligro mayor se presentó el 3 de Julio de 1828 cuando el Libertador lanzó una violenta Proclama contra el Perú y al poco tiempo declaró la Guerra como consecuencia de una serie de hechos tendenciosos que destruyeron las buenas relaciones entre ambos países. Estos fueron: La ayuda peruana en el derrocamiento del gobierno pro bolivarista en Bolivia, el desconocimiento de la deuda peruana de la Independencia y la ocupación peruana de las provincias de Jaén y Mainas en el oriente.

El Libertador entregó el mando a Sucre, quien viajó a Cuenca con el fin de tomar el mando y enfrentar a los Mariscales Lamar y Gamarra que habían entrado a la provincia de Loja el 28 de Noviembre de 1828. El 10 de Febrero de 1829 los peruanos ocuparon Guayaquil y comenzaron su avance, por la costa hacia el norte al punto que llegaron a ocupar poblaciones de importancia como Daule y Baba avanzando hasta las cercanías de las selvas de Santo Domingo, de suerte que dominaban toda la cuenca hidrográfica del río Guayas.

Sucre arribó al cuartel general colombiano el día 12 de Enero de 1829 y de inmediato planificó la campaña escogiendo el sitio más ventajoso para la batalla que se daría contra La Mar y los peruanos. Las operaciones militares se abrieron en el austro con un pequeño encuentro en Saraguro donde la vanguardia colombiana derrotó a un destacamento peruano y luego, a los quince días, la noche del 26 de Febrero, las armas colombianas salieron a buscar a las peruanas en el sitio conocido con el nombre de puerta pequeña o portete de Tarqui, cercano a la población de Girón, escogido por ser el más propicio para una acción militar.

Aún estaba oscuro cuando en la madrugada del día 27 las fuerzas colombianas tomaron por un estrecho desfiladero. Iba el escuadrón Cedeño a la cabeza protegido por el Rifles y cuando comenzó a clarear cargaron por el centro con la compañía Cazadores del Yaguachi por la izquierda y el Caracas por la derecha, haciendo flaquear a la división del General Plaza que constituía la avanzada peruana y ocupaba las mejores partes del lugar y por allí avanzaron los colombianos disparando a mansalva a los peruanos.

Entonces La Mar atacó por el frente y Gamarra por la colina cercana comprometiendo la batalla entre mil quinientos colombianos y cinco mil peruanos que no tenían libertad de movimiento por lo abrupto del terreno, y cuando empezaron a arribar las divisiones colombianas que dieron la carga final, las tropas de Gamarra abandonaban ignominiosamente el campo de batalla, también las fuerzas de Lamar lo hicieron, y comenzó la persecución y a las siete de la mañana todo el centro peruano emprendió vergonzosa fuga. Otros focos de resistencia también fueron derrotados y la huida se generalizó. El ejército peruano perdió mil quinientos soldados, de parte de Colombia solo murieron cincuenta y cuatro.

Fruto de la victoria obtenida en la mañana del 27 de Febrero de 1829 fue el Tratado de Girón que estipuló entre otros puntos la inmediata desocupación del Puerto de Guayaquil de manos de los peruanos tomado tras bloquear el golfo. Entonces Sucre dejó a Flores y a OLeary en Cuenca y volvió a Quito, donde encontró al Libertador, quien acababa de someter a los pastusos y pasaba a la costa a fin de conseguir la devolución de Guayaquil, en una campaña que la historia conoce con el nombre de Buijo por el sitio donde mantuvo Bolívar su campamento varios meses y que por tratarse de una guerra civil entre americanos no incluyó el historiador Vicente Lecuna, en sus tres tomos de “Historia de las Guerras razonadas de Bolívar”.

El 11 de Julio de 1829 nació en Quito Teresita Sucre y Carcelén, así llamada en honor a su abuela materna y por la esposa de Bolívar. El Mariscal se mostró orgullosamente feliz. Después Sucre pasó muy enfermo con disentería y su esposa la Marquesa con unas apostemas a los senos y tuvo el medico que rajárselos.

En Noviembre fue elegido Diputado al Congreso de Colombia, llamado Admirable por la calidad de los miembros que lo compusieron, hizo testamento y emprendió viaje. Instalado tan alto organismo el 12 de Abril de 1830 en Bogotá, fue electo su Presidente, comenzó la discusión del proyecto de nueva Constitución y cuando el general José Antonio Páez, en Venezuela, desconoció la autoridad del Congreso, Sucre pasó a Cúcuta con el Obispo José María Estévez de Toral, en plan de acercamiento; pero ni siquiera les dejaron entrar a territorio venezolano y los mantuvieron casi un mes entre el Rosario y Cúcuta, medida política que ocasionó la justa cólera de Sucre, pues no podía ingresar a su Patria.

Nuevamente en Bogotá, arribó un día después de la designación para Presidente y Vicepresidente de Colombia a favor de Mosquera y Caicedo respectivamente, pero el 5 de Mayo alcanzó a despedirse del Libertador que viajaba a Europa después de entregar el mando. Sucre se encontraba cansado de tanta ingratitud, quería regresar al lado de los suyos y por eso inició su viaje de vuelta a Quito, para ver si podía arribar el día de su onomástico, día de San Antonio, 13 de Junio; mas, los acontecimientos políticos se adelantaron y el 13 de Mayo, una Junta de Notables proclamó la separación del Distrito Sur de la Gran Colombia y designó al General Juan José Flores Jefe Supremo del nuevo Estado, hasta tanto se reuniere la Asamblea Constituyente.

Así pues, la presencia de Sucre en Quito constituiría el más serio obstáculo para los planes de Flores, cuyas pretensiones eran eternizarse en el mando. Más que un obstáculo, Sucre era un peligro, dada su altísima posición, mayor en todo a la de Flores, quien tres meses atrás había iniciado una correspondencia con su amigo el general José María Obando – existen numerosas cartas y variados testimonios al respecto – y éste último, al saber del viaje de Sucre, creyó llegado el momento de cerrarle el paso a como diera lugar y ordenó a un militar de baja graduación llamado Apolinar Morillo, que planifique el crimen en las cerradas montañas de Berruecos, paso obligado, en mitad del trayecto.

Sin embargo es justo anotar que no solamente Obando y Flores estaban interesados en la desaparición de Sucre, otras fuerzas ocultas obraban desde Bogotá, donde el periódico “El Demócrata”, órgano del grupo liberal y masónico llamado anti bolivariano, anunció el crimen antes de que se cometiera, considerándole a Sucre como el heredero de la dictadura de Bolívar, su sucesor en influencia y en capacidad, en prestigio y en ascendiente y como era joven y fuerte y no desgastado y casi moribundo como el Libertador, le temían más que a éste y juzgaban necesario su pronto final, de manera que todas las fuerzas políticas de esos momentos estaban en su contra.

Así las cosas, el fatídico día viernes 4 de Junio de 1830, Morillo y otro desalmado de los contornos, de nombre José Erazo, que actuaba de Jefe de una cuadrilla de maleantes, contando con la complicidad del Coronel Juan Gregorio Sarria, todos ellos hombres de confianza de Obando, se situaron en un recodo entre los sitios el Salto de Mayo y la Venta, donde el camino es ascendente y en zigzag. Sucre los había visto en la Venta y no confiaba en ellos, pero tampoco pensaba que lo iban a liquidar; empero, tomó sus precauciones y ordenó a sus acompañantes que tuvieren sus pistolas cargadas para evitar cualquier sorpresa.

Iniciada la marcha esa tarde, iban adelante los arrieros con un negro de apellido Caicedo, el Sargento Colmenares y el negro Francisco, sirviente del Diputado José Andrés García de Trelles quien también volvía a su nativa Cuenca. Poco después seguían dicho Diputado y Sucre y algo retrasado el Sargento Caicedo. De pronto una voz gritó “General Sucre”, volvió éste la cara, sonaron cuatro disparos y solo alcanzó a exclamar ¡Ay, balazo¡ y cayó de la mula, con un disparo de bala en la cabeza, otro en la tetilla izquierda y dos heridas más, superficiales, provocadas por pedazos de plomo cortados a cincel.

Sus acompañantes se dispersaron enseguida y el cadáver quedó insepulto hasta el día siguiente que su Ayudante el negro Caicedo, quien iba con los arrieros, regresó con un sujeto de apellido Martínez, enterraron el cadáver y pusieron un par de palos color verde, en forma de cruz, para señalar el sitio preciso.

Cuando el suceso llegó a los oídos de Bolívar, éste se exaltó y dijo: Se ha regado la sangre inocente del Abel americano.

Posteriormente la viuda hizo llevar los restos en secreto a la hacienda “El Deán” de su propiedad y años después y también con gran secreto, fueron depositados en un lugar especial del Convento del Carmen Bajo.

En 1894 se había perdido la pista de ellos, todo era un misterio, pero la señorita Rosario Rivadeneira confió el dato del sitio preciso al Jefe Político del cantón Quito Carlos Demarquet, quien no le hizo caso. En 1900 repitió su información al médico Alejandro S. Melo, éste se lo contó a César Portilla, que comunicó la noticia al Presidente de la República Eloy Alfaro; hechas las averiguaciones se comprobó la verdad del aserto y la Facultad de Medicina de la Universidad Central los identificó minuciosamente. Entonces se erigió un elegante mausoleo de mármol al interior de la Catedral y el traslado fue solemnísimo.

Fue un gran estratega pues sucre conocía los conceptos de movilidad aprendidos en la Academia Militar de Caracas con el General José Mires y la primacía de la artillería aprendidos del General Francisco Miranda bajo cuyas órdenes sirvió, tenía amplia experiencia táctica en la guerra de guerrillas bajo las órdenes del General Santiago Mariño que se dio en los llanos venezolanos durante varios años, primero contra Boves y luego contra Morillo. Como político siempre actuó con justicia y espíritu superior y desprendido, paradigma en el estricto cumplimiento del deber como sujeto inflexible y duro pero a la vez justo, y de no haber muerto asesinado habría gobernado al Ecuador sin el cúmulo de sucesos sangrientos, luctuosos y hasta vergonzosos del llamado período histórico floreano.