SUAREZ BAQUERIZO RAUL

GENEALOGISTA.- Nació en Guayaquil el 30 de Abril de 1905, hijo legítimo de Alberto Suárez Vargas – Machuca, nacido por 1867 Jefe de la Compañía de Bomberos Ecuador No.16 y Capitán del vapor Bolívar de la flota Indaburo de su pariente Maria Indaburo Seminario, que hacía la ruta hasta Babahoyo, funcionario del comisionista Vicente González Bazo, del diario “El Tiempo” de Luciano Coral y empleado del ferrocarril del Sur. En 1913 pasó a la Cervecería, casado en 1902 con Rosa Angélica Baquerizo Ferruzola, naturales de Guayaquil.
El tercero de una familia compuesta de siete hermanos, le bautizaron en San Alejo, siendo apadrinado por Vicente González Bazo y por su tía Ana Cristina Baquerizo Ferruzola. Su familia gozaba de comodidades sin ser rica y fue matriculado en el Colegio San José de los hermanos cristianos ubicado atrás de la Catedral.
Como eran liberales estudió la secundaria en el Colegio Vicente Rocafuerte y descolló por su carácter abierto y excelentes calificaciones. Era un joven sano, fuerte y extrovertido, que gesticulaba, hablaba demasiado y tocaba piano de oído.
A imitación de su tío César Suárez Vargas Machuca, editor del semanario “El Pobrecito Hablador”, cuando solo tenía trece años de edad le dio por publicar para consumo de sus compañeritos varios semanarios de pequeño formato y así fueron saliendo en su orden “El Heraldo”, “El Imparcial” y “La Tribuna” con poemas románticos suyos y colaboraciones literarias de otros alumnos.
En 1917 Clemente Yerovi Indaburo lo llevaba por las tardes al vapor Quito para que escuche los relatos de su Capitán, persona de avanzada edad, que había conocido y tratado a numerosos personajes históricos desde la época de García Moreno. También le hizo ingresar al Centro de boy scouts Esparta y al siguiente año lo presentó en el aristocrático Club de fútbol Guayaquil Sporting Club. También eran muy aficionados a las recién salidas motocicletas, toda una novedad por entonces.
Alto, blanco, fornido y de excelente presencia, solicitado en sociedad, no le faltaban entre dos y tres invitaciones semanales a cenas y saraos, pues todos le buscaban por su agradable y amena charla, y por la simpatía radiante que siempre le distinguió hasta su muerte.
En 1919 figuró entre los fundadores del equipo de fútbol Abdón Calderón. Ya era conocido por sus versos y por su inagotable facundia, facilidad de expresión que le servía para toda clase de discursos, desde los de simple presentación de señoritas en sociedad hasta los de corte político, filosófico y patriótico. Excelente alumno, en 1920 fue sorteado para el Gran Premio de Honor que anualmente se otorgaba al mejor alumno del plantel.
Ese año comenzó sus colaboraciones esporádicas en el diario El Telégrafo y tanto le llegaron a apreciar que le fue propuesta una plaza de redactor pero no aceptó porque estaba de ayudante de contador del vapor Chimborazo de la flota Indaburo. Lamentablemente, por su avanzado estado de vetustez, la empresa tuvo que retirar dicha embarcación al poco tiempo, liquidando al personal. El 22 entró a laborar en las Aduanas. El 24 pasó de recaudador de rentas de la Colecturía Fiscal del Guayas bajo la dirección de Manuel E. Vítores. El 25 la revolución Juliana le dejó desempleado pero regresó a la Colecturía con su pariente doble Enrique Arrarte Crosby el 27. Ese año ocupó la secretaría del Departamento Municipal de Catastro cuando era su director Augusto Aguirre Hernández y fue Inspector a comisión de la Sociedad Bancaria del Chimborazo de Luis Eduardo Game Castro. Su poemario “El Rosal” vio la luz en corta tirada de ejemplares, con versos románticos de juventud.
A principios del 28 fue redactor del semanario “El Heraldo” de Modesto Rivadeneira Chiriboga, a mediados de año ingresó al Anglo Ecuadorian Oil Field, que también funcionaba como corresponsal del Banco Sudamericano, donde trabajó cuatro años entre las secciones de Correo y Cambios. El 31 empezó de vendedor de Seguros de la Compañía Sudamérica en horas libres y sin horario fijo y obtuvo durante dos años seguidos el Premio al Mejor Vendedor. Esta fue una época de gran estabilidad. En 1932 inició estudios de contabilidad en el Colegio nocturno José Andrés Matheus pero no llegó a graduarse y quedó sin profesión frente a la vida. Ese año pasó al Banco Central del Ecuador con mejor sueldo.
Otra faceta importante de su personalidad era la del genealogista pues desde la publicación en 1922 en Quito de las obras sobre los apellidos Ycaza y Borja por Cristóbal de Gangotena Jijón y con la fundación en 1930 del Centro de Investigaciones Históricas de Guayaquil, a cuya sesión inaugural asistió como invitado de Gustavo Monroy Garaycoa y de Manuel Amador Baquerizo, le agradaba estudiar las cosas del pasado. El Centro comenzó a editar casi enseguida un bien logrado Boletín y aparecieron dos genealogías escritas por Alejandro de Gangotena Carbo, todo ello fue despertando una gran curiosidad entre los guayaquileños por conocer las perdidas raíces familiares en el Incendio Grande del 5 al 6 de Octubre de 1896 que casi todo lo destruyó.
Raúl había escuchado desde siempre, en su casa, sobre sus mayores. Conocía que eran gente de valía. Su abuelo paterno Manuel María Suárez y Suárez había participado activamente en el movimiento revolucionario del 5 de Junio de 1895 que puso fin a los regímenes progresistas y conservadores pues fue en su domicilio que Luis Felipe Carbo y Amador redactó la noche anterior la versión del Acta de pronunciamiento que se aprobó al día siguiente, correspondiendo a Don Manuel María el honor de encabezar las firmas. Por la rama materna era sobrino tercero del Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, Encargado de la presidencia ese año de 1932, de manera que motivado por este ambiente de gran curiosidad que se vivía empezó a concurrir al archivo del Sagrario de Guayaquil donde encontró a otros investigadores con quienes hizo pronta amistad y hasta llegó a armar varias genealogías con el joven Pedro Robles y Chambers, siete años menor que Raúl, quien también estaba aficionándose a esa clase de trabajos.
El 32 tomó clases de declamación en el Conservatorio Nacional de Música dirigido en Guayaquil por Pedro Pablo Traversari. El 34 dio el discurso de bienvenida en Guayaquil al candidato presidencial José María Velasco Ibarra y asistió al almuerzo de gala que el Coronel Carlos Holmes brindó en su casa del boulevard y Chile. Al finalizar, Velasco Ibarra quedó encantado con la improvisación y le pronosticó triunfos en el parlamento. Entonces fue secretario y luego presidente del Club electoral “Cosmopolita” pro Velasco Ibarra y surgió su candidatura a Diputado, que sin embargo no prosperó. El 35 colaboró para La Prensa y el 36 para El Universo. El 38 intentó colaborar con tres estudios genealógicos (Elizalde, Suarez y Baquerizo) en el libro que Pedro Robles tenía casi listo, pero este declinó la oferta pues había anunciado que sería su trabajo de ingreso como miembro de Número del Centro de Investigaciones Históricas. Este pequeño desacuerdo les alejó para siempre dada la hipersensibilidad de Robles y Chambers.
El 38 consiguió el pase a la Sección Cambios del Banco Central en Quito. En 1940 apoyó decididamente la candidatura presidencial del Dr. Velasco Ibarra, pero habiendo triunfado el Dr. Arroyo del Río fue considerado enemigo político, renunció en el Banco Central y se dedicó a administrar algunos negocios de personas amigas en la capital. El 43 estaba nuevamente en Guayaquil y solicitó al Congreso la federación económica de las provincias del país, proyecto con el que se pensó remediar en parte la durísima crisis económica. La falta de apoyo político le impidió obtener la mayoría de votos necesaria para convertirlo en ley. Situado en la oposición, sufrió persecuciones y pasó malos ratos.
Al triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1944 su amigo el Dr. Camilo Ponce Enríquez fue designado Canciller. En Agosto le nombró Primer Subdirector de Comercio Exterior en la Cancillería pues Raúl había involucionado hacia la derecha a través de la genealogía y de su antiarroyismo. Por esos días se creó el Partido Demócrata Nacional. Raúl fue electo Primer Secretario, encargado de la sección Prensa y Propaganda. Segundo Secretario fue electo el Dr. Carlos Vela Suárez y Presidente el Dr. Gregorio Ormaza.
En la Cancillería permaneció con diferentes funciones ocupando la Dirección General de Informaciones hasta Agosto de 1951 que renunció. Durante este tiempo hizo amistades valiosas entre el elemento social y cultural de la capital e investigó en diversos archivos del país. Fruto de estos trabajos fue su obra “Real Audiencia de Quito, Colonizadores” tomo I, en 135 pags. aparecida ese año, pero los siguientes volúmenes nunca llegaron a salir. El libro causó la natural sensación que provoca toda publicación genealógica, pues este género es muy poco cultivado y se abre con algunas partidas antiguas, continúa con un recuento pormenorizado de dignatarios, sigue con los títulos de nobleza conferidos en la Audiencia, existe un amplio capítulo sobre la familia Suárez de Figueroa, otro sobre la familia Suárez Cabeza de Vaca en Guayaquil extinguida por varonía y termina con la descendencia del Corregidor de Ambato Joaquín Grande – Suárez de Mendieta hijo legítimo de Tadeo Suarez y de Petrona de Villacreces de quien salen los actuales Suárez y Seminario, de manera que estudió las tres ramas de Suárez en el Ecuador, las dos antiguas y la relativamente nueva, sin lograr enlazarlas en España, pues Suárez es apellido que tiene un origen común. Este libro fue dedicado a las Bodas de Oro de sus padres, que se celebraron gozosamente en Febrero del año siguiente.
Desde entonces y hasta 1961 su vida se transformó en un tráfago pues se dedicó a recorrer los caminos del país y de Sudamérica, fueron casi nueve asendereados años en que no conoció reposo y se acostumbró a llevar una vida errante por los pueblos de esta parte de América, disertando sobre sus temas de siempre: La Unidad latinoamericana, el sueño grancolombiano de Bolívar, la bandera tricolor de estas naciones, temas que con el paso de los años se le fueron transformando en verdaderas manías delirantes. Y como siempre fue en extremo simpático y hasta bonachón, persona cultísima y de maravillosa facilidad de palabra, no le faltaban los auspicios de Colegios, Municipalidades y hasta de los gobiernos amigos, por eso jamás se dijo de él que vivió mal o cayó en la fácil trampa del petardismo. El 53 estuvo de paso por Cali, el 54 vivió en Bogotá, hizo amistad con Baldomero Sanín Cano quien le calificó de ilustre viajero americano, de investigador apasionado ¿Se puede pedir más? El 55 pasó por Caracas, Panamá y San José de Costa Rica, de allí en adelante se pierde su rastro pero parece que por su forma de ser bohemia y trashumante regresaba periódicamente a los mismos países.
En 1962 hizo su regreso a Guayaquil. La prensa le abrió sus puertas y recibió con parabienes, la Municipalidad lo designó Secretario del recién conformado Patronato Histórico de Guayaquil. Ese año presentó ante el Tribunal Provincial Electoral del Guayas una lista completa de Concejales, en la que inexplicablemente no se puso él, pues así era de generoso, resultando electo el primero de esa lista: Luis Noboa Icaza, que para no concurrir al Concejo porque iba a estar presidido por el discutido líder populista Asaad Bucaram, consiguió la Jefatura Política del Cantón y de esa manera tuvo la excusa legal para no aceptar el mandato popular.
La vitalidad de Raúl y su inagotable imaginación eran enormes, por eso tenía la virtud de agitar a los espíritus más elevados con proyectos de exaltado patriotismo. Ese año 62 suscribió con el Dr. Antonio Parra Velasco un fervoroso llamado a los gobiernos grancolombianos para revitalizar los ideales del Libertador.
Viajero incansable y constante, alzaba el patriotismo de los pueblos que visitaba y llevado por su manía ambulatoria se estableció en Manabí donde tuvo una gran acogida y hasta se produjo un movimiento político para auspiciar su posible candidatura a la Presidencia de la República en binomio con una prestante personalidad de esa provincia. I aunque su pensamiento era de avanzada, por su natural elitismo congeniaba más con los conservadores, que como se sabe, siempre han sido fuertes en Manta y Portoviejo.
En Enero del 63 escribió “Atardecer de mi alma” donde ya se nota cansado del género de vida que llevaba // Admiro la belleza de un paisaje / cuando es bañado de morados tonos / y hasta dejo mis tristes abandonos / porque siento seguir muy largo viaje. // Miro morir el más precioso día / apagando sus lánguidos colores / como mueren los lívidos amores / que hicieron tan horrible mi agonía. // Hay un encanto en recordar las cosas / del lóbrego pasado que está yerto, / todo ser en su vida lleva rosas / sobre su pobre corazón desierto… /
En Mayo editó “Solares del Ecuador” en 29 pags. con la descendencia del español Juan de Aguilar en la cuenca del Guayas. Este trabajo mostró a profundidad la erudición del autor pero al mismo tiempo un peligroso desorden y hasta dispersión en sus conocimientos, sirviendo – eso sí – para probar, que tras un cuarto de siglo, el libro de Robles y Chambers sobre las familias guayaquileñas, requería una urgente actualización.
El 65 dio a la luz su poemario “Plenilunio” folleto sin páginas, con palabras liminares de gran generosidad puestas por Benjamín Carrión pero ya no vivía entre nosotros pues su mente divagaba en otros confines dormitando en las bancas del parque Seminario, donde se le podía encontrar para una sustanciosa conversación. Ese año escribió un verso muy significativo que dedicó a su hermano Enrique, hombre pudiente y su protector.
A mi muy querido hermano
Sr. Don Enrique Suárez Baquerizo
Pasan los payasos de calzones bombachos,
fieles prototipos de los muñecos necios;
y frágiles se doblan como los borrachos
trepándose en las cuerdas, arcos y trapecios.
Y niños en veloz carrera de patines,
galantes parejas cogidas de la mano;
miro tanta gente, sin oriente ni fines,
simulando su vida el sueño más vano…
Mi mente recorre los años infantiles,
siento esa nostalgia de la ilusión pasada;
nacen nuevamente mis preciosos abriles
los sencillos juegos en la calle olvidada…
El rápido correr con nueva bicicleta
rodando locamente y nada respetaba,
cruzando presurosa una calle repleta,
lanzando tanto polvo a todo el que pasaba.
El moreno y el rubio en la calle de cita,
no teniendo de clases jamás ni un distingo,
y esperando que llegue aquella hora bendita
en que baje de un barco algún pródigo gringo!
Tal ensueño infantil así yo imaginaba;
y sabiendo infeliz que jamás volvería,
recordaba a la novia que tanto adoraba,
la de ojos preciosos que alumbraban el día!
Contemplando el pasado cuan mustio me quedo
como quedan las flores que presto se han muerto
cierta vaga tristeza me causa un enredo
cual si mi alma cruzara un abismo desierto!
!Oh mi infancia perdida en la noche de duelo!
la rosada ilusión de la rubia adorada
que tan pronto ha partido y dejó un desconsuelo
quemando el castillo de mi linda morada
Resplandece el recuerdo en mis horas tan graves,
el que quiso que en mí toda historia se marque;
Yo me quedo escuchando el trinar de las aves,
así paso soñando en la paz de algún parque…
Melancólico sigo, adormido, pensando,
en el triste misterio de todo lo yerto:
y creyéndome un niño, yo estoy comenzando
a vivir nuevamente lo bello que ha muerto!
Para distraerlo el 66 fue enviado por sus hermanos a Madrid, donde residió ayudado económicamente por Enrique, que le quería bien. Esta última etapa de su vida duró treinta y cinco años y fue la de su ancianidad descansada en medio de amigos cultos y de antiguos papeles, libros de familia y paseos exóticos.
En España trabajó en lo que siempre le había atraído, la genealogía y los documentos de los Archivos. Estuvo en los de Indias en Sevilla, visitó el de Simancas, el Histórico Nacional de Madrid y en el Instituto Salazar y Castro de Investigaciones Científicas hizo excelentes relaciones sociales y culturales, se movió por todos los cenáculos y pronto fue figura de la vida cultural madrileña. No era raro verle discurseando en cualquier esquina con algún amigo en alta voz y con modulaciones y como poseía una potente voz de tenor y también cantaba y recitaba, era un showman.
Recomenzó sus estudios sobre los Suárez de Figueroa de España, tratando de localizar el entronque con la línea ecuatoriana, para lo cual contó con el auxilio y gentil mecenazgo de la anciana y benemérita Duquesa de Andría, Teresa de Bustos y Suárez de Figueroa, que le apoyó. Entre sus amigos figuraron el Príncipe Alfonso de Borbón Dampierre, la Princesa Isabel de Borbón y Borbón, no faltándole tampoco la intelectualidad de la última época del franquismo que le tocó vivir hasta 1975.
El 26 de Febrero de 1970 ingresó a la Asociación de Escritores y Artistas españoles de Madrid siendo presentado por el Marques de Lozoya, Presidente de esa institución.
Desde el 70 al 85 lanzó incansablemente su candidatura al Premio Nobel de la Paz, previa reunión de firmas amigas y cosa rara, jamás le faltó el apoyo sincero de una multitud de personalidades. El 85 publicó un pequeño poemario titulado “Rocío” en 28 págs.
De allí en adelante y por efecto del cambio democrático experimentado con el ascenso de la monarquía disminuyó su actividad genealógica, pero seguía concurriendo a los cafés y a los salones de conferencias y su oratoria era requerida en numerosas ocasiones para brindis y convites entre amigos.
En 1993 editó en Madrid una antología suya bajo el título de “Gema” con poema del Ecuador y España en 31 págs. De ella tomamos “Extraño privilegio” donde describe sus postreros días, revelando una fina sensibilidad.
Extraño Privilegio
Yo tengo un extraño privilegio
vivo envuelto en la ternura suave,
la que lleva cuando vuela una ave,
para mí es dorado sortilegio!
Sé que mi alma tanto necesita,
el lírico verso que ha nacido,
del humilde rezar de Santa Rita
para el corazón empobrecido!
Descubro en mi vida tan doliente,
como va pasando la amargura;
llorando me quedo de repente
cual nadie en el mundo se figura!
No quiero vivir así impasible,
quejándome vivo a cada hora
queriendo vencer a la imposible:
!La mujer que se ama y que ni llora!
¿Se referiría poéticamente a la muerte?
I así, sin mayores aspavientos, fue declinando su alta figura, corpulenta y vital, no por disminución de sus fuerzas sino por el paso indefectible de los años, hasta que falleció tranquilamente y sin enfermedad aparente, posiblemente a causa de un súbito aplanamiento al corazón, en la pensión de la familia García, situada en el centro de Madrid, donde había residido más de diez años, en horas de la madrugada del 26 de Mayo de 1999, a la avanzada edad de noventa y cuatro años. Amaneció muerto (1) Con él moría un estilo de vida trashumante, bohemia y agitanada, y de haber nacido medio siglo después hubiera pasado por hippie aunque con ideas de derecha.
En los años postreros solía gastar su tiempo en diarias salidas al Correo Central donde todos le conocían pues no era raro que recibiera semanalmente una o más cartas de personas amigas, parientes, investigadores.
Trabajó mucho y bien, pero su última producción parece que se ha extraviado, bien es verdad que ya no tenía nada de ecuatoriana. Vivió de ideales y de grandezas chocando frente a la realidad como el Quijote y como él tuvo la lucidez final que brindan los años y el entendimiento pues murió enteramente cuerdo, habiendo vivido siempre al apuro y alejado de la realidad circundante.
Quienes le tratamos guardamos con cariño y emoción su memoria pues fue un personaje originalísimo, poeta, orador, investigador y escritor de excepcionales cualidades.
En “Lo que yo amo” Madrid 1984 dijo: // Amo lo excelso, lo gentil, lo que es santo / el amor sublime que tanto nos quema / ese es mi escudo, mi mejor emblema.. / ¡Parece que vivo rodeado de encanto¡ // Y paso mi vida rezando yo tanto / y cual si tuviera una gracia suprema / Por lo pobre rezo, también por la crema, / elevando al cielo mi inspirado canto. // Y en mi triste noche cuando mucho llueve, / y mi alma ferviente de amor se conmueve / miro la sublime majestad del cielo: / ¡Si estoy perseguido de un divino anhelo¡ / Yo soy como un niño, feliz, tembloroso, / que busca tranquilo su santo reposo. //