STUBEL ALPHONS

GEOLOGO Y VULCANOLOGO.- Nació el 26 de Julio de 1835 en Dresden, capital del reino de Sajonia, en el acomodado hogar del Concejal Moritz Stubel pero al quedar huérfano creció en la familia de su tío Julius Stubel. En 1854 inició los estudios de las ciencias naturales en Leipzig y se doctoró en 1860 en Heidelberg en el área de Mineralogía Física pasando a desempeñarse como ayudante de campo del famoso minerólogo Breithaupt en Friburgo de Brisgovia.
Una grave enfermedad le llevó a descansar en viaje de reposo a Egipto, cuyo clima caliente y seco le sentó bien. De regreso, se admiró en Italia, por primera ocasión, de la contemplación de los fenómenos volcánicos, visitando el Etna y el Vesubio. Finalmente logró completar sus estudios generales en la Universidad de Berlín.
Entre 1862 y el 65 viajó casi permanentemente, conoció Escocia, las islas Orkney y Shetland, Madeira, Cabo Verde, Portugal, las islas Canarias, Marruecos, España. En Madeira levantó un mapa en relieve, considerado hasta muchos años después como el mejor y más completo de esa isla atlántica. El refinamiento de sus métodos, representación y exposición topográficas le serían de mucha utilidad en su futura expedición a Sudamérica.
Se encontraba estudiando el material coleccionado cuando en 1865 le sorprendió la erupción del volcán Santorini en una de las islas de Grecia y decidió visitarlo, encontrando en mitad del camino a su paisano Wilhelm Reiss, a quien había conocido poco tiempo atrás, también vulcanólogo joven y por ende interesado en los mismos asuntos, de manera que continuaron el viaje juntos.
En Enero de 1868 dieron comienzo a una excursión con destino final a Hawai, que es tierra de volcanes en perpetua erupción. Mas, como dichas islas quedaban al otro lado del mundo, decidieron hacer una escala de pocos meses en Sudamérica y por eso enviaron la mayor parte del equipaje a San Francisco, comenzando por Colombia y Ecuador y luego Perú y Bolivia. Realmente deseaban seguir las huellas de Humboldt a quien admiraban por sus viajes, aventuras y escritos científicos, pero al llegar a los sitios que él había visitado, encontraban que sus descripciones respondían a un patrón humanístico, filosófico y hasta romántico más que a la exactitud libre de cualquier especulación que ellos practicaban como especialistas. Quizá por eso decidieron profundizar sus estudios en Sudamérica al punto que finalmente ninguno llegó a conocer Haway pues cambiaron sus planes debido a que les atrajo enormemente estas tierras incógnitas con sus altos nevados andinos.
Sus estudios no solo se redujeron a la vulcanología sino también a la astronomía, meteorología, etnografía (las sociedades, el hombre y sus costumbres) para lo cual echaron mano de la arqueología especialmente.
El método utilizado fue de lo más simple, viajaban por diferentes rutas y caminos y cada cierto tiempo se encontraban para compaginar los resultados obtenidos y determinar nuevas tareas. Entre las más arduas estuvo el ascenso sistemático a los volcanes, el levantamiento de mapas y planos, etc. Sus ascensos revelan una tenacidad y empecinamiento que linda con la obsesión.
En el Ecuador trabajaron por la conservación de las ruinas incaicas, indicando al presidente Gabriel García Moreno que las ruinas no son de propiedad de los dueños de las haciendas sino de todo el mundo y que en general se estaban destruyendo por la incuria de las gentes y el paso del tiempo, para evitar lo cual debía el gobierno tomarlas a cargo, asumiendo su protección.
En el Perú realizaron una vasta excavación en Ancón, fruto de la cual fue el libro en tres volúmenes denominado “El cementerio de Ancón en Perú” editado en alemán. En Bolivia estudiaron las ruinas de Tiahuanaco y sacaron igualmente en alemán “Ruinas de Tiahuanaco en el altiplano del viejo Perú en un total de cinco volúmenes aparecidos en Europa.
El epistolario de ambos sabios escritos en alemán a sus parientes y amigos, informa sobre sus experiencias personales y las condiciones adversas que tuvieron que superar pues no estuvieron exentos de asumir riesgos y correr peligros. Stubel se queja de la mala costumbre de los pasajeros del barco en que viajaban, de escupir constantemente en el suelo. En varias ocasiones fueron asaltados y robados, en Pasto fue utilizada su residencia como puesto de guardia, en una habitación dormían y en la otra había depositada una buena cantidad de pólvora y municiones, temiendo en cada momento el asalto de los indios sublevados. En el Ecuador trataron a García Moreno a quien acusan por carta de ejercer un poder ilimitado y quien se atreve a contradecirle encuentra la muerte, pero tuvieron que solicitarle sus Cartas de Recomendación, tan necesarias en las expediciones para conseguir la ayuda de los propietarios de haciendas en los sitios por los cuales pasarían (alojamiento y porteadores)
En el Perú un grupo de pierolistas revolucionarios los tomaron detenidos aunque afortunadamente lograron evadirse. En varias ocasiones se salvaron de morir en la nieve o a consecuencia del hambre, en otras tuvieron que cruzar inmensos abismos, cuya sola vista infundía terror. Después de ocho años por Sudamérica Reiss regresó a Alemania en 1877 y Stubel el 78. Ambos pensaban formar un Museo de culturas comparadas, contaban con los grandes óleos del pintor ibarreño Rafael Troya y los miles de fotografías recogidas a través de los años.
La inmensa cantidad de materiales recogidos y enviados por barco durante diez años a Alemania, sumada al gran número de cartas, observaciones y notas de viaje, constituyó un acervo único en el mundo civilizado de entonces. A ello se agregaba la ingente cantidad de observaciones apenas esbozadas y la reelaboración que comprendía aspectos muy diversos y de varias disciplinas científicas exigió la colaboración de un grupo de colegas como lo informó su biógrafo y amigo Hans Mayer en su obra publicada en 1905.
En 1887 salieron tres volúmenes sobre los hallazgos encontrados en el cementerio inca de Ancón en el Perú, editados por el Museo de Etnología de Berlín bajo el título de “Das todtenfeld van Ancon in Perú Beitrag zur kenntnis der kultur and industrie des Inca – Reiches” y 141 litografías a color, ejecutadas por pintores académicos sobre piezas de colección. Las láminas iluminadas se conservan en el Institut fur Landerkup de Leipzig y se encuentran en exhibición. Tres años después se editaron dos volúmenes más y Reiss y Stubel donaron su colección etnográfica a dicho Museo. Posteriormente – en 1901 – Reiss y Stubel, con Max Uhle, joven para entonces pero sagaz arqueólogo, dieron a la luz pública “Die ruinenstatten von Tiahuanaco in des Andes alten Perú”
A su regreso a Alemania en 1878 tras una visita a los Estados Unidos, emprendió numerosos viajes a la región de los montes Auvernios, a Egipto, Siria, Líbano, Palestina, recogiendo seiscientas fotografías de gran tamaño en esos países, también subió al Vesubio, esto último para confirmar sus teorías vulcanológicas pero las críticas de su compañero Reiss hizo que la amistad entre ambos terminara en 1890, año en que dejaron de escribirse y ya no siguieron apareciendo obras en conjunto.
Estuvo obsesionado al final de su vida por la construcción de un Museo para su rica colección sudamericana. En el Museo de Etnología de Leipzig se dispuso de un amplio espacio para la colocación de sus mapas, fotografías, panoramas y minerales en roca. Murió el 10 de Noviembre de 1904 y fue cremado, sus cenizas se conservaron en una urna funeraria al lado de su legado pero años más tarde se las depositó en el cementerio familiar.
Fue un sabio a tiempo completo, conocía a profundidad sobre geología, de vulcanología, de fotografía, de astronomía, de metereologia, de etnografía y por sus extensos viajes se transformó en un sujeto sabio en lenguas y en países.
En lo físico era alto, delgado, tez rosada, calvicie incipiente. La ciencia y el impulso hacia la verdad determinó su vida.