SODIRO LUIS

BOTANICO.- Nació en Vicenza, Provincia de Venecia, Italia, cuando esa región formaba parte del imperio austriaco, el 22 de Mayo de 1.836 y fue bautizado como Aloisius. El 30 de Agosto de 1.856, de veinte años, ingresó a la Compañía de Jesús, estudió Teología y Filosofía en Innsbruck en el Tirol e Idiomas y Ciencias Naturales en varios institutos alemanes de la orden.

En 1.870 fue enviado al Ecuador con los padres Juan Bautista Menten matemático y astrónomo y Teodoro Wolf geólogo, para fundar la Escuela Politécnica de donde saldrían profesores de tecnología, ingenieros civiles, arquitectos, maquinistas, ingenieros de minas y profesores de ciencias, luego llegarían los padres Kolberg, Epping, Dressel, Hays, Boeskes, Clessen, Brugere y otros más. El 9 de Abril de 1.871 profesó sus votos religiosos en la Iglesia de la Compañía de Quito y comenzó a dictar las cátedras de Botánica y Ciencias Naturales pues su amor por la botánica era inmenso al tiempo que instalaba en los patios de la Politécnica un pequeño jardín botánico que luego ocuparía terrenos de la Alameda y partiendo de la obra botánica de Jameson inició sus clases, pero pronto se dio cuenta que lo había superado, por eso en 1.874 publicó «Apuntes sobre la vegetación ecuatoriana» como introducción al programa de lecciones que dictaría durante ese año escolar.

En su segunda administración dedicó al Presidente Gabriel García Moreno una nueva variedad botánica clasificada por primera vez en el mundo, pero el mandatario declinó el honor y sugirió que mejor la llamara “Tacsoniae Mariae.” Una estrecha amistad había surgido entre ambos, fruto de la común admiración por el estudio de las ciencias naturales, aunque el Presidente solo le juzgaba como un simple amateur en botánica.

En 1.876 cerró sus puertas la Politécnica debido a insuperables dificultades económicas. García Moreno había sido asesinado, Antonio Borrero le sucedió y aunque ofreció dar todo su apoyo, la revolución de Septiembre, acaudillada por el General Ignacio de Veintemilla, dio al traste con cualquier esperanza. Sodiro pasó a residir en el Colegio Jesuita de Pifo como Profesor de Humanidades de los Novicios.

En 1.877 escribió «Relación sobre la erupción del Cotopaxi.» El 79 la introducción al libro «Nuevas especies de helechos en los Andes de Quito» por J. G. Baker, publicada en el Boletín del Observatorio Astronómico y tradujo esa obra al castellano.

«Sabía de memoria a Virgilio y a Horacio, era excelente latinista y elegante humanista. Visitaba extensamente el territorio nacional colectando nuevas variedades para el mejor conocimiento del Ecuador en el mundo científico de su época y formó magníficas colecciones. Solo la que legó a la Universidad Central de Quito consta de más de 8.000 ejemplares con 4.226 especies diferentes, según propia clasificación».

Y a se carteaba con otros estudiosos botánicos del país como el riobambeño Mariano Astudillo Arrieta quien solía hacer numerosas anotaciones marginales a obras de Ciencias Naturales, coleccionaba piezas de cerámica y alfarería y poseía extensos conocimientos empíricos sobre árboles y plantas obtenidos a través de sus experimentaciones como buen autodidacta.

En 1.880 publicó «Gramíneas ecuatorianas». El 81 «Una excursión botánica» y el 83 «Reflexiones sobre la agricultura ecuatoriana» y «Recensio y cryptogramarum quitensium».

El Presidente Plácido Caamaño le propuso la dirección de la segunda Escuela Politécnica y en Septiembre le nombró «Botánico de la Nación» en público reconocimiento a la labor científica que realizaba a través de la cátedra, con monografías y consejos que gratuitamente proporcionaba a los apicultores del país.

Por entonces fundó el Jardín Botánico anexo a la Alameda de Quito, pequeño recinto donde se veían cuidadosamente seleccionados plantas y árboles menores representativos de tipos de importancia económica u ornamental, ordenados según el sistema de clasificación de Candolle ¡Tal era la mansión favorita y tranquila del insigne botánico!

En 1.888 editó «Observaciones sobre los pastos y plantas forrajeras.» En Julio del 89 hizo contratar en Hamburgo al Dr. Gustav von Lagerheim para enseñar bacteriología en Quito, rama de la ciencia que acababan de fundar Luís Pasteur en París y Robert Koch en Berlín. Con Lagerheim realizó numerosas excursiones científicas hasta que éste regresó a Alemania en 1.891. Estudiaron las algas de la región interandina y de las zonas subtropicales del Ecuador. Sodiro recomendó la compra de un microscopio para uso de la facultad de Ciencias de la Universidad Central.

En 1.892 dio a la luz «Observaciones sobre la enfermedad del cacao llamada La Mancha – Mancha Negra – y medios para prevenirla” en 17 págs. 4to. pues se el Presidente Luís Cordero le había solicitado que estudiara estos primeros brotes fungosos, que después de 1.916 terminaron con gran parte de la producción cacaotera nacional y trajeron la quiebra de nuestra economía y la gravísima crisis nacional de los años siguientes.

Uno de sus discípulos ha escrito sobre su entusiasmo por la observación e investigación: «Era tan grande su deseo de conocer y estudiar, uno por uno, los ejemplares de las flora ecuatoriana, que se internaba con frecuencia en nuestras selvas para recorrerlas palmo a palmo y trepaba infatigable por rápidas pendientes con heroico valor y fe en la empresa, sin atemorizarse ni del veneno de la víbora que suele estar en la hojarasca o en las ramas, ni de la humedad de los pantanos, ni de la profundidad de los abismos que había dejado a sus plantas. Con los vestidos rotos, con el cuerpo desgarrado por los aguijones y las espinas y con el rostro cubierto de tierra, coronaba afanoso las cimas de las encumbradas rocas. Era entonces cuando nuestro sabio estaba, sin pensar, sobre un pedestal inmenso de granito, cual corresponde a la grandeza de su ciencia y a lo arduo de su trabajo. Su regocijo, después de cada viaje, estaba en proporción con el número de plantas nuevas que encontraba; porque cada una de ellas le ofrecía la oportunidad de hacer conocer al Ecuador botánico y geográficamente, ya que a la descripción de cada especie adjuntaba también, nombres del lugar, de la altura y circunstancias que vegeta».

En l.892 editó «Informe sobre el fomento de la agricultura ecuatoriana». El 93 «Crytogamae vasculares quitensis» en 671 págs. basándose en la «Sipnosis Filicum» de Hooker y Baker, con muchas especies nuevas a las ya descritas y de las 670 especies que enumera y describe, 209 son propias de nuestros suelos y l8l enteramente nuevas. Esta obra salió merced al apoyo que le prestaron los presidentes Antonio Flores Jijón y Luís Cordero Crespo. El sabio Teodoro Wolf,

ya secularizado de la Compañía de Jesús, dictaminó que era un libro que abre de un golpe la vista sobre una interesantísima parte de la vegetación ecuatoriana. Un libro perfecto y completo en su género.

El 94 fue profesor de la Escuela Agronómica y escribió los programas de estudio. El 98 publicó en la Revista Médico Quirúrgica su trabajo sobre la Coca. Entre Noviembre y Diciembre de 1.901 salió por partes su libro sobre las piperáceas ecuatorianas, así como también fue del 90l su artículo largo sobre el Mangle rojo y comenzó sus «Anuncios ecuatorianos» aparecidos hasta Marzo de 1.903.

En Enero de 1.905 había editado la primera edición de «Contribución al conocimiento de la flora ecuatoriana», obra llamada a sentar las bases científicas del estudio de la botánica en nuestro país, de suerte que corresponde a Sodiro el calificativo de padre de la botánica nacional; sin embargo, su criterio positivista a veces le llevaba a un alejamiento de las ciencias experimentales. Entre 1.905 y el 6 aparecieron dos suplementos de Anturios de la familia de las aroideas, plantas monocotiledóneas.

Era considerado una eminencia en esta especialidad. Manuel María Pólit Lazo, interesado en republicar la Historia del padre Juan de Velasco, S. J. le solicitó añadir la clasificación científica de aquellas plantas y animales que Juan de Velasco no había puesto, con algunas correcciones y aclaraciones necesarias para el mejor entendimiento; pero, aunque Sodiro comenzó dicho trabajo, no pudo terminarlo a tiempo. Sus Memorias salían en las principales y más prestigiosas revistas científicas, como eran la Botanische Jahrbucher fur Systematik y en hiela Pflanzengeschichte und Planzengeograpie de Alemania y en la Revista Chilena de Historia Natural.

En 1.906 dio a la luz «Tacsonias ecuatorianas». En 1.908 «Sertulia Pleridophyta» donde estudió estas variedades. La serie de las Sertuli se compone de tres partes, la última fue publicada póstumamente por el Prof. Francisco Campos Rivadeneira en la revista del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte y bajo el título de «Gramíneas agrostidaes y avéneas», arreglada y adicionada por el padre Luís Mille, S.J.

Como profesor de botánica en la Universidad Central de Quito solía difundir los conocimientos relativos a la prosperidad e incremento de la agricultura ecuatoriana, auxiliando a los agricultores que acudían a él en busca de consejos. Discípulos también tuvo, entre otros el joven jesuita Luís Mille que editó parte de su producción.

A principios de 1.909 empezó a sentirse mal de salud y falleció en Quito el 15 de Mayo, faltando pocos días para cumplir los ochenta y tres años de edad, honrado y enaltecido como sabio y como hombre piadoso y de bien.

Hizo del Ecuador su segunda Patria. La Universidad Central le dedicó un número especial de sus Anales titulado «A la Memoria del P. Luís Sodiro, actas, acuerdos, discursos, etc.» y Manuel J. Calle escribió una Necrología en la que dijo «Se dedicó al estudio de nuestra flora, al que consagró devotamente sus mayores energías. De vida severa, templada al rigor de las obligaciones de la Orden religiosa a la que pertenecía, no conoció otra intranquilidad que las de la investigación Científica y así fue como la práctica de las buenas obras y el estudio de nuestras plantas, ocuparon por entero la existencia del sabio jesuita… Preocupado con sus herbajos, tenía dos pensamientos. Dios en los cielos… y la

botánica en la tierra. Lo demás le importaba un comino. En buenos términos, el sacerdote creyente, piadoso, adoraba al creador en la contemplación y estudio de las hierbecillas en los campos según el espíritu de las escrituras. Recorrió nuestros bosques herborizando. Cruzó nuestras florestas extasiándose en la magnificencia de nuestro suelo. Su obra perdurable y científica ha servido y servirá de profundos conocimientos a las generaciones presentes y futuras, no sólo del Ecuador, sino del mundo».

Fue de complexión vigorosa y aire campechano. Alto, espaciosa la frente, robustas las espaldas y de fisonomía abiertamente franca y comunicativa, brillaba en sus ojos el signo de la inquietud exploradora, adquirida sin duda a fuerza de la gimnasia del microscopio. De andar grave, a largos y disciplinados pasos, era esto muy habitual en él y entonces echaba los brazos atrás, cruzando las manos.

En 1.905 lo visitó el joven guayaquileño Francisco Campos Rivadeneyra, que fue en los últimos tiempos de la vida de Sodiro su discípulo más importante y querido, encontrando que su celda era modesta, riquísimo su herbario que llegó a encerrar más de 4.000 especies de plantas ecuatorianas y cerca de 60.000 ejemplares y todo perfectamente dispuesto y rigurosamente clasificado. Esta aglomeración de vegetales en prensa o en carpetas y dentro de las reducidas dimensiones de la estancia producía un fuerte olor a savia, con el que seguramente el ilustre sabio y maestro se hallaba connaturalizado.

Su mesa de estudio amplia mostraba el desorden revelador de la incesante faena. Papeles dispersos, lupas, obras de consulta, cuadros taxonómicos a la vista y sobre todo plantas, muchas plantas en espera de la autopsia reglamentaria, para pasar a ocupar su sitio en las colecciones. Eran inseparables en el padre Sodiro la petaca de rapé y un gran pañuelo atento a los estímulos que el uso del alcaloide producía en su pituitaria.

Al conocerse la noticia de su muerte en Guayaquil Campos decretó duelo en el «Vicente Rocafuerte», suspendió las clases y se dedicó a explicar al alumnado la importancia de los trabajos botánicos del ilustre fallecido.

Actualmente su herbario se halla depositado en la biblioteca de los padres jesuitas en Cotocollao y está registrado en el Indice Mundial de herbarios con las siglas QPLS representativa de su nombre y de la ciudad que le acogió como a un ecuatoriano más; sin embargo, numerosos ejemplares suyos figuran en el museo de Budapest. La lista de sus publicaciones consta elaborada por J. N. Paredes, su discípulo, en 1.925, y ha sido editada en los Anales de la U. Central.