ROUSSEAU JUAN JACOBO

FILOSOFO Y EDUCADOR.- Nació en Ginebra, Confederación Helvética, actual Suiza, el 28 de Junio de 1.712. Su padre Isaac Rousseau (1.672-1.747) era un relojero protestante que por motivos religiosos se trasladó a la ciudad y estado Libre de Ginebra, fue su madre Suzanne Bernard (1.673 -1.712) nacida en Ginebra, de religión calvinista, que falleció de fiebre puerperal nueve días después de haberle dado a luz.

Educado en casa de sus tíos paternos a quienes consideró sus segundos padres, niño inteligente y maduro, comenzó a devorar desenfrenadamente todas las novelas que caían por sus manos sin mayor criterio de lectura, hasta que de diez años fue enviado como pupilo a la casa del pedagogo calvinista Lambercier. De regreso a los doce trabajó como aprendiz de relojero, luego lo haría con un maestro grabador, experiencias que consideraría como amargas de la vida.

De dieciséis años abandonó Ginebra, conoció a un excelente sacerdote que inmortalizaría después con la figura del buen Vicario saboyano, quien le impulsó circunstancialmente hacia una conversión religiosa al catolicismo, actitud momentánea pues más tarde pasó a ser deísta consumado, que solo creía en un Dios infinito y lejano y lo que es más, sin ningún tipo de intermediarios entre sus criaturas.

Tras otro tiempo de peregrinar se estableció en Annecy siendo tutelado por madame de Warens, dama ilustrada a la que consideró como una madre y una amante, que le ayudó en su educación y en la música pues en realidad era prácticamente un vagabundo.

De treinta años viajó a Francia y se entusiasmó con el espíritu racionalista, admirando la labor del grupo que publicaba la Enciclopedia, cúmulo de conocimientos científicos y filosóficos de esa época, que gestaba

un cambio radical en el sentir y el pensar del mundo europeo. Un nuevo viaje le llevó a Montpellier donde enfermó grave, después fue Preceptor en Lyon y empezó a tratar a personajes de importancia como Fontenelle, Diderot y Marivaux, realizando largos paseos solitarios por los Alpes y see ganaba la vida pues ejercía de periodista.

Por entonces las formas ideológicas más avanzadas luchaban con las tradicionales de la Escolástica que aún dominaba a ciertos sectores de pensamiento a pesar de todo cuanto había hecho el humanismo y el renacimiento para liberar a las conciencias. En occidente existía un conflicto entre el nuevo pensamiento científico que daba suma importancia a la razón del hombre como única forma explicativa de su entorno físico en oposición a la fe ciega de las épocas oscurantistas que todo lo dejaba a la divina providencia y a los misterios y dogmas religiosos que ya nada importaban. Las bases del antiguo régimen eran el trono, el azar y la ignorancia, al revés del nuevo pensamiento que veía a los fenómenos por medio de los sentidos, la experiencia y la razón soberana.

Nuevas deducciones y las investigaciones de las ciencias físico – naturales daban al filósofo europeo variadas posibilidades y otras ideologías para negar las monarquías absolutas y la intolerancia en materia religiosa, así como para socavar el poder omnímodo de la Iglesia. El hombre debía vivir en gozosa libertad, con optimismo en el progreso, libre de todo freno dogmático. La ilustración y el Enciclopedismo compendiaban esas doctrinas y los ensayistas mas importantes preparaban el camino de transformación que condujo a la revolución francesa. Ellos mismos se consideraban intelectuales y racionalistas, admiraban al pensamiento político inglés, estudiaban el fenómeno filosófico alemán y se sentían participar de una Europa llena de novedades.

En 1.745, de treinta y tres años de edad, convivió con una modistilla de París llamada Therése Levasseur y empezó a tener familia, cinco hijos en total, que entregarán al asilo para que reciban una mejor

educación que aquella que podría proporcionarle su familia política, que era de baja extracción socio cultural.

En 1.750 Rousseau concretó sus iniciales ideas filosóficas en un «Discurso sobre las Artes y las Ciencias» pronunciado ante la Academia de la ciudad de Dijon y con ocasión de otro certamen en la misma Academia tres años después escribió el «Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres» profundizando en diversos temas siendo el primero el origen de la desigualdad entre los hombres, para lo cual partió de la idea del hombre salvaje primitivo y sus diferencias abismales con el hombre civilizado.

El primero definía su comportamiento en razón directa a sus necesidades compartiendo con los demás lo que ofrecía la naturaleza, pero a medida que dejó de compartir por el uso de los instrumentos, empezó su relación con los demás congéneres a deteriorarse y pasó a ser rival de los cada hombre. Su cuerpo no fue más su instrumento, no requirió de tanto esfuerzo físico, limitando sus acciones, concentrándose en el mejoramiento de otros aspectos de su nueva forma de vida, la del hombre civilizado, que usa una máscara en sociedad para ocultar su alma, pues ya vive en familia y considera a los vecinos más próximos como sus rivales, ya que el que mejor canta, mejor baila, el más fuerte, el más bello, es el mejor, de manera que surgió la competencia, se creó las desigualdades y generó la distinción entre ellos; las almas ya no fueron más visibles, ni la amistad posible, ni la confianza duradera, pues nadie se atreve a parecer lo que es en un mundo artificial y de ficciones y apariencias donde la comunicación no es posible. Por eso se requirió un Contrato Social donde los unos entregan sus libertades al líder para que los defienda de enemigos.

Con tal ficción explicó Rousseau el origen de las monarquías y propuso al mismo tiempo, a la entera libertad, como ideal de la Humanidad.

En 1.760 finalmente culminó «El Contrato Social» libro extenso donde concibió su anterior teoría como un cuerpo organizado, que le dio tal

fama, que cuando en 1.789 los revolucionarios de París iniciaron la revolución con la toma del castillo de la Bastilla, fue proclamado «Programa de Acción.»

El Contrato Social está basado en la voluntad general y en el pueblo soberano donde la única forma de gobierno sea la republicana y todo el pueblo legisle. Que este poder solo toma vigencia cuando cada uno de los miembros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general y cada miembro es considerado como parte indivisible del todo. Este tipo de asociación no es algo natural, pero constituye una necesidad. La moral y la razón se hacen evidentes en la sociedad al establecer un modelo normativo capaz de crear un orden social que evite la dominación de los unos sobre los otros, de manera que el Contrato Social le abre paso a la democracia, en la que los hombres reconocen la autoridad de la razón para unirse por una ley común en un mismo cuerpo político, ya que la ley que obedecen nace de ellos mismos. Esta sociedad recibe el nombre de república, que es todo Estado regido por leyes cualquiera que sea su forma de administración, de manera que la República de Rousseau puede realizarse bajo cualquier forma de gobierno siempre que cada ciudadano viva de acuerdo con todos.

La característica del sistema rousseauniano es la voluntad general, universalista y normativa. Pues persigue el interés colectivo que no es diferente del interés individual, e manera que si algún asociado se resiste a la voluntad general se verá obligado por el cuerpo social a obedecerle. Entre sus más importantes principios Rousseau propuso que la soberanía no puede ser representada por la misma razón que no puede ser enajenada.

Para entonces ya tenía numerosos seguidores que admiraban su ilustración y pensamiento pero jamás se inclinó ante ellos, despreciando pingues situaciones que se le presentaban de tener mecenas o protectores, por eso se le ha calificado de soberbio de parte de sus detractores y de filósofo con personalidad que nunca se inclinó ante nadie por los historiadores.

En 1.761 editó “Julia o la nueva Eloísa” y el 62 dio forma a un tratado de Pedagogía que tituló “Emilio”, resumen novelado de sus ideas sobre la educación ideal, que tituló con el sugestivo nombre del personaje principal, el joven Emilio, huérfano rico e inteligente, entregado a un Preceptor para su formación.

Rousseau anunció su obra como «llena de mis ensueños acostumbrados. Se trata de un nuevo sistema de educación cuyo plan ofrezco al examen de todos los sabios y no de un métodos para los padres y las madres, en quienes nunca he pensado…»

El «Emilio» causó furor y llenó un gran vacío en materia tan importante como es la formación de la juventud. La obra se divide en cinco partes, correspondiendo cada una a diversas etapas del crecimiento y la pedagogía del niño y del joven que tiende a la adultez.

Su influencia en Europa y en América fue decisiva para la formación de los nuevos románticos del siglo XIX y surgieron numerosísimos seguidores por doquier. En América los más famosos fueron el Maestro Simón Rodríguez y su discípulo Simón Bolívar, en quien se cumplían exactamente las características impuestas por Rousseau, de ser un joven huérfano, rico, inteligente y entregado a su maestro para que lo adoctrine.

La obra se compone de cinco libros o capítulos descriptivos que van desde el nacimiento, la niñez y la juventud del hombre hasta sus veinte años, comienza por la primera etapa con el nacimiento hasta los dos años. Siendo el niño perfecto por ser obra de Dios, tiende a degenerar en las manos de los hombres. Rousseau aconseja los ejercicios físicos e higiénicos que le debe proporcionar la madre. Hay consideraciones generales sobre los gestos, gustos, gritos y lloros. Reclama una gimnasia natural, pide que se le haga caminar con los pies desnudos, que se acostumbre a recibir golpes, etc.

La segunda etapa comienza con el desarrollo de la personalidad psíquica a los dos años y termina a los doce. El padre debe buscar un Maestro para su hijo y nunca enviarlo a esos establecimientos ridículos que se llaman colegios (sic.) El niño requiere de juegos bien escogidos, mucha libertad y sentimiento de dependencia de las cosas. También ejercicios al aire libre, como ya lo había observado el Filósofo Locke, para endurecer su cuerpo y acostumbrarle a los trabajos más diferentes, a las privaciones, al dolor, que sepa sufrir y desprecie las conveniencias. Que corra, que nade, que su comida sea ligera y sencilla, que no se emplee medicinas ni se vacune a menos que esté en peligro de muerte.

Su instrucción se hará por medio de las observaciones, no tendrá libros y se evitará que aprenda las fábulas de La Fontaine. Deberá jugar con los árboles, las plantas, los animalitos y las cosas, pues son Instrumentos de educación. Siempre el preceptor deberá hallar la oportunidad de darle una lección moral al discípulo.

No tendrá rivales ni competidores y deberá ejercer los sentidos por ser las primeras facultades que se forman en el niño y sin embargo son las más descuidadas, de suerte que si se sigue todo este Plan, será una persona robusta por los deportes e ingeniosa por los sentidos, pues la fuerza natural y la inteligencia crecen paralelas en libertad.

En la tercera etapa que va de los doce a los quince años Rousseau aconseja el estudio para que el ser robusto que ya está formado se torne perspicaz. Pero anota que, como entre los conocimientos existen algunos inútiles y otros hasta dañinos, es menester saber escoger lo mejor, es decir, lo que le sea útil.

La única guía será la curiosidad. El talento del preceptor conseguirá mantenérsela despierta y hacia donde el niño se oriente deberá el Preceptor orientar la enseñanza. Emilio descubrirá la verdad por si mismo pues los libros solo enseñan lo que uno ignora. Las palabras no forman más que parlanchines. Nada de libros, a lo sumo uno, el Robinson de Daniel de Foe.

que contiene la historia del hombre educado según la naturaleza. Todos los oficios serán reinventados por Emilio en el orden práctico.

Su programado estudio estará compuesto en primer lugar de las Ciencias físicas – la astronomía y la geografía – a través de viajes. De Gramática nada por demasiada artificial. Nada de historia pues ¿Si se ha sustraído al joven de la corrupción de los hombres para qué sumergirlo en ella? A los quince años conocerá oficios para ser un hombre práctico.

En su cuarta etapa: «Hemos formado su cuerpo, sus sentidos, su juicio, falta formar su corazón. Por eso ésta es la hora de sus sentimientos afectuosos, morales y religiosos, pues por ventura la sensualidad no se despierta antes de los quince años. Allí comienza la verdadera educación.”

Debe dársele la idea sobre el bien y el mal y nociones sobre los lazos que le unirán con los demás. Un buen sacerdote – el Vicario saboyano por ejemplo – le conducirá al campo y en presencia del soberbio espectáculo de la naturaleza, expondrá la doctrina del deísmo. Para completar su educación comenzará a leer las Fábulas, las Vidas Paralelas de Plutarco, los Discursos de Demóstenes y Cicerón y así podrá Emilio frecuentar – el mundo y encontrar la compañera que le deparará la providencia.

En la última etapa trata Rousseau sobre la educación de Sofía, la mujer perfecta para Emilio, quien será el que deba instruirla pues ella solo ha sido preparada para realizar labores de casa (costura, música, danza) lo necesario para lograr la felicidad de su marido “porque las mujeres cultas son sus azotes.»

Con esta obra Rousseau pasó a ser el gran reformador de la educación de su tiempo, la excelencia de la sociedad, el prototipo del profesor público y virtuoso que había escrito que lo principal era el imperativo de la vuelta a la naturaleza – idea tomada posiblemente de Montaigne – «respetar en el niño su naturaleza y dejarla desarrollar a sus anchas, defendiéndola contra las influencias perniciosas de los

convencionalismos sociales en una época de exageraciones de tipo rococó, donde todo era refinado y por lo tanto fingido y poco natural.»

De allí que la educación, que entonces era un proceso artificial, pasó a ser algo natural, como una expansión de las energías más que como una mera adquisición de conocimientos.

Con ello rebatió a los educadores Iluministas de la Escuela de Port Royal, unos fanáticos religiosos convencidos de que siendo el niño malo por el pecado original debía hacerse bueno con una educación positiva. Para Rousseau el niño es un ser bueno y hay que darle una educación negativa que le conserve tal cual es. Que se desarrolle por si solo era su ideal. «Nada de castigos corporales pues los castigos le vendrán como consecuencias de sus faltas. Conoced mejor a vuestros alumnos ya que seguramente no los conocéis».

Bernardino de Saint Pierre, en su «Escuela de la Patria, se manifestó partidario de esas teorías – las de Rousseau – llevadas a su plenitud permitían que los alumnos salieran de la escuela llenos de sinceridad y amor a Dios y a los hombres.

A pesar del tiempo transcurrido el Emilio sigue vigente en su mayor parte pues es una obra que describe tendencias generales, proclamando el evangelio de la vuelta a la naturaleza con una modalidad saturada de sentimiento y porque desencadenó un bucolismo campestre o retorno a los orígenes que ahora nos parece bien por su espontaneidad y provecho, en síntesis, por ser anti artificial.

Entre sus principales seguidores destacó Saint Pierre pero saldrían otros rousseaunianos tan famosos como las célebres Madamas de Spinay y de Staeri, así como la prima de ésta última, la señora Necker de Saussure, autora de la teoría de la enseñanza progresiva. Todas ellas más bien románticas y fíeles exponentes del nuevo horizonte pedagógico europeo que Rousseau ayudó a abrir en las postrimerías del antiguo régimen, por eso los

románticos adoraban a Rousseau por tratar de armonizar la razón con el instinto, el sentimiento y la espontaneidad en el hombre; sin embargo, el Emilio, también tuvo sus opositores y suscitó por revolucionario vivas contradicciones. El ultramontano Arzobispo de París le condenó por sus ideas anti religiosas y el Parlamento ordenó quemarlo. El Cardenal Segismundo Gerdil, desde Italia, editó unas Reflexiones contra la obra, basándose en el punto de vista lockeano y oponiéndole las teorías de Lamebranche. Por allí también salió la novela «Adela y Teodoro» inspirada en el Emilio, con otras reformas quizá de mayor realismo, para obtener productos pedagógicos mejores.

Pero el escándalo fue tan grande que las turbas apedrearon su casa en Mothiers, fue desterrado de Francia y salió a Suiza. Después editó su «Nueva Eloísa» y por cuanto las críticas a sus obras ponían en peligro su libertad personal fue huésped de honor del Mariscal de Luxemburgo en el Castillo de Montmorency y finalmente, al ser acusado de impiedad, delito terrible para la época, se refugió con su amante Therése en casa de su amigo el filósofo Hume, que por estar ubicada en Inglaterra consideraron un sitio más alejado y seguro, donde tuvieron que vivir dos años casi escondidos porque la mayoría de los ingleses también tenían un mal concepto de él.

En 1.767 regresó a Francia usando un nombre falso y al año siguiente finalmente se casó con Therése. El 70 consiguió solucionar su estadía pero a condición que no siguiera publicando nada más; sin embargo pronto se olvidaron de esa absurda traba legal, de manera que comenzaron a salir sus numerosos Diarios de Vida que tituló “Mis confesiones” y que volvieron a causar escándalos. Su amigo Voltaire había atacado sus teorías, madame D ́Epinay le hizo perseguir de la policía, de manera que retirado a la población de Ermenonnville y dedicado por entero a los estudios botánicos pues las ciencias naturales alegraban su corazón por acercarlo a la naturaleza, ya que el hombre estando desnaturalizado no puede acercarse ni contemplar a la naturaleza.

Falleció en 1.778 de un paro cardiaco, de solo sesenta y seis años de edad, sin haber podido conocer la revolución francesa que sus obras habían ayudado a forjar.

Iniciador de un movimiento que defendía al individualismo a ultranza, radicalmente, de la voluntad general del cuerpo político, por haber sostenido el valor de la espontaneidad de la vida humana frente a la superioridad del Estado civil, la familia y la comunidad política, en síntesis por decir que el orden jurídico impuesto mantenía al hombre fuera de sus linderos naturales.

También es obra suya, aunque de menor importancia, una ópera llamada «El adivino del pueblo» con críticas a la ópera bufa francesa que tanta fama gozaba por entonces en Europa.

Se ha dicho que más que miembro de la Ilustración europea de su siglo, fue un filósofo beligerante pues en el Contrato Social manifestó que el hombre nace libre pero por todos lados está encadenado.

Su influencia, comparada con la de Voltaire, el otro gran revolucionario de esa época, es superior en todo sentido; pues mientras Voltaire demolió los viejos estamentos con sus sátiras sangrientas, Rousseau preparó los tiempos nuevos con teorías abiertas al futuro de la humanidad.