SILVA Y OLAVE JOSE

RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS.- Nació en Guayaquil el 15 de Abril de 1747 y fue bautizado ocho días después en la Iglesia Matriz como José Vicente. Hijo legítimo del Capitán Jacinto Pérez de Silva y Avilés, Alcalde Ordinario de Cabildo en 1747, Teniente Cabo de Centinela de la isla Puna en 1748, y de María Jacinta de Olave y Salavarría, guayaquileños. Fue el cuarto de una familia compuesta de cinco hijos. En 1754 ingresó al Colegio de los jesuitas de San Ignacio y en 1764, terminados sus estudios preparatorios, se trasladó a la Universidad de Santo Tomás de Aquino en Quito, donde permaneció tres años y se doctoró en Teología en 1767.
De vuelta a Guayaquil, su padre decidió enviarlo al Seminario de Santo Toribio en Lima, para que siguiera la carrera religiosa. Allí aprobó todos los Cursos de enseñanza superior y recibió el título de Maestro en 1777, ejerciendo la docencia por cuatro años. El 81 fue trasladado al curato de Carhuamayo donde permaneció poco tiempo, siendo reemplazado por Toribio Rodríguez de Mendoza.
En 1785 pasó al Convictorio Carolino que acababa de fundarse por orden del Virrey Teodoro de la Croix y que a los pocos meses dirigía su amigo Toribio Rodríguez de Mendoza quien renovó los métodos educacionales, abriendo las ideas impesantes la luz de las novedades venidas de Francia con los enciclopedistas donde Silva enseñó nueve años y lo rigió los cuatro ultimos.
Sobre su labor en el Convictorio su amigo el Virrey del Perú, José de Abascal y Souza, certificaría años más tarde: La vigilancia del actual rector del Seminario ha mejorado no solo la parte económica interior de su Colegio, si no variado enteramente el plan de estudios, lo que constituye en un estado el más floreciente que acaso no tuvo jamás desde su erección… si la dedicación y fomento que debe este Seminario a este digno prelado, su último rector, la hubiere merecido también sus antecesores, es fuera de duda que habrían sido mayores los progresos de sus naturales en el conocimiento de la luz evangélica, punto el más recomendado por nuestros soberanos, a que pudieran haber añadido el cuidado de inspirarles amor al trabajo y otras instituciones y virtudes sociales de que carecen.“
En 1792 fue electo Canónigo Magistral de la Catedral de Lima.
El 94 comenzó a dirigir los estudios – como tutor – de su primo segundo el jóven José Joaquín de Olmedo. En 1805 el Arzobispo de Lima, Juan Domingo González de la Reguera, enfermó gravemente y poco antes de morir le encargó la arquidiócesis. Muerto su protector dirigió la iglesia peruana y en premio fue elevado a la dignidad de Chantre de la Catedral en 1806.
A principios de 1809 fue electo Rector de la Universidad de San Marcos Mientras tanto, Napoleón había hecho Rey de España a su hermano mayor José Bonaparte, que ingresó por Bayona, donde convocó a unas Cortes para que le reconocieran, pero el resto de las ciudades españolas lo rechazaron tras formar una Junta Central de España e India en la ciudad de Sevilla, y se pidió a los virreinatos americanos que enviaran sus delegados en calidad de Diputados de Ultramar. Silva fue electo por sorteo para representante del Perú, los otros dos sorteados fueron José Baquíjano y el General Goyeneche y al enterarse del levantamiento ocurrido en Quito, dirigió a la Junta Soberana de esa ciudad una sentida Proclama, exhortándoles a permanecer fieles a la obediencia del Príncipe de Asturias Fernando, que hizo imprimir en Buenos Aires.
Partió del Callao el 11 de Octubre a bordo de la goleta La Guadalupe propiedad de su concuñado Martín de Ycaza Caparroso y en compañía del joven Presbítero Isidro Ignacio Figuerola y García de la Peña En Guayaquil visitó a sus familiares. En Diciembre siguió a Acapulco en compañía de su cuñado Francisco de Paula de Ycaza Silva y su primo segundo José Joaquín de Olmedo a quien había designado secretario.
Encontrándose aún en México se interrumpió la comisión al disolverse la Junta Central en Sevilla, hostilizada por la presencia de los ejercitos franceses de Napoleón. Silva conceptuó la inutilidad de su viaje y regresó a Lima, donde arribó en Septiembre de 1810 no sin antes entregar los doce mil pesos que le había encomendado el rico comerciante Carlos Lagomarcino como donativo al Rey.
En 1812, Olmedo, ya de Diputado en las Cortes de Cádiz, le envió el nombramiento de Obispo de Huamanga (hoy Departamento de Ayacucho) en el Perú.
Entre Junio del 12 y Diciembre del 13 vivió en Quito y se hizo retratar del notable pintor Antonio Salas Avilés. El retrato pasó a la Iglesia Matriz de Guayaquil, desde 1838 transformada en Catedral.
Salió a su Diócesis en 1814 aún sin consagrarse. En mitad del trayecto supo que los patriotas encabezados por Manuel Hurtado de Mendoza habían ocupado dicha población. Silva, aunque era un realista consumado se sentía un hombre de paz más que de guerra y resolvió volver a la capital peruana; en esos ajetreos consumió dos años, hasta que le sorprendió la muerte en la pequeña población de Ninabamba, el 26 de Octubre de 1816, a los sesenta y nueve años de edad y su cadáver fue conducido a Huamanga donde se le dio sepultura en la Catedral.
Su óleo le muestra en plena madurez, sosegado y pensativo como corresponde a un profesor de sus altas dotes. El pelo cano, el rostro lleno, la sotana negra y un abrigo. Dicho cuadro estuvo por muchísimos años en la antigua Catedral de Guayaquil de madera hasta que Isabel María Yerovi de Matheus, presidenta del Comité de Damas pro reconstrucción de la Catedral, lo hizo sacar en los años 1.920 y mantuvo en el oratorio de su casa ubicada en el malecón y Aguirre esquina. A su fallecimiento el 5 de Enero de 1946 su hija Esperancita Matheus Yerovi de Peña se lo envió a Clemente Pino Icaza, genealogista aficionado y sobrino tataranieto del mencionado Obispo, que lo tuvo con gran aprecio en su Biblioteca. Allí lo vi muchas veces. Hoy forma parte de la pinacoteca del Club de la Unión.
Fue uno de los ayudantes de Rodríguez de Mendoza en su obra por modernizar los sistemas y enseñanzas en la capital del virreinato del Perú.