SÁNCHEZ: Manuel María


SÁNCHEZ MANUEL MARíA (1889-1935)
Nació en Quito, el 19 de diciembre de 1882.
Abogado y Ministro de Estado, legislador, escritor, polemista, educador de juventudes. Como poeta sobresalió en la época por su abundante y emotiva inspiración. Colaboró en revistas y periódicos. Su libro “Poesías” fue publicado en 1935 con prólogo de Nicolás Jiménez, habiéndose reeditado en 1961, en la Editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, recogiéndose en esta segunda edición varias producciones que no constaban en la primera. Como Ministro de Educación y Rector del Colegio Nacional «Mejía» dio muestras de sus afanes innovadores en la enseñanza. Poeta de abundante producción en todos los géneros que supo plasmar sus inspiraciones a pesar de su agitada vida. Anola N. Jiménez que la forma de su poesía fue impecable, siendo el artífice de la estrofa y el obrero del verso, con un ritmo innato, una cadencia interior que parece que sonaba constantemente en el oído y que se intensificaban en los momentos en que se resolvía escribir sus poemas»; su riqueza ideológica: «No hay poema suyo que no encierre un concepto precioso, una idea definida, pensamiento claramente expuesto», la nota elegíaca, de una elegìa concentrada.
«Vida: no has sido buena para mi, no has tenido ni la piedad que endiza, ni el amor que alboroza. Entre tus manos crueles e implacables he sido
como un banal juguete que se pisa y destroza.
Parnasiano y romántico. Vor sonora y de perduración en el Parnaso Ecuatoriano.
Fue hijo del ilustre humanista Dn. Quintiliano Sanchez. Su vida la dedicó a la política y a las letras. A la muerte de Sánchez «se conoció, íntegramente, su producción poética, que antes de tal revelación se había publicado sólo un fragmento. Abundante y de quilates en el pensamiento y en la sensibilidad, con toques épicos, elegiacos, descriptivos, y con una buena parte en la confesión amorosa, de un intimismo suave y persuasivo. Poeta, patriota y cantor de una hogareña elegancia, aborda también los temas místicos y los sociales e imprime en el verso cuyo linaje arranca de Berceo y el Arcipreste una flexibilidad propia, como para que se hubiese juzgado que el alejandrino de Sànchez no recuerda a los de Diarios ni a los otros poetas modernos», tal es el juicio acertado que hacen A. Arias y A Montalvo, sobre la poesía de este autor.
En el periodismo su pluma fue «Abundante y fecunda, verdadera pluma fuente..» Laboraba infatigablemente. Nicolás Jiménez asegura que él solo podía llenar las páginas de un diario. Escribía sin «levantar la diestra de las cuartillas, ni la cabeza del escritorio». Orador parlamentario en congresos y asambleas, en donde era admirado por su fácil palabra e ilustración. Sánchez, a pesar de las circunstancias, perseveró en su empeño, diose tiempo para ser hombre combatiente en la política y un artista que proporcionó oportunidad para que se le valore por muchos años.
Murió en Quito, el 28 de julio de 1935.
Aún es la especie humana como un rebaño hambriento de lobos insaciados, en perdurable guerra,
aún se esgrime, en combate implacable y cruento,
la quijada del asno de Caín, en la tierra.
(De «Paz?…»)