SCHUMACHER: Pedro


1.895
Entre tanto la situación de los conservadores católicos? de Manabí se tornaba desesperada, por el incremento de las montoneras alfaristas, la incomunicación prolongada con la Capital de la República, la escasez de parque y municiones de la tropa, y en fin la falta de dinero para el rancho y sueldo de aquella. Después de mucho cavilar, uno de los altos jefes, Ricardo Cornejo, se acercó a Monsenor Schumacher, obispo de Portoviejo, y le dijo: El designio de dos jefes militares era que son serios y todo el clero abandonase Manabí rumbo a Quito, a través de los bosques. La tropa marcharía con ellos y los custodiaria. El obispo y algunos sacerdotes, montados a caballo, abandonan Portoviejo en la mañana del 20 de junio. Los habitantes contemplaron el éxodo con una indiferencia de verdad increíble, dado el enorme cúmulo de beneficios que, durante diez años, ha hecho su Señoría en la inmensa diócesis.
En una tarde de julio de 1895 un rubio y enérgico obispo alemán, Monseñor Pedro Schumacher, que nunca dio un brazo a torcer con el liberalismo, llegaba desde la capital manabita en la cual ejercía su ministerio pastoral. Visible era su cansancio y pesar. Los revolucionarios le han intimado a abandonar el país y ha tenido que incorporarse a un grupo de soldados gobiernistas y otros civiles que salían al interior por las selvas de Santo Domingo de los Colorados. La gente le tributa cariñoso recibimiento y le despide con lágrimas cuando de inmediato parte a Colombia.