SANCHEZ ASTUDILLO: Miguel


SANCHEZ ASTUDILLO MIGUEL S. J. (1917-1968)
Lingüista de los más valiosos. Dedicó su vida al humanismo, seguidor de la huella del insigne Aurelio Espinosa Pólit, su maestro. Sacerdote jesuita que entregó su capacidad a defender el credo religioso que profesaba, a ensalzarlo con acciones beneméritas para el Catolicismo. Estudioso de los más competentes, su estilo tiene rasgos de maestría.
Obra que incursionó por el ensayo, la crítica, la columna periodística, la poesía, la traducción de lenguas clásicas.
Notables son sus ensayos dedicados a Zaldumbide, Barrera, Carrera Andrade; se aprecia la nota de claridad, de honestidad literaria, de conocimientos abundantes.
El dato editorial que se presenta en «Alma» (1963), poesía de elevación mística y de ponderación humana, retrata fidelidad en el criterio, como rara vez se encuentra en escritos así: “La tragedia del crítico está en la renuncia a los dones más puramente artísticos, pues a fuerza de juzgar va perdiendo la capacidad de crear”. Esta frase de Sanchez Astudillo en uno de sus ensayos da a la publicación de su poemario «Alma» el carácter de una singular aventura. El crítico eminente, todos lo reconocen, ¿será asimismo poeta de alto mérito? El Académico de la Lengua, ponderador ferviente de los estilistas exquisitos porque él mismo lo es ¿será también un virtuoso del verso?
Veinte años de intimidad lírica han cristalizado en este breve libro. No son sino 84 poemas, lo cual muestra que estamos ante un poeta que se exige mucho en la selección, y que no se rinde al trance poético sino cuando el verso se le desborda ya del corazón repleto. Difícil rastrear influencias en temperamento tan original como el suyo. Hombre de espléndida cultura y extensos viajes, planea en verdad sobre muchas riberas.
Nada de recomendaciones sobre un autor que declina por principio todo prólogo a sus libros».
JUDAS
¡Mi infierno es saborear el sabor de mi exceso y tener que decir lo que no tiene nombre!:
quise beberme a Dios en mi boca de hombre, bese al amor de noche… y me mató su beso.
Académico de la Lengua, respetado escritor cuya trascendencia se halla dibujada en ejemplo de perseverancia en el estudio, en la reflexión y en las conclusiones, robustas y atrayentes, que supo poner en todo lo que lleva su rúbrica, en las crónicas encaminadas a la purificación de la Lengua, en especial.