ROIG SIMON ARTURO ANDRES

FILOSOFO.- Nació en Mendoza, República argentina, el 16 de Septiembre de 1922, en parto doble con su hermano mellizo Fidel, célebre botánico, llegado al mundo diez minutos antes. Hijo legítimo de Fidel Roíg Matóns y de María Elisabeth Simón Petazzi, egresada de la Escuela Normal de maestras fiscales, que militó activamente en todos los movimientos de la escuela nueva: Decroly, Montesori y tantos otros, profesora de primera letras entre 1914 y el 46 que se jubiló, nativa de Mendoza. El matrimonio tuvo cinco hijos varones, nacidos y crecidos en la vieja casa construida por el bisabuelo Andrés Petazzi posiblemente en 1870 sobre parte del enorme solar de propiedad del convento de los padres de Santo Domingo, a quienes le había comprado, tras el terremoto de ese año. La casa tenía patio, traspatio, amplios alrededores y la huerta con parrales de uva.
Su madre lo puso a estudiar con su hermano en la escuela José A Federico Moreno donde era maestra, una escuelita de niños humildes y les enseñó a leer y a escribir porque era una normalista muy competente y los quería ver de maestros. De adolescentes acompañaban a su padre a pintar en las altas montañas de los Andes, en los desiertos de la llanura en la región de Huanacache.
Sus padres cultivaban una fuerte vida literaria y orientaron vocacionalmente a sus hijos porque su hogar era de clase media muy culta. Su padre era amante de la naturaleza y cada vez que organizaba expediciones para pintar, llevaba consigo herramientas de geólogo y se interesaba en todo lo que tuviera relación con el mundo circundante, tenía una excelente biblioteca de clásicas a más de su colección de partituras para música de Cámara.
Graduado de maestro normalista ingresó a la Facultad de Filosofía motivado por el ambiente culto de su casa, pero le toco estar bajo bandera en el ejército como Subteniente de Reserva, pues la Argentina se preparaba a entrar en la Segunda Guerra Mundial como el Brasil. Fue un tiempo muy duro y penoso en la Patagonia, región que le tocó en suerte y pareció increíble, pero no le agradaba ser militar y por más que pidió la baja en varias ocasiones para continuar sus estudios universitarios, no lo consiguió sino después de tres años.
Nuevamente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo en Mendoza, destacó como uno de los primeros de su clase y entre el 47 y el 49 fue Ayudante de Investigación del Instituto de Lenguas y Literaturas Clásicas, egresando en Junio con el título de Profesor de enseñanza secundaria Normal y Especial en Filosofía y contrajo matrimonio con Irma Alsina Manén, hija de padres catalanes afincados en la Argentina donde tuvieron cinco hijas muy unidas. La conoció en la Universidad. Ella fue Profesora de Literatura y Filosofía Clásica, especialmente Helénica hasta 1976, que comenzó a estudiar a profundidad la Filología Quichua en sus formas de habla ecuatoriana.
Entre 1950 y el 52 fue Jefe de Trabajos Prácticos a la Filosofía en su facultad. Entre el 52 y el 58 fue profesor adjunto efectivo y por oposición en la cátedra de Historia de la filosofía antigua. El 53 fue becado por el gobierno de Francia para realizar trabajos de postgrado en Filosofía antigua en la Sorbona de Paris bajo la dirección del Dr. Pierre Máxime Schuhl. Fue un viaje de apertura hacia el resto del mundo y terminó siéndolo hacia el resto de América pues comprendió que toda forma de pensar es válida si se aduce a las formas sociales de cada pueblo. Entonces se puede concluir que constituyó un post grado formativo, decisivo en sus estudios.
Desde el 55 se interesó por el pensamiento platónico, línea de trabajo iniciada intensamente durante su estadía en Europa y que mantuvo especialmente hasta 1972 en que apareció su libro “Platón y la Filosofía como libertad y expectativa, producto de diez años de elaboración. En Francia se aproximó a los sectores sociales contestatarios y participó en un acto celebrado en la Sorbona en homenaje al General Van Giap, que había triunfado sobre el ejército francés y la legión Extranjera en la célebre batalla de Diem Bien Phou. Cuando era jovencito había simpatizado con la España republicana, después estuvo con las potencias aliadas en contra del Eje nazi – facista. Finalmente estaría con la revolución cubana, con el ascenso de Allende en Chile y con los sandinistas de Nicaragua, pues siempre ha sido un socialista de tendencias progresistas.
De regreso a la Argentina en 1954 se hizo la firme promesa de dedicarse al estudio de la Filosofía Latinoamericana, a “lo nuestro”, sin caer en el error de desconocer los valores positivos de la cultura europea. Entre 1959 y el 75 fue Profesor titular de la Universidad de Cuyo, publicó artículos y ensayos en diversas revistas especializadas de su país y de Latinoamérica y con su esposa viajó prácticamente por todo el continente dictando seminarios y conferencias, pues ya era una autoridad reconocida en su materia.
En 1966 editó “Breve historia intelectual de Mendoza”. El 68 apareció “La Filosofía de las luces en la Ciudad Agrícola” en 155 pags como culminación de otros trabajos anteriores para sistematizar la historia intelectual de la provincia de Cuyo y su capital Mendoza. Antología de escritos de valor teórico extraídos del periodismo durante el período que va de 1822 al 30 con un estudio preliminar sobre la Filosofía de la Ilustración en esa época en las ciudades agrícolas, como las llamó Sarmiento en su Facundo.
Como fruto del diálogo y la amistad con Leopoldo Zea y del encuentro con los pensadores peruanos Miró Quezada y Salazar Bondy, decidió ampliar sus trabajos regionales hacia un proyecto más ambicioso, esto es, el pensamiento ecléctico en el Río de la Plata, descubriendo que más importante que el eclecticismo francés era el krausismo. Fruto de estas meditaciones es un gran libro aparecido en México en 1969 bajo el título de “Los Krausistas argentinos”, trabajo muy completo y serio que abrió una nueva perspectiva para la historia de las ideas argentinas y latinoamericanas. Esta obra sigue siendo hasta la fecha la primera de todo el continente sobre el pensamiento del célebre filósofo alemán Krause y su influencia entre nosotros. El 71 publicó “El espiritualismo argentino entre 1850 y 1900” que mostró el hilo espiritualista continuo que va por debajo del positivismo.
Entonces dio un paso de lo regional y nacional a lo latinoamericano iniciando el Seminario de pensamiento Latinoamericano en la Universidad de Cuyo, que sirvió para fomentar vocaciones como la de su discípulo Horacio Cerutti Guldberg y se pasó a estudiar a diversos autores latinoamericanos como Vaz Ferreira, José Enrique Rodó, Antonio Caso. Esta nueva temática se dio entre 1972 y el 75 y entre los concurrentes contó a alumnos egresados de la Universidad Católica de Quito. El 74 participó en el Congreso reunido en Morelia, México, que fue el primer Congreso mexicano de Filosofía.
En 1975 ascendió el neoperonismo al poder y Roig comprendió como tantos otros intelectuales argentinos, que debía apoyar lo que excedía al peronismo mismo, por ser un movimiento social que venía desde el pueblo. “Entendimos que debíamos reestructurar la universidad argentina, adecuándola para dar paso hacia aquella democracia de sentido social y participativo y lo hicimos con fervor. Sabíamos, sin embargo, de la ambigüedad del peronismo, que como todos los populismos hispanoamericanos fue una caja de sorpresas, y en ese juego perdimos, porque avanzó el militarismo, la dictadura, la represión implacable, sangrienta, irracional, sobre todo, profundamente sucia y antihumana”.
I cuando el militarismo apoyado por los Estados Unidos comenzó a perseguir implacable, inhumano y sangriento en 1976 a todo aquel que pensaba distinto, le separaron injustamente de su cargo de Profesor principal de la Universidad de Cuyo, a él, que ya gozaba de fama internacional y era uno de los más conocidos maestros de Latinoamérica. “Lógicamente entramos en la lista de expulsados y perseguidos, tuvimos que escondernos y al iniciarse la dictadura el día 24 de Marzo de 1976 debimos salvar la vida y huir del país. Nos esperaban colegas y amigos universitarios en Europa, en particular en Francia y en países latinoamericanos. Optamos por no salir de nuestro continente a pesar de que fue la propia Embajada francesa la que de modo reservado nos hizo el generoso ofrecimiento de recibirnos,” mientras la dictadura militar se prolongaba criminalmente hasta 1983 con un saldo trágico de nueve mil personas desaparecidas, doscientos cuarenta casos de niños secuestrados, una inflación del 517.000%, una deuda externa inflada de 8.204 millones de dólares a 43.509, una guerra con la Gran Bretaña por las islas Malvinas donde se hundió el Belgrano y murieron 648 jóvenes argentinos y otra que casi estalló con Chile por el canal del Beagle.
Ese año formó parte de las reuniones de discusión de la Biblioteca Ayacucho, invitado por la Comisión Ejecutiva de Caracas, a la que asesoró en el campo de la historia de las ideas, intentando alcanzar un horizonte latinoamericano, tanto desde un punto de vista propiamente historiográfico como metodológico. Entre el 76 y el 77 dictó clases en la Universidad Nacional Autónoma de México como profesor principal.
En 1976 había hecho su arribo a Quito contratado por el padre Hernán Malo González, S. J. en quien encontró mucho más que un amigo y a través de él pudo apreciar con su esposa la hondura de la hospitalidad que les brindaba. En efecto, el poder dictatorial argentino había expulsado a tres de sus hijos de la Universidad por subversivos y los dejó partir sin documentación alguna que probara sus estudios. El Padre Malo González les solucionó todos los problemas y bajo su palabra los admitió en la Universidad Católica hasta que lograron la documentación necesaria. Fue, pues, designado profesor principal en la U. Católica y se incorporó en la Escuela de Sociología de la Universidad Central, instituciones que le abrieron sus puertas para dictar cursos semestrales, dirigir seminarios, tesis doctorales y de licenciatura. I formó un equipo de intelectuales interesándoles en el descubrimiento y estudio del Pensamiento ecuatoriano, del que surgió uno de los primeros trabajos historiográficos que instauraba una nueva metodología en materia de comprensión y análisis del pensamiento y la filosofía. Este equipo se transformó en 1980 en el “Centro de Estudios Latinoamericanos CELA” y su tarea rápidamente se expandió desde Quito a Cuenca y Guayaquil, en sucesivos encuentros de trabajo.
Roig recuerda que a su llegada imperaba en la U. Católica de Malo González su lema de ecuatorianicemos la Universidad, ideal que también era abrazado con entusiasmo por el Vicerrector Julio César Trujillo, pero el estado de los estudios filosóficos no era bueno, no había una conciencia clara de las vetas filosóficas contenidas en numerosos escritos, aunque en literatura y en documentación histórica se habían logrado buenos frutos. Su tarea consistió en despertar la conciencia de que existía un vigoroso pensamiento ecuatoriano dentro de esa cultura predominantemente literaria.
En 1977 dio a la imprenta un “Esquema para una historia de la Filosofía ecuatoriana” libro que marcó senderos para futuros trabajos y cuya segunda edición apareció cinco años después, donde propuso historiar las formas de pensamiento ecuatoriano con una nueva metodología y una nueva periodización acorde con todos los actores y los hechos sociales. Para entonces, muchos seguían sin creer que existiera una forma válida de pensamiento filosófico ecuatoriano, pero Roig demostró que la aplicación del pensamiento filosófico universal a la realidad ecuatoriana era una forma válida de pensar, probándolo con numerosos textos y abriendo un anchísimo panorama a las investigaciones en ese campo.
En 1979 fue cofundador y miembro de la Comisión editorial de la Biblioteca Básica del Pensamiento ecuatoriano, publicada por la Corporación Editora Nacional y el Banco Central del Ecuador, donde se presentó el desarrollo del pensamiento filosófico ecuatorianos bajo criterios y metodologías renovadoras. La Colección seleccionaba a escritores por corrientes del pensamiento (Ilustración, Romanticismo, Arielismo, Idealismo, Positivismo) logrando agrupar a autores mayores y menores, corrientes fuertes y débiles. Cada volumen aparecía con su Estudio Introductorio y su correspondiente Antología. También se comenzó a editar la Colección de la Universidad de San Gregorio de los jesuitas, para dar a conocer el pensamiento colonial (Escolástico) Finalmente se publicó la Revista Historia de las Ideas, que habiéndose iniciado por los años 50 fue retomada por el CELA en los 80.
En 1981 dio a la luz en México “Teoría y Crítica del pensamiento latinoamericano”, fruto principalmente de sus seminarios, que constituye el intento más amplio y sistemático de ponderar la Filosofía latinoamericana contemporánea, desde su posición de historicista empírico que encuentra sus raíces en afirmaciones fundadas. Esta obra fue escrita íntegramente en el Ecuador, fruto de sus clases y seminarios de ciclo doctoral organizados por el CELA y fue bautizada como la Biblia del pensamiento latinoamericano en el XI Congreso Interamericano de Filosofía celebrado en Guadalajara en 1985 pues su autor planteó que la identidad Hispanoamericana excede a una realidad histórico cultural donde pesa tanto el ser como el deber ser. que se presenta como proyecto y se asienta sobre la idea de una diversidad intrínseca, de manera que los latinoamericanos afirman un yo y al mismo tiempo un nosotros.
En 1982 fue designado miembro del Comité Editorial de la Revista Historia de las Ideas editada en Quito. El 83 el Ecuador le concedió la condecoración al Mérito Cultural por sus valiosos aportes en la formación de estudiantes investigadores y publicaciones, así como también por su labor de rescate del pensamiento ecuatoriano. La noticia llegó a la Argentina pues era la primera ocasión que un ciudadano argentino recibía dicha presea.
En 1984 fue contratado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales FLACSO de Quito y habiéndose terminado el oprobioso régimen castrense en su Patria fue reincorporado por la justicia federal argentina a sus clases.
Había pasado la negra etapa que tantas vidas costó a esa hermana república y los exilados empezaron a volver tras diez años de duro ostracismo atraídos por la nueva democracia. Entonces cobró ánimos y editó “El Humanismo ecuatoriano en la segunda mitad del siglo XVIII” en dos tomos, estudiando el Escolasticismo y el Humanismo representados en la Audiencia de Quito por Juan de Velasco y por Eugenio Espejo respectivamente; pues, a su criterio, se complementaban dentro del amplísimo campo de la ilustración. Por esta obra, iniciadora de la sistematización del pensamiento nacional en el Ecuador, merece el bien del país pues captó una visión radicalmente nueva de la problemática del humanismo ilustrado del mundo hispánico del siglo XVIII, considerando el caso ecuatoriano. Igualmente editó “El Pensamiento social de Juan Montalvo” en 284 pags. demostrando con rigor científico que dicho escritor tuvo una visión coherente de la sociedad y sus clases, definidas en función de su significado económico y que esa visión no era otra que la del liberalismo burgués que por entonces alentaba el gran proyecto de la construcción del estado nacional, dándose así el primer paso para la tarea harto compleja de enriquecer la figura montalvina a su exacta dimensión, esto es, la del escritor comprometido con el proyecto social de su tiempo y la del filosofo que inserta su discurso dentro de lo político. Por esos días también dio a la luz su ensayo largo “Bolivarismo y Filosofía Latinoamericana.”
En 1984, como se ha dicho, había vuelto a la Argentina, tras un largo tiempo ausente, que no fue perdido pues lo aprovechó en el contacto directo con otras realidades. Tiempo que ha calificado de sosegada pasión que le impulsó a no descansar en el trabajo y a dejar un pedazo de su corazón en el Ecuador.
El 5 de Agosto le dieron la bienvenida triunfal en su querida Universidad en sesión solemne con discursos de desagravio, pues ni su espíritu ni su memoria se había perdido u olvidado. Regresaba a su casa espiritual el viejo maestro curtido por la experiencia, los viajes y los años y no pudo ocultar sus sentimientos y fue enteramente feliz entre los suyos. Entonces sufrió los efectos del terremoto que asoló Mendoza, tras lo cual fue demolida la casa de su bisabuelo Petazzi donde había pasado su infancia.
El 86 tuvo a su cargo la edición del libro “El Pensamiento latinoamericano del siglo MDC” y volvió al Ecuador para asistir al Simposio Internacional que sobre Eugenio Espejo y el pensamiento precursor de la independencia se dictó en Quito.
El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina CONICET le designó investigador científico con la categoría de Principal, fue electo Director del Centro regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Mendoza CRICYT y desde el 89 fue Director del Instituto de Ciencias Sociales y Ambientales del mismo, teniendo a su cargo un equipo de investigadores de carrera y becarios que trabajaban preferentemente sobre problemas filosóficos generales y realizaban búsquedas entre los grandes pensadores latinoamericanos, preferentemente de los siglos XVIII y XIX.
En 1987 dio a la luz “La Utopía del Ecuador” y al año siguiente se jubiló con honores tras larga carrera en el magisterio internacional, pues el gobierno de su Patria tuvo el gesto amable de reconocerle justicieramente todos esos años de servicio, e hizo muy bien pues había desempeñado con total brillantez el papel de embajador cultural de su Patria en el exterior.
En 1989 preparó la obra “Pensamiento Filosófico de Hernán Malo González.” Ese año circuló “Arturo Andrés Roig, Filósofo e historiador de las ideas” en Guadalajara, estudio formado por Manuel Rodríguez Lapuente y Horacio Cerutti Guldberg, Asesores del Homenaje académico del Consejo Consultivo Universitario de esa ciudad. El 92 recibió la Orden Nacional Honorato Vásquez del Ecuador que le impuso el Embajador en Buenos Aires.
El 92 participó en el Seminario sobre Filosofía Española e Iberoamericana celebrado en Salamanca, España. El 93 fue declarado Visitante Ilustre de la Universidad Central de las Villas, en Santa Clara, Cuba. En Enero del 94 dictó un curso en la Universidad Andina de Quito; luego, la Universidad Andina de Sucre en Bolivia le confirió el título de Profesor Emérito y la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, le dio el Doctorado Honoris Causa como latinoamericanista y filósofo contemporáneo eminente. Asimismo, la Universidad Nacional de Río Cuarto, de Córdoba, en la Argentina, le otorgó la jerarquía de Doctor Honoris Causa y las Universidades Nacionales del Comahue (Neuquén, Argentina) y Nacional de Heredia (Costa Rica) lo designaron Profesor Honorario.
El 93, la Universidad de Santo Tomás de Bogotá reunió un conjunto de sus trabajos sobre un tema central de su obra, cual es, la ampliación metodológica relacionada con el campo de la Historia de las ideas, bajo el título de “Historia de las Ideas. Teoría del discurso y pensamiento latinoamericano”.
Vivía con su esposa, pues sus hijos tenían hogares aparte, pero le visitan siempre. Habitaba en la calle Guayaquil No. 157, Dorrego, Mendoza, Argentina. Código Postal No. 5.519, continuaba visitando el Ecuador. En 1994 ingresó a la Academia Nacional de Historia del Ecuador, el 98 dictó un ciclo de conferencias en la Universidad Andina de Quito.
Su obra es sólida y de rara persistencia y tiene un gran sentido para la localización del tema virgen, que incuestionablemente le coloca en los primeros puestos de la investigación de la Historia de las Ideas en la Argentina y como una de las primerísimas figuras en latinoamérica por su afán inusual de actualización y renovación Su esfuerzo por alcanzar un nuevo tipo de lectura de nuestros escritores y del pensamiento filosófico en general, le ha llevado a incursionar por la Semiótica y por la teoría del discurso.
Paralelamente a esta labor de constante búsqueda, ha dado forma a una posición filosófica desde la cual, lógicamente, aparece vertebrada su amplia y extensa labor investigadora.
En el Ecuador ejerció una tarea de divulgación e institucionalización de los estudios filosóficos, pues ha trabajado en la fundamentación, critica y autocrítica de dichas tareas, conjugando lo epistemológico con lo práctico, a través de un horizonte de comprensión o rescate. En lo pedagógico ha formado equipos de trabajo que con altas y bajas han seguido funcionando después que abandonara el país, labor que ha sido reconocida por todos los estudiosos ecuatorianos. Carlos Paladines Escudero en su “Sentido y Trayectoria del pensamiento ecuatoriano” ha dicho de Roig, que desplegó durante ocho años (1976-1984) una titánica labor de investigación de la cultura ecuatoriana, estableció los esquemas básicos para una Historia de la Filosofía en el Ecuador, profundizó en algunas etapas y autores así como también en la Metodología y presupuestos conque debía afrontar la urgente tarea de apropiación de nuestra tradición filosófica. Fernando Tinajero expresó que es un personaje lleno de esa serenidad interior fundada por igual en el saber y en el acuerdo moral del hombre consigo mismo y que su obra entre nosotros es única. Por eso se le considera el más ecuatoriano de los argentinos, porque ha prestado servicios magníficos a nuestra Patria,” que no es más que el efecto de una profunda convicción americanista, de un Filósofo de rico saber y recia formación y personalidad”.
Falleció en Mendoza el 30 de abril del 2012 a los ochenta y nueve años de edad.