Rodríguez Miguel Antonio.

Vivió en años de los siglos XVIII y XIX.

Patriota eminente, Capellán del Carmen Moderno.

Su acción de espíritu entregado a difundir las doctrinas de los filósofos liberales que incendiaban, en buena hora, América es fantástica. Desde el púlpito y en varias de sus manifestaciones escritas incitaba a las muchedumbres a sacudirse del tutelaje español.

Erudito, pronunció una hermosa y magnífica oración fúnebre en memoria de los mártires sacrificados en ese día en Quito seguía teniendo razones muy hondas para llamársele «Luz de América», el 2 de Agosto.

De su alma abierta a los vientos de la cultura y la libertad apareció «Derechos del Hombre» que es un extracto de las máximas de Voltaire, Rousseau, Mostesquieu y algunos pensadores más que tanto hicieron a la causa de la americaneidad. Autor de «Viaje imaginario».

Amigo del famoso orador Mejía Lequerica, perteneció a un grupo de insurgencia que se expresó en Quito.

A consecuencia de sus pensamientos rebeldes y de fina sátira contra la opresión que habían dado origen los europeos fue desterrado a Panamá, luego pasó a Filipinas. Retornó a morir en su Patria ya libre de las cadenas políticas que se puso a estas regiones del sol y de las cordilleras, en aquel fatídico día de la masacre de Cajamarca.

Hombre de biografía.

Después que los soldados de Arredondo cometieron la célebre matanza, Rodríguez dejó escuchar su voz llena de los más nobles ideales: «Dos de Agosto, día infausto; una noche eterna te borre del número de los días y de la memoria de los hombres».

Falleció, según dice Jorge Carrera Andrade «de manera inesperada, envenenado por los mismos hombres que habían ahogado en la sangre del pueblo la libertad recién nacida».