RODRÍGUEZ Y RODRÍGUEZ MANUEL

COMERCIANTE.- Nació en 1834 en la quinta familiar ubicada en la villa de Porriño sobre la ría de Vigo, zona agrícola especializada en higos, a treinta kilómetros del puerto, en la provincia de Pontevedra, Galicia, España, y tuvo un hermano mayor llamado José, que contrajo matrimonio con su prima hermana Carmiña Rodríguez y fue varias veces Alcalde en Porriño.
Desde temprana edad tuvo afición al mar y al terminar sus estudios entró en la Marina, donde fue compañero del futuro Almirante Pascual Cervera y Topete, retirándose del servicio por su carácter aventurero que primero le llevó a trabajar a Lisboa y después a Panamá en 1871.
En esa ciudad invirtió el dinero producto de la venta de sus derechos en la quinta familiar con lo cual adquirió un buque y fundó una compañía de vapores con dos socios que aportaron el alquiler de dos embarcaciones más dedicadas al cabotaje en la ruta a Valparaíso.
Como era muy alegre, primario y expansivo en todas partes hacía amistades, en Lima casi se asoció en condiciones favorables con Milly y Williamson, gringos jóvenes, amigos de tragos, que con el tiempo labraron una de las mayores fortunas del Perú importando harina y exportando materias primas a Londres y los Estados Unidos bajo la razón social de Milly and Williamson Co.
En 1873 cedió sus derechos a los socios, recuperó el capital invertido con creces, se estableció en Guayaquil y puso almacén de ventas al por menor en Pichincha y Diez de Agosto bajo la razón social de “Manuel R. Rodríguez” y cinco mil pesos de capital, que pronto aumentó por la protección de su amigo el español Arreal y a los pocos meses pasó a ser administrada por sus apoderados los hermanos Juan Francisco y Víctor Aycart. Pocos meses después arribaron de España sus hermanos Enrique y José y la tienda pasó a llamarse “Rodríguez Hnos.” pero la sociedad duró poco pues no se acostumbraron al clima cálido de Guayaquil y le confirieron poder para liquidarla, volviendo ambos a Vigo donde José fue personaje importante y llegó a Alcalde, desempeñando tan altas funciones por algunos años.
En 1874 había contraído matrimonio con Angela Bonín y Cuadrado que habitaba con sus padres en una gran casa propia ubicada frente a la Gobernación, al lado de la casona del primo José Monteverde Bonino quien también vivía con su familia ella aportó un fuerte capital como dote y el negocio de Rodríguez cambió a ferretería y a un gran depósito de harina y abarrotes en general en la calle Pichincha Nos. 701 al 705 y Municipalidad. El ramo principal de importaciones consistía en harina de trigo (negocio heredado de su suegro Bonín) y cemento tipo Pórtland que venía en barricas desde Inglaterra.
En 1880 asumió la defensa de su suegro en el juicio que le seguía José Joaquín Hidalgo Requena por suma de pesos. Hubo publicaciones en el diario “La Nación” y los pleitos continuaban en 1884. Bonín mantenía sociedad con “Chevasco Hnos.” desde el 73. El 81 le entregó a sus dos hijas: Ana de Puig-Mir y Angela de Rodríguez, las tiendas de su propiedad en los bajos de la casa de Ramón Valdés en el malecón, quedándose únicamente con las acciones de banco y varias propiedades en el centro de Guayaquil, mientras Rodríguez adquirió otra en Clemente Ballén entre Pichincha y Pedro Carbo, la esquinera de Chile y Clemente Ballén y la casa para su almacén.
En 1883 fue miembro fundador de la Sociedad de Beneficencia española, el 87 del Banco Territorial, el 90 Comisario suplente del Banco del Ecuador fundado en 1860. Ese último año vivía con los suyos en la calle de la Caridad No. 155. Por entonces le entregaron en pago de una deuda la hacienda “El Naranjo” en la jurisdicción de Puebloviejo (1) que no llegó a conocer porque en 1890, fallecida su suegra y residiendo en Barcelona su única cuñada, decidió con su esposa e hijos volver a Vigo. Unicamente permaneció su suegro Juan Bautista Bonín en Guayaquil, aunque muy ancianito, viviendo en su casa de Ciudavieja al cuidado de dos sirvientes de confianza, pues ya no estaba su salud para emprender un viaje tan largo.
En Vigo fue accionista de los tranvías y ferrocarriles, de una fábrica de escopetas y del Banco de Vigo. Tuvo una mina en Sudáfrica. A veces regresaba a Guayaquil a vigilar sus inversiones, En 1893 adquirió acciones en la Empresa de Alumbrado de Gas y en la de Carros Urbanos. El General Alfaro le envió en 1897 el nombramiento de Cónsul General honorario del Ecuador. En 1904 efectuó con su señora, que era una católica practicante, varias donaciones a la Iglesia Parroquial. Ya era propietario de la hermosa Villa Angelita en O Porriño, que utilizaba para descansar los veranos. Y de varias casas en Vigo, entre ellas la de la calle García Barbón esquina Isabel II, a la que añadió un piso y destaca por la grandiosidad de la escalera y constituye un caso único en Vigo.
En 1906 envió a su hijo José Rodríguez Bonín quien se estableció en el puerto. El 16 de Julio de 1909 hizo presentar al Concejo de Vigo , un proyecto de construcción de diez casas, que al final se quedaron en cinco. De haberse hecho la obra completa el edificio hubiera llegado por la calle Oporto casi al actual cruce con Rosalía de Castro, ya que la fachada a esta calle era de mayor longitud que la que da actualmente al Arenal. La licencia municipal fue concedida el 13 de Enero de 1910, el edificio consta de una planta baja, tres altos y ático con torreones a la fachada. La cúpula que remata la fachada en la esquina de Arenal y Oporto fue adicionada con posterioridad. La fachada es de piedra muy trabajada y el conjunto constituye uno de los edificios más bellos de la ciudad, conocido desde sus inicios como “Casas de Bonín”. En la parte alta y central – en el remate – aparecen románticamente grabadas y entrelazadas las letras A y M de Angelina y Manuel. Para el Arq. Jaime Garrido el edificio Bonín es un destacadísimo ejemplar de la arquitectura viguesa de principios del siglo XX y muestra a su autor el Arq. Genaro de la Fuente en un momento de gran apogeo. Su estilo ecléctico, cargado de barroquismo, con la piedra tan trabajada al punto que no hay zona libre. Demostraba el poderío económico del promotor y el arte del arquitecto, siendo su constructor Antonio González Romero, el más prestigiosa de la época, por que hizo la mayor parte de las casas que se levantan en Vigo en aquellos años, entre ellas la llamada El Faro de Vigo. Siempre había sido de buena salud, alegre, optimista y trabajador pero en 1911, de viaje a O Porriño en tren, sufrió un ataque con convulsiones muy violentas que fue confundido con epilepsia, enfermedad que jamás había sufrido. Repuesto del todo, pasó un año, salía poco a la calle pues pasaba leyendo en su domicilio, rodeado de su esposa e hijos pues siempre fue muy hogareño y querendón de los suyos, hasta que sufrió un segundo ataque igual al primero y quedó cómo muerto, y aunque los médicos le pasaron la corriente, no reaccionó.
De todas maneras le velaron por tres días, fue declarado muerto y recibió sepultura en el mausoleo que había hecho construir en el viejo cementerio de O Porriño ubicado al final del camino. Tenía sesenta y siete años de edad. Su descripción física le muestra de estatura mediana, grueso y musculado, cabellos, barba corta y bigotes rubios (2)
Su esposa falleció igualmente en Vigo en 1927 a causa de achaques propios de la vejez. Había hecho construir la Iglesia de Maria Auxiliadora en Vigo para entregarla en donación a los Salesianos y estando en la finca de O Porriño le refirió a sus hijos que la Virgen la había llamado para llevarla al cielo. Les pidió entonces que la trasladen a Vigo aunque estaba aparentemente sana, murió siete días después en su casa del malecón Marítimo llamada también del Príncipe, sin agonía el 24 de Septiembre, ante el asombro de los suyos.