RODRIGUEZ DE VILLASEÑOR MANUEL

CRONISTA DEL MARAÑON.- Nació en la casa de la hacienda Cañas Gordas, cercana a la ciudad de Cali, en el valle del Cauca, actual Colombia, en 1628 y admitido en la Compañía de Jesús hizo sus estudios en Quito, ejerciendo su ministerio en las provincias del Nuevo Reino de Granada y de Quito, así como en la Misión de Barbacoas. En 1678 fue nombrado Procurador para viajar a Roma y a Madrid a dar cuenta de las cosas de la provincia jesuita quiteña.
En el Colegio Imperial de Madrid consultó los archivos y escribió una crónica extensa sobre las misiones jesuitas en el Marañón, desde la fundación de la Provincia de Quito en 1585 hasta el año de 1682 en que terminó su empeño. Al final de ella el padre Rodríguez le agregó un “Compendio historial e Indio Cronológico Peruano y Nuevo Reino de Granada, desde su descubrimiento hasta el año 1684”, refiriendo varias cosas memorables, eclesiásticas como seculares.
La obra fue impresa en Madrid en 1684, año de su muerte y cuando desempeñaba las funciones de Procurador General de las provincias de Indias, siendo el primer americano en ocupar dichas altas funciones.
Salió con el título de “El Marañón y Amazonas, historia de los descubrimientos, entradas y reducciones de naciones, trabajos logrados de algunos conquistadores y dichos de otros, así temporales como espirituales, en las dilatadas montañas y mayores ríos de la América. Escrita por el Padre Manuel Rodríguez, de la Compañía de Jesús, Procurador General de las Provincias de Indias en la Corte de Madrid, “Con Licencia, Imprenta de Antonio González de Reyes.
Parece que la Licencia General fue pedida por su autor y hasta concedida, pero quizás por ignorar que requería de otra especial, la obra fue inscrita en el índice de Libros prohibidos de la Iglesia Católica hasta que en 1940, el Dr. Julio Tobar Donoso, al celebrarse el IV Centenario del descubrimiento del río Amazonas, pidió al Nuncio Efrén Forni, que alcance de la Santa Sede el dudoso privilegio de sacar de tan ridículo como anacrónico Indice a obra que no tiene nada de peligrosa, lo que así sucedió, siendo esta arcaica maniobra motivo de escarnio y de burlas en los países civilizados (1)
La obra del padre Rodríguez demuestra la ilustración y estudios de su autor para documentarse en cartas, relaciones y libros, puliéndola, completado y editado durante su estadía en Madrid. Contiene varias partes, una dedicada a referir los trabajos de las misiones de la Compañía en el Amazonas, otra relacionada con el descubrimiento de esas comarcas, y una no menor en relatar milagros y milagrerías de los misioneros. “Su estilo es correcto aunque peca de ampuloso y declamador en algunos puntos”. Hernán Rodríguez Castelo ha dicho que el libro tiene de historia, de crónica y de libro de espiritualidad, y al tratar sobre el estilo, aclara el concepto anterior del Arzobispo González Suárez, indicando que el padre Rodríguez tuvo voluntad de prosa artística y buen uso de modos de intensificación.
Demás está decir que el padre Rodríguez fue consultado por los autores más importantes del siglo XVIII y entre ellos por el padre Juan de Velasco, quien le siguió en el libro segundo del tomo primero de su “Historia Moderna del reino de Quito y Crónica de la Provincia de la Compañía de Jesús del mismo reino”, anotando que son muy frecuentes las equivocaciones y errores, así como los defectos de las noticias geográficas y que la cronología de la obra de Rodríguez, por confusa es falta de orden.