Rodas Aguilera Jaime.

La IX reunión del Grupo de Río ha terminado. Se han ido los aviones, se han arriado las banderas y finalmente han concluído las tediosas emisiones televisivas, que parecen planificadas por novatos y realizadas por aficionados con la finalidad de ofender a los televidentes.
Como es habitual en esta clase de encuentros, las frases altisonantes abundaron, las citas históricas estuvieron en el orden del día y, con ellas, las imprecisiones.
El presidente ecuatoriano afirmó que esta había sido la más importante reunión llevada a cabo en nuestro país. No era exacto. Dejando a un lado el encuentro de Bolívar y San Martín (Guayaquil, julio 26 de 1822), teniamos un caso mucho más cercano, de apenas 15 años de edad (precisamente se cumplen mañana), cuando el país asumió una alta cuota de protagonismo internacional, sin excesivo boato.
UNA REUNIÓN DOBLE
El 11 de septiembre de 1980 (mañana serán 15 años) el jóven presidente ecuatoriano Jaime Roldos Aguilera invitó a varios mandatarios a una reunión multilateral en Riobamba.
Se trataba de un doble aniversario, que ponía en evidencia el también dual carácter de la reunión.
Por un lado, era el sesquicentenario de la primera constitución ecuatoriana, aprobada en esa ciudad el 11 de septiembre de 1830; pero era tambien aniversario del funesto golpe de Estado chileno, que había derrocado a Salvador Allende y traído al poder la sanguinaria dictadura de Augusto Pinochet Ugarte.
Esos dos acontecimientos dominaron la escena, dándole un tono a medias protocolario y a medias abiertamente político.
Algo que se explicaba bien por las dos últimas décadas de vida latinoamericana.
AMÉRICA LATINA, ENTRE 1961 Y 1980.
El comienzo de la década de 1960 estuvo dominado por la existencia de la Revolución Cubana. En abril de 1961 los Estados Unidos intentaron una invasión de la isla, y por primera ocasión en la historia fueron rechazados en Playa Girón. No obstante, la diplomacia (del dólar y garrote) norteamericana forzó a casi todos los gobiernos de la región a romper relaciones diplomáticas con Fidel Castro, a cambio de las promesas de la Alianza para el Progreso. México logró resistir las presiones; pero el gobierno ecuatoriano (Carlos Julio Arosemena) que lo intentó fue derrocado en julio de 1963. La muerte del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo (1961) se vio continuada con la renuncia del presidente – títere Joaquín Balaguer.
Quizá como un reflejo de la Guerra Fría, y seguramente con la simpatía cubana como elemento catalizador, los movimientos guerrilleros de izquierda se multiplican en América y la lucha produce una sucesión de dictaduras altamente represivas en todo el Cono Sur del continente, incluso en Uruguay (1967-72), que había sido considerado “la Suiza de América” hasta entonces. Se excluyen Chile, donde se conserva el juego democrático, y Paraguay, donde se mantiene la “dictadura constitucional” del general Stroessner.
Por razones internas, la generalizada ruptura del orden constitucional adquiere un carácter reformista en Panamá y Perú (1968, en ambas naciones) y Ecuador (1972). El proceso “izquierdista” adquiere rasgos aparentemente irreversibles con el triunfo de la marxista “Unidad Popular” chilena en 1970.
Finalmente, luego de dos conflictos armados entre Honduras y Nicaragua (1962) y entre Honduras y El Salvador (en la llamada “guerra del fútbol” en 1969), el proceso de ruptura en el orden constitucional culmina en Chile, con el ya mencionado golpe de Pinochet.
Aunque Argentina parece recobrar su institucionalidad con el retorno de Juan Domingo Perón (1973), su pronta muerte (1974) conduce a un período de inestabilidad, que pronto se transforma en una nueva dictadura (1976).