ROBALINO DAVILA LUIS

HISTORIADOR.- Nació en Quito el 25 de agosto de 1882, en casa de su madre, a media cuadra de la calle de la Ronda, hijo legítimo del Dr. Antonio Robalino Cuadrado, natural de Riobamba, abogado, activo miembro del partido Progresista, arbitro ferrocarrilero en 1888, Presidente de la Corte Suprema en 1889, Presidente de la Sociedad Nacional en 1892 que lanzó la candidatura del Dr. Luís Cordero a la presidencia de la República, Prefecto de la Congregación de Caballeros de la Inmaculadas en 1894-95 y de su segunda esposa María Dávila Donoso, quiteña adinerada, propietaria de la hacienda San Agustín cercana a Conocoto.
Fue su padrino de confirmación el Presidente Caamaño que envió al niño los despachos de Oficial de Ejército dandole de alta en la carrera militar con la correspondiente remuneración, pero los compadres se disgustaron con el insólito presente y tuvo que intervenir un amigo común para que el Presidente retire el obsequio.
Creció en una casa situada en la Venezuela y Rocafuerte, con amplios patios, jardín y pesebrera, diagonal a la que naciera y para el tiempo de cosecha vacacionaban en San Agustín, que tenía una piscina en medio de la huerta, “donde pase el paraíso de mi infancia”. La casa se llenaba de huéspedes y del Capellán, un fraile mercedario que celebraba misa diaria en la capilla.
Principió sus estudios en la escuela de la Srta. Obdulia Quevedo, que funcionaba en un cuarto de la casa del Dr. Vicente Ruiz en la Bolívar y Venezuela, pero después se cambió a la casa del Dr. Antonio Robalino donde le permitían usar el patio para el recreo de los niños. Después pasó al Colegio que mantenían los Hermanos Cristianos en el Beaterio y tuvo de profesor al hermano Miguel que el 92 le preparó para la Primera Comunión.
El 94 presentó con otros alumnos la obra teatral “Daniel en el foso de los leones”; más, al cerrarse dicho plantel por disposición del presidente Eloy Alfaro, pasó al Colegio San Gabriel, graduándose de Bachiller en filosofía en agosto de 1899. Su madre falleció poco después y en la división de bienes heredó con su padre las haciendas Tanquis y San José junto a Columbe, en la provincia del Chimborazo.
En 1900 ingresó a la Facultad de Jurisprudencia pero fue suspendido al primer examen, en la materia de Derecho Civil, por el Profesor Carlos Cazares, refugiándose en sus haciendas del Chimborazo por algunos meses, dedicado a las labores de campo. Al poco tiempo se había acostumbrado en ese vecindario, hizo buenas amistades aunque por abusar de la bebida en una fiesta en Ambato gritó: “Todo el que es alfarista es un infame” y tuvo un acalorado incidente con el Gobernador del Tungurahua.
En 1904 arrendó sus haciendas a Flavio León y dijo a su padre: “Voy a estudiar la vida, papá” y viajó a París con Víctor Mena Caamaño. Conoció Francia, Bélgica, Inglaterra, Suiza, Italia y Alemania, asistió al Colegio de Francia y a la Universidad de Ginebra como oyente y enfrentado al panorama cultural del viejo mundo comprendió que su vida estaba llamada a ser útil a través de la política y la cultura. En una de sus cartas, empero, confiesa a su padre que le preocupan sus nervios, de por si irritados y termina diciendo que hay algo desarreglado en mi espíritu o en mi organismo. Este criterio empírico encerraba una gran verdad, pues el joven Robalino, con su gran inteligencia y penetración psicológica, comprendía que no era enteramente normal su carácter, dado a sufrir periódicas depresiones.
Por esos días, siguiendo la corriente de la época, profesaba la buena doctrina liberal en política aunque sus estructuras eran tradicionalistas, pero a pesar del acendrado catolicismo de su padre, no concurría a misa, pasaba por anticlerical pues calificaba de triste y sombrío al catolicismo español, de manera que en materia religiosa era descreído.
De regreso a París en la primavera de 1906 conoció a Elsbeth Bolle Werner mientras ella caminaba una soleada mañana por el parque Monseau en compañía de una tía y se enamoraron, pues casualmente ambos eran huéspedes en la misma pensión familiar en la calle Jouffroy No. 39; pero ella regresó a Alemania y Robalino a Oxford, siempre como oyente, carteándose durante tres años.
En 1907, en el reverso de una postal del Convento de San Agustín de Quito, escribe a su novia: los monjes y los sacerdotes, los que son la negación de la vida hasta que a principios de 1909 partió a Berlín a pedirla en matrimonio y se casaron el 6 de mayo, siendo muy felices. Fue su hija única la Dra. Isabel Robalino Bolle, que el 2005 ha editado en Quito una biografía de su padre titulada: “Luís Robalino Dávila, El hombre, el historiador, el político” en cuarto y 254 págs. (1) Entonces regresaron al Ecuador y tras una breve estadía en San Agustín se trasladaron a las haciendas del Chimborazo hablando inglés y francés, las vendió al mismo señor León que las alquilaba y con el dinero recibido, en sociedad con su amigo Luís Napoleón Dillon, en 1910 instalaron la planta eléctrica de Riobamba pero el negocio no fue bien y perdieron el capital.
Ese año hizo oposición al gobierno de Alfaro de quien nunca tuvo buen criterio, no así de sus Gobiernos. En 1911 radicaron en casa de su padre en Quito, hicieron buenas amistades especialmente con el Encargado de Negocios de Alemania Heinrich Roland. Con varios miembros del cuerpo diplomático realizaron varias ascensiones, pero la del Cotopaxi fue postergada por causas políticas. Robalino entró a la Cancillería como Jefe de Protocolo e intérprete y traductor con cien sucres mensuales de sueldo, después se presentó a concurso para una plaza de Cónsul en el exterior. En 1911 su esposa se ausentó para visitar a su madre en Berlín.
En 1912 apoyó la candidatura presidencial del General Leonidas Plaza y al enterarse del asesinato de Julio Andrade se arrepintió y tomó la palabra en el sepelio. A la salida preguntó a sus amigos José Rafael Bustamante y Belisario Quevedo ¿Cómo nos lavamos de nuestro placismo? Fundando un periódico – respondió Quevedo – así nació el 1 de Agosto de 1913 “El Día” bajo la dirección de Robalino, que hizo oposición y fue combatido por la prensa gobiernista, a pesar de los puntos de confluencia con el gobierno, pues equivocadamente se calificó de simple revuelta a la gloriosa revolución de Concha en Esmeraldas y su guerra civil que duró casi tres años y ocasionó seis mil muertos en esa provincia.. En “El Día”, su sentimiento antimilitarista con el paso de los meses se va agudizando al punto que finalmente reniega de sus iniciales raíces liberales y comienza a atacar lo que él llama el cesarismo caudillista. Ese año había ingresado a la Sociedad Jurídico Literaria y publicaba en su revista conferencias, discursos, y artículos de tinte liberal, que también se fueron diluyendo con los años hasta terminar siendo un convencido conservador en política aunque manteniendo el juicio histórico imparcial.
Se sabe que tenía avanzada una novela autobiográfica pero que un día rompió los originales pero llegó a publicar el cuento “Las sombras de las viejas casas” donde el protagonista – arruinado en sus negocios – decide vender la vieja casa de campo, resuelve partir a su dulce Francia, envuelta en la guerra, para entregar allí su vida. También de esta época es su pieza teatral “Un matrimonio brillante” basada en otra anterior de Aguirre Guarderas, que jamás llegó a estrenar. En “El Día” comenzó a pulir su estilo pero aún no encontraba el camino del historiador que le llevaría a la fama.
En 1914, con otros prestantes liberales solicitó la renuncia al presidente Plaza como medio para llegar a encontrar la paz de la República pues la revolución continuaba. El 15, bajo el seudónimo de “Gil Blas” – abandonando su anticlericalismo – comentó las ceremonias de la Semana Santa. En Junio formó parte de la Unión Liberal con otros miembros del liberalismo serrano y placista pero en Noviembre dejó de aparecer el diario por causas económicas y en 1916 aceptó participar en el Congreso Catequístico organizado por el Canónigo Alejandro Matheus, al que concurrió la flor y nata del conservadorismo ecuatoriano, de manera que su involución estaba perfeccionandose.
En 1916 fue nombrado Consejero de Estado por el presidente Alfredo Baquerizo Moreno y el 17 pasó de Cónsul General del Ecuador en Suiza, con sede en Ginebra, merced a las gestiones de su amigo el Canciller Carlos Tobar y Borgoño; sin embargo, por razones del conflicto bélico, su esposa alemana no fue visada por las autoridades francesas y tuvo que permanecer en Barcelona hasta el final de la guerra, donde nació su hija única llamada Isabel, mientras Robalino actuaba en Suiza.
En 1919, el Dr. Unger, de Berlín, lo operó de cálculos biliares, intervención que por entonces constituía toda una novedad y encerraba múltiples peligros.. En 1920 fue delegado ante el VII Congreso de la Unión Postal Universal celebrado en Madrid. En 1921 participó en la X Conferencia Internacional de la Cruz Roja. En 1922 el Canciller Nicolás Clemente Ponce lo llamó a Quito de Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores y el 13 de junio fue designado vocal de la Junta Central de Beneficencia. En agosto inició su campaña antialcohólica que duró tres meses a nivel de obreros capitalinos. Por esa época gestionó el ingreso del Ecuador a la Sociedad de las Naciones y el 27 de diciembre fundó en el teatro Sucre la Cruz Roja ecuatoriana.
Entonces quiso dar a la imprenta una pieza teatral en dos actos y prosa titulada: “Un matrimonio brillante”, que iba a ser representadas por la Compañía Nacional de Teatro, pero su hermana María Robalino de Terán se opuso, debido a las sátiras que contenía y su autor no tuvo otro camino que recogerla, aunque ya tenía hasta el reparto.
En febrero de 1924 fue designado Presidente de la Sociedad Jurídico Literaria, en abril fue condecorado por la Cruz Roja española, en julio fue designado Ministro residente en Suiza y Director General de Propaganda en Europa, viajó a Berna con su familia y en 1.925 editó en Lausana “El Alcoholismo” en 94 págs. resumen de su campaña en el Ecuador.
En enero de 1926 pasó a Ministro Consejero en Bolivia y trabajó por un pacto defensivo del Ecuador con ese país. En 1927 fue mantenedor de los juegos Florales a beneficio de la Sociedad Protectora de la Infancia de La Paz.
Para 1931 vivía nuevamente en el Ecuador, retirado en su quinta “La Merced”, cercana a Sangolquí, en el Valle de los Chillos, adquirida con el retiro de sus fondos de reserva, cuando fue invitado a formar parte del Comité auspiciador de la candidatura presidencial de Neptalí Bonifaz, que triunfó en las elecciones. Al conocerse las posibilidades de su descalificación en el Congreso, Robalino intentó salvar la paz, proponiendo a Bonifaz que se excuse; empero, su consejo, no fue escuchado.
En 1932 fue miembro de la Junta Consultiva de la Cancillería y apoyó la política de neutralidad frente al conflicto armado de Leticia, entre Perú y Colombia. Ese año fue designado Ministro Plenipotenciario en el Brasil y asistió a la Conferencia Internacional de Río de Janeiro celebrada con motivo del conflicto armado de Leticia. En 1934 el presidente electo Velasco Ibarra le propuso la Cancillería pero al no ponerse de acuerdo en ciertas designaciones, declinó tan alto honor y en 1935 volvió a Quito y participó en la creación y en los trabajos de la Junta de Defensa Democrática que enfrentó a la dictadura civil del Ing. Federico Páez Lemos. Igualmente escribió en “El Comercio” la columna “Meditaciones de ayer y hoy”, considerada como la iniciación de sus investigaciones históricas.
En 1937 viajó a Europa con los suyos y visitó a su familia política. Estuvo en Italia, Suiza y Alemania. En 1.938 publicó “La Política Internacional que corresponde al Ecuador” en 29 págs. Y contrajo matrimonio eclesiástico en Quito, pues solo era casado civilmente en Alemania.
En Noviembre de 1941 el canciller Julio Tobar Donoso lo nombró Ministro Plenipotenciario del Ecuador en México, desempeñándose hasta 1943 porque la Misión fue elevada al rango de Embajada. Durante su permanencia en México recibió la noticia de la muerte de su hermana única Maria de Terán y de su sobrina política Eleonore Elsner en trágico accidente.
De vuelta al país fue a vivir a “La Merced”, dedicando su tiempo a la equitación y comenzó a escribir la vida de García Moreno, principalmente a base de los documentos del archivo legislativo, que terminó en 1945; el libro apareció en 1948 en 647 págs. y causó la reacción de Maria Augusta Urrutia Aguirre de Escudero bisnieta de Doña Virginia Klinger de Aguirre de quien se dijo que había mantenido amores con el tirano. La señora de Escudero comenzó a solicitar testimonios de personas que habían conocido a doña Virginia, con el objeto de refutar lo afirmado por Robalino. La Compañía de Jesús, que administraba la fundación Mariana de Jesús formada con los bienes de doña Maria Augusta, apoyó la campaña. Esto le ocasionó a Robalino una depresión aguda que se le transformó en neurosis y tras largos meses de cama viajó a la clínica del Dr. Lay Martín en Baltimore, a quien dijo: me pongo en sus manos para escribir un libro y montar a caballo, quien lo mejoró.
En 1950 vivió varias semanas en Cuenca conociendo a sus parientes Dávila y consultando el archivo de Antonio Borrero, puesto a su disposición por su nieto el Dr. Octavio Muñoz Borrero. Fueron años de intenso trabajo intelectual, estudiaba varios archivos al mismo tiempo y apuntaba con letra menuda todo cuanto encontraba de interesante, llegando a formar ciento dieciséis libretas de doscientas páginas cada una.
Componía la historia republicana con el secreto propósito de imitar a Hipólito Taine autor de “Los orígenes de la Francia contemporánea” pues pensaba dar continuidad a la Historia del Ecuador donde la dejó González Suárez; para ello se enfrascó en una obra que requirió de diez gruesos volúmenes que van desde la fundación de la República en 1830 hasta la muerte de Alfaro en 1912. En esos trabajos adquirió una bronquitis y recayó en su neurosis por un período de trece años. Varios psiquiatras le trataron: el Dr. Julio Endara en Quito, el Dr. Delgado en el Perú, el Dr. Hernán Vergara en su clínica de Bogotá un mes. Un nuevo viaje a Baltimore le repuso, pero no completó el tratamiento por la enfermedad y muerte de su prima y madrina en Quito.
Al final, en 1958, cayó otra vez enfermo a causa de tan desmesurado rompecabezas. Acostado, con las ventanas cerradas y a oscuras, no leía y casi no abría los ojos, musitando en voz baja, sólo consigo mismo. El jesuita José Joaquín Flor Vásconez que le fue a visitar en varias ocasiones ha dicho que el ilustre enfermo se encontraba en la penumbra de un aposento en que densas cortinas detenían las caricias amigas del sol. Barbado, con los ojos casi cerrados, la frente contraída, arrugas, signos de afán, de desazón, a causa de una severa crisis de escrúpulos. Mas de una vez le aseguré que era venturoso en el biógrafo y en el historiador caer en lo que se le dijo que eran “indiscreciones” porque había publicado los amores secretos del tirano García Moreno con Virginia Klinger Serrano esposa de su amigo Juan Aguirre Montúfar 1964 se retractó públicamente de su aseveración sobre Doña Virginia Klinger. Ese año recibió de su amigo personal el presidente Velasco Ibarra la Orden Nacional en el grado de Gran Cruz y en 1971 continuó su serie histórica con “Testimonios de los tiempos” en 303 Págs. que dedicó al velasquismo. En 1972 fue designado Prefecto Honorario y Vitalicio de la Congregación de Caballeros de la Inmaculada, en homenaje a su creciente religiosidad que le llevaba a comulgar diariamente y a pensar solamente en Dios y en su trabajo que realizaba para “mayor gloria de Dios”. Entonces editó “El año trágico de 1941 y otros ensayos” en 296 págs. con necrologías, recuerdos de viajes y conferencias. En 1973 apareció “El 9 de Julio de 1925 en 236 págs.
Desde 1969 vivía cuidado por su hija única, que le dedicaba todo su tiempo con verdadera abnegación y a pesar de su viudez gozaba de una relativa euforia de vivir. En marzo del 70 le entrevistó Hernán Rodríguez Castelo se encontraba lúcido. Su casa estaba al pie del puente de la Ronda, en su cuarto de trabajo muchos libros, una mesa con útiles, papeles, apuntes.
En 1972 la Academia de la Lengua lo recibió en su seno, compuso un elogio de Pedro Fermín Cevallos y recibió en su casa, a la antigua usanza. Tenía 90 años y estaba fuerte, gozando de excelente memoria, fue su último acto público.
El 4 de octubre terminó de redactar un volumen titulado “Memorias de un Nonagenario” en 402 págs., especie de autobiografía y otros ensayos y se sometió a un chequeo médico de rutina del que salió bien; así pues, comenzó a borronear algo sobre cosas y hombres de nuestra Patria, cuando el 7 de diciembre sintió un dolor en la pierna a eso de las cuatro y media, luego cenó tranquilamente y al irse a acostar sufrió un vahído y cayó al suelo. Auxiliado, volvió en sí, pidió un sacerdote, comulgó, besó un crucifijo y el retrato de su esposa y le dijo a su hija: “Que Dios te bendiga, perdóname, se buena” y expiró, no si antes rechazar la ambulancia que quería conducirlo a Quito.
Tenía 91 años y dejaba una obra de más de 6.000 págs. sobre el período republicano. El día 9 fue enterrado en el mausoleo de su familia.
Con Julio Tobar Donoso y Carlos Manuel Larrea formó la trilogía de escritores más importante del Quito conservador de los años 40 al 70, siendo Robalino el más prolífico y ordenado, Tobar el más polémico y de mejor estilo y Larrea el más erudito bibliógrafo de los tres y de criterio menos sectario.
Su susceptibilidad morbosa, su debilidad de los nervios, la retractación de 1964 y su declinación hacia planos religiosos, no alteraron su recto criterio, siempre apegado al documento, única fuente de donde extraía sus pensamientos; luchó por la verdad y contra el alcohol y el tabaco, sus temas de siempre, amó a su esposa e hija y a su Patria, a ésta última con tanta intensidad, que le dedicó cuarenta años de su vida, investigando una de las etapas de su estructuración: la republicana.
De estatura menos que mediana, blanco, calvo, poblado bigote, contextura gruesa, buen conversador y en su juventud liberal, dicharachero, enamorador y fiestero, su obra es un legado invalorable para la cultura de la Nación ecuatoriana.