REYES QUINTANILLA JESUS

MILITAR.- Nació en Cuenca el 19 de Diciembre de 1916 y fueron sus padres el Dr. Belisario Arturo Reyes Arteaga, graduado de Médico en la U. de San Marcos de Lima y en la especialidad de homeópata, farmaceuta en la U. de Colonia, Alemania, en cierta época Tesorero de Hacienda del Azuay, tuvo buena clientela de a dos sucres (los médicos cuencanos solo cobraban uno) atendía en su consultorio en la planta baja de la casa heredada a su padre en 1891 situada en la Borrero y Bolívar fue propietario de las haciendas (1) Josefina y parte de La lalcote; y Elvira Quintanilla España, naturales de Cuenca. Ella era hermana del Teniente Coronel Luís Eliseo Quintanilla España, Presidente del Concejo Cantonal de Girón, pionero en la construcción de la vía Cuenca- Girón – Pasaje, del puente de Uscurrumi y del Museo de Armas de la batalla de Tarqui en Girón.
Creció con su madre de quien recibió las primeras letras y asistió a la escuela de los Hermanos Cristianos donde fue alumno del hermano Dionisio, de nacionalidad francesa, que le tomó bajo su cuidado.
Delgado y larguirucho, siempre aparentó más edad y con sus compañeritos César Vega y Ricardo Iñiguez partieron a Guayaquil. Primero caminaron con unos arrieros y se tomaban del rabo de las mulas para ayudarse, el paso del páramo fue terrible; finalmente bajaron a la costa, en Jesús María abordaron una lancha y al llegar al muelle encontraron a sus padres, pero solo recibieron una reprimenda muy suave dado el cansancio de los tres días de jornada. Después hizo con otros amigos un raid a Loja. En el páramo de Sivan se les acabó el camino estable y comenzaba el de herradura, de suerte que tuvieron que cargar las bicicletas a Oña y renunciar a tan descabellada aventura.
En Abril del 32, al producirse el alzamiento de los marinos del Comandante Benigno Abad Lara contra el interinazgo del presidente Alfredo Baquerizo Moreno, que terminó con el combate naval de Gala, se realizó una leva de muchachos y fue llevado al interior del Cuartel Quinto Guayas situado en el parque Calderón, pero le soltaron debido a las influencias de su tío Luís; que, años atrás, había sido Comandante de la guarnición en Cuenca. Nuevamente lo cogieron en Agosto durante la Guerra de los Cuatro Días entre los Compactados de Bonifaz y el gobierno; el Comandante de la III Zona Militar, Matías Elizalde, era bonifacista, y no los mandó a pelear en Quito. En castigo, el Ministro dispuso que fueran enviados a Esmeraldas, donde estuvo de soldado raso hasta el mes de Septiembre del 34, que pasó de guarnición a la capital.
En Octubre del 35 ocurrió que el Coronel Alejandro Albán del batallón Quinto Guayas, dispuso que se igualaran los uniformes y las gorras, pues cada especialidad tenía distintivos de variados colores. Los otros Jefes se opusieron y Albán cercó al grupo de artillería Calderón, produciéndose una gravísima situación de hecho felizmente sin consecuencias pues a última hora primó la cordura, aunque para evitar nuevos enfrentamientos el dictador Federico Páez los destinó a Guayaquil.
El 36, ascendido a Cabo en el Cuartel de la plaza del Centenario de Guayaquil, se le escapó una frase contra el régimen y como Páez había introducido espías, le denunciaron y fue llevado a la Pesquisa que quedaba al frente y puesto a órdenes del Coronel Palacios, donde permaneció siete días incomunicado. Sus compañeros habían detectado la situación y exigieron conocer su paradero. Entonces fue enviado en servicio al batallón Pichincha en Esmeraldas y le tocó trabajar en la trocha Esmeraldas – Quinindé – Quito y en el sector de la playa de San Mateo.
El 1 de Enero del 37 se formó el batallón Vargas Torres con motivo del cincuentenario de su fusilamiento. Fue electo Clase instructor de esa primera leva de conscriptos del país: 370 jóvenes, todos morenos y más alto que él. Ese año subió a Cabo primero.
El 38 la misión militar italiana formó los batallones andinos, compuestos de tres compañías de Infantería, un escuadrón de Caballería y una compañía de Zapadores, ascendió a Sargento segundo, realizó un curso de adiestramiento y fue Sargento primero. A fines de año le enviaron a otro curso en la escuela de Suboficiales de Quito dirigida por los Italianos que también daban clases en la Academia de Guerra (cursos de Armas: Infantería, Artillería, Caballería e Ingenieros) y como ya se dijo, en la escuela de Suboficiales, pues eran grandes trabajadores, incansables.
A fines de año se conoció el ataque peruano a un destacamento defendido por el Subteniente Galo Anda Viteri en el río Huayaga. Para recuperar esa posición se formó un grupo de 10 oficiales y 6 suboficiales entre los cuales estaba el ahora sargento Reyes y 110 hombres del batallón andino Cayambe al mando del Mayor César Velasteguí.
El viaje fue una odisea, faltó la comida y en la población de Juan Montalvo a orillas del río Bobonaza los repartieron en varios destacamentos: río Tigre, río Corrientes, río Bobonaza, Huachi y Andoas y permaneció en estos últimos y en el río Pastaza, a pocos kilómetros del Amazonas, hasta mediados del 39, que salió con 44 compañeros destinados a seguir el curso de Oficialidad en el Colegio Militar en Quito; pero solo 9 aprobaron los exámenes.
El 41 pasó a la escuela de Infantería y Caballería en el cuartel de El Sanatorio de Quito y el día 14 de Julio los oficiales fueron llamados a formarse en el patio por orden de estatura y los contaron de 3 en 3 para enviarlos a los batallones Carchi, Tulcán, Cayambe, Tungurahua, Macará, Guayas y España. Por ser de los más altos le correspondió el Carchi, destinado a la provincia de El Oro, pues acababa de iniciarse la invasión peruana con movimiento envolvente de tropas.
El día 15 estaba en Guayaquil, en la madrugada del 16 arribaron en la motonave Olmedo a Puerto Bolívar y en autocarril siguieron a Arenillas. Poco después se supo que se combatía por sectores en Chacras.
El día 20 entró a la zona de combates con la segunda Compañía al mando del Capitán Samuel Galarza Escalante. No había comodidad alguna ni suficiente pertrechos. El 22 se estabilizó la línea de fuego en todo el sector. El 23 fue enviado muy por la mañana con 30 hombres a defender el destacamento de las Palmas, combatiendo en ese lugar todo el día. Los peruanos utilizaron fuego aéreo, de artillería y tanques, pero los ecuatorianos se sostuvieron firmemente en las posiciones.
El día 24, con el Subteniente Julio Burneo y unos pocos hombres avanzaron desde el tabacal en que estaban situados hasta una cerca a 100 metros adelante. Al mediodía y casi sin municiones, la situación se tornó gravísima. A las cinco de la tarde el pelotón Carchi fue destinado a constituir la punta de seguridad en retaguardia, para que los demás se pudieran retirar ocho kilómetros a la quebrada de Bejucal, hasta recibir refuerzos.
Al finalizar la tarde se observaba al enemigo a solo 25 metros de distancia y tomando el fusil ametralladora se lanzó adelante ocupando una palmera desde donde abrió fuego. El Subteniente Burneo también hacía fuego desde unos árboles de mango situados a la izquierda, instantes en que ordenó cargar la bayoneta, lo que fue escuchado por el enemigo que retrocedió espantado, retardándose el avance del Quinto escuadrón de caballería peruana y así fue como los nuestros pudieron replegarse ordenadamente hasta con los heridos.
El teniente Edmundo Chiriboga había fallecido a poca distancia en Chacras y con el sargento primero Cabrera, el Subteniente Julio Burbano Arias y el Cabo Guillermo Vilac retiraron las prendas del cadáver. El 26 se anunció el armisticio y cesaron los fuegos del lado ecuatoriano. El Perú, en cambio, siguió avanzando.
El 28 retrocedieron a Arenillas los 80 hombres que quedaban del Carchi pues muchos habían muerto. El 31 el Teniente Coronel Jacinto Vélez dispuso la salida a El Pasaje. El 1 de Agosto llegó Vélez, reunió a la oficialidad del Carchi y continuaron la marcha a Cuenca, arribando el 6. Al saberle en la ciudad le felicitó su tío que ya le tenía por muerto. Luego fue destinado a Riobamba.
El 42 pasó al batallón Oriente No. 14 en el río Napo y luego fue a ocupar el río Aguarico cerca del Cuyabuno, con 10 hombres. Allí le relevaron con el Teniente Arturo Suárez Nieto y formó un nuevo destacamento en Hulilima, en el Napo, con 8 hombres. El 43 siguió en Quito la Escuela de Clases que funcionaba en la piscina del Sena junto al río Machángara y entró al batallón Montecristi con sede en Guaranda.
El 28 de Mayo del 44 fue comisionado para retirar las armas a la policía. Después estuvo un corto tiempo en varias unidades y el 46 comandó el batallón Cayambe en las calles Antepara y Ballén. Entonces sucedió que el Presidente Velasco Ibarra, de visita en Guayaquil, cerca de las ocho de la noche inspeccionó un solar en los extramuros de la ciudad donde se pensaba construir un cuartel. Reyes Quintanilla le saludó sin presentar los honores de estilo, porque según los Reglamentos, estos solo pueden realizarse desde las seis de la mañana que es el toque de Dianas hasta las seis de la tarde. Como Velasco Ibarra era muy susceptible, se creyó insultado y le tomó antipatía, de suerte que poco después fue enviado en castigo a servir por tercera ocasión en oriente, en el destacamento Miazal de las guarniciones del río Morona.
El 1 de Enero del 47 ocupó la unión de los ríos Nangaritza y Congaime, en tierras ecuatorianas, que habían estado abandonadas desde tiempo atrás y en ellas fundó el destacamento Vargas Torres porque siempre ha sido liberal. De allí fue relevado por el teniente Efraín Izquierdo y pasó a Ambato de Comandante accidental de la primera compañía del batallón Pichincha integrado con 80 conscriptos guayaquileños.
La mañana del 26 de Agosto caminaba uniformado con varios compañeros y al pasar por una esquina de la calle Gran Colombia fueron insultados por un grupo de jóvenes. Había caído el Presidente Velasco Ibarra en Quito, con un golpe militar de su Ministro de Defensa, Coronel Carlos Mancheno Cajas.
Su Jefe, el Mayor Bolívar Garrido, era manchenista y Reyes Quintanilla y Luís Jácome eran partidarios de la Constitución, así es que tomaron contacto con la segunda compañía del Pichincha que estaba en Latacunga y al encontrar apoyo decidieron oponerse al golpe el día 27, para lo cual llamaron a Ambato a los Generales Luís Larrea Alba, Cesar Alfaro y Ángel Baquero Dávila, pero solo pudo ser localizado este ultimo, que llegó de incógnito el 28 y asumió el mando con Jácome. Mientras tanto, por culpa de una borrachera del segundo jefe del batallón Carchi, un militar de apellido Estrella, que puso un imprudente telegrama insultando a Mancheno, se conoció la insurrección de Ambato.
Para entonces los militares constitucionales habían despachado al teniente Gonzalo Endara a Guayaquil como su mensajero de confianza, a proponer la presidencia a Abel Gilbert Pontón, Francisco Arízaga Luque y Clemente Yerovi Indaburo, en ese orden, pero Endara fue apresado al arribar a Durán porque viajaba con la camisa del uniforme y no pudo cumplir su cometido. También se comunicó con las guarniciones de Guaranda y Riobamba y obtuvo la formación de un grupo de 260 soldados, compuesto de la siguiente manera: 80 del Pichincha a sus órdenes, 40 Clases del Carchi con Enrique Calle de Riobamba, 40 de Guaranda y 100 de Rafael Monge Merino de Riobamba, a última hora se sumó el Coronel Carlos Cabrera Sevilla, del Puyo, con 50 hombres del batallón Oriente.
La Oficialidad de Guayaquil se mostraba indecisa y finalmente no tomó partido; la de Cuenca envió la División Tarqui con el teniente Coronel Oliva y tres unidades a sofocar la contrarevolución de Ambato, mientras Mancheno despachaban 1.000 policías, el batallón Montúfar, el grupo de Artillería, el grupo de Caballería y los tanques, de suerte que parecían cercados por el norte y el sur y tuvieron que subir a las alturas de Yambo donde fueron molestados por la aviación y finalmente el 31 ocuparon el sitio Socavón.
A las siete de la mañana del día siguiente, lunes 1 de Septiembre, se conoció que el teniente coronel Julio Sacoto había increpado al Coronel Oliva en Alausí, por detener la división Tarqui de Cuenca, que concurría al combate. Libres de éste peligro en el sur, los constitucionales avistaron a las fuerzas del norte enviadas con el coronel de Ingenieros Ernesto Villacís a la cabeza y pronto se abrieron los fuegos en Socavón; pero a las 11 de la mañana las partes arribaron a un acuerdo para discutir condiciones en Latacunga y en Ambato y como las unidades le desautorizaron, Mancheno tuvo que asilarse en una Embajada, mientras asumía el poder Mariano Suárez Veintimilla en su calidad de Vicepresidente de la República, para dar paso al establecimiento de un gobierno provisional. Por esta actuación Reyes Quintanilla fue ascendido a Capitán el 18 de Octubre de 1947 y le asignaron a la guardia presidencial, pero solicitó el cambio y fue enviado al batallón Cayambe en Guayaquil.
El 48 realizó un cursillo de sobrevivencia en la zona del canal de Panamá y el curso reglamentario de Infantería en Quito. De regreso a Guayaquil fue Jefe Provincial de Instrucción Premilitar y amistó con numerosos rectores de colegios. El 50 regresó de Comandante de la primera compañía de fusileros del batallón Constitución a Arenillas. En Enero del 54 fue Jefe del servicio de Información de la división motorizada Guayas y en Marzo, a los 38 años de edad, casó con María Eugenia Feijoo Negrete, con sucesión.
En Abril ocurrió una tensión diplomática con el Perú y fue destinado como segundo jefe del batallón Constitución en Arenilla, para buscar obstáculos que impidieran el paso de las fuerzas blindadas enemigas. Sobrevoló el lugar con el capitán Colón Grijalva y decidió formar un embalse artificial de 10 kilómetros con agua de mar y del río, a base de una compuerta móvil de hierro, sostenida en dos pilares de rieles del antiguo ferrocarril El Oro, cemento, tablones de mangle y guarniciones de bronce. Trabajaron 300 hombres, se gastó S/. 150. 000 y poco después crecieron las larvas aprisionadas, siendo la primera camaronera que existió en el país. Ese año publicó una monografía histórica del batallón Pichincha, lamentablemente en solo 500 ejemplares, por eso de difícil obtención.
El 55 pasó a Guayaquil y cuando se produjo la rebelión del grupo de los Perones o de los Che (oficiales que habían ido a especializarse en la Argentina) comandados por el Mayor Reinaldo Varea Donoso, le tocó recibir a las cuatro de la mañana, en la Zona Militar, al Presidente Velasco Ibarra, que había viajado durante la noche con su edecán el capitán Jorge Páez Torres de chofer y el Dr. Manuel Araujo Hidalgo, produciéndose el siguiente diálogo: ¿Todavía soy Presidente? Pase Doctor. Ud. es nuestro Presidente ¿No me van a coger preso?
Reyes despertó al Jefe de Zona Galo Almeida Urrutia y mandó a ver a Julio Garzón, comandante del batallón Cayambe en Santa Rosa y Ballén, a Carlos Borja del grupo de artillería en la Avenida de las Américas y al jefe de escuadra Jorge Wolf Franco, a quien encargaron apresar a los revoltosos, que recién llegaron en un avión a las siete y fueron trasladados al buque Presidente Alfaro surto en la ría. Entonces Velasco Ibarra preguntó ¿A quién ponemos de Ministro de Defensa? Garzón le contestó: ¿Qué le parece Pedro Menéndez Gilbert? pero acaba de ser designado Alcalde, alegó otro de los presentes – Eso no importa, sentenció Velasco Ibarra: Que lo nombren. Dos días después los revoltosos eran dados de baja en Quito y Menéndez Gilbert se posesionaba en su Ministerio.
A fines del 56 fue enviado nuevamente a El Oro por orden del Presidente Ponce Enríquez. En Septiembre del 58 arribó a Quito la misión militar chilena, a hacerse cargo de la Dirección de la Academia de Guerra. El coronel Aníbal Mancilla le hizo ingresar y permaneció allí dos años. El 60 fue destinado a la jefatura de operaciones en Guayaquil con el grado de teniente coronel y enviado en marzo a los Estados Unidos para que visite el Pentágono y todos los fuertes de ese país. Entonces se pensaba que estas visitas servían para acercar a los jefes militares latinoamericanos hacia la política internacional de los Estados Unidos.
En julio pasó a Caracas por el sesquicentenario de la Independencia de Venezuela. En Agosto del 61 fue delegado por el Ministro de Defensa, Alejandro Teodoro Ponce Luque, para recibir el armamento (tanto el nuevo como el usado) que meses atrás había adquirido el teniente coronel Reinaldo Varea Donoso en dos millones y medio de dólares, suma muy significativa para entonces pues el Ecuador era una nación pobrísima. En Roma fue atendido por los representantes de la casa vendedora Tirrena S.A. pero como tuvo que visitar numerosos fuertes en Italia y en Francia donde estaba disperso el armamento, su estancia se prolongó nueve meses. Finalmente decidió no aceptar lo usado y como había caído Velasco Ibarra y estaba de presidente Carlos Julio Arosemena, notificó en tal sentido al nuevo Ministro de Defensa Francisco Eugenio Tamariz Palacios, quien se mostró enteramente de acuerdo; más, la casa Tirrena S.A. en virtud del cambio de las condiciones, prefirió deshacer el negocio. Lo feo del asunto es que la Junta de Defensa Nacional le retrasaba los viáticos para que pase necesidades y acepte las coimas que le ofrecían los traficantes de armas en Europa, aunque los sueldos le eran cubierto puntualmente a su esposa en Guayaquil
En marzo del 62, otra vez en El Oro, fue invitado por el Coronel Aurelio Naranjo a una reunión en la Zona Militar de Cuenca, a la que concurrieron más de veinte oficiales incluyendo el coronel Carlos Arregui, comandante general del Ejército, a fin de tratar sobre la situación política del país.
La reunión comenzó el 28 de marzo a las seis de la tarde en el comedor del campamento de Cullca y se habló de diferentes asuntos políticos y de la necesidad de romper relaciones diplomáticas con Cuba y el régimen de Fidel Castro como lo exigía la gran prensa del país, algunos militares pro yanquis y el alto clero (incondicionales seguidores de la CIA en el Ecuador) I en esas estaban cuando a las nueve y media de la noche su prima Charito Reyes Nieto, que le quería mucho, se asomó a la puerta y dijo al mayor Fiallos, ayudante de Reyes Quintanilla: Llamará a mi tío y dígale que se venga a comer los mejores cuyes de Cuenca… Recibido el mensaje, caminó hacia la puerta y tomando su gorra se aprestaba a salir cuando un Clase se interpuso y le dijo: No puede mi coronel, están presos. Repuesto de la sorpresa le arrebató el arma y bajó con el Clase al patio donde estaba el batallón Constitución y gritó: Armarse y equiparse. No dejen subir a nadie. Enseguida entregó al preso, subió y tras hablar con Arregui, este encaró a Naranjo, quien le dijo ignorar la orden. Entonces Arrregui le quitó el mando y conectado por teléfono con el Ministro de Defensa en Quito se supo que Naranjo estaba comprometido con el Comandante Theodore Bogart, Jefe del Comando del Pacífico Sur con sede en Panamá, quien volaba a Cuenca en esos momentos a fin de apoyar el movimiento que la prensa denominó “El naranjazo”. Mas, cuando Bogart llegó, Naranjo ya estaba sin mando. Hubo crisis de gabinete porque renunciaron los ministros socialcristianos y conservadores que también estaban comprometidos con los planes de la CIA y auspiciaban la dictadura de Naranjo en franca traición al gobierno al que servían, que de todas formas quedó tan debilitado, que tuvo que romper relaciones con Cuba a los cuatro días y renovó las carteras con elementos liberales y socialistas. Naranjo fue conducido a Quito, se sinceró con el Alto Mando, que lejos de darle la baja le permitió regresar en triunfo a Cuenca. En el resto del año también hubo varias insurrecciones en El Oro que no trascendieron al público. En una de ellas fue apresado el Jefe de Zona de esa provincia, general Julio García, por pasarse de tragos y discutir con la tropa, pero el incidente terminó en paz.
En Marzo del 63 fue promovido a jefe del VI Departamento del Estado Mayor para preparar los cuadros de movilización del ejército, pues el nuevo Ministro de Defensa, Francisco Acosta Yepes, le tenía por militar peligroso. Entonces le llenó de comisiones y trabajos pero sin mando militar alguno y fue miembro del Dpto. de Alfabetización y coordinador de las tablas de estadísticas del último censo, creyendo que teniéndole ocupado evitaría cualquier maniobra suya contra el gobierno.
En julio viajaron el Ministro de Defensa y el Jefe de Estado Mayor, coronel Andrés Arrata Macias a la feria de Hannover en Alemania, los complotados contra el Presidente Arosemena se reunían en casa del capitán Sergio Sáenz Bejarano en espera de la oportunidad propicia, que se presentó el día 11 de dicho mes tras el incidente del banquete ofrecido en Palacio al Presidente de la Grace Line y al que tambien asistió Maurice Berbaum, embajador de los Estados Unidos.
Reunidos a las 10 de la mañana en la oficina del Ministro de Defensa, convocados por el general Luís Cabrera Sevilla, Comandante general del ejército, Reyes fue comisionado para deponer al Jefe de la II Zona, Coronel Jaime de Veintimilla Moran, conocido arosemenista, y hacerse de dicho mando.
Ya en el mando de la Zona procedió a notificar al Alcalde Asaad Bucaram que abandonara el Palacio Municipal y como no lo hiciera le mandó a sacar con el teniente Dávila Alfaro, quien le llevó pistola en mano a Quito. Con su amigo el rector de la Universidad, Dr. Antonio Parra Velasco, tuvo una conversación muy educada. Continúe en el rectorado estimado Doctor. Gracias, amigo mío, pero no puedo seguir por mi antimilitarismo.
Durante su corta Jefatura Civil y Militar reorganizó el Concejo Cantonal bajo la alcaldía de Carlos Luís Plaza Dañín, cambió la ubicación del puente sobre el río Guayas que de la isla Santay pasó a la puntilla para beneficiar a la zona de Samborondón, terminó la construcción de la penitenciaria modelo del Litoral y en Septiembre cometió el error de recibir un agasajo de las fuerzas vivas en el Club de la Unión. Tomó la palabra Teodoro Alvarado Olea y concurrió mucha gente adulona. Los generales Mauricio Gándara y Aurelio Naranjo recelaron inmediatamente y en Octubre lo sacaron de la jefatura de Zona y le dieron funciones sin mando en Quito.
El 64 siguió el curso de Oficiales en la Escuela Superior de Guerra de Civitaveccia en Italia. Entre el 65 y el 66 fue Jefe de operaciones del Comando Conjunto. En Marzo el Presidente Clemente Yerovi le ofreció la Comandancia General del Ejército, que rechazó para no perjudicar a 28 oficiales que tenían mayor antigüedad. Yerovi le manifestó “Su honradez es grande. Dios quiera que no le pese en el futuro” y le envió de Agregado Militar, Naval y Aéreo en el Perú.
Estando en Lima pasó Velasco Ibarra candidatizado a la presidencia de la República y no le fue a recibir al aeropuerto; quizá por eso, cuando el 68 fue calificado para ascender al generalato, Velasco Ibarra se opuso. Tuvieron una entrevista aclaratoria pero Velasco Ibarra ya había tomado su decisión de pasar por alto a los diez primeros Coroneles en antigüedad. El 69 pidió la baja y se empleó de Jefe de obras de la Urbanización La Chala.
El 72 se cambió a Jefe de seguridad con rango de Subgerente del Banco del Pacífico, luego ascendió a gerente administrativo y el 76 salió por el decreto del servicio civil obligatorio del dictador Rodríguez Lara, que dispuso un límite de tiempo de servicio, por razón de la edad; mas, caído Rodríguez Lara del poder, el 77 Reyes Quintanilla fue designado por sus sucesores, los Triunviros militares, para las funciones de Gerente del ingenio Aztra (Azucarera Tropical Americana) de propiedad estatal, ubicado en la parroquia La Troncal, con ochenta mil sucres mensuales de sueldo.
Durante su período se produjo la huelga que originó la masacre de obreros en la que no participó y se arregló la deuda con los inversionistas franceses.
El Contrato colectivo disponía que por cada alza en el precio del azúcar debía reconocerse un porcentaje a favor de los trabajadores, cantidad que por la malversación de las finanzas del Ingenio no se había pagado y ascendía a treinta y seis millones de sucres en 1977, suma exorbitante para entonces. Los anteriores Gerentes Emilio Parodi Cabrera y Rafael Robles Neira tampoco habían pagado el valor de las maquinarias a los inversionistas franceses, de suerte que al posesionarse Reyes Quintanilla encontró ambos problemas, al parecer insolubles. El Directorio de Aztra con sede en Quito, a causa del centralismo absorbente se hizo el desentendido y no quiso arreglar. La situación económica era mala porque los triunviros decretaron en Agosto de 1977 que el precio de cada quintal de azúcar para todos los ingenios del país debía ser de trescientos ochenta sucres menos para Aztra que debía seguir vendiendo a trescientos veinte dizque para abaratar el producto, cuando en realidad era para favorecer a unos cuantos ladrones, amigos y parientes de los militares de entonces, quienes acaparaban la totalidad de la producción para revenderla a las grandes industrias, beneficiándose con la diferencia existente con el precio oficial, es decir, con sesenta sucres por quintal, negociado criminal del que nadie ha hablado y principal causa del funesto suceso que se produjo casi enseguida. Así las cosas, empezó la huelga de los zafreros, campesinos pobres del Cañar que pasaban a la costa a cortar caña por un módico salario, que ahorraban a través de grandes privaciones, para retornar a sus hogares al término de la zafra con algún dinerito para su familia.
Los tres mil cortadores de caña se tomaron las instalaciones y cerraron las puertas. El 18 de Octubre de 1978 el Ministro de Gobierno, general Bolívar Jarrín Cahueñas, ante las repetidas instancias del Subsecretario Javier Manrique Trujillo que deseaba a toda costa liquidar a los huelguistas, dispuso que la escuela de policía de las Peñas dirigida por los mayores Lenin Cruz y Eduardo Díaz Galarza, proceda inmediatamente y “cueste lo que cueste” al inmediato desalojo de los zafreros, utilizando medidas de rigor y si fuere necesario dando bala, como en efecto se hizo. Eran las seis de la tarde de ese fatídico 18 de Octubre cuando llegaron los policías y se apostaron en el gran patio. Con altoparlantes dieron el ultimátum de abandonar el sitio en un minuto, pero como los mismos policía tenían rodeados a los obreros, sus mujeres y niños – cuando éstos quisieron salir – no pudieron hacerlo. Entonces comenzaron los gases lacrimógenos y los disparos, provocando un intenso pánico, sobre todo entre las mujeres y niños pequeños. La multitud, al tratar de escapar, se atropellaba y caía. Para colmos, solo estaba una de las puertas abiertas pues las demás habían sido cerradas y como la fuerza pública les empujaba y golpeaba y seguía disparando, se formó un atolladero humano y empezaron a caer los cuerpos en un canal bastante profundo que circunda el ingenio y cuyas aguas sirven para limpiar las maquinarias. Unos tras otros caían formando un montón y como eran serranos no sabían nadar.
Según el parte oficial de esta masacre, solo fueron veinticuatro trabajadores los que encontraron la muerte, todos por ahogamiento. Demás está indicar que hubo cientos de contusos, algunos de ellos graves y otros con heridas de consideración, pues fue una acción represiva cometida contra seres indefensos, humildes, inocentes y trabajadores, padres de familia en el austro y contra sus mujeres y niños pequeños. El Ab. José Joaquín Bejarano Icaza, asesor jurídico de los trabajadores del Ingenio Aztra, indicó que los militares, asustados por la magnitud de la masacre, forzaron al médico legista doctor Uquillas, quien realizó las autopsias, para mentir tanto en el número de obreros fallecidos como en la causa de sus muertes, pues algunos presentaban orificios de bala, otros tenían signos de culatazos e incluso golpes con el cañón. El Abogado indicó que él había visto un cadáver cuando lo estaban velando, con la cabeza destrozada por un balazo. Al enterarse del informe del Dr. Uquillas, éste casi fue linchado por el pueblo de La Troncal, enardecido por el crimen.
El escándalo adquirió proporciones internacionales, se instauró un Sumario que no aclaró nada, pero el número de víctimas mortales debió ascender a más de cincuenta y no se digan los heridos que pasaron de cien, algunos de ellos de suma gravedad. La huelga duró dos meses más y finalmente los indolentes militares, miembros del directorio en Quito, ante la presión nacional, terminaron por conceder “graciosamente” el pago de lo adeudado, firmando por los trabajadores el Dr. Carlos Cueva Tamariz y por el Ingenio el coronel Reyes Quintanilla. Los franceses, en cambio, tras un acuerdo con Reyes Quintanilla en París, tuvieron que seguir esperando para empezar a cobrar la irrisoria suma de un dólar por quintal a producirse de allí en adelante, como simple abono a su deuda. La matanza de obreros en el Ingenio Aztra – como se conoce en la historia ecuatoriana a este crimen colectivo – y el asesinato del Economista Abdón Calderón, constituyen dos hechos tristes y vergonzosos en nuestra historia y sirvieron para desacreditar a la dictadura de los Triunviros militares en el Ecuador, formada por Poveda, Duran Arcentales y Leoro Almeida, apresurando el retorno al régimen constitucional en Agosto del 79.
A finales del 77 hubo un escándalo en las aduanas de Manta y el 78 los miembros del gobierno le enviaron a la Dirección General de Aduanas con sede en Guayaquil a fin de moralizar la administración. Ese año fundó la Escuela de Aduanas y los impuestos a las importaciones produjeron más dinero que el petróleo. El 79, al terminar las dictaduras, entró al grupo Isaías como uno de los gerentes de Seguros Rocafuerte con S/. 50.000 de sueldo. En Enero del 81 se inició la guerra de Paquisha con el Perú y fue Jefe del Departamento de Reclutamiento y Movilización de la División Guayas.
De allí en adelante, jubilado en el IESS, trabajó en varias compañías. Una de plásticos y dos de vigilancia y seguridad privada y se dedicó a la investigación de la historia militar del país, por eso editó las siguientes obras de divulgación histórico – militar para lectura de estudiantes, a saber: El 93 “Episodios Militares” en 179 pags. con la campaña de Buijo y varios sucesos conocidos de la Invasión peruana de 1941, “Nuestro Río Napo” recuento con las acciones militares en dicho río, “Los combates del Viejo Luchador” sobre las batallas de Eloy Alfaro, “El Bloqueo de Guayaquil” visión repetitiva sobre los sucesos de 1859 y “Trilogía de Gloria” sobre tres unidades (batallones) de nuestro ejército que lucharon en las campañas por la independencia del Perú (el Vencedor, el Pichincha y el Yaguachi, después llamado Vargas).
Falleció en Guayaquil, anciano y relativamente pobre en su villa de la avenida Víctor Emilio Estrada en la ciudadela Urdesa. Fue un buen hombre y un militar de honor aunque no tuvo los rasgos de carácter que distinguen a los seres excepcionales. Al final de sus días, con la voluntad disminuida, se emocionaba ante las cosas de la vida, ante los triunfos de sus nietos, como lo reveló una de ellas a través del diario El Telégrafo, en fin, se encontraba muy susceptible. Cuando le conocí y traté al final de su vida conservaba todos los rasgos del cumplido caballero que siempre había sido, las buenas maneras, el trato afectuoso y una bonhomía propia de los espíritus selectos.