RENDON SOLANO TOMAS

MAESTRO.- Nació en Cuenca a mediados de Diciembre de 1824. Hijo legítimo de Juan María Rendón y de Teresa Solano y Vargas – Machuca, hermana gemela de Fray Vicente, pero “las contínuas desavenencias de su hogar tornáronle un ser esquivo, obligándolo a retrasar sus estudios que al fin los culminó en su ciudad natal”.
Hijo único y encima apegado a su madre que vivió hasta los 92 años a su lado, tuvo que ser por fuerza un tímido jovencito que no gozó su juventud y aprendió a vivir en soledad, pues la soltería le persiguió siempre y no se le conocieron escarceos románticos.
En 1854 rindió su grado de Doctor en Jurisprudencia gratuitamente merced a las recomendaciones de su tío ante el Dr. José María Lasso, Ministro Juez de la Corte Suprema en Quito.
El 55 comenzó a enseñar en el Seminario conciliar de Cuenca con notable éxito; hablaba lenguas vivas y muertas estudiadas con Diccionarios, vivía entre los Clásicos latinos, hacía traducciones de Horacio y Virgilio y “reponía el verso de Ovidio para deplorar sus viejos días”. Era el prototipo del profesor de recta trayectoria, estudioso, puntual, claro y sencillo en sus exposiciones, severo de costumbres y actitudes y para mejor hacer, poeta de tono melancólico que sólo en la intimidad de su hogar o en reuniones muy pequeñas mostraba sus poesías.
En 1859 editó “Recuerdos y Pesares” en una hoja, como homenaje a la memoria de su amigo Vicente Palacios.
Su diario recorrido era de la casa al Seminario y viceversa, deteniéndose por pocos minutos en alguna tienda o para hablar con cualquier amigo. Vivía estrechamente, ajeno a las vanidades, en su semianonimato del que de vez en cuando emergía; sin embargo, en 1865, rompió su silencio para desafiar las iras del Presidente García Moreno con una sentida “Elegía epitafial” para la tumba de su amigo el General Manuel Tomás Maldonado, fusilado por orden del tirano. Dichos versos fueron con el correr de los años proféticos, pues en la parte final Rendón dice: // “En tu duelo y pesar, más bien deplora/ del insano verdugo el fin horrendo; /pues que tan indignado, de fiereza tanta, / más cruda muerte te reserva el cielo”. // bien es verdad que cuando salió dicha poesía, acababa García Moreno de entregar el poder a Jerónimo Carrión y ya no era peligroso para nadie. Aparte que eso fue escrito cuando aún vivían en Cuenca numerosos liberales, de los más esclarecidos del Ecuador.
Entonces no le sucedió nada malo. Era bien querido por todos, solía cartearse con damas y caballeros en sentidos versos que llamábanse “Cortesías poéticas” y de los que han quedado algunos bellos ejemplos como también mucha cursilería.
En 1868 editó “Otra inscripción en obsequio de la misma víctima sacrificada el 25 de agosto” en una hoja y en verso, como homenaje a su amiga Manuela Chica Cortázar, asesinada por su marido Astudillo que estaba demente.
En 1870 su deudo el Dr. José Rafael Arízaga Machuca le instaba a hacerse notar, a publicar, con los siguientes bellos consejos: “Deja ese modo que de tiempo atrás ha estado deteniendo el vuelo de tu ingenio, piensa en la fama de tu nombre y en la gloria que le aguarda y canta”. Entonces polemizó con Tomás Ugalde, a quien sacó el folleto “El Triquitraque” en 4 págs.
En 1871 figuró como colaborador del periódico religioso y literario “La Esperanza” de Guayaquil. Para entonces, los fines teocráticos de la revolución garciana y la posición de extrema religiosidad a la que se había llegado, motivaron un cambio en Rendón hacia la derecha.
Entre 1872 y el 73 colaboró con artículos, fábulas y poesías en el Semanario “La Aurora” de Cuenca. El 74 se dirigió a la juventud estudiosa del Azuay y publicó unas ligeras travesurillas en verso sobre la carretera a Naranjal. El 75 editó “El adiós del Indio” en 8 págs, versión en español del original en quichua, escrito por Luis Cordero.
En lo económico dependía del Seminario donde mantenía su cátedra y como la pugna entre el Obispo Remigio Estévez de Toral y el presidente García Moreno, se había aplacado casi totalmente, debido a la intervención directa del Papa, toda la grey se mostraba dócil; sin embargo, esos fueron los años de mayores perturbaciones para Rendón, que siguiendo el consejo de su primo, escribía y entraba en polémicas por asuntos políticos y literarios con numerosos escritores del país, recibiendo los denuestos propios de esa clase de actividades.
En 1878 escribió un opúsculo en versos en Latín contra González Suárez en 79 págs. El 79 dirigió una esquela a la Sra. Carmen Torres Vda. de Córdova, en memoria de Miguel Fernández de Córdova, su amigo. El 80 firmó “Emociones de pesar” por la muerte de Francisco de Paula Arizaga. El 82 se lamentó en “Nuevos pesares para Cuenca” en memoria del Dr. Mariano Cueva y firmó una invitación a la misa de honras de Dña. Rosa García de Tamaríz. Ese año apareció impreso su “Catecismo de Ortografía Castellana distribuido en nueve lecciones para el uso de las escuelas y colegios” en 112 págs. El 83 polemizó con motivo de la vacancia del Obispado de Cuenca.
En 1884, debido a su amistad con Juan León Mera, fue designado ministro Juez de la Corte Superior de Justicia del Azuay. Por esos días también le habían ofrecido una cátedra en el Colegio Olmedo de Portoviejo, que Rendón aceptó por hallarse sin la compañía de su madre, muerta meses atrás; pero, la llegada del otro nombramiento, más importante y mejor remunerado, truncó las ansias de viajes de nuestro vate y así, tranquilamente, siguió viviendo en su Cuenca nativa y querida y al frente de su cátedra seminarial, hasta que se jubiló en ella.
En 1884 fue un año importante en su vida porque a instancias de Mera comenzó a reunir numerosas coplas populares del Azuay. Muchas de ellas envió a su amigo que vivía en Quito y otras se las quedó para darlas a la publicidad algún día, que no llegó. Hoy forman un volumen que lleva por título “Canciones y coplas populares de España que contiene conceptos de altísima importancia”. También ese año comenzó a colaborar para el periódico “El Progreso” de Guayaquil y cumplimentó a su amiga Jesús Dávila de Cordero, con una poesía, el día de su santo,
En 1885 colaboró en la revista literaria de “El Progreso” de Cuenca. El 86 editó su “Epítome de métrica castellana, distribuido en seis lecciones, para el uso de sus alumnos en el Colegio Nacional” en 64 págs. también dio a la luz un Discurso compuesto como profesor de Gramática para que lo recite uno de sus alumnos del Colegio Nacional en la distribución de los premios” y “Un estudio detenido y prolijo de las oraciones latinas” en 60 págs.
En 1888 fue designado miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua en mérito a sus textos. Además, era considerado y tenido por sujeto “de una clara inteligencia, de buen juicio, de recto corazón”. En 1890 esbozó la biografía de José Rafael Arízaga en 1 pág. colaboró en la “Revista literaria de la Corporación Universitaria del Azuay” con una poesía y compuso un Himno a la Virgen del Rosario.
En 1891 envió una condolencia en bello romance a Luis Cordero por la muerte de su esposa, colaboró en las revistas de la Universidad del Azuay y en El reinado eucarístico del Sagrado Corazón de Jesús, así como en el, periódico “El Republicano”.
En 1892 figuró entre los poetas de la Antología de la Nueva Poesía Ecuatoriana editada por la Academia de la Lengua en Quito, con motivo del IV Centenario del descubrimiento de América, que se celebró solemnemente. En 1897 expresó su pesar por la muerte de Dña. Francisca Dávila de Heredia.
Al advenimiento de la revolución liberal del 5 de junio de 1895, vivía pobremente, debatiéndose entre el abandono, la soledad y los achaques propios de su avanzada edad. La jubilación docente le llegó mucho después de Quito, Tal parecería que el destino del profesorado ecuatoriano es vivir con hambre y morir de inanición, pues, en sus últimos años, si por sus obras o merced a la intervención de alguno de sus numerosos discípulos, circuló en Cuenca una postal con un retrato suyo y la siguiente leyenda de dudoso gusto: “Tomás Rendón, doctor humanista, ilustre profesor, poeta y literato, que ciego, enfermo y pobre mendiga en su ancianidad honrada, la benevolencia de sus compatriotas”.
No sabemos si esta clase de postales haga bien o mal a quienes figuran en ella pero son muy tristes y despiertan vergüenza. Rendón vivió aún muchos años más y recién falleció en enero de 1916 en Cuenca, a la avanzada edad de 91 años en manos de una fiel sirvienta y de varios parientes lejanos. Escribió mucho y bien en lengua española y lo mismo hizo en latín, griego y hebreo y en inglés, francés e italiano, idiomas que como ya se dijo, llegó a dominar únicamente provisto de sus diccionarios.
Dejó numerosas fábulas, elegías y hasta ciertos requiebros de sabor romántico pues de todo produjo. Su estatura mediana, rostro pequeño, bigote y barba emblanquecidos después de los cincuenta, orejas grandes y unos ojos negros que solían mirar con profundidad.
De carácter tranquilo aunque de vez en cuando se volvía polémico y hasta algo belicoso, rasgo que le venía de sus antepasados los Rendón y los Vargas -Machuca, gentes de mucho brío en el Ecuador y el norte del Perú.