RADA SENOSIAIN CANDIDO

OBISPO DE GUARANDA.- Nació en Punta Arenas, Chile, el 23 de Mayo de 1905 y fueron sus padres legítimos Narciso Rada y Olegaria Senosiain, naturales de dicha vecindad.
Estudió en el Colegio salesiano de su ciudad natal y en 1923 comenzó el noviciado en Macul, destacando por su contracción al estudio y claros signos de piedad. Sus superiores le enviaron a seguir los cursos de Filosofía y Teología en la matriz que los salesianos mantienen en Turín pues había decidido ingresar a dicha orden. El 5 de Julio de 1935 recibió la imposición de manos.
De regreso a su Patria enseñó Filosofía en diversas Casa salesianas. El 41 fue electo administrador Apostólico de Iquique. El 16 de Junio del 45 fue elevado a Obispo de San Carlos de Ancud en la Patagonia.
El 50 renunció a su sede y viajó a Europa. El 51 vino al Ecuador, se estableció en Quito en la casa de los salesianos, tuvo a su cargo la Parroquia de Girón y tras conseguir fondos en el exterior se dedicó a la construcción del Instituto Superior Salesiano y de los Colegios Cardenal Spellman para hombres y mujeres haciéndose conocer en todos el país por el dinamismo de sus acciones, pues tenía la indiscutible condición humana para suscitar el progreso.
Quizá por eso, el 15 de mayo de 1958, Juan XXIII lo nombró Administrador Apostólico de Guaranda, sede que jamás había tenido Obispo y era reputada una de las más pobres del país, al punto que numerosos candidatos al conocerla se habían rehusado aceptar.
Rada hizo su ingreso y marcó con su presencia la inicial de una nueva etapa del desarrollo provincial porque tenía el temperamento explosivo, era ansioso por alcanzar el progreso de las comunidades agrícolas de la provincia de Bolívar y no le faltaban las palabras duras ni el espacio para moverse y hablar. Era, lo que se dice, de una sola pieza. Por eso a veces tuvo malquerientes.
El 5 de Abril de 1960 ascendió a Obispo y entonces confesó lo siguiente: Hasta cierto punto me da vergüenza hablar de Dios a un pueblo tan pobre. Enseguida siguió con sus trabajos en pro de los menesterosos y terminó la iglesia Catedral, la capilla de las Almas que está en su interior y la Casa Parroquial. Mejoró el Cementerio. En el Colegio de Guanujo puso a las Religiosas Combonianas de la Presentación y en un Monasterio de clausura a las Carmelitas Descalzas diciendo: Ellas rezarán por los que no lo hacemos. Frase que le costó la crítica de algunos católicos chapados a la antigua.
Compró la imprenta Diocesana y comenzó a editar el semanario “El amigo del Hogar”, instaló y puso en funcionamiento la emisora “Radio Surcos”, edificó el Seminario bajo la dirección del eminente educador español padre Jesús Laviano pero tuvo que cerrarlo tiempo después a causa de la falta de vocaciones sacerdotales.
En 1970, viendo la miseria en que se debatía el campesinado bolivarense, fundó en Quito la mejor de sus obras, el llamado “Fondo Ecuatoriano Populorum Progressio” FEPP, para el desarrollo de las comunidades rurales marginales mediante el crédito a bajos intereses y con largos y cómodos plazos pues pensaba no sin razón que los pobres no tienen crédito pero si ganas de ganarse la vida con el fruto de su trabajo honesto. Tomó el nombre de la Encíclica de Pablo VI (1967) titulada El Desarrollo de los Pueblos.
Pare entonces la cúpula eclesiástica ecuatoriana se debatía entre las ideas arcaicas anteriores al Concilio II Vaticano de 1963 y las nuevas de la Iglesia de la Liberación que presidía en el Ecuador el Obispo de Riobamba, Monseñor Leonidas Proaño.
Rada comprendió que era llegada la hora del cambio y se colocó entre sus inmediatos seguidores pues había decidido entregar su vida al servicio de los demás, sobre todo de los indígenas y campesinos de la sierra, los más pobres. I en esa línea se mantuvo en los años 60 al 80 que fueron de grave peligrosidad para los Obispos del Ecuador, debido a la intemperancia de las dictaduras, que confundían conceptos, pues tenían a los Obispos y sacerdotes de ideas progresistas postconciliares como peligrosos agitadores comunistas. En Mayo de 1980, al cumplir setenta y cinco años de edad, renunció a su Diócesis y fue sucedido por su Obispo Coadjutor Raúl López Mayorga. Entonces se retiró a terminar el suntuoso santuario de la Virgen del Guayco que pasó a convertirse en lugar de peregrinaje y reuniones nacionales.
En 1983 el presidente Oswaldo Hurtado le concedió la nacionalidad ecuatoriana en reconocimiento de sus trabajos, calificados de colosales por la ciudadanía bolivarense.
En 1992 sufrió un severo infarto cerebral que le mantuvo en estado de inconciencia por casi tres años hasta el 7 de Agoto de 1995 que falleció en una clínica en Quito. Sus restos fueron llevados al Santuario del Guayco cerca de Guaranda.
Fue un gran hombre que perdonaba con facilidad pero jamás consentía en la mentira. Cierta ocasión, un político lugareño pidió públicamente su cabeza pues con la suya no podía pensar.
Creía que la verdadera y única revolución para el pueblo era darle escuelas, carreteras y electricidad. Constantemente viajaba al exterior para conseguir dinero y nunca dejó de trabajar, inclusive cuando salió del obispado.
Recibía diariamente a la gente que le iba a visitar y trataba de colmar sus esperanzas. El pueblo de Salinas fue el más favorecido porque lo reunió en una Cooperativa quesera, hoy famosa en todo el país por sus excelentes productos.
En los personal era buen conversador, alegre, anecdótico, solía contar cuentos y chascarrillos inofensivos. En cuanto a su homilías, eran profundas y al mismo tiempo sencillas, pues jugaba con las ideas y con las palabras. Fue un gran amigo, se hizo querer de todos y su paso por la diócesis de Guaranda solo trajo buenas obras y deseos de mejoras.
Una de sus frases favoritas era: Sean buenos, honestos y trabajadores. Otra: No destruyamos las esperanzas de los campesinos, trabajemos para que ellos sean alegres y optimistas. I a quienes solicitaban consejos les recomendaba: Sean sencillos, no triunfalistas. Crezcan y avancen en sanas intenciones y grandes esfuerzos pues la rutina engendra el tedio que mata toda iniciativa. Por eso, el nombre de tan genial obispo chileno en territorio ecuatoriano, despierta la natural simpatía de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y tratarlo y la admiración de los historiadores.