MICHELENA AYALA JAVIER

POETA.- Nació en Quito el 10 de Octubre de 1960 y fueron sus padres legítimos Michael Michelena Terán, Profesor primario, luego funcionario en el Banco del Pacífico y Gerente de la Sucursal en San Gabriel hasta su jubilación, finalmente profesor de la Salle y Ana Mercedes Ayala Narváez, Contadora en el Banco del Pichincha. Naturales de Atuntaqui y de Ibarra respectivamente.

El mayor de cuatro hermanos que crecieron en una villa alquilada en la calle Selva Alegre, realizó la primaria en la escuela particular de monseñor Tapia llamada “Borja 3” y en 1972 ingresó al San Gabriel de los jesuitas donde conoció al profesor Diego Araujo quien reafirmó su atracción por la Literatura.

Como era un asmático crónico, otro de sus profesores, el padre Yepes, le había aconsejado que cada vez que tuviera que permanecer acostado en su casa, leyera libros de provecho para distraerse y así fue como entró al conocimiento de las leyendas de muchos países y de las novelas de aventura de Emilio Salgari, pero a los quince años fue mejorando de su afección y dejó de sentir la limitación de no poder jugar con los demás niños del barrio. Entonces conoció al japonés Senosuki Sasaki quien le inició en el budismo Sen y en las prácticas marciales del Wadokay. Sasaki residió en Quito entre 1.975 y el 85 como ejecutivo de la empresa Sumitomo y dedicaba parte de sus tiempo libre a adiestrar a diversos jóvenes en el Wadokay. Las reuniones se realizaban en el local del Centro Militar donde Enrique Pérez Intriago tenia una amplia oficina. Finalmente, cuando Sasaki abandonó el país, fue Pérez Intriago quien le sustituyó como Profesor.

A través de las enseñanzas de Araujo “concebí la esperanza de ser escritor y comencé a escribir poesía de tipo hermético pues amaba el misterio y la razón del ser. Lo tomé como un camino del conocimiento y a través de diversas lecturas fui marcado por el cubano José Lizama Lima, quien tiene un método que explica a la poesía como una forma del conocimiento de la realidad.”

En 1978 se graduó de Bachiller. Ya vivían en una casa propia de la Urbanización Miraflores y fue becado por Sasaki para realizar estudios en Los Angeles, California, a donde viajó lleno de optimismo. Allí vivió en la casa de sus primos los Real Narváez que le trataron con afecto. No ganaba pero su tío le daba todo. Hacía sus prácticas deportivas y marciales con regularidad hasta que un día se enamoró de una chica llamada Elena a quien conoció en el vecindario y dejó de concurrir a los entrenamientos.

En 1979, tras diversas aventuras en el exterior, regresó a Quito dispuesto a hacer algo cierto y creyó encontrarlo en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central, pero pronto se desanimó porque los profesores faltaban mucho. Mientras tanto había conseguido un trabajo como Cajero en el Banco del Pichincha por dos mil sucres mensuales de sueldo.

A finales de ese mismo año 79 contrajo matrimonio con Lucía Ruiz Cruz, natural de Portoviejo, entonces estudiante de Derecho y hoy Abogada; tienen dos hijos varones.

“En 1980 me matriculé en el Departamento de Letras de la Facultad de Ciencias de la Educación de la U. Católica y fue un deslumbramiento encontré un buen ambiente, dedicación, disposición de trabajo. En fin, todo lo necesario para fomentar vocaciones en ciernes como la mía. Tuve buenos maestros, amables, con deseos de ayudar. Entre ellos debo mencionar a Julio Pazzos Barrera, al padre español Manuel Corrales, S.

J. quien me dio la Teoría Literaria. La Escuela de Literatura de la Universidad Católica existía desde la época del padre Aurelio Espinosa Pólit, S. J. luego la dirigió el padre Miguel Sánchez Astudillo, S. J. enseguida tomó la posta Francisco Tobar y García y cuando se ausentó a España lo reemplazó el padre Manuel Corrales, S. J. La Escuela era parte integrante de la Facultad del Lingüística y literatura.

“El poeta Rafael Arias Michelena me presentó a numerosos escritores y poetas del mundillo literario de Quito   quienes   me   introdujeron en nuevas lecturas y más amplios descubrimientos”.

En 1985 alcanzó el grado de Licenciado en Literatura con un artículo titulado “El pez solo puede salvarse en el relámpago” en 46 págs. describiendo aspectos de singular importancia en César Dávila Andrade, quien buscaba la sobrevida a través de la poesía, aunque el alcoholismo le cortó las puertas de la realidad. Dicho trabajo salió publicado en el No. 26 de la Revista “Cultura” del Banco Central en 1986.

Entre 1986 y el 88 escribió varios artículos para la revista cultural ‘’Diner’s” de Quito. Su vida era agitada pues aparte de sus diletancias poético – literarias era propietario de un activo negocio de venta de ropa importada de Miami desde 1981 que viajó con su señora a buscar factorías en esa ciudad, de libros de la Editorial Grijalvo, etc. todo ello para mantener un status aceptable, hasta que en 1988 fue llamado del Banco Central para organizar la recién adquirida biblioteca de Isaac J. Barrera, que logró poner en servicio en un tiempo record, catalogando sus fondos y ordenándolos. También lanzó un folleto sobre Barrera con sus rasgos biográficos.

En 1990 formó parte del Consejo editorial de “Cultura” y desde el 91 fue su editor. En 1993 comenzó a escribir la parte periodística de Juan León Mera con motivo del centenario de su muerte, pues la Municipalidad de Ambato preparaba un libro sobre dicho escritor. Plutarco Naranjo tenía lo biográfico, el padre Corrales trataría sobre la novela “Cumandá” y Jorge Salvador Lara la vida política.

En 1994 recibió dos invitaciones, una para La Habana por su amistad con Pablo Cuvi y la Asociación de Escritores cubanos y otra para Boston, que terminó por aceptar, pues se trataba de un viaje de estudios muy interesante.