MENÉNDEZ Y PELAYO MARCELINO

HUMANISTA.- Nació en Santander el 3 de Noviembre de 1856. Su padre era catedrático de Matemáticas en el Instituto de enseñanza media de Santander. Su tía Perpetua le leía en voz alta novelones por entregas, más o menos literarios, que escuchaba con gran atención y de los que su memoria prodigiosa le permitía retener páginas enteras, y por las noches leía hasta altas horas.

Era un niño bueno y afable, respetuoso y demasiado comportado, que unido a sus excepcionales dotes le rodeaban de una aureola de respeto. Su vocación por las bellas letras le exigía una dedicación extraordinaria pues ambicionaba realizar una obra seria. De solamente doce años para las navidades pedía que le obsequien libros y con sacrificios fue reuniendo una colección de impresos, que al principio los iba amontonando en el armario del comedor familiar y que a su muerte llegarían a cuarenta mil ejemplares, siendo la biblioteca privada más importante de Europa.

Es necesario mencionar que durante el siglo XIX se enseñaba en las escelas y colegíos de España, casi al detalle, la historia de la Edad Media, de suerte que sus personajes eran no solo conocidos si no tambien populares.

De trece años concurrió con los suyos a una feria donde se exponía por un lado la cabeza cortada del Condestable don Alvaro de Luna, decapitado en el siglo XV puesta sobre una jofaina y aparecía por otro lado el cuerpo. Sobreponiendose a la impresión el niño se dirigió a la célebre cabeza con preguntas relativas a aquella época histórica siendo respondido satisfactoriamente, pero se entusiasmó y continuó exigiendo nuevos detalles, cada vez más concretos, que pusieron en aprietos a la cabeza, dando al traste con su desparpajo, lo que despertó el interés del público en el examen que el chiquillo sometía a tan importante cabeza.

Realizó el bachillerato con enorme éxito y tuvo de maestro de latín a Francisco Maria Ganuza que se interesó tanto en su discípulo, que puso a su disposición su biblioteca. De Ganuza se contaba que solía invitar a su mesa a los alumnos más distinguidos, pero si el comensal no sabía pedir el postre en latín, se quedaba sin él. Por esos días ya realizaba traducciones de poetas latinos y componía poesías. Suyo es de esta época un poema épico de gran extensión y en octavas reales titulado “Don Alonso de Aguilar en Sierra Bermeja”. Graduado de bachiller de quince años, un amigo de su padre llamado Ramón de Luanco se ofreció llevarlo a estudiar Letras en la Universidad de Barcelona donde fue discípulo en Estética y Literatura del ilustre Manuel Milá i Fontanals, hizo amistad con su compañero Antonio Rubio, tradujo las tragedias de Séneca, ofreció un discurso en el Ateneo sobre Cervantes considerado como poeta, compuso poesía sáfica y hasta se enamoró de su vecina Isabel, hija del impresor santandereano Martínez, pero como era algo tímido con las mujeres, nunca le expresó su amor más que en cierto verso en latín.

En 1873 se trasladó a estudiar en la Universidad de Madrid, ganó la amistad de su profesor Juan Valera en cuya tertulia literaria fue partícipe y se reveló contra las clases de filosofía del ilustre profesor republicano Nicolás Salmerón.

Arreglando para examinarse libremente en Valladolid publicó un furibundo artículo en la Miscelánea de Barcelona contra las doctrinas filosóficas krausistas, tan en boga por esos días en España. Doctorado con brillantísimos exámenes, su profesor el conservador Gumersindo Laverde le tomó a cargo con útiles consejos, revelando la trascendencia patriótica de una restauración de la cultura española, es decir, católica. De esta manera le sesgó de su liberalismo inicial. De estos diálogos saldrá más tarde   “La Ciencia española” y la “Historia de los heterodoxos españoles”.

Mientras tanto había publicado varios trabajos de importancia: “La Ciencia Española” en 1876 reivindicando la existencia de una tradición científica, “Horacio en España” en 1877 con un análisis erudito de sus traducciones en la península, también tenía iniciadas la “Biblioteca de Traductores españoles”, una “Bibliografía de escritores españoles” y un “Estudio de escritores montañeses” (de Santander) y debido a ellos los miembros del Ayuntamiento de su ciudad natal acordaron una subvención de doce mil reales anuales para que viaje por el extranjero

Entre 1875 y el 77 recorrió ciudades y bibliotecas de Portugal, Italia, Francia, Bélgica y Holanda haciendo un acopio de datos, comprando libros raros y cuando regresó encontró que su padre había mandado a colocar anaqueles como para diez mil libros en un espacioso pabellón construido en el jardín. El 78, tras la muerte del célebre profesor Amador de los Ríos, obtuvo que le permitieran concursar a esa cátedra dispensando su minoría de edad (25 años) pues solo tenía veinte y dos. En el examen se lució y sin ningún inconveniente logró el cargo en la Universidad de Madrid, que ejercerá por veinte años hasta 1898 que pasó a la dirección de la Biblioteca Nacional, en reemplazo de Manuel Tamayo y Baus que había fallecido.

Sus clases eran únicas pues no se circunscribía a explicar las obras literarias sino que hacía aparecer a cada personaje, vaciando su alma, revelando sus oscuros sentimientos, los misterios de sus vidas. I luego leía para finalmente recitar de memoria párrafos enteros de diversas obras, por eso eran encantadoras pero al mismo tiempo profundas pues tocaban en los linderos de lo prodigioso…y duraban varias horas, más de las debidas, pues no se contenía en los horarios y así como las dictaba, permitía a sus discípulos trabajar a su lado, consultando sus libros.

De veinticinco años fue elegido Académico de la Lengua. Su vida social era también brillantísima pues se lo disputaban en todos los salones, a cuyas tertulias, fiestas y comidas asistía con asiduidad. I de otros países también le llegaban encargos, trabajos y conferencias.

Aparecía como un católico convencido y cuando se celebró otro centenario de Calderón de la Barca, tomó la palabra durante un almuerzo en el parque del Buen Retiro, para brindar por las ideas católicas del literato. Gestos como éste la ganaron la confianza del partido conservador español y fue lanzado como candidato a Diputado a Cortes, saliendo electo por Palma de Mayorca. Posteriormente lo fue por Zaragoza y presentó un proyecto de reforma de la enseñanza universitaria. Ejerció ocho años la diputación, entre 1884 y el 92.

Para el desastre español de 1898 se avivó su deseo por una restauración de la ciencia y la literatura nacionales, ideales a los que había entregado toda su vida. A principios del siglo XX perdió dos elecciones valiosas, la de Director de la Academia de San Fernando y la de la Española de la Lengua, pero en 1905 fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura, en 1906 fue homenajeado por el Ateneo de Madrid, en 1909 salió electo Director de la Real Academia de la Historia. En 1911 viajó a Santander por vacaciones y tuvo que ser quirúrgicamente intervenido de una lesión hepática de la que salvó milagrosamente pero quedó flaco de cuerpo y desmejoró su forma de vestir, aparentando por sus descuidadas trazas, ser un verdadero sabio.

Falto de fuerzas guardó cama y falleció sin dolores al caer de la tarde del 2 de Mayo de 1912 de solo 56 años de edad, diciendo: Lástima tener que morir ahora, faltandome tanto que trabajar. Su enorme biblioteca quedó para beneficio de su ciudad y en 1923 el Rey Alfonso XIII inauguró el Palacio mandado a construir por el Ayuntamiento para sede de ella.

En sus últimos tiempos volvió a su liberalismo inicial rectificando criterios como sucedió con Emilio Castelar y hasta hizo las paces con sus enemigos literarios, especialmente con Benito Pérez Galdós de quien terminó amistando. Perteneció a una generación generosa que ofreció sabios a España. Sus espíritus se movían en ambientes amplios, fueron enamorados eternos del ideal español y quisieron lo mejor es decir – la regeneración – para su Patria y su raza, esa España gloriosa que habría mundos, pero lamentablemente les tocó vivir años sombríos, moviendose entre dos corrientes contrarias, los innovadores y los reaccionarios, finalmente el desastre nacional producido por la malhadada guerra Hispano – Americana les hizo tocar fondo y murió mucho antes de ver el resurgimiento español de 1975.

Vivió de los años de paz de la Restauración borbónica, fue un sabio, intelectual genial con vocación para el estudio de las bellas letras, ejerció la cátedra y la crítica como nadie antes ni después lo ha hecho, introduciendo el sentido estético a las formas. Tuvo paciencia y orden en todo lo suyo. Fue considerado una eminencia en el exterior, fue católico sincero pero con amplitud de criterio. Poseyó clara la voz, el verbo encendido, aunque era un poco tartamudo pero logró vencer dicho defecto.

La Historia de los Heterodoxos españoles publicada en ocho tomos de más de 500 págs. cada uno comienza con la vida espiritual de España hasta el siglo XV, continúa con el brote y extinción de las ideas protestantes, su represión por la Inquisición, los judaizantes, las hechicerías, los afrancesados, la revolución francesa, el liberalismo, etc.

La Historia de las Ideas estéticas en cinco tomos, es quizá su obra principal, comenzó como simple Tratado de Preceptiva Literaria pero fue tomando cuerpo y se explayó sobre “la concepción de la belleza literaria a lo largo de la historia, reconstruyendo interna y sucesivamente las ideas que tuvieron los tratadistas y escritores españoles a lo largo del tiempo aunque nada hubieran escrito sobre la belleza como tal”.

Las obras de López de Vega en trece tomos es por su profundidad una visión general sobre el teatro español. La Antología de poetas líricos castellanos también en trece tomos recoge la poesía lírica desde sus comienzos hasta el renacimiento y es, en verdad, una historia de la poesía castellana en la edad media. La Antología de poetas Hispano Americanos escrita en cuatro tomos con motivo del IV Centenario del descubrimiento de América celebrado en 1892 es una obra realizado por encargo de la Real Academia Española de la Lengua. Por este trabajo, exclusivamente de crítica y erudición, se le considera el príncipe de los Americanistas de todos los tiempos. Los Orígenes de la Novela contiene rasgos magistrales sobre la novela de caballería, la histórica, la pastoril y la Celestina.

En desmedro, si se quiere, de su buen nombre, algunos críticos han alegado su integrismo en materia religiosa, pues no faltan en sus obras algunas parrafadas – felizmente no muchas por cierto – en defensa de la Inquisición, institución tan torpe como maligna, permanente vergüenza para España y el catolicismo.

En 1940 se publicaron sus Obras Completas en sesenta y cinco tomos por parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sin contar su epistolario, notas y bibliografía.

Su influencia sobre los escritores latinoamericanos    fue    innegable al punto que se ha dicho que con Menéndez y Pelayo se inicia la crítica literaria en idioma español. En el Ecuador durante el siglo XIX Federico González Suárez se motivó hacia las ideas estéticas y compuso “Hermosura de la naturaleza y sentimiento estético de ella, con magníficas descripciones del paisaje ecuatoriano, que dio a la imprenta con prólogo de don Marcelino, su amigo personal. Después escribió un hermoso tratado sobre la belleza literaria de la Biblia, siguiendo igualmente sus lineamientos.

En el siglo XX, Hernán Rodríguez Castelo, que es quien más ha estudiado las obras de Menéndez y Pelayo en el Ecuador, partió de su método y estilo, que unió a la teoría generacional expuesta por José Ortega y Gasset en la Revista de Occidente de Madrid en 1926, para componer los Cien Prólogos, tan hermosos como magistrales, de la colección Clásicos Ariel, que revolucionan desde 1970 el horizonte cultural de nuestro país.