MEDINA CASTRO MANUEL

POLÍTICO Y ENSAYISTA.- Nació en Guayaquil el 10 de Agosto de 1915. Hijo de Manuel Medina Alvarez y de María Aurelia Castro Mendoza, nacidos en los campos comarcanos de Píllaro y Boliche, respectivamente. El mayor de una familia de doce hijos.

“Soy hijo, nieto, biznieto y tataranieto de campesinos pobres pero libres: manos encallecidas, rostros curtidos al sol y al viento paramero. Crecí orgulloso de mi estirpe. Mi padre dejó a su primera familia en Píllaro, trasmontó los Andes, arraigó en el puerto, se hizo sastre, militó en las organizaciones artesanales, estuvo en la huelga abatida por la masacre del 15 de Noviembre de 1922. Era un hombre de izquierda. Alguna vez escuché de labios de mi padre: ya viene Lenine, como decía el cable de esos días, y entonces el que no trabaja no come. Otra vez trataba de explicarme: la lucha de clase está en todo. Confieso que no le entendía, pero la simiente caía en tierra fértil.”

Cuando tenía escasos siete años de edad ocurrió en Guayaquil la masacre del 15 de Noviembre. “Esa tarde decididiría mi vida” diría después.

“En los años de mi infancia no vendían revistas para niños, vendían, si, de casa en casa, los capítulos de largas novelas que no terminaban nunca; por los comentarios de los mayores me parecían novelas detestables. Fue más tarde, ya en la adolescencia, que conocí a las revistas cubanas Carteles y Bohemia, de buena factura y con interesante material, accesible a todo el mundo. La isla luchaba contra la dictadura de Gerardo Machado y la mera lectura de la información despertaba la solidaridad con la juventud y el pueblo cubano de entonces.”

Estudió la primaria en la escuela “Juan Montalvo” de don Pedro Martínez Guerrero. Eran tiempos revolucionarios. “Sandino alzado en las montañas de Segovia en Nicaragua contra el invasor norteamericano y Julio Antonio Mella asesinado por orden del tirano Gerardo Machado en Cuba, nos iluminaron el claustro secundario. Comencé a entender que la obra de Bo1ívar estaba inconclusa” cuando seguía la secundaria en el “Vicente Rocafuerte donde formé con otros compañeros de izquierda el “Grumarxad” (Grupo marxista Adelante) editamos uno o dos números del periódico mural “Mella”, así llamado en honor al líder estudiantil cubano, poniendo por epígrafe una de sus frases: Hasta después de muertos somos útiles.”

También fue presidente de la Asociación Estudiantil Roja y por su actividad política fue expulsado el 23 de Diciembre de 1930 del Vicente Rocafuerte, terminando su Bachillerato en el Colegio “Eugenio Espejo” de Babahoyo. “Mi adolescencia fue dura y difícil”.

En 1935 ingresó a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil “donde se perfilaba nítidamente la división de clases y afiliado como estaba al comunismo, comprendió que el individuo es un mito, para decirlo con las palabras de Maiacovsky, y que el carácter debe ser duro como escribiera Martí, duro y blanco como el mármol.”

Igualmente descubrió el rostro fiero del enemigo de las clases desposeídas.

“Comprendí que los ricos no tienen Patria, que solo los pobres tenemos Patria y que esa Patria que los pobres construimos esforzadamente, los ricos la retacean y la mercan al extranjero y se enriquecen a costa de ella, como ahora mismo está sucediendo” (1990)

En 1938 presidió en Quito la I Conferencia Nacional de Estudiantes Universitarios   del   Ecuador   FEUE y escribió un ensayo largo e interpretativo titulado “Aspectos Internacionales de la Guerra Civil española”, que obtuvo el segundo premio en el concurso convocado por la Universidad de Guayaquil pero que jamás pudo dar a la imprenta.

En 1939 realizó campaña a favor del Dr. José María Velasco Ibarra para la presidencia de la República y tras el fraude electoral en favor del candidato liberal Carlos Alberto Arroyo del Río advino la insurrección de los aviadores el 12 de Enero del 40, se apersonó en la Base Aérea donde estaban reunidos, pero no pudo intervenir.

“A principios de Marzo fue notificado por el Rector de la Universidad, Teodoro Maldonado Carbo, para que concurra como delegado de los estudiantes de Jurisprudencia al Consejo Universitario, a presentar un saludo de felicitación al Dr. Arroyo del Río, recién electo presidente de la República”. Medina envió una Carta Abierta a Maldonado, reproducida en los diarios de la ciudad, haciéndole saber que no se prestaba “al besamano convocado” pues la misión de la Universidad era otra muy diferentes y más digna.

En represalia, dicho Rector le hizo saber que el Consejo Universitario, en sesión del 14 de Marzo, había dejado insubsistente la presentación de una conferencia por parte de Medina, en la inauguración de los Cursos. El Comisario Cuarto de Policía le hizo apresar y estuvo en la Cárcel Pública Municipal ubicada en la calle Julián Coronel al norte de la urbe hasta el 18, que salió libre en horas de la mañana, una concentración de personas se hizo presente para respaldarle y partieron en manifestación por la calle Julián Coronel. Los carabineros cargaron sable en mano a la altura de la plaza Colón, aún así, la manifestación continuó hasta los bajos del diario “El Universo” en el boulevard y Escobedo, donde se produjo otra carga a sable y hubo corre – corre y gran bochinche, aunque pudo ser embarcado a tiempo en un auto y partió a su hogar.

De allí en adelante su situación se tornó crítica en la Universidad. En Julio del 41 ocurrió la invasión peruana y en Agosto escribió contra el régimen arroyista en un periodiquito estudiantil de una sola página denominado “el Suplemento” que publicaba Franklyn Pérez Castro. A consecuencia de ese editorial cayeron presos algunos redactores y fue enviado a Quito junto a Alejandro Hidrovo.

Tras largos meses en el Penal García Moreno, en Enero del 42 salió al exilio y a bordo de un buque chileno arribó a Valparaíso, en Santiago encontró a numerosos compatriotas que le esperaban ansiosos en la estación del tren, entre ellos estaba el Dr. Velasco Ibarra, quien se mostró muy efusivo desde el principio y le acogió como a uno más del grupo

En Chile gobernaba Juan Antonio Ríos uno de los mejores modelos de democracia latinoamericana y el joven Medina militó en el Partido Comunista, colaboró en su órgano de difusión “El Siglo”, y en “Crítica”, periódico del Partido Socialista. “Toda mi permanencia fue dedicada a ganarme un mísero pan y fundamentalmente a denunciar la traición cometida contra el país con la firma del Protocolo de Río de Janeiro y la tiranía de Arroyo del Río.” Entre el 42 y el 44 representó a “El Universo” de Guayaquil y trabajó en la editorial Nacimiento. El 42 también siguió Cursos de Derecho Internacional Público y Geografía Económica en la Universidad de Santiago, con otros exiliados hizo varias exposiciones sobre el problema territorial ecuatoriano y en protesta contra el protocolo, después logró reproducir la Carta Pública de Velasco a Arroyo, de un año atrás, que no había sido debidamente conocida en el Ecuador porque el gobierno obstaculizó su circulación.

En 1943 fue acreditado como Delegado de las Federaciones Universitarias de Quito y Guayaquil al Congreso Americano de Estudiantes realizado en Santiago y a través de varias publicaciones periódicas mantuvo en constante actualidad el problema político ecuatoriano. Este año fue detenido por un grupo de carabineros y le ordenaron abandonar el país en un plazo perentorio de veinte y cuatro horas pero a través de varios diputados socialistas, que hablaron con el Ministro de Gobierno, se estableció que el gobierno chileno jamás había dispuesto su deportación y que todo era el resultado de las intrigas del Embajador Homero Viteri Lafronte, de suerte que recobró su tranquilidad y pudo quedarse en Santiago por tiempo indefinido.

En Julio convenció a Velasco Ibarra de la necesidad de redactar un Programa de Acción de Gobierno y a solas con él y con su esposa Corina en la pieza que ocupaban ellos en Morandé No. 510 y Catedral, redactaron el Programa de su candidatura presidencial, que una vez firmado Medina lo envió a “El Universo”. En Diciembre “Acción Democrática Ecuatoriana ADE” publicó sus puntos programáticos que coincidían con los de Velasco, de allí que no hubo oposición alguna para que apoyaran su candidatura.

En Enero del 44 viajó a Concepción, Velasco le escribió sintiéndose predestinado para volver a ocupar la presidencia de la República y cariñosamente le pidió que si eso ocurría, le ayudara a gobernar el país sirviéndole de nexo con los partidos de izquierda. En Febrero Velasco viajó a la frontera con Colombia para estar más cerca de los acontecimientos y le invitó a acompañarle pero Medina se negó con toda cortesía.

A principios de Mayo le agradeció por “las inteligentes actividades desplegadas en Chile.” Luego le dijo “Ud. tendrá que pasar soledades porque en Chile aprendió a ver las objetividades y a orientar las realidades. Esto no le perdonarán, pero no le importe. Impórtele solo el bien real de la Patria y el adelanto positivo de la clase obrera.”

Producida la revolución del 28 de ese mes de Mayo del 44, Velasco entró al Ecuador por la frontera norte, llegó a Quito y fue directamente al Palacio, donde el dirigente liberal Julio Teodoro Salem le entregó la banda presidencial sin autorización de ADE. Entonces Velasco de hecho asumió el poder y organizó su gabinete en estrecha colaboración con el dirigente conservador Camilo Ponce Enríquez y con absoluta prescindencia de ADE de Guayaquil, única gestora de la revolución.

Convocadas las elecciones para conformar la Asamblea Nacional Constituyente a reunirse en Quito, Manuel Medina fue electo Diputado por la provincia de Los Ríos. La Municipalidad de Guayaquil le confirió la Medalla Especial instituida para “aquellos ciudadanos que con su conducta mantuvieron para la ciudad el prestigio de su tradición de rebeldía y de guardiana de la libertad en el Ecuador.” Entonces Velasco le nombró Secretario Nacional de Información; pero, a las pocas semanas, “por miserables veleidades y por el odio implacable de la familia Acosta Velasco,” ya que Jorge Acosta Velasco llegó al extremo de ponerle candado a la puerta de la oficina, salió de allí y como Velasco gravitaba peligrosamente alrededor del Canciller conservador Ponce Enríquez, ADE le designó para que viaje a Quito a reclamar por la fisonomía centralista que se advertía en la estructuración del gabinete y demande el cumplimiento del programa de ADE. que Velasco había aprobado por estar de acuerdo en todo con su propia forma de pensar.

“Fui recibido con notoria frialdad y luego de un almuerzo en casa de la familia Acosta Velasco nos encerramos en un gabinete donde le leí cada punto de la comunicación enfatizando el texto fundamental, luego abundé en razones, pero Velasco me respondió: En el país no pueden haber dos cabezas señor. Una en Quito y otra en Guayaquil. Eso nunca señor. Esta es mí hora. Proponga Ud. al Dr. Arízaga la embajada en Washington. Dígale que vaya a preparar su elección para el próximo período y mientras tanto que me deje gobernar. Yo le entregaré el poder a él si sale elegido. Entonces lo planté con educación no exenta de energía diciéndole: Yo no he venido a pedir empleo para nadie. Ud. me relevará de llevar tal proposición al Dr. Arízaga Luque. Se la hará Ud, personalmente”.

Finalmente salió Arízaga Luque designado Embajador en Venezuela. Después ocurrió el golpe dictatorial velasquista del 30 de Marzo de 1946. “De nuevo fui al Penal y me sacaron de la Universidad bajo la amenaza de usar la violencia.” El Ministro de Gobierno Carlos Guevara Moreno a través de la Policía cometió varios atropellos contra los partidarios del Dr. Alfredo Vera, candidato del movimiento político “Alianza Popular” a la alcaldía de Guayaquil. Medina se quejó a Velasco y éste le contestó dándole la razón a Guevara, autor intelectual de dichas medidas de fuerza, imposición y fraude. ¡A ese punto había cambiado Velasco Ibarra en tan pocos meses!

Alejado de la política el 46 casó con Mercedes Capelo Burgos, unión feliz y cinco hijos. El 47 sustentó su tesis sobre “La Soberanía Nacional en la Constitución de 1946” y obtuvo el Premio Universidad de Guayaquil.

El Tribunal dictaminó “es de un valor excepcional, pues se refiere al problema de la existencia misma del Estado ecuatoriano, tema de patriótica importancia en la hora internacional actual y que no ha sido estudiado antes con tanto acierto”. Meses más tarde fue publicada por la Universidad con favorable crítica por su riqueza documental y bibliográfica, enfoque y novedad del tema, desarrollado con energía, sobre el problema constitucional surgido a propósito del análisis del Art. 4 de la Carta Política Ecuatoriana del 46 en relación a las anteriores Constituciones y con el criterio que ha informado las Cartas Políticas de algunos países del continente.

Numerosas publicaciones se “hicieron eco de ella en México y en Colombia con amplias reseñas y notas, reproduciendo capítulos enteros. La revista “Cuadernos Hispanoamericanos” de Madrid le concedió un gran espacio y recomendó su consulta.

El 47 cayó aparatosamente Velasco Ibarra del poder, víctima de sus propios errores políticos. En 1948 y el 49 fue Consejero Provincial del Guayas por votación popular. El 49 ingresó al Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana por la sección de Ciencias Jurídicas, luego fue reelegido en el Consejo Provincial para el siguiente período, trabajando intensamente por el adelanto y el bien de la provincia.

El 15 de Julio de 1951 disertó sobre el tema “El río Guayas navegable. El Contrato Grace” en la Asamblea Popular reunida en el Paraninfo de la Universidad de Guayaquil. Al poco tiempo publicó un ensayo sobre el tema en 225 páginas con la formal denuncia al lesivo contrato suscrito en 1943 entre el gobierno ecuatoriano y la Grace, por el cual, ésta última disponía a su arbitrio del transporte de carga y descarga en Puna, negando la posibilidad de que Guayaquil pudiera contar con un servicio similar, ya que había hecho circular la leyenda negra que los barcos de alto calado no podían ingresar a la rada de Guayaquil, por no contar ésta con los implementos técnicos adecuados. La obra consiguió motivar a las autoridades del país sobre la necesidad de rescindir tan lesivo y perjudicial contrato y comenzaron las gestiones para la construcción del Puerto Marítimo. Este fue, quizá, su mejor momento. Estaba considerado un intelectual de izquierda y un notable escritor de temas patrióticos.

El 56 fue designado Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras y lanzó un recado a la juventud universitaria del país para que se apreste a celebrar dignamente el cincuentenario de la Constitución Liberal de 1906. El 59 figuró en la redacción del diario “La Nación”. El 62 pasó a la Sección de Ciencias Históricas y Geográficas del Núcleo del Guayas. A principios del 63 viajó a Europa y visitó los países socialistas, prolongando su travesía a países tan distantes como China, También se desempeñaba de Tesorero de la Universidad de Guayaquil realizando labor proselitista en favor del Partido Comunista entre el estudiantado, que le tenía por líder.

Al caer el gobierno constitucional el 11 de Julio de 1963 y ascender al poder la dictadura militar del Contralmirante Ramón Castro Jijón, sufrió persecuciones y vejámenes desde el primer momento que los militares se adueñaron del mando. El día 13 una numerosa dotación militar violó su domicilio situado en el barrio Orellana y procedió a quemar en su presencia y de su esposa e hijos pequeños, los originales y las fichas de un trabajo que llevaba bien avanzado sobre la dependencia del Ecuador, a mas de libros irremplazables, dizque porque contenían material subversivo y propaganda comunista. “Los uniformados reían como si se tratara de una comedia bufa, y se disputaban la eficacia demostrando quien podía llevar una mayor cantidad de volúmenes ¿Qué será esto de la dependencia? Decía uno de los soldados mientras otro – sin preguntar recogía varias fundas de papeles con una leyenda que decía: documentos pendientes”.

Por decreto dictatorial fue excluido de su cátedra universitaria y de la Casa de la Cultura y desde la Jefatura Civil y Militar se realizaron intensas presiones sobre el Consejo Universitario para que le declarasen cesante en la tesorería a pesar que dicho cargo era de período fijo, como efectivamente ocurrió para ignominia de los Vocales que se prestaron a tan írrita medida.

Perseguido tenazmente a sol y sombra como si fuere el más peligroso agitador, su situación personal se tornó insostenible y tuvo que salir del país. Asilado en La Habana a invitación expresa del gobierno aún revolucionario de Fidel Castro, fue redactor de la Editorial Universitaria de la capital cubana. El 66 asesoró al “Instituto del Libro” y con la ayuda bibliográfica de su amigo Florencio Compte dio forma a su magna obra, reiniciada bajo el título de “Estados Unidos. América   Latina.   Siglo XIX”   en 240 páginas, agregándole un capítulo relativo al Tratado de Defensa Hemisférica y algunas reformas sobre sucesos recientes de la Política Internacional Americana, publicada el 67 en Cuba con numerosa documentación dispersa en archivos y bibliotecas del exterior; además, el tema era de indudable vigencia, desentrañaba acontecimientos históricos dolorosos, burlada la independencia por un neocolonialismo impuesto por la expansión de los Estados Unidos.

La riqueza del material aportado es tan considerable, que por este sólo hecho este trabajo debe ser tomado como modelo a seguir por los estudiosos de los problemas latinoamericanos.

En 1968 el Jurado Internacional de Ensayo del Premio Casa de las Américas presidido por el Sociólogo francés André Gortz, profesor de la Sorbona de París, le confirió dicha presea.

Ese año, habiendo terminado la dictadura militar pudo regresar a Guayaquil con los suyos y el 6 de Enero del 69 el Consejo Universitario le reincorporó al servicio docente, habilitándole el tiempo que había permanecido alejado de sus funciones.

El 29 de Julio de 1972, fue nombrado Fiscal del III Tribunal Especial del Guayas, por la Corte Suprema de Justicia, pero su designación resultó vetada por orden del dictador Guillermo Rodríguez Lara, debido a su filiación política comunista. Esto ocasionó hilaridad y pena y dio la pauta para juzgar la estolidez del susodicho militar, también conocido con el jocoso remoquete de General Bombita por su gordez, amplio vientre y baja estatura.

En 1973 ganó por oposición la cátedra de Ciencias Políticas en la Facultad de Sociología de la Universidad Técnica de Machala, donde llegó a ocupar el Sub decanato el 74.

El 77 dio a la luz pública “La responsabilidad del gobierno norteamericano en el proceso de mutilación territorial del Ecuador” en 215 paginas tras vencer numerosos obstáculos que a primera vista parecían insalvables, como la obtención de permisos para revisar archivos y localizar documentos internacionales en la Cancillería ecuatoriana en Quito, donde todo es hermetismo pues nuestra intonsa burocracia considera que cada papel por humilde que sea, contiene un terrible secreto de estado. Además, por denunciar a la diplomacia ecuatoriana como tímida, cobarde, conservadora y la mayor culpable de las desgracias que nos han ocurrido en el plano internacional, se colocó en la lista de escritores de grave peligrosidad para el país.

El 79 publicó “La doctrina y la Ley de Seguridad Nacional” en 201 páginas, denunciando la Ley de Seguridad Nacional y el Tratado de Asistencia Recíproca, como partes integrantes de un todo, a fin de sustituir a la doctrina democrática de la Soberanía del pueblo por la intervención armada de los Estados Unidos sobre Hispanoamérica, ya que según la doctrina de la Seguridad Nacional, los individuos deben cambiar su libertad individual o derechos humanos por una supuesta democracia protegida, que solo tiende a proteger los derechos de las clases privilegiadas a través de una loca carrera armamentista, beneficiando a los países productores de armamento y a los inmorales traficantes de armas, y provocando la ocupación de los países por sus propios ejércitos, injusticias contra las que se alzaron los presidentes norteamericanos John

F. Kennedy y Jimmy Cárter.

Desde los años 70 desempeñó una de las Notarías Públicas del Cantón Guayaquil con probidad y lucimiento. Tenía su oficina en un primer piso de la calle Pichincha, esquina de Sucre, edificio de cemento armado.

En 1981 intervino en la mesa redonda celebrada el 9 de Marzo en la Universidad de Guayaquil, sobre la tirantez diplomática provocada entre Cuba y Ecuador a raíz del secuestro del Embajador ecuatoriano Jorge Pérez Concha en La Habana, pues el dictador cubano incumplió con lo acordado con los ocupantes, los condenó a sufrir la pena de muerte y tuvo el propio Embajador Pérez Concha que hablar por teléfono con Fidel Castro y manifestarle que como en Ecuador hacía casi un siglo que no existía la tal pena de muerte, su aplicación causaría un gravísimo malestar nacional, para que Castro reaccionara y diera pié atrás, pero de todas maneras las penas fueron gravísimas, hasta de treinta años de prisión. Sus palabras, dichas en la Mesa Redonda, aparecieron impresas en un folleto de 15 páginas titulado “No ruptura con Cuba.”

En 1982 la editorial El Conejo incluyó en el libro “La Guerra total. La Política exterior de Ronald Reagan” su ensayo sobre el Plan Reagan para América Latina, entre las páginas 69 y 108, con

un examen exhaustivo de la Filosofía del    “imperio”    norteamericano, el retorno al fascismo, la política mundial, los intereses económicos, el enfoque geopolítico, el eje Cuba, URSS, Nicaragua, la política global, preservación del status quo, seguridad interna y externa y América Latina en el imperio.

El 9 de Junio dictó una conferencia en el local del Núcleo del Guayas sobre “El conflicto de las Malvinas. Proyecciones histórico -políticas” que amplió a 105 páginas y publicó con un análisis histórico del conflicto.

El 83 aparecieron sus estudios “Simón Bolívar en el bicentenario de su nacimiento” entre las páginas 47 y 77 y “Carlos Marx en el centenario de su muerte” entre las páginas 69 y 80 del libro editado por el IV Encuentro de Historia y Realidad Económica y Social del Ecuador, celebrado en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Cuenca.

El 84 sus amigos publicaron “El Ecuador contra la dependencia y la intervención” en 192 páginas, reafirmación de su posición de intelectual que había hecho de la soberanía nacional y de la lucha contra la imposición imperialista, el sentido de su vida.

El propio Medina escribió en la Introducción: “Para quien no cuenta con la bendición oficial, la investigación histórica no es solo penosa sino casi imposible en el país. La Cancillería me negó todo acceso a sus archivos y aún a su biblioteca pues les resultaba incómodo que un investigador particular publique sobre la política exterior del país, por eso no les permiten el libre acceso y todo es secreto de estado, asunto reservado, etc. El tratamiento oficial es naturalmente distinto para cualquier becario Fullbright. Fui forzado a trabajar con los documentos del Departamento de Estado de Washington, lo cual, si unilateraliza la información, la torna insospechable.”

A principios del 85 colaboró con Enrique Ayala Mora de la Corporación Editorial Nacional en la publicación de la “Historia del Ecuador, Ensayo de Interpretación” con un capítulo sobre “El proceso formativo del electorado nacional: del censo de fortuna al sufragio popular, 1830 – 1977” en 16 páginas.

El 22 de Agosto de ese año recibió el Homenaje Nacional que le tributaron la Casa de la Cultura Ecuatoriana y otras instituciones por cumplir setenta años de edad. Entre el 17 y el 21 de Noviembre intervino en el IV Encuentro de Estudio y Realidad Económica y Social del Ecuador sobre historia, sociedad y crisis en el Ecuador, convocado por el IDIS de Cuenca, con un trabajo sobre la Deuda Externa, en 23 páginas”.

En 1987 apareció en dos sucesivas ediciones, dado el éxito que alcanzó su opúsculo “Ecuador, país ocupado. Los Yanquis en el Oriente” en 121 páginas, sobre el candente tema de la intervención norteamericana en Manabí y en el Oriente so pretexto de construir unas vías carrozables. El libro sirvió para denunciar la actitud entreguista de la Cancillería y de nuestros militares, al permitir que los reservistas de una potencia extranjera incursionen en el suelo patrio. Asunto que no por nimio e insignificante en lo material, pues solo se trató de una simulación de combate en la selva, reveló el estado de dependencia de nuestro país, cuya Cancillería se prestaba a todo.

En Enero del 88 inició en “El Telégrafo” una columna editorial. En Marzo abogó por el cumplimiento de los tratados sobre el Canal de Panamá.

Sus obras, casi siempre agotadas, se afincaban en el ensayo sociológico y político, parientes pobres de la producción intelectual ecuatoriana. En Junio intervino en el Seminario Nacional sobre José Peralta con “La Parroquia: de José Peralta a Pedro Saad” en 40 páginas.

Calificado de comunista químicamente puro por la sinceridad de sus convicciones, estaba   situado   en la mejor línea del pensamiento contemporáneo del País.

Habiendo caído en noviembre de 1989 el muro de Berlín, que marcó el final del comunismo mundial, como doctrina y como sistema de gobierno, aún no se le daba la importancia y trascendencia que tuvo a nivel mundial se disolvió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS tras cuarenta y cuatro años de dominio comunistas, finalizando esta ideología en el mundo, pues los único países que siguieron llamando así fueron Cuba, Nicaragua, Albania y China hasta que finalmente esta última dejó de serlo.

El 95 cumplió ochenta años de vida y fue agasajado en la Casa de la Cultura por sus conciudadanos. Entonces dijo con tono extraño el gran luchador. “Cumplimos los ochenta años. Cuando se culminan, se tiene la sensación de haber arribado a un mirador, que le ofrece en torno un maravilloso, vasto, infinito horizonte, la perspectiva histórica, la perspectiva inmediata, la perspectiva mediata. El verde mar que le rodea se agita, según la dirección y la velocidad del viento. Un grato perfume viene del inmenso verde que recoge todas las tonalidades desde el suave y risueño marino hasta el severo y ceñudo que vuelvese oscuro. A la distancia, los gigantescos edificios – “el más alto de Sudamérica” – refiriéndose con sorna al recién inaugurado edificio La Previsora, de veinte y dos pisos de altura. Más próximas, las miserables covachas de los campesinos, techo de bijao, piso de caña, en el mejor de los casos un pozo de agua, y nada más. Nadie proclama que son las “más miserables de Sudamérica”. De tanto en tanto, algún cultivo de plátano, algún asno, alguna vaca. No se divisan caminos ni senderos. De pronto, a lo lejos una vasta plantación de banano de exportación. ¿Nacional? Dudoso.

¿Extranjera? Probablemente. El país vuelve a ser colonizado. El gran propietario tiene créditos; el pequeño campesino, carece de toda ayuda. El gran productor tiene sus cupos de entrega asegurados; el pequeño campesino apenas puede hacer cultivos suficientes para subsistir. El campesino pobre invade los sectores marginales de la ciudad, y como no encuentra trabajo, asume frontalmente el camino de la delincuencia. Por eso, el campo está virtualmente abandonado, la ciudad cada vez más poblada. Me aterra pensar – ya lo he dicho antes que un día, no muy lejano, los moradores de las colinas de Urdesa, por ejemplo, tomen su machete y desciendan masivamente a invadir por lo menos las villas más lujosas de la calle principal, y luego sigan a la Kennedy, y hagan igual. Se dirá entonces que fue una acción criminal, porque la ignorancia general nunca admitirá que el hambre es muy mala consejera. La acción económica del gobierno llega hasta a mantener el tipo de cambio en un nivel engañoso, pero no va más allá. Los ochenta años son un mirador multidireccional que permite al análisis del pasado y el trazo del camino acertado hacia el futuro”.

Alto, muy blanco aunque él se decía de la raza cósmica y se calificaba de mestizo, ojos y pelo negro, encantaba a los auditorios con su voz fuerte y varonil, por eso era querido y admirado por sus alumnos.

Buen expositor, excelente padre y amigo inmejorable, la mediocridad le había cerrado las puertas, siendo como efectivamente era uno de los grandes ensayistas ecuatorianos de este siglo, especializado en Política exterior ecuatoriana y en materia internacional.

Falleció en Guayaquil el domingo 16 de Junio de 1996, el día que más le gustaba, súbitamente, tras corta enfermedad, a la edad de ochenta años y algunos meses más, como siempre fue un rebelde social, de conducta indeclinable, de moral a toda prueba, cuando su pensamiento político – el comunismo – estaba en franca retirada y las potencias del mundo se comenzaban a reordenar, pero aun así él seguía sintiéndose un marxista químicamente puro, al decir de Angel Felicísimo Rojas.