MASIA Y VIDIELLA JOSÉ MARÍA

OBISPO DE LOJA.- Nació en Montroig, Provincia de Tarragona, España, 30 de Diciembre de 1815 y tomó el hábito franciscano el 7 de Mayo de 1831 en Barcelona. De dieciséis  de edad, el 8 de Mayo de 1832, emitió los votos solemnes. En 1835 y siendo solamente Corista tuvo que abandonar España por la revolución liberal que suprimió los Conventos. Por la ruta de Perpignan pasó a completar sus estudios teológicos en el Piamonte y fue ordenado sacerdote en Saluzzo el 22 de Diciembre de 1838.

“Vivía en el retiro claustral de Amelia con algunos religiosos muy observantes entre ellos el Padre José Cortés, muerto allí en olor de santidad; ascético y contemplativo, adquirió su espíritu, el temple misionero e inauguró su ministerio apostólico. Por más de diez años se consagró de lleno a predicar Misiones y Ejercicios Espirituales en los pueblos de los Estados Pontificios, en el Piamonte y en Cerdeña, señalándose ya por el favor y celo apostólico y por las numerosas conversiones de obstinados pecadores”. En 1850 llegó a predicar en la Basílica de San Pedro pues su fama de orador sagrado había roto las barreras del idioma y de las convenciones sociales de su tiempo, que solo permitían la cátedra de San Pedro a los miembros de la alta nobleza de la ciudad eterna o a los Cardenales y altos primados de la Iglesia.

“Ganoso de mayores conquistas espirituales y ávido de más dilatados y feraces campos” se fue a Barcelona y allí embarcó el 9 de Enero de 1853 con varios franciscanos (siete sacerdotes y veinte estudiantes) en el bergantín velero Caupolicán y enfilaron rumbo al Perú, pero al dar la vuelta por el cabo de Hornos y a causa de una terrible tempestad, hizo voto con varios de sus compañeros de no volver a Europa a no ser por obediencia papal y después de cinco meses de tan dura travesía, por fin arribaron el 3 de Junio a Valparaíso, donde predicó y conmovió a las multitudes con la magia de su verbo inflamado, pues parecía que estaba en medio de una cruzada contra los infieles, tal su frenesí pastoral. De allí siguió al Callao, arribó el día 28 entre aclamaciones del populacho y fue llevado a la iglesia matriz a cantar un Tedeum por el feliz término de la navegación.

De inmediato pasó al convento de los Descalzos de Lima y pronto se hizo célebre por sus fructuosas correrías apostólicas, por las conversiones que lograba, por el estilo seráfico que le animaba y por la unción y el fervor de su cálida y fácil palabra, al punto que el futuro Arzobispo de Lima Manuel Tovar, manifestó al visitar el Convento: “Dudo que haya otro en el mundo donde se junten a la vez un como el Padre Gual, un santo como el padre Masiá y un orador como el padre Cortés”.

En 1854 fue elegido Guardián, logró desempeñar tres veces esas funciones, lo hizo con raro tino y unánime aplauso y estando en 1872 ejerciendo la última vez, recibió el nombramiento de Comisario General de la Provincia, colegios, misiones, conventos y monasterios franciscanos del Perú y el Ecuador, tuvo la oportunidad de visitar ambas repúblicas e implantó la observancia religiosa.

“En los primeros meses de 1874 viajó al Cusco y a su regreso predicó en Arequipa desde Abril hasta Agosto unas famosas Misiones y habiendo impugnado en sus prédicas la lectura del periódico oficial El Educador Popular, fue desterrado por el gobierno de esa nación. El 18 de Agosto se vio obligado a abandonar Arequipa no sin antes designar como Delegado suyo al padre Gual, el 24 estuvo en el Callao a órdenes de las autoridades, el 27 fue embarcado en el vapor Loa, el 30 arribó a Guayaquil y siguió rumbo a Quito, a donde entró el 21 de Septiembre precedido de su fama de perseguido político; mas, de inmediato el dictador García Moreno le fue a buscar y se entusiasmó al conocerlo y tratarlo, al punto que luego de conferenciar con el Delegado Apostólico Serafín Vanutelli y con el Canciller Francisco Javier León, le encomendó la reforma de la Orden franciscana en el Ecuador y pidió que aceptara ser el primer obispo de la recién creada Diócesis de Loja.

Meses después fue asesinado García Moreno pero ya el asunto del Obispado estaba en marcha. Masiá había viajado a Lima acogido por el nuevo presidente peruano Manuel Pardo y su Consagración como abispo se realizó en el Convento de los Descalzos el 25 de Septiembre de 1876. Poco después partió a Loja donde hizo su entrada triunfal el 30 de Noviembre en medio de las aclamaciones del pueblo; los tiempos no eran del todo propicios pues acababa de triunfar la revolución liberal del General Ignacio de Veintemilla que trajo cambios al país y el primer choque con la iglesia ocurrió cuando se dispuso la celebración de honras fúnebres por los mártires del liberalismo de Marzo de 1.869, luego acaeció el asesinato del Arzobispo Checa y Barba que aunque quedó en el misterio fue causa de acaloradas discusiones entre los Obispos y las autoridades civiles de entonces y por último estalló el escándalo de la conspiración conservadora de Carvajal, que se descubrió antes de que estallara en Mayo del 77, y cuyas ramificaciones en provincia dieron mucho que hablar. Los conspiradores fueron perseguidos y apresados y de sus declaraciones surgieron indicios de complicidad sobre varios clérigos y sacerdotes y hasta contra Monseñor Masiá.

Veintemilla, que le tenía algún recelo, envió por Santa Rosa una escolta a prenderle, pero el Obispo se adelantó a los acontecimientos y viéndose descubierto tomó el camino de la fuga el 13 de Septiembre, disfrazado de seglar, y ya en territorio peruano, desde Ayabaca, siguió a la capital peruana donde permaneció algunos meses mientras se disipaba la borrasca.

Un año después el presidente peruano Ignacio Prado interpuso sus buenos oficios para obtener el regreso de Masiá. Veintemilla le contestó: “Su recomendado no se ha de enmendar y continuará la guerra a mi gobierno”, pero aceptó que regresara a Loja con condiciones, lo que ocurrió el 1 de Diciembre de 1878 después de más de un año de ausencia y fue recibido con cantos y alabanzas como correspondía a su alta condición. De entonces fue la siguiente tonadilla que aún se recuerda en Loja:

“Tiernos hijos del manso Zamora dulces himnos de gozo cantad hoy que vemos en plácida hora al amado pastor regresar”.

Desde ese día gobernó en paz, escribió numerosas Pastorales, levantó la Catedral, erigió el Seminario mayor y menor, organizó los cursos y estudios eclesiásticos y otras cuantas obras de provecho, pero la influencia del Obispo de Manabí Pedro Schumacher seguíale incitando a la política y haciéndole cometer errores en asuntos que no eran de su incumbencia, dada su condición de extranjero.

Así por ejemplo, cuando se trató de rescatar los restos del Mariscal Sucre, escribió en contra de la buena fama de ese héroe. Masiá opinaba en todo y casi siempre con doctrinas anteriores a la revolución francesa que ya por entonces habían caído en desuso. Por eso, al ocurrir en Guayaquil la revolución liberal del

5 de Junio del 95, inmediatamente entró en pugna con el nuevo gobierno incitando a la rebelión a través de sus Cartas Pastorales. En una de ellas manifestó que los periódicos La Razón y El Pichincha contenían herejías y blasfemias “quedamos al ver el lenguaje infernal de esos periódicos” pero le salió al frente el Dr. José Peralta con una “Carta al Pastor.”

Entablada la polémica por la prensa Masiá contra atacó “No se comprende como el pueblo todo… no se conmueva y levante la voz, siquiera para desaprobar las herejías… El silencio del pueblo es incomprensible; porque si creyera en la religión, por lo menos levantara la voz…” Enseguida se dirigió al Presidente Alfaro con estas palabras; Quisiéramos rogar al jefe de la República… que por decoro de la Nación haga que se modere la prensa pues lo que se publica en los periódicos, en La Razón de Cuenca y otros, no solo es escandaloso si no indecoroso” Finalmente insistió ante Alfaro con las siguientes palabras: “Ya que Dios, árbitro de los reinos y Repúblicas, ha permitido que seais colocado a la cabeza de esta República, haced este favor (el de amordazar a la Prensa) Esta gracia os pide el pobre Obispo de Loja.

El nuevo Gobernador de Loja Dr. Manuel Benigno Cueva le tenía entre ojos y cuando un año después Massiá bendijo públicamente a los revolucionarios de la expedición armada del Sur reunida en Cajanuma, que al poco tiempo fue completamente derrotada sin que hubiera podido unirse a las tropas conservadoras del Azuay como era su objetivo, decidió expulsarle del país. El 1 de junio del 96, habiéndole llegado el chisme a Massiá, éste tuvo que salir fugando de Loja pero al poco tiempo de estar en el Perú retornó a su grey sin que cambiara por eso su conducta para con el gobierno liberal del Presidente Eloy Alfaro.

El 27 de Febrero de 1897 el Ministro del Interior, Belisario Albán Mestanza, notificó al Arzobispo Rafael González Calisto, la expulsión del Obispo de Loja. Entonces Masiá volvió a traspasar la frontera sur y se dirigió a Ayabaca. Allí lanzó su última Pastoral el 30 de septiembre, que imprimió en Piura y en ella condenó al Liberalismo Radical en los siguientes términos: “pues todo el mundo lo sabe que el radicalismo es el enemigo irreconciliable de la religión y de la misma Patria, por cuyo motivo dijimos que los de la expedición del Sur defendían una causa santa, y por esto escribimos desde aquí (hacienda del ingenio de Ayabaca) Bendigo a los expedicionarios de la causa de Dios y de la Patria y a los fervorosos sacerdotes que los acompañan” luego entró en la población y celebró un Tedeum por haberse librado de preso en manos de sus adversarios.

Mientras tanto los radicales de Loja allanaron los templos de la Concepción y el Palacio Episcopal. Se convirtió el Instituto de los Hermanos Cristianos en escuela laica, se persiguió a los lazaristas y tuvo que salir del país su rector el Padre Leonardo Daidy con lo que se logró la ruina y el cierre del Seminario. También fueron expulsados del Ecuador los franciscanos Miguel, Lorenzo y Luis que habían ido de misioneros a Celica.

Masiá en cambio, el 21 de Noviembre arribó al Callao y “una humilde celda de los Descalzos le recibió acogedora y aquel bendito claustro fue también testigo de las virtudes, oración, penitencia y ejemplaridad en los últimos años de su preciosa vida”, junto al Obispo de Riobamba Arsenio Andrade, que había sido su mentor político durante el período de Veintemilla, lo que le costó el primer destierro.

Y murió el 15 de Enero de 1902 a los ochenta y seis años de vida, setenta de religioso y enseguida se inició su causa de beatificación, que sin embargo no ha progresado, pues su figura envejeció históricamente hablando con el paso de los años y el progreso de los pueblos.

Humilde pero firme en la defensa de lo que creía verdadero, pensaba que su palabra era la manifestación del espíritu de la verdad y no aceptaba la verdad ajena ni creía en la pluralidad de opiniones. Practicaba doctrinas superadas, intervenía en todo asunto civil y aún en los internos de la República, que le estaban vedados.

Era de arrogante y a la vez de amable presencia, alto, enjuto, ascético, y en la plenitud de la prelacía supo realizar el ideal misionero y llevar la voz del evangelio a muy apartadas regiones.