MALDONADO CARBO TEODORO

MEDICO Y CIRUJANO.- Nació Guayaquil el 6 de Mayo de 1885, hijo legítimo del Dr. Teodoro Maldonado Cora, abogado y presidente de la Corte Superior de Guayaquil y de Angela Primitiva Carbo Macías, poetisa y editora del periódico “El Hogar Cristiano”, guayaquileños.

El 5 de Octubre de 1896 vivía en el barrio del Bajo cerca de la iglesia de la Merced cuando comenzó el Incendio Grande a las once de la noche. Al día siguiente, a las seis de la mañana, las llamas comenzaron a devorar las casas del Bajo y aunque solo contaba once años de edad salvó un ropero que aún existe como recuerdo. En 1897 ingresó al “San Vicentedel Guayas”. En 1900 obtuvo el Gran Premio del Colegio y su nombre consta en el “Cuadro de Oro”. En 1903 se graduó de Bachiller en Filosofía y Letras y comenzó a estudiar medicina. En 1906 fue electo Tesorero y entre 1909 y el 12 fue Presidente de la Asociación Escuela de Medicina.

En 1909 ingresó al Batallón “Alajuela” como Teniente de Sanidad Militar y trabajó en el internado del Hospital General. En 1910 fué delegado al Congreso de estudiantes universitarios celebrado en Bogotá. Durante los

incidentes fronterizos con el Perú marchó a la provincia de El Oro en calidad de Ayudante Cirujano de la Segunda División móvil de ambulancia de la Cruz Roja y se estacionó en la población de Balao.

En 1910 obtuvo “Medalla de Oro” de la Municipalidad de Guayaquil por ser el mejor alumno de la facultad de Medicina. E1 23 de Mayo de 1911 logró la licenciatura y fue designado médico del Pabellón de Observación. El 13 de Febrero de 1913 se graduó de médico y cirujano sustentando la tesis “Operación de Whitehead para la cura de las hemorroides.”

En 1913 su familia lo envió a París y al poco tiempo actuaba en la Primera Guerra Mundial como Cirujano Jefe de un Hospital de Sangre. Después trabajó de interno en el Hospital Neker a las órdenes del Prof. Félix Legueau, quien lo ascendió a Jefe del servicio de Citoscopía.

Entre 1916 y el 18 dictó cursos de Citoscopía y Uretroscopía y fue Jefe de Clínica. El Gobierno de Francia le entregó la “Medalla del Reconocimiento” y escribió el capítulo V del ‘Traite Chirurgial D’ Urologie”, obra maestra en su género, publicada en 1921 en París.

En 1923 regresó al Ecuador tras casi diez años de ausencia y en 1924 dictó en la Universidad de Guayaquil la cátedra de Clínica Externa, luego la de Medicina Operatoria, en Mayo fundó la Policlínica Nacional, que regentó como su clínica privada durante más de treinta años en el primer piso alto de una casa de madera ubicada en la calle

P. Ycaza entre Baquerizo Moreno y General Córdova y pasó a ser Cirujano Jefe de la Sala San Miguel, siendo el más importante servicio de Cirugía General del país.

Entonces se conoció con Isabel Riera Ribera en casa del Dr. José María Estrada Coello que estaba gravemente enfermo, y al verla preguntó ¿Quién es esa chica? La esposa del Dr. Estrada contestó con sorna ¿La quieres para enfermera? ¡Bueno sería! Fue la respuesta.

En 1927 fue Presidente del Club Metropolitano y Concejal del Cantón. Ese año contrajo matrimonio. La luna de miel fue por Europa y duró varios meses. El fegreso realizaron en el buque Boskoop de bandera holandesa, el 28 de Enero de 1928, año en que fue electo Director Técnico del Hospital General, sucedió  al  Dr. Miguel  H.

Alcívar en la dirección de la sala San Miguel y ejerció la Consejería Cantonal hasta 1929. En el Hospital correspondiéndole modernizar los servicios pues ocupó dichas funciones hasta pocos días antes de su muerte. Por eso se ha dicho que su labor no ha sido bien comprendida pues a él le correspondió transformar los servicios que prestaba el viejo edificio de madera en la complicada urdimbre técnica que se presta en la monumental estructura de cemento que hoy es, para lo cual tuvo que traer de Europa las nuevas técnicas de asepsia y cirugía, operando hasta cuatro y cinco veces al día desde las siete de la mañana hasta las doce meridiano. Se calcula entre 40.000 y 45.000 las personas que operó a lo largo de su carrera como cirujano, sin embargo, para lo cual debió formar discípulos como los Dres. Dionisio Espinosa Vega, Eduardo Ortega Moreira, Gerardo Peña Astudillo, Alberto Baida Kronfle, Emiliano Crespo Toral, José Ramírez Dueñas, José Molestina Roca, Jhon Parker Brussa Reinaldo Irigoyen, Carlos Malatay, Carlos Zunino, Luís Paredes Paredes, Gustavo Vargas Zapata y hasta su propio hijo Teodoro Maldonado Riera quien se especializó en cirugía cardiovascular y fue el pionero en esta clase de intervenciones. Mas, también se ha dicho, que en el hospital ejerció mando absoluto y gobernó con mano de hierro.

En 1928 fue electo Diputado a la Asamblea Constituyente y le ocurrió una rara consulta en Quito. Se trataba de una señorita con el vientre hinchado, quien juraba que era virgen aunque los médicos que la trataban le habían diagnosticado un embarazo avanzado. Todo fué que Maldonado la vió y ordenó operación inmediata a pesar que uno de los facultativos aseguraba que había tocado los piecesitos de la criatura. Realizada la intervención salió un enorme tumor que resultó benigno; con lo cual se salvo la vida de la paciente y el honor de su familia.

En 1929 dictó las cátedras de Clínica Quirúrgica de las vías urinarias y la de Enfermedades Venéreas en la Universidad de Guayaquil y representó al Ministro de Educación en el Consejo Universitario. El 11 de Noviembre de 1931 fu electo Vice Rector de la Universidad y el 19 de Junio de 1933, por renuncia del Rector Dr. Arroyo del Río, se realizaron las elecciones. Maldonado era jefe de campaña del Dr. Leopoldo Izquieta Pérez. Mas, a última

hora, logró aglutinar para si la mayoría requerida y ocupó el rectorado, siendo tres veces reelecto, récord no igualado en nuestra Alma Mater.

En 1931 fue Presidente de la Sociedad Médico Quirúrgica y Cónsul ad honoren de Noruega. En 1933 Consejero Provincial del Guayas y recibió del gobierno de Cuba la presea “Carlos Finlay” en el grado de Comendador.

En 1940 le nombraron miembro fundador de la Liga Ecuatoriana Antituberculosa y delegado de nuestro país a la Convención de Cirujanos de América reunida en México. El 41 presidió la Junta Cívica formada durante la invasión peruana que declaró a Guayaquil ciudad abierta para evitar su bombardeo y destrucción.

En 1943 fué diputado por las Universidades del país, concurrió a la Cámara y lo eligieron Presidente. Entonces el Gobernador del Guayas, Enrique Baquerizo Moreno, lo presentó a la Junta Suprema del Partido Liberal como precandidato a la presidencia de la República, pero el liberalismo de la sierra prefirió a Miguel Angel Albornoz. Era considerado uno de los hombres fuertes del arroyismo en el país.

Con la revolución del 28 de Mayo de 1944 perdió el rectorado, su cátedra en la facultad de Medicina y la presidencia de la Cámara. El 30 fué arrestado por una brigada compuesta por alumnos universitarios que se trasladaron a su domicilio y llevado al batallón Quinto Guayas permaneció cinco días detenido con todas las consideraciones del caso; sin embargo, meses después, aun le seguían investigando y fué conducido a Quito a desvirtuar acusaciones políticas. Pasada la euforia revolucionaria se reintegró a su profesión.

En 1947 fué electo Senador por el Guayas y volvió a concurrir al Congreso. En 1950 fué designado miembro de la Junta de Beneficencia y segundo Vice Director, así como Delegado al Colegio de Cirujanos Americanos y Presidente de la Cruz Roja Provincial del Guayas.

En 1952 lanzaron su nombre como precandidato a la presidencia de la República por el partido liberal. En 1953 ocupó la presidencia de L.E.A. En 1955 recibió la “Medalla de Plata” de la Cruz Roja de Grecia y fué electo Vice Presidente fundador de la sociedad “Amigos de Francia”. En 1956, a pesar de ser liberal del grupo de Arroyo del Río, por el acuerdo efectuado con el Presidente Camilo

Ponce Enríquez y Juan X. Marcos, desempeñó la Gobernación del Guayas en la administración conservadora y desde entonces simpatizó con los miembros de esa ideología. En 1957 le fué ofrecido el Ministerio de Educación que no aceptó pero recomendó a su sobrino el Dr. José Baquerizo Maldonado que fué designado. Recibió la “Legión de Honor” por su actuación en la primera Guerra Mundial. En 1958 el gobierno lo nombró Embajador en misión especial a la transmisión de mando en la Argentina y representó al Ministro de Obras Públicas en el directorio de Autoridad Portuaria de Guayaquil. En 1959 fundó la extensión del Ecuador del Colegio internacional de Cirujanos.

En 1960 el Partido Conservador le propuso la Vicepresidencia de la República en binomio con el Dr. Gonzalo Cordero Crespo pero no aceptó por su avanzada edad y mala salud. Al poco tiempo comenzó a sufrir de un cáncer al hígado que él mismo se diagnosticó y aunque viajó al “Doctor Hospital” de New York a tratarse con el Dr. George Pack, todo fué inútil. Entonces fué designado miembro de honor del Colegio Internacional de Cirujanos de los Estados Unidos y su retrato colocado en sitial de preferencia.

Nuevamente en Guayaquil, falleció el 26 de Mayo de 1961, a los setenta y seis años de edad. En su entierro numerosas personas lo lloraron y algunas hasta besaron sus manos en el ataúd pues les había salvado la vida.

Fué el pionero de la medicina urológica en el Ecuador, maestro de varias generaciones de urólogos, introdujo nuevas técnicas de cirugía gástrica, adiestró a cirujanos y a médicos en el Hospital General, representó al país en numerosos certámenes, encuentros y convenciones de medicina y cirugía y le correspondió cambiar la estructura del principal centro hospitalario de nuestra ciudad.

De estatura mediana, tez blanca, pelo crespo y castaño, ojos plomizos, voz y modales suaves pero enérgicos y tanto que con solo fijar la vista se hacía entender de sus ayudantes; persistente en sus proyectos, apasionado en su trabajo, no conocía ni el descanso en familia ni de vacaciones, hizo de la diaria práctica de la cirugía un verdadero sacerdocio y el servicio al prójimo la meta de su vida. No murió pobre porque supo conservar los bienes de fortuna herencia de sus mayores, que jamás dilapidó. El día que se escriba la historia de la medicina ecuatoriana en el siglo XX ocupará uno de los más descollantes sitiales.