MACIAS Y GARCIA LUIS

AVENTURERO.- Nació en Guayaquil el 12 de Marzo de 1916. Fueron sus padres legítimos los guayaquileños Alberto Macías Baquerizo, funcionario del Banco del Ecuador por muchos años y su prima hermana María García Baquerizo, sobrina nieta de García Moreno.

Nació en un departamento alto de Dña. Ana Malta que vivía en los bajos, en la Avenida Rocafuerte, al lado de la bomba Independencia y de la calle Tomás Martínez.

El 23 su padre los había abandonado para irse en plan de aventuras al Perú y Chile donde consiguió una amante peruana y puso tienda de venta de ropas y telas en Santiago. El joven Luis tenía siete años y se impactó emocionalmente. Ese año ingresó a la escuelita de la Prof. Blanca Martínez Macías en la calle Clemente Ballén donde siguió la primaria. En 1928 se cambiaron a una casa grande de las Peñas propiedad de Bertha Sánchez Destruge. Era extrovertido, jovial, muy pegado a su madre como hijo único y por la cercanía al río y con otros amigos mayores se iba nadando a Duran. De esa época recuerda a Carlos

Ayala Cabanilla, Raúl Gómez Lince, los hermanos Ayala Núñez, Tomás Carlos Orrantia, etc.

Siguió la Secundaria en el Cristóbal Colón hasta quinto año. Su madre era profesora de Piano desde 1928 en el Conservatorio de Música fundado en Guayaquil por el Prof. Pedro Pablo Traversari hasta que heredó un legado de quinientos sucres mensuales de la testamentaría de su tío Eduardo Baquerizo Robles y renunció el 33.

Ese año fue operado de apéndice por el Dr. Rafael Mendoza Avilés y como perdió el curso en Algebra comenzó a trabajar de pasante en el estudio jurídico de su tío el Dr. Esteban Amador Baquerizo. En 1934 se cansó de ello y viajó a Quito. “Jacinto Jijón me consiguió un empleo como Ayudante de la Tesorería Municipal y también en el diario “El Debate” de los conservadores, que dirigía Mariano Suárez Veintimilla.

Allí escribía la crónica social y hacía artículos y reportajes por ciento sesenta sucres mensuales”, vivía cómodamente en el Hotel Toral pagando tres sucres diarios en la Venezuela cerca de la 24 de Mayo y mantuve una activa vida social. María Luisa Flores era sobrina tercera de mi madre por lo Gómez – Cornejo Avilés y muy amigas por haberse educado juntas en el Colegio de los Sagrados Corazones de Guayaquil hasta 1895.

“Mi vida se deslizaba sin problemas hasta que el 39 falleció mi madre de cáncer al útero mientras era operada en el Pabellón Sotomayor del Hospital de Guayaquil. Quedé solo y me entraron ganas de aventurar por otros países. Madurada la idea, dejé los empleos y me fui a la frontera con solamente cinco sucres en los bolsillos y mi Pasaporte. Estuve en Cali, luego en Bogotá, siempre atendido por personas amables que me recibían y daban comida y alojamiento pues les convencía mi simpatía natural.” Iba ganándome la vida con mi cuerpo, declararía años después a su amiga Ileana Espinel, pues era homo activo.

En esa capital fui presentado al gran poeta Guillermo Valencia, quienme recomendó en el periódico “El Tiempo” donde estuve solamente un mes pues mi objetivo no era trabajar sino conocer el mundo. De allí pasé a Barranquilla y a Cartagena donde no me fue bien porque enfermé pero me repuse y seguí a Panamá empleándome de time keper en la Zona del Canal por dos meses. Con algún dinero ahorrado pasé a San José de Costa Rica y a Managua, conocí a Rosario Murillo viuda de Rubén Darío, quien me atendió en su casa y hasta me obsequió un documento original de su esposo.

“Finalmente estuve en El Salvador y Guatemala, pasé a México y recorrí Chiapas y Veracruz. En esa última ciudad me hice amigo del Barón Carlos Von Reuter que se dedicaba a la cacería de cocodrilos en los ríos cercanos y corrimos grandes aventuras en su bote a motor pero descubrí que era espía en las noches, pues transmitía noticias por una radio que mantenía escondida. Como yo no era político ni mi interesaba la II Guerra Mundial no hice mayor caso del asunto y seguí en su compañía por varios meses llevando la buena vida que su amistad me proporcionaba. Luego decidí pasar a México donde hice periodismo en El Universal y como secretario del Sindicato de Prensa y Radio por ciento veinte Pesos mensuales, anotando las cuotas de los socios, llevando la nómina, pasando invitaciones, etc. hasta que una tarde, al bajar de mi oficina, fui interceptado por dos Agentes de Seguridad que tenían un retrato hablado mío y me llevaron detenido al Castillo de Perote cerca de Puebla, acusado de espía alemán por mi pasada relación con von Reuter quien ya estaba preso. Allí permanecí cuatro meses en compañía de numerosos italianos, alemanes y japoneses tratado a cuerpo de Rey, pues Hitler mantenía a los presos a través de la Embajada de Suecia y comíamos y bebíamos de lo lindo, pero el Embajador del Ecuador me hizo salir sin mi gusto y las autoridades decidieron mi deportación al Ecuador.”

“Un guardia me condujo por tren a Manzanillo, puerto en el Pacífico donde supuestamente debía abordar una nave a Guayaquil, pero en el trayecto me escapé aprovechandoque el policía había sido alcohólico y se quedó dormido por Veracruz, entonces torné un barco a Cuba y llegué a Pinar del Río, trasladándome en bus a La Habana. En la Embajada del Ecuador sin conocer mis peripecias me invitaron a un almuerzo, donde conocí a la baronesa Carmen Duroy de Bruignac Garbe, ecuatoriana de paso por la isla, mujer muy bella, alta, blanca y de pelo castaño, que frisaba por entonces los cincuenta años (1) y usaba joyas muy valiosas.

El Embajador me la presentó y de inmediato hicimos buena amistad pues yo tenía solamente veinte y nueve y era de talla mediana, musculado, pelo castaño y ojos azules que parece que le gustaron pues a los pocos días fuimos enamorados. Así las cosas me dio el dinero para el pasaje de regreso a Guayaquil y ella se vino después” (2)

“Nuestro matrimonio se realizó suntuosamente y con todas las de la ley en casa de su madre Ernestina Garbe Acevedo, hija de Ernesto Garbe comerciante de Hamburgo que solía traer mercaderías para su venta en Sudamérica y casó en Guayaquil con Carmen Acevedo y Aguirre, hija del colombiano Manuel Ildefonso de Acevedo y Díaz – Granados y de la porteña Ignacia Aguirre de la Cuadra. Fue mi padrino de bodas Lisímaco Guzmán Aspiazu” pariente de Carmencito por Aguirre.

Luís me contó: ya en guayaquil, “Yo figuraba desde mi llegada como periodista y hasta escribía en revistas y otras publicaciones. Primero habitamos un departamento en 9 de Octubre y Avda. del Ejército frente a la antigua pesquisa, luego nos cambiamos a una casa de Alberto Wright Vallarino en Rocafuerte y Loja, única en la ciudad por tener los pisos de vi ni l y dos escaleras diferentes. Una para el servicio por Loja y otra principal en Rocafuerte, a la usanza europea. Era un departamento a todo lujo.”

“En 1946 fui nombrado Censor Nacional de Espectáculos. Mi suegra, que era muy rica por ser dueña de nueve casas en Guayaquil y de dos grandes haciendas: San Ernesto de Pijullo en Catarama con 1QQ.QQQ matas y ambos fuimos representantes por dicha provincia; concurrí a la Cámara de Diputados dos o tres semanas, me aburrí, dejé a mi suplente en el escaño, me escapé a Lima y a Santiago, donde conocí a un supuesto hermano mío que sin embargo no llevaba el apellido Macías y reclamé la herencia que me correspondía pues mi padre había fallecido unos meses antes, pero nada me dieron de la tienda”.

“En Santiago pasé los meses finales del 52 magníficamente considerado y atendido por mis parientes Jaime Larraín y García – Moreno que estaba de Senador de esa República casado con Elenita Valdés Morandé, quienes me presentaron a los demás miembros de la familia y hasta fui recibido con honores por mi tía segunda Ana Luisa García – Moreno y Flores vda. de Larraín, duquesa de Santa Fe por título pontificio, sobrina nieta de García Moreno y nieta de Juan José Flores, que vivía en una magnífica mansión. Yo, por supuesto, tenía mundo, hablaba idiomas, era el sobrino bisnieto de García Moreno, barón consorte de Duroy de Bruignac, tenía suficiente dinero y estaba hospedado en el mejor hotel”.

“Entre el 53 y el 59 viví en Lima con gran boato, circulando con mi señora en los mejores clubes, alternando con las familias de mayor tradición en una sociedad culta y sedeña donde vivían más de cuarenta titulados de Castilla. Ese último año falleció mi suegra muy anciana. Carmencita y yo pasamos a Panamá a tomar un trasatlántico para Hamburgo porque los que salían de Guayaquil no eran lujosos, a fin de reclamar el dinero de la expropiación de un edificio que había sido de su padre. El gobierno le pagó cuarenta mil dólares que repartió con su hermano Antonio y yo localicé a mi amigo von Reuter en un Castillo cerca de Colonia, donde pasamos varias semanas de vacaciones cazando en sus cotos cercanos. Finalmente tuvo la amabilidad de obsequiarnos un automóvil Opel adquirido de fábrica para que recorriéramos la Europa Central”.

“En seguida nos establecimos en un elegante Hotel de la Avenida Mansour a una cuadra de los Parques Elíseos pero el frio húmedo del invierno me provocó tremendos dolores de oído y el 60 nos trasladamos a un cómodo departamento en Bretón de los Herreros y Zurbano en el centro de Madrid. Allí hice amistad con varios intelectuales notables como el Conde de Canilleros, genealogista del

Instituto Salazar y Castro, quien me presentó a numerosas personalidades del franquismo. Por las tardes concurría a una interesante peña en el café Gijón en la Avenida de la Castellana y de noche jugaba poker con otros amigos.”

“En 1963 adquirimos un departamento en la calle de Alcalá que amobló Carmencita exquisitamente con objetos y recuerdos de familia, todo muy fino Frecuentábamos a la aristocracia y a la nobleza titulada, así como también a las cortes que se cobijaban en esa España franquista. Varias veces fui invitado a fiestas diplomáticas, me presentaron a la bella Carmencita Franco Marquesa de Villaverde e hija única del Caudillo. Estuve en las soires del Hotel Palace ofrecidas por el Archiduque Andrés Salvador de Austria de apellidos Habsburgo Salm – Salm, las del Príncipe Nicolás de Rumania (Hoenzollern – Sigmaringe Coburgo) las del Gran Duque Vladimir Cirilovich de Rusia (Romanof Coburgo) El ex Rey Simeón II de Bulgaria me apreciaba afectuosamente. La Condesa Geraldina Aponhy de soltera, luego Reina de Albania por su matrimonio con Ahmed Zogu I y madre del pretendiente a ese trono, me llevó varias veces a su Palacio. Igual la duquesa María de Medina Sidonia, apellidada Pérez de Guzmán el bueno, que era la mujer más rica y titulada de España junto con la Duquesa de Alba y muy amiga de mi esposa, a quien quería sanamente, pues la Duquesa era comunista, contestataria y hasta lesbiana”.

“Usualmente tomaba el te con nosotros Alfonso Ruiz de Grijalva Avilés – Montblanc, Marqués de Grijalva, e hijo de una guayaquileña que había sido como hermana con mi suegra en su juventud de París. Angela Márquez de la Plata Caamaño de Ena, Marquesa del Pedroso y dueña de un bellísimo Palacio en Valencia, Mercy Wright Aguirre de Miller y Gutiérrez y su hija Olguita Miller Wright y cuando pasaban por Madrid nos llamaban y asistían a nuestro departamento Alberto Wright Vallarino y Lucia Carbo Avellán, las Orrantia Wright (María Rosa e Isabel especialmente) Tomas Carlos Orrantia Wright y Ercilia Santos, Otto Carbo Avellán y Maruja Ycaza Galecio, etc, es decir, le tout Guayaquil, lo más chic”.

“Tenia una linda vida pero en Julio del 64 se puso mejor pues en un cocktail que daba el Embajador de Irlanda, mientras conversaba con el Príncipe Nicolás de Rumania que era muy gracioso aunque bastantesolemne, nos fue presentado el Embajador de Turquía y al poco rato nuestra conversación recayó en el interminable conflicto internacional de Chipre, país que tenía una mayoría cristiana ortodoxa griega en guerra con una minoría musulmana turca”.

Le dije al Embajador que yo podía aspirar al trono de Chipre por mi padre y por mi madre, que eran primos hermanos entre sí y descendían ambos varias veces de los antiguos reyes Alejo Comneno e Isaac el Ángel. Emperadores de Bizancio. El Embajador se mostró interesado en el asunto y al día siguiente me invitó a su casa, me convenció de aceptar el reinado y sus consecuencias y terminó entregándome varios boletos de avión”.

“Primero estuve en Atenas donde suscribí mi declaración oficial asumiendo la responsabilidad de la corona de Chipre en el destierro y el título de Duque de Nicosia por acuerdo de mi Consejo. Enseguida partí a Estambul donde se me instruyó para viajar a Ankara, fui recibido en el aeropuerto con honores reales y brindé vanas entrevistas que aparecieron publicadas en los principales periódicos del mundo pues contaba con el apoyo del gobierno turco y la guerra de Chipre era noticia internacional desde el comienzo de las luchas independentistas del General Jorge Grivas contra los ingleses. Por entonces la isla estaba presidida por el Arzobispo Makarios, hombre duro y sombrío a pesar de su condición religiosa y capaz de cualquier crimen para conseguir sus propósitos políticos. El gobierno turco me hizo saber que debía trasladarme a las montañas centrales de la isla y ponerme al frente de las guerrillas turco – chipriotas para quitarle el poder a Makarios y a los griegos y asumir el mando y mi trono. En el fondo solo querían ridiculizar al Arzobispo ante el mundo y causarle mayores problemas de los que ya tenia, pero eso a mi no me importaba un comino pues ni siquiera tenia el agrado de conocerlo”.

“En el Hotel de Ankara me ocurrió la siguiente anécdota: Noté que un gordo me seguía con mucha insistencia y no pudiendo contenerme me volví y le pregunté en francés que deseaba. Me respondió que su señora deseaba ser Condesa. Págueme cuatrocientos dólares para la Cruz Roja chipriota y hoy mismo le confiero su deseo. El gordo pagó encantado y al poco tiempo le mandé desde Madrid el correspondiente Diploma y Tenuta en favor de su señora, firmado, sellado y lacrado por mi Real mano. Después tuve la oportunidad de vender más títulos en Europa y América. Me iban a buscar especialmente para ello, importunándome hasta en las noches, tal el deseo de figuración de la humanidad”.

“Cuatro días después del episodio del turco gordo arribé de incógnito a Nicosia y me hospedé en un Hotel discretísimo pues al día siguiente iba a entrar en contacto con mis agentes secretos, pero a eso de las dos de la madrugada escuché un ruido en la puerta de mi habitación, la abrí y observé un paquete en el suelo del pasillo y a un sujeto que huía velozmente hacia el ascensor”.

Comprendí que se trataba de una bomba, posiblemente un explosivo de plástico – entonces muy de moda – y también corrí pero hacia el lado opuesto y no habían pasado más de cinco segundos cuando escuché una horrible explosión que tumbó la puerta de mi cuarto y destruyó casi todo en su interior. Supe inmediatamente que era un obsequio advertencia que me había enviado el feroz Arzobispo y reaccioné velozmente recogiendo lo poco que había quedado de mi equipaje en el suelo, pagué la cuenta del Hotel como pude, tomé un taxi para el aeropuerto de Famagusta y partí en avión a Atenas, terminando así mi corto reinado de veinte y cuatro horas en forma caótica, casi catastrófica; pero la noticia del atentado y la detonación circuló por el mundo y cuando arribé a Madrid era personaje famoso y hasta una víctima más de los abusos del poder y del terrorismo internacional. Por eso me volvieron a entrevistar y numerosas casas comerciales empezaron a pagar para que concurriera a prestigiar sus desfiles de Modas y otros géneros de eventos sociales de primer orden. Ese año fue un continuo baño de popularidad para mí y hasta para el Ecuador, pero no faltó la nota discordante. Uno de los hermanos Aguirre Vásconez de Quito, que por entonces vivía en España – de una familia que sin tragos se decían socialistas, y más nobles que la gorra de Pilatos cuando estaban jumos – se atrevió a telefonear al Diario ABC de Madrid presentándose como legítimo noble ecuatoriano y negando mis chiprióticos derechos. Incluso llegó a acusarme de audaz y tuvo frases duras para el periódico por sensacionalista, pero se llevó un gran fiasco pues el Director le contestó furioso. Oiga Ud. primero ¿Quien se cree? y segundo que más quiere que salga su pequeño país en la prensa, si aquí nadie sabe ni donde está ubicado…y le tiró el teléfono, dejándole con un palmo de narices”.

El asunto de sus pretensiones se conoció como era de esperarse en todo el mundo occidental, causando revuelo en la prensa ecuatoriana, especialmente en las de Guayaquil y Quito, que no escatimaron tinta en los detalles. La Revista Vistazo en Abril de ese año publicó un artículo largo firmado por Richelieu, pseudónimo de Francisco Huerta Rendón cuya síntesis dice:

Luís Macías y García, afirmaba su ascendencia hasta los antiguos soberanos bizantinos, propietarios de la isla de Chipre en el medioevo, tanto por la rama paterna como por la materna por ser hijo de primos hermanos. La cosa es que el actual pretendiente sale de los Baquerizo Robles y éstos de los Robles Santistevan, Que por esta rama de Robles empata con los Ramírez de Arellano y por estos con la Casa Imperial de Bizancio, de manera que el pretendiente está destinado a rivalizar con el Arzobispo Makarios, actual jefe de Chipre, y a dejarlo sin barbas y sin presidencia.

En 1966 regresó el flamante pretendiente a Guayaquil don Luís Macías y García, Duque de Nicosia en Chipre, a vender unas propiedades y circuló el folleto titulado “La Corona de Chipre “en 15 págs. dedicado a su amigo personal el Rey Constantino de Grecia. El Impreso contiene las Armas de la familia Maclas timbradas con Corona Ducal. Una introducción muy cuerda y posiblemente inspirada por su amigo el Conde de Canilleros, El primer Decreto con la Declaratoria Oficial del reinado, el segundo con la asunción del título ducal de Nicosia en el exilio, una genealogía hasta Fabio Nicéforo Comneno, príncipe de Astrocamía y de Argino en el siglo XI, origen de los Comneno Emperadores de Bizancio, Reyes de Chipre y trigésimo antecesor doble de Macías y García por la rama de los Ramírez de Arellano. Una bibliografía escogida y la creación de la Orden de la Santísima Trinidad con rango hereditario de barón. El folleto circuló profusamente en el Ecuador y el Dr. Vicente Norero de Lucca adquirió el título de Duque de Famagusta por mil dólares para usarlo en Europa.

De vuelta en Madrid siguió llevando una vida ostentosa y cara así como la bohemia de siempre. Dormía por las mañanas, paseaba por las tardes, divertíase por las noches y hasta las madrugadas. En 1970, al cumplir veinticinco años de matrimonio, su esposa la Baronesa con setenta y cinco años a cuesta se sintió cansada, decidió entrar a un Convento de monjas amigas y dedicó sus últimos años a la enseñanza del idioma francés. Moriría en 1977 de ochenta y dos años de edad. La separación fue por demás amigable dado su refinamiento, tranquilo temperamento y elegancia natural.

Su esposo pasó de cincuenta y cuatro años a Guayaquil en 1970 a administrar tres grandes covachas, adquirió una villa vacacional en Playas que llamó María Victoria como su madre pero en el invierno de 1983 que fue extremadamente fuerte, se inundó y prefirió venderla, pero jamás se acordó de enviarle a la baronesa el cincuenta por ciento de las rentas como habían quedado convenidos.

Acostumbraba viajar los inviernos a Lima a la usanza de los antiguos guayaqui leños, gastando y llevando una activa vida de sociedad en dicha capital, quizá por eso terminó vendiendo una de las tres propiedades.

Cuando mis tíos Pedro Manrique Acevedo y Carmen Pérez Concha estuvieron seis meses en España, se preocuparon de localizar a Carmencita a quien hallaron en un Convento viviendo en pobreza. De regreso a Guayaquil mi tío Pedro trajo una escritura de poder especial a favor del Dr. Rafael Mendoza Aviles, quien obligó a Lucho a pasarle una módica pensión mensual a Carmencita.

El 87 a los setenta años de edad, le extrajeron la próstata en la Clínica Moderna. Sufría de hipertensión arterial pero se mostraba sano y optimista como siempre, con su natural buen humor proclamaba haber vivido bien sin jamás trabajar, se distraía con lecturas históricas, biográficas y de filosofía. Administrando sus bienes que al final quedaron reducidos a la casa que habitaba en Cuenca y Villavicencio y a una gran casa – igualmente antigua y de madera – en la esquina de Santa Elena y Gómez Rendón. Eran sus médicos de cabecera los doctores Guillermo Game Ampuero, su pariente por ser hijo de Raquel Ampuero Macías, y Edgard Salazar.

Ocasionalmente firmaba sus Cartas personales con un sello que decía “Maison Royale de Chipre”. Su estatura mediana, conversación amenísima y hasta pintoresca pues había viajado por Europa y Sudamérica muchas veces, hospedándose en los mejores y más caros hoteles, tratando a gente de interés, haciendo turismo al más alto nivel.

Sazonaba sus anécdotas propias, agradables por superficiales, con impresiones y giros coloquiales que les daban sabor ¡Sabía encantar a sus auditorios! hablaba español, francés, inglés, algo de alemán y de italiano pero desde su regreso a Guayaquil, ciudad que nunca amó por insípida, según sus propias palabras, no alternaba, pues se había quedado sin amistades. I es que realmente no tenía amigos con quien conversar pues sus temas de siempre, el turismo por Europa, las familias antiguas, etc. había pasado de moda en una urbe acalorada y rápida donde la gente no acostumbra tertuliar, según felices expresiones suyas.

Finalmente empezó a sufrir un reumatismo que le fue atrofiando sus brazos y piernas y lo postró en cama pues los movimientos, hasta los más pequeños, le causaban dolor. Le acompañaban sus empleados Rolando Valverde que cobraba los arrendamientos y Orly N. para las labores domésticas. Hizo testamento dejando la casa grande de Santa Elena y Gómez Rendón a la Junta de Beneficencia pero Orly le falsificó la firma y la vendió al comerciante Carlos Cuadrado en treinta millones de sucres sin que Su Majestad se enterara. Con el dinero partió subrepticiamente a Europa donde se operó para adoptar otro sexo y quien creyera, hasta prosperó como transexual en Madrid ejerciendo el más viejo oficio de la humanidad por las noches y en el parque del Buen Retiro.

Los últimos días del Rey fueron tranquilos y por supuesto en el exilio de su amada isla de Chipre a la que nunca pudo viajar por culpa del maloso de Makarios.

Falleció sin agonia ni mayores sufrimientos y a su entierro concurrieron parientes íntimos como su tío segundo el viejo doctor Esteban Amador Baquerizo que siempre le protegió, pero como la noticia no trascendió a la prensa, la sociedad guayaquileña ni se enteró. La Junta de Beneficencia, testamento en mano, intentó reclamar, pero nada pudo hacer. La casa ya no existía, había sido derruida por obsoleta, solo quedaba el extenso solar convertido en patio de exhibición y venta de vehículos y en poder de terceros, compradores de buena fe, Aparte que había transcurrido más de diez años desde la venta, tiempo suficiente para que alegaran prescripción y ganaran cualquier acción judicial sin siquiera presentar documentos.

Tal el absurdo y triste final de uno de los guayaquileños más folklóricos y simpáticos del país, cuya vida transcurrió entre los miembros de la primera nobleza titulada de Europa, codeándose de igual a igual con pretendientes a distintas coronas, Duques y Marqueses, Condes y Barones, así como numerosos intelectuales bohemios.

Quienes le tratamos nunca le tomábamos en serio porque conocíamos su carácter pero gozábamos con su chispeante conversación, porque nunca repetía las anécdotas de su vida y cada vez nos sorprendía con nuevas aventuras citadinas, que jamás fue hombre de campo ni de trabajo. Con el Gigi Game, su médico y primo, primo político mío, a veces nos reuníamos a escucharle y era de ver cómo nos hacía reír con sus cuentones siempre nobiliarios pues ese era el tema de su natural preferencia.