LUNA CARRERA VIOLETA

POETA.- Nació en Guayaquil el 24 de Febrero de 1943 y fue bautizada con los nombres de Morayma Violeta. Hija legítima de Sergio Luna, profesor secundario en 1942 que recién casado con Matilde Carrera Vásquez, salió con ella, de San Gabriel, de donde eran oriundos, en la provincia del Carchi, a trabajar con su primo Aníbal Mena Luna en la heladería Lusitania de Guayaquil. (1)

La mayor de siete hermanos. Vivió sus primeros años en Guayaquil. En 1945 fue llevada a San Gabriel, donde su padre comenzó a trabajar en el Colegio Nacional Mixto José Julián Andrade.

En 1948 ingresó a la escuela Catalina Labouré de las monjas de la Caridad y tuvo una niñez despreocupada y feliz. El 55 pasó al José Julián Andrade donde colaboró en varios periódicos murales pues “era buena para redactar y fui estimada por mis profesores Jorge Castañeda de Literatura y Ulpiano Rosero de Filosofía, quien además era poeta. Gané varios concursos y logré una cierta fama porque desde los trece años escribía versitos de amor”.

“Por ese tiempo acostumbraba pasar vacaciones en la casa de campo de mi tío Federico Carrera, situada cerca del punto denominado la Gruta de la Paz. Tenía una buena biblioteca, leía mucho, sobre todo a Neruda, Vallejo, Gabriela Mistral, pero Juana de Ibarbourou era mi preferida. Fueron tiempos inolvidables, era feliz, hacía lo que me placía, libremente, pero sin abusar. Mi tía abuela Luz María Carrera se había destacados como poetisa sin jamás haber publicado nada, pero yo la idealicé. Durante el tercer curso aprendí Preceptiva Literaria y fui obligada por mi maestro a llevar un Cuaderno de Poesías que aún conservo con mucho cariño. El 62 me gradué de Bachiller y pasé a residir en Quito becada por la Cámara del Senado con S/. 300 mensuales para estudiar periodismo, porque el Senador Luis Rosero era hermano de uno de mis profesores. De esa época son mis primeros cuentos escritos a los diecinueve años”.

“Mi padre, sin embargo, me aconsejó quesería mejor para mí que estudiara pedagogía y por eso entré a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, en la especialidad de Literatura y Castellano. Ya tenía varios Cuadernos de Poesías, acostumbraba escribir mucho y vivía en el internado pagado de las Monjas franciscanas Santa Rosa de Viterbo, ubicado al lado de la iglesia, donde permanecí hasta 1964”.

“Apenas llegada a Quito, un amigo, locutor radial, me consiguió un empleo en Radio Ecuatoriana para hacer libretos diarios, de dos carillas cada uno, utilizados en el programa cultural de la Mujer. Allí estuve trabajando hasta el 65 con S/.400 mensuales. Y desde el 63 era profesora del sexto grado del Colegio de Mujeres Cardenal Spellman con S/. 700 mensuales”.

(1) De regreso a San Gabriel en 1945, siguió de Profesor Secundario hasta que en 1980, ya jubilado, viajó con su esposa e hijos a Washington D.C., donde fijó definitivamente su residencia y prestó servicios en una fabrica de computadoras.

“Tenía mi’ vida copada de trabajos y estudios y como el 64 mis padres y hermanos llegaron a Quito, me fui a vivir con ellos en la Bolívar y Rocafuerte, barrio de San Roque. Ese año pasé a dar clases al Colegio Nacional Técnico Gran Colombia de mujeres con S/. 3.000 y comencé a constar en el escalafón. Allá estuve hasta el 68 dictando Literatura y Castellano y ayudando en la secretaría”.

Desde el 63 formó parte de un grupo literario que con el nombre de “Vigilia” aglutinó a Rafael Herrera Gil que hacía poesía, a Raúl Armendáriz que escribía cuentos y a otras figuras de menor significación. Para el 64 se reunían semanalmente en diferentes casas a discutir poemas y variados textos. El mismo año, motivada por su profesor Galo Rene Pérez, en colaboración con su compañero Rafael Herrera Gil, publicó un volumen de poesía universitaria, aparecido con nombre tan sugestivo como alentador, en 69 páginas, poemas trabajados sobre temas íntimos que anunciaban “una expresión lírica presidida por cierta vehemencia, que busca la conceptualización directa, la acumulación de rasgos, la repetición a menudo anafórica y toda suerte de pluralidades” según expresó Hernán ^ Rodríguez Castelo, a quien seguiremos en la crítica.

Desde sus inicios Violeta Luna demostraba “un sentimiento fresco e ingenuo, el verso libre ligero, de donde arrancó su predilección por el arte menor y la imagen cristalina”, colocándose con Ana María Iza y Martha Lizarzaburu entre las voces mas significativas de la nueva lírica ecuatoriana.

Tras ese primer triunfo editó pocos meses después un segundo poemario titulado “El Ventanal del agua”, aparecido igualmente en la imprenta de la Universidad Central bajo los auspicios de su Rector Luis Verdesoto Salgado y tuvo mejor acogida, pues fue comentado hasta en la revista “Nivel “de México.

El 66 vivió un año en Otavalo de profesora de Literatura en el Normal San Pablo del Lago con S/. 3.000 mensuales, aprovechando el tiempo libre en escribir cuentos que después formaron un volumen. De regreso a Quito el 67 se graduó de Licenciada en Literatura y Castellano con una Monografía que mantiene inédita. Ese año dio a la luz su tercer poemario “Y con el sol me cubro” en 86 páginas, con prólogo de G. Humberto Mata “léxico común, verso simple, de ritmo iterativo

dueña de una imaginación poderosa, canta su yo en paralela alegoría a la potranca de los montes. Desde este sitio escoge la música interior que es arquetipo de fondo y forma de toda poesía de verso libre, para desgarrar el contexto social de la vida y sus anómalas consecuencias. Y ya se vierte lírica y profunda o ya social y blasfema cuando dice y contradice leyes que por carecer de humanismo son menos amables y afables que las que tienen las bestia del campo. Sabe la poeta escoger el lenguaje que es parco y expresivo a la vez; se bifurca por la metáfora sencilla y luego se arrebuja en la síntesis que alarga la emoción poética, como una cuerda de renovada voz, pero también de antaño”.

Canto Primero, fragmento. // Potranca de los montes, / tú debes ser feliz junto a la yerba. / en medio de las ramas y el estiércol, /sin esta geometría de las calles, /sin estos omnibuses. /sin estos perros cultos, / sin falsas teorías de la vida, / llegando hasta el amor sin desnudarte, / sin dar gemidos vanos contra el sexo. / Y debes ser feliz porque eres potra, /sin esta depresión de la etiqueta / ni todas las mentiras de los libros. / Feliz sencillamente, / feliz como este viento que te nutre, / pariendo cada invierno / encima del orín bajo la luna, / naciendo y masticando las auroras / como saladas frutas / pariendo sin dolor entre el granizo.//

El 73 Vistazo y Canal 8 organizaron un Concurso Nacional de Poesía y obtuvo el Primer Premio consistente en S/. 5.000 con “Ayer me llamaba Primavera”, donde anunció nuevos cauces a una navegación más libre, una forma más actual, menos elocuente, más sutil y por todo ello, líricamente más eficaz. El Jurado estuvo compuesto por Benjamín Carrión, Alfonso Rumazo González y Marco Antonio Rodríguez y las composiciones premiadas se publicaron en el libro “Lo mejor de gente joven”, nombre tomado del programa de TV de Freddy Heller. Ese año entregó su sexto poemario “La Sortija de la lluvia” en 103 páginas, a parecí do recién en 1980, en el No. 99 de la Colección Letras del Ecuador, de! Núcleo del Guayas de la CCE donde incluyó “Ayer me llamaba Primavera” con forma algo más compleja, pero sobre todo, más patética, por el módulo del verso más amplio, por el aliento más sostenido, por una mayor elocuencia, por recursos retóricos, por metáforas más fuertes y dramáticas o más densas. La evolución formal responde a evolución vital, a más honda perplejidad y descontento frente al mundo que han hecho los hombres”.

Ese año comenzó a elaborar un libro para cubrir con crítica a siete poetas importantes y para presentarlo como tesis doctoral. Los escogidos son: David Ledesma Vásquez, lleana Espinel Cedeño, Carlos Eduardo Jaramillo, Fernando Cazón Vera, Euler Granda, Ana María Iza y Martha Lizarzaburu, Libro que recién pudo editar en 1976 en Guayaquil bajo el título de “La Nueva Lírica Ecuatoriana” en 233 páginas y dado el inmediato éxito de esta obra de notable acierto ensayístico, comenzó a escribir su continuación, con crítica sobre Rubén Astudillo, Jaime Galarza Zavala, Sonia Manzano de Félix, Ottón Muñoz Alvear, Carlos Manuel Arízaga que lamentablemente aún mantiene inédito.

En 1975 Horacio Hidrovo Peñaherrera la incluyó en su estudio “Voces poéticas del Ecuador”.

En 1976 obtuvo el Tercer Premio de Concurso Nacional de Poesía organizado por el Diario “El Universo” con un poema largo, de 28 cantos titulado “Posiblemente el Aire” que editó el Núcleo del Guayas de la CCE, El 80 pidió su pase al Colegio Experimental Quito por estar más cercano a su domicilio. El 84 fue invitada para formar parte del Jurado internacional del Premio Casa de las Américas, pero se excusó de ir a La Habana en razón de su situación de índole personal, vísperas de su divorcio. Ese año editó “Corazón acróbata” en la Colección Populibro de la Universidad Central, poemario que ha alcanzado dos ediciones y fue electa miembro de la Sociedad de Escritores del Ecuador.

En 1987 entró a formar parte del grupo “Mujeres por los Derechos Humanos” con otras escritoras del país y dio a la luz pública “Memorias del Humo” en 132 páginas en el No. 84 de la Colección Básica de Escritores ecuatorianos de la Casa de la Cultura.

El 89 fue trasladada con permiso al Programa “Expedición Andina” del Convenio Internacional Andrés Bello para la educación, que está dedicado a producir material de radio, TV e impreso y viajó a la V Reunión Plenaria que se celebró en Caracas de la “Coedición Latinoamericana”.

Desde el 89 tuvo a cargo la seccióninfantil del Diario “El Comercio” que se publica en una página cada quince días y representa a la “Coedición Latinoamericana” en el país. Aún sin publicar mantiene un tomo de poesía titulado “Un tiempo después de vivir” y uno de relatos “El Pañolón de la abuela” con textos costumbristas escritos para escolares. Vive en una villa propia del barrio Chahuarquingo al sur de Quito, con sus hijas.

Ha sido Jurado de numerosos concursos de poesía, el 77 lo fue del Universo. Su estatura alta, su tez blanca, pelo castaño claro, ojos cafés.

Es una poetisa hermosa que sigue escribiendo porque el trance lírico llega cuando menos se lo piensa. “Tomo ideas, las escribo y estructuro por la noche y así me van saliendo mis poemas”, con exceso de patetismo y de reiteración explicitante.

De Violeta Luna dijo G. Humberto Mata: “Su poesía es de contrastes de pensamientos capitales, lumínica concesión, ardióla suncitez de conceptuosos conceptos y encomiásticas antífrasis, de manera pasmosamente inesperada. Su poesía es de pensamiento prodigioso, de revelaciones y de hallazgos eficazmente logrados, poesía viva, despojada de broza, corazón al aire”.