LOTUFFO ARAUJO GINA

ARTISTA DEL BEL CANTO.- Nació el 5 de Abril de 1930 en Guayaquil y fueron sus padres legítimos Luís Lotuffo Arounna, técnico reparador de radios Westinhouse con taller propio (Hijo de Carlos Lotuffo Barletta y de María Arounna naturales de Cocenza en Italia) y de Ninfa Araujo León, dueños de una finca junto al mar llamada La Puertilla cerca de Posorja con dos pozos profundos de agua dulce y un extenso cocal de más de cien palmeras. En vacaciones de Diciembre a Marzo pasaba Gina en traje de baño gozando de esas paradisíacas playas con sus dos hermanos llamados Adela y Luís Gabriel.

“Mis padres y sus hermanos, acatando las costumbres italianas de ese entonces, vivían todos juntos con nosotros en la casa mixta de tres pisos propiedad del abuelo calabrés en Clemente Ballén y Chanduy y era fantástico vernos reunidos en las comidas alrededor de la mesa familiar.

Gina estudió la primaria en el colegio La Inmaculada de las madres salesianas donde cantó por primera vez en público a los siete años la canción a la bandera, y el bachillerato en el Guayaquil.

“Mi abuelo italiano tenía una colección de óperas que yo utilizaba para cantar por encima de ésas grabaciones, por supuesto imitando a aquellos cantantes, y mi preferida era sin duda Claudia Muzzio. Un día percibí desde el balcón de mi casa la voz de una señorita haciendo ejercicios de vocalización y enloquecí. Fue como una revelación y a partir de ese día, cada vez que la escuchaba, me asomaba y vocalizaba con ella.

“Era Maria Luisa Zerega, también de familia italiana, cuyos padres se conocían con los míos. En una de tantas clases se asomó al balcón un señor alto, imponente y de cabellos blancos (Angelo Negri) quien me sonrió y a través de señas me indico que vendría a verme. Así fue como llegó a nuestro hogar y habló con mi padre para que me permita asistir a su Academia. Mi padre se opuso en un comienzo, pero Maria Luisa quedó en llevarme personalmente cada vez que tenían ensayo. Esos fueron mis comienzos con mi tan querida Opera.”

“Desde ese momento compartí estudios entre mi Colegio Guayaquil y el Coral Angelo Negri, siempre colaborando ya sea en el coro, después con una serie de canzonetas italianas y mas adelante con arias de ópera, y tuvimos un programa que se llamaba Vida Porteña en la radio Quinta Piedad, similar al de Radio el Telégrafo, en el cual todos los sábados a la tarde participábamos algunos de sus alumnos. Fue una época hermosa que Guayaquil debe recordar y agradecer a Angelo Negri, fundador del Coral y de nuestra Opera Nacional. Un maestro que no se limitaba a dirigir sino que además enseñaba las partituras y las escribía de puño y letra, trabajo arduo en una época sin los elementos que hoy nos permite la tecnología. El Coral Angelo Negri no tenía subvención alguna aunque ocasionalmente colaboraban con él distintas firmas comerciales.”

“En 1.947 se realizó el Campeonato de Fútbol Sudamericano en Guayaquil. Mi familia mantenía lazos de amistad con el Cónsul Eduardo Cury, hablando con él nos enteramos que participaría el equipo argentino y me nombró madrina. Los miembros del Coral ^ estábamos tan entusiasmados que

el maestro Negri propuso hacer La Caballería Rusticana en el Teatro 9 de Octubre con una cantante nueva Maruja Oyuela como Santuzza, Mamma Lucia sería María Luisa Zerega y yo en el rol de Lola, entre todos llenamos de banderas el teatro con un palco por cada país adornado con su bandera, flores por doquier, invitados especiales y todas las delegaciones. Aquello resultó la apoteosis del entusiasmo general. Comenzó la función, todo era hermoso hasta allí. Esta ópera tiene un solo acto pero nosotros debimos fraccionarla por problemas de puesta en escena de modo que había como un segundo cuadro. En el preciso instante en que el tenor, que era el maravilloso Chávez, comenzó su aria conocida como “Addio a la mamma”, se escuchó un estruendo y un grito desde la platea. ¿Que había ocurrido? Nuestro maestro, el querido Angelo Negri, aquél del corazón enorme para brindarse a los demás, no pudo evitar ser desbordado por la emoción y ese fatídico 15 de Diciembre dejó de latir en el momento en que su trabajo se estaba concretando. La fiesta se convirtió en tragedia.”

“Al no tener más a nuestro maestro y guía, la Casa de la Cultura de Guayaquil, a través de su director Argentino, de la Plata, debuté en 1956 en el rol de Charlotte en Werther de Massenet dirigida por Enrique Sivieri, junto al tenor argentino Renato Sassola. Luego se me contrató para ir a Europa representando a la Argentina en el Festival mundial de Bruselas. Era director de ése grupo el maestro Enrique Sivieri y como compañeros cantantes tuve a figuras de la talla de Olga Chelavine, Angel Matiello, Eugenio Valori, Carlos Feller, Victor de Narké, Susana Rouco, Myrtha Garbarini, etc.”

“Regisseur del grupo era el maestro Martin Aisler, escenográfo Saulo Benavente. Nos presentamos en 1958 en Bruselas frente a la Reina Isabel II de Inglaterra, luego hicimos Paris, Londres, Manchester, viajabamos a la antigua, como debe ser para la salud vocal de los cantantes, esto es, en barco. Utilizamos para la ida el Britain y para la vuelta el Telliers, días memorables que nunca olvidaré y que aún hoy me cuesta creer que me han ocurrido. A mi regreso 1959 me fue ofrecido “Un Bailo in Maschera” y con dicho título obtuve el espaldarazo definitivo por lo que implica como dificultad vocal y actoral, demostrando que podía asumir grandes compromisos y a medida que el tiempo pasaba me iba consolidando en mi carrera. Luego vinieron El Murciélago de Strauss, una opereta muy difícil ya que no solamente se tiene que cantar sino hablar como un actor y por si fuera poco bailar, pero todo esto no hace más que contribuir al crecimiento artístico de un individuo. Trabajamos diez funciones bajo las ordenes del maestro Juan Emilio Martíni.”

“Luego de esta obra canté en 1960 en El amor por tres naranjas. Mi papel protagónico fue Mata Morgana y hacia de bruja, un papel hermoso y difícil porque tenia que hacer cabriolas en escena para hacer reír a un príncipe hipocondríaco. Salí airosa, hasta diría que muy bien, todo era muy esforzado. Luego el Director de Estudios del teatro Colón Roberto Kinsky me otorgó un rol en “ Proserpina y el Extranjero” de Juan José Castro, como la Morfa (en el argot de los argentinos significa la que come) El argumento se desenvuelve en un prostíbulo donde una chiquita de provincia es llevada por engaño a la ciudad. Yo hacía de “madama” (regente del prostíbulo) Nada más alejado de mi condición física de entonces. Una regente prostibularia generalmente debe ser una persona entrada en años y kilos y yo en ése entonces era muy joven y delgada Cuando terminé de leer el argumentoregresé al teatro para rescindir el contrato, pero un compañero me dice: “Gina el autor está dentro, se llama Juan José Castro, preséntate y dale las disculpas por rescindir”. Así fue, me presenté, le ofrecí mis disculpas y a la vez lo felicité por su obra ya que era un estreno latinoamericano, el mundial había sido en la Scala de Milán. El maestro Castro era además muy buen pianista y me dice: mientras se abre el concurso para Proserpina, rol protagónico, cantemos juntos el aria, y yo no la sabia. Hice lo que pude y cuando el regisseur que era Tito Capobianco, abrió la puerta, le dijo al maestro Castro: Tiene esperando a cincuenta cantantes para que elija su Proserpina y el le contestó: Ya la encontré, imagínese mi sorpresa así como mi susto por la responsabilidad. Fueron un conjunto de emociones que no podría explicar. La obra nos llevó tres meses de ensayos, el rol exigía que estuviera mucho en el piso arrastrándome, en consecuencia rompía muchos pares de medias. En el estreno se acercó el maestro Castro y me entregó un paquetito, en el había doce pares de medias”.

“Luego hice Las Bodas de Fígaro en 1963 en el teatro del SODRE de Montevideo con el rol de Cherubino, que me dio muchas satisfacciones y muy buenas criticas.”

“En 1964 llevé a cabo una gira por el Ecuador haciendo música de cámara y algunas arias de opera, en dicho viaje me honraron con la distinción de Socia honoraria de la Opera de Guayaquil. En 1968 me cupo el honor de cantar el papel de Lola en Caballería Rusticana nada menos que con cantantes como Grace Bumbry y Cario Bergonzi. Fueron funciones memorables.”

“En uno de los tantos conciertos de cámara necesité música ecuatoriana, entonces recurrí a la Embajada del Ecuador y encontré poemas lindísimos del embajador Alfonso Barrera Valverde y entre ellos elegí algunas estrofas. Una por ejemplo que reza: “Se que te has muerto, nadie me lo dijo, no se donde ni quien y me ha dolido”.. recurrí para la música a mi esposo José Bragato, (19152017) violoncellista y compositor, que basado en la escala pentatónica compuso la música. Se tituló Tres fragmentos líricos. 1-Mensaje de Paz, 2-Los recuerdos y nadie, 3-Evocación.”

A causa de la negativa de mi esposo a usar un sellito militar en la solapa, fue amenazado con sufrir las consecuencias de ese acto de rebeldia al Gobierno Militar, por eso en el 76 viajé a Brasil con mi esposo, contratado como concertista en la orquesta OSPA de Porto Alegre. Yo seguí con mi carrera haciendo Conciertos de cámara. Luego fuimos a Natal para fundar el cuarteto de cámara y el conjunto orquestal de cámara de esa ciudad y continué haciendo obras de cámara con un trío formado por Mosk Cedel en viola, Gerardo Párente en piano y yo en canto.”

“Volvimos a Buenos Aires en 1982 para radicamos definitivamente. Desde entonces vivimos en un departamento del barrio de la Balvanera en la zona central de la Capital Federal. soy colaboradora de mi esposo, quien tenía mucha actividad como violoncelista, compositor y arreglador tanto de sus obras como de las de Astor Piazzola”.

“Puedo destacar un reconocimiento que me dieron en el Colón por ser uno de los artistas que formaron parte de su historia, y que lo han jerarquizado mundialmente. En el 2006 el teatro editó una pequeña colección de CD con las óperas mas recordadas. Tengo el honor de haber participado en una de ellas, el 68, en Caballería Rusticana”. Con su esposo, quien le llevaba quince años de edad, vivía en un cómodo departamento central en Buenos Aires hasta que ocurrió su fallecimiento a los cientos un año tras una brillante carrera como violonchelista y miembro del célebre octeto creado por Astor Piazzola cuando volvió a Buenos Aires. Posteriormente se convirtió en su gran amigo y en el arreglista principal de sus obras.