LLONA MARCHENA GONZALO

POETA.- Fue Gonzalo Liona Marchena uno de los poetas de la generación del 95 que dio altos valores como los hermanos Manuel y Enrique Gallegos Naranjo y Alvaro Liona, autor de “Mi Retrato”. Fragmento.- // Baja estatura, el ademán pausado / Ojos cansados de mirar al cielo, / en el pálido rostro, el desconsuelo. / De espíritu a la tierra encadenado / son mis cejas un mar alborotado…

Gonzalo Liona vio la luz primera en Lima el 21 de Marzo de 1864.

Su madre, la bellísima Enriqueta Marchena y Bentín era “poetisa y prosadora de primera fuerza, dotada de altas prendas sentimentales y morales. Las revistas ilustradas de Latinoamérica entre 1860 y 73 – año de su muerte – publicaron sus trabajos de diversa índole literaria y aún científica. Hablaba idiomas, escribía con elegancia en francés, italiano e inglés, y desapareció prematuramente del mundo de los vivos”. Su padre Numa Pompilio Liona, uno de los más grandes cantores de América”. Por eso Gonzalo diría después: crecí escuchando sus gloriosas estrofas y desde entonces rendí culto a la belleza y a la verdad.

En 1866 y de escasos dos años fue llevado a Francia. En 1870 la familia Liona Marchena emigró a Suiza huyendo de la guerra franco prusiana y allí vivieron hasta 1873 que falleció la madre. Entonces el padre y sus jóvenes hijos pasaron a Italia y radicaron un año en Pisa. En 1874 estuvieron de nuevo en Lima, en 1879 viajó Gonzalo a Nantes a completar sus estudios pues tenía quince años y vivió en Francia hasta graduarse en 1883 de Bachiller en Filosofía y Humanidades en la U. de Rennes, en la Bretaña. En 1884 arribó a Valparaíso a bordo de un buque carguero, se trasladó al Sur de Chile

Juan Bautista Rolando Coello y con Sergio Tulio Henríques y Cestaris.

El 10 de Agosto de 1908 fundó y dirigió el Semanario gobiernista “El Mercurio”, de corta duración. Desde entonces colaboró en “El Grito del Pueblo” con Federico Reinel y triunfó en el certamen organizado por dicho periódico para premiar el mejor soneto en honor a Abdón Calderón.

Nunca fue un alcohólico, pero se le consideraba un bebedor fuerte cuando se reunía a celebrar con amigos. Arrendaba un departamento bajo en 9 de Octubre entre Santa Elena y Chanduy, casa de madera.

En 1920 el Consejo Escolar del Guayas le otorgó un “Primer Premio” por su “Himno a la Bandera” presentado bajo el seudónimo de “Tabaré”. En 1921 editó “Ecos del Alma” con Himnos y Poemas de la Patria, en 142 págs. Su “Himno al Trabajo” fue musicalizado por el maestro Pauta para la Asociación de Jóvenes Obreros Darío Morla y su soneto “Sonrisas y Lágrimas” también lo fue en 1924 por Angel J. Ortíz Montúfar.

Colaboró activamente en el Diario “La Prensa” de Pompilio Ulloa, fue editorialista de “El Telégrafo” y recogió sus últimas poesías en 1924 en “Cantos Vespertinos” en 307 págs.

Ya jubilado se distraía dando clases de francés a domicilio y concurriendo por las noches a la peña literaria que funcionaba en el parque Seminario a la sombra del árbol venerable que todavía existe en el lugar. La Asociación de empleados de Guayaquil lo tenía de bibliotecario con sueldo. Su cansada y marcial figura era tradicional en nuestra ciudad y en 1932 presidió los actos y festejos conmemorativos del Centenario del nacimiento de su ilustre padre, encabezando la romería cívica que organizó la Municipalidad al Cementerio General donde tomó la palabra para agradecer los discursos que se pronunciaron al pie de la tumba del cantor de “La Odisea del Alma.”

Más bien bajo, blanco, delgado, calvo y barbado. Falleció en Guayaquil, de su mal cardiaco de siempre, el viernes 19 de Mayo de 1933, en horas de la mañana, de sesenta y nueve años de edad. El velorio se realizó en su domicilio de Los Ríos y Primero de Mayo, casa de su cuñado Jacinto Jouvin Arce.

Le sobrevivieron sus bellísimas hijas y su viuda, “laureada poetisa que figuró en las filas del magisterio por espacio de veinte y cuatro años como directora fundadora de la Escuela Municipal “Ayacucho”, ubicada en Eloy Alfaro y Brasil, ella murió el 29 de mayo de 1951 y estaba jubilada desde 1913. En 1918 había sido premiada con Medalla de Oro por su composición “La Triple Invocación Guayaquil” en 2 págs. Con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1928 celebrada en Sevilla había editado el poema “Una ofrenda a la antigua Madre Patria”, en 11 págs. y en 1929 los folletos “Poema de Ternura” y “España y Ecuador”.