LLAGUNO MARQUEZ ORION

PERIODISTA.- Nació en la hacienda La Providencia en Puebloviejo, propiedad de su padre, el 30 de Septiembre de 1869 y fue bautizado con los nombres de Jerónimo Orión. Hijo legítimo de Darío Llaguno Burgos, natural de Puebloviejo y dueño de las haciendas cacaoteras Pozo Hondo y El Guasmo, y de Amadea Márquez Menéndez, de Montecristi. Fue el mayor de una familia compuesta de cuatro hermanos.

Niño aún contrajo viruela maligna pero fue tratado exitosamente por el Dr. Carlos Cortés García y sanó sin consecuencias pero su madre, deseando que la recuperación sea ^ rápida y sabiendo que era muy adicto

al café, se lo preparaba con leche y por jarras, costumbre que le quedó para toda la vida. Su padre habíale destinado una brillante carrera profesional, para lo cual cuidaba su economía y en 1879 le sacó un fierro propio para herrar animales. De doce años fue enviado a Quito en mula y por la vía Flores. En un recodo del camino un indio se le arrodilló a pedir caridad pero el caballo se asustó y le arrojó a un precipicio, de donde fue sacado con el brazo derecho roto. Entablillado arribó a la capital y comenzó sus estudios como alumno interno en la Escuela del Cebollar de los hermanos cristianos, donde sus maestros no quisieron llamarle Orión por no ser nombre cristiano. Su padre, que había hecho sembrar de cacao el sitio El Caimito frente a la actual población de Catarama, le obsequió la mitad en producción con el nombre de Las Garzas. Este sería el único patrimonio que le quedaría para la vejez, la otra mitad fue de su hermana Targelia Llaguno de Villacís con la que siempre se llevó bien.

De allí pasó a seguir Humanidades Clásicas en el Seminario Menor de San Luís y cuando concluyó el primer año de Filosofía en la velada de gala del 20 de Julio, terminados los exámenes

Luís Cordero en Quito y enviaría colaboraciones a El Diario de Avisos, de Guayaquil, a cuya redacción lo fue a buscar Federico Reinel para que le acompañe en un nuevo diario liberal que pensaba fundar bajo el nombre de El Grito del Pueblo y que apareció el 22 de Enero de 1895 en plena vorágine revolucionaria.

La mañana del 5 de Junio estuvo entre los acompañantes del Comandante Juan Francisco Morales que se posesionaron del Cuartel de Artillería ubicado en la esquina de las actuales calles 9 de Octubre y Boyacá. Al triunfo del liberalismo ingresó a dicho partido del que no se separaría jamás. De allí en adelante debió atender las necesidades de su hogar y al mismo tiempo continuar sus estudios y tras aprobar los seis Cursos reglamentarios egresó como Licenciado en Ciencias Sociales. Su amistad con Enrique Baquerizo Moreno le llevó en 1902 al placismo y fue designado profesor del Colegio Olmedo de Babahoyo pero como no le agradó pidió el cambio a Juez Civil en Guayaquil, El 4 fue Juez del Crimen y para los incidentes fronterizos de Torres Causana en la región oriental, se alistó como soldado del batallón “Túmbez, Marañón o la Guerra”; sin embargo, el asunto no llegó a las armas y cuando El Diario de Avisos promovió un Certamen Poético conmemorativo del centenario del nacimiento del Héroe Nacional Abdón Calderón y formó un Jurado compuesto por Numa Pompilio Liona, César Borja Lavayen y Nicolás Augusto González considerados los mayores poetas nacionales del momento, logró una Mención. Al año siguiente volvió a las lides poéticas con la composición épica “América y sus Hijas” pero no asimiló las nuevas tendencias modernistas y permaneció estático y romántico.

En Diciembre de 1905 la alumna Rosa Elena Béjar Sánchez declamó su composición “La Ciencia” en los exámenes de la escuela fiscal Bolívar. En 1904 fue premiado su Soneto “A Calderón” con diploma de honor, en el concurso literario abierto por el diario “El Grito del Pueblo” con motivo del centenario del nacimiento del héroe. En Enero de 1906 perdió su empleo con la revolución alfarista. En Febrero del 7 estuvo entre los placistas que fundaron el periódico “La Reacción” para hacer propaganda a ese Círculo. Cada vez eran más violentos los artículos y cuando estalló la conspiración en la mañana del l8 de Julio, el fracaso hizo dispersar a sus miembros. El 9 aparecieron

convocar a un concurso de poetas pero éste – mirándome fijamente – me entregó unas hojas en blanco y dijo: Ud. es capaz de hacerlo, váyase a su casa y no regrese hasta no tenerlo terminado. I estuve tan feliz que esa misma noche pude completarlo”, la música corrió a cargo de su amigo el maestro Francisco Paredes Herrera. También se le conoce la letra del Himno del Colegio Mercantil.

En 1927 se encontraba vacacionando en Esmeraldas y con motivo de la visita de tres ilustres escritores colombianos (Julio Esaú Delgado, Manuel de J. Andrade y Gustavo Arboleda) escribió su poema “Salutación”. En 1930 estuvo entre los miembros fundadores del Centro de Investigaciones Históricas, ya su presencia en la prensa era notoria, se le tenía por uno de los más cultos periodistas de la ciudad y en política militaba en el grupo liberal baquericista que el 35 se unió al arroyismo, al comprender que el velasquismo era una fuerza real de derecha.

En 1940, durante la presidencia de Arroyo del Río formó parte del grupo de asesores del Gobernador del Guayas, Enrique Baquerizo Moreno. En Enero del 44 polemizó contra los alfaristas, es decir, contra los liberales que se oponían al presidente Arroyo del Río. El domingo 28 de Mayo, día de la Madre, a eso de las ocho de la noche y cuando se disponía a salir para El Universo, le tomó por sorpresa la revolución y debió quedarse en la casa que alquilaba en Chimborazo entre Maldonado y Calicuchima, a solo dos cuadras del cuartel de los Carabineros, que en pocos minutos fue cercado y en mitad del baleo, cuando ese edificio era asaltado, pidió a una de sus hijas que le arrojara las llaves del portón para hacer entrar a los derrotados que huían, pero dada la confusión del momento las famosas llaves no aparecieron si no hasta la mañana siguiente, según le dijeron sus hijas, cuando en realidad parece que no habían querido entregárselas, considerando que gesto tan generoso le hubiera acarreado un gravísimo riesgo.

I así fueron transcurriendo los años, descansaba por las mañanas, en las tardes se distraía escribiendo y concurría por las noches al Diario, todo en viudez y pobreza pero rodeado del cariño de sus cinco hijas solteras (Amanda, Lucila, Angelita, Elena y Blanca, profesora en casa la primera y normalistas las restantes, una de ellas madre soltera de un bebehabido en Ismael Pérez Pazmiño; sin enfermedad visible, pues siempre había gozado de una salud de hierro. Entre sus amistades figuraban sus parientes Ayala, Justino Cornejo y Aurora Estrada, coterráneos suyos.

La noche del 6 de Octubre de 1952 la Asociación Hijos de Los Ríos le declaró “Mejor Ciudadano de Los Ríos” en el paraninfo de la Universidad, recibió numerosas muestra de aprecio y simpatía por su labor y el 53 su amigo el Alcalde Rafael Mendoza Avilés le solicitó que publique en la Imprenta Municipal los versos y artículos históricos aparecidos en la prensa y que había coleccionados en diferentes carpetas: Ese año aparecieron sus “Versos” bajo el subtítulo de resonancias de mi selva, en 157 págs.

En 1954 fue declarado Redactor Vitalicio de El Universo y colocaron su retrato y el de Francisco Paredes Herrera en la Sala de Redacción. En 1955 editó “Misceláneas” en 157 págs con trabajos más bien históricos y “Mis pequeñas biografías” en 285 págs. El 57 “Florilegio de Los Ríos”, pétalos recogidos por J. Orión Llaguno, en 157 págs con trabajos y poesías de autores fluminenses. El 58 su libro “Colección de poesías de bardos españoles y americanos para solaz de personas de buen gusto”, Imprenta Municipal, en 209 págs. pero fue criticado por haber seleccionado poesías decimonónicas y no las mejores.

Nunca había fumado ni bebido, odiaba toda clase de juegos de naipes, en su vida privada era de costumbres arregladas. El 59 editó “Rosas, mirtos y laureles”, para deleite e instrucción de mis compatriotas, en 87 págs. y aceptó formar parte del Comité Pro erección del Monumento al Dr. Gabriel García Moreno, fundador de la Provincia de Los Ríos. Ya le quedaba muy poco de su liberalismo inicial y aunque enérgico a pesar de ser amigo de los chistes, era querido y apreciado. Ese año, sintiéndose casi ciego, sordo e imposibilitado para caminar, pidió su jubilación. De allí en adelante, con una módica pensión que no le alcanzaba para satisfacer enteramente las demandas de su crecida familia, pignoró el fundo Las Garzas en el Banco de Crédito Hipotecario. El 60 sacó “Poliantea Hispanoamericana” en 418 págs. con artículos de prensa.

Pasó los últimos seis años de vida en silla de ruedas aquejado de una artritis que le impedía caminar y de continuos dolores de cabeza. Anciano pero lúcido, sus hijas le leían los periódicos,

de suerte que estaba al día en las noticias y se daba perfecta cuenta de todo, hasta que el 15 de Mayo de 1965 entró en agonía sin enfermedad visible, tosía mucho posiblemente a causa de una insuficiencia cardiaca y esa noche no pudo dormir.

Falleció a las once de la mañana del siguiente día, de noventa y cinco años de edad. Su obra poética resentida de un romanticismo anacrónico y sus artículos históricos diluidos en el diario trajinar del periodismo, que por repentista tiende a lo anodino, no superan lo meramente retórico.