LIUT GIUSTI REGINALDO

PRECURSOR DE LA AVIACION.- Nadó en la pequeña población de Torre de Pordenone, provincia de Fiume, en la región de la Venecia – Giulia, al norte de Italia, el 6 de Marzo de 1894 y fue bautizado con los nombres de Elías Antonio. El segundo en una larga familia compuesta de ocho hermanos llamados Albina, Piero, Giuseppe, Rosina, Mariana, Virginia y Armida, hijos legítimos del electricista Felice Liut de ancestros rumanos y de Teresa Giusti vecinos del estado llano en dicha población.

Niño esbelto e inteligente que de solo diez años en 1904 acompañó a su padre y emigró a Sudamérica junto a una pareja amiga de sus padres y a Piero su hermano menor que solo tenía ocho, para ayudar a los suyos que quedaban en gran pobreza dada la pésima situación económica que se vivía en Italia.

Después de pasar muchos trabajos decidieron volver ocho años más tarde en 1911 e ingresó con su padre y hermano, como obreros a la Sociedad Eléctrica Trevigliana, que instalaba la red eléctrica de su pueblo, pues también laboraban allí otros miembros de su familia.

El 24 de Mayo de 1915 Italia entró en guerra atravesando su ejército las fronteras con Austria – Hungría. Ella solo contaba veinte años, se presentó voluntario y fue asignado al Cuarto Regimiento de Infantería del Ejército (Bersaglieri) luego de los entrenamientos de rigor y a escondidas de su familia – se ha dicho que hasta falsificó la firma de su padre en la solicitud – aplicó como estudiante de la recién creada Escuela de Pilotos de San Giusto en Pisa, los débiles aeroplanos eran construidos de madera y lona que se impermeabilizaba contra la lluvia.

En 1916 Liut obtuvo el brevet de aviador militar piloteando un aparato “Bierlot” en el campo de San Giusto, poco después lo trasladaron a laescuadrilla No. 75 de escuadrones de caza en el campo de Verona, compuesta de aeroplanos de guerra aprovisionados de una ametralladora y municiones, realizó sus primeros vuelos de guerra con el rango de Sargento, distinguiéndose en la línea del Piave a Rustigné di Oderzo.

Su gran desempeño hizo que le eligieran para vuelos nocturnos entre un reducido número de pilotos y manejó toda clase de aviones en el Ejército Real demostrando brillantes habilidades.

Hasta el final de la Guerra intervino en numerosas misiones o vuelos de escolta a los aeroplanos bombarderos y a los hidroaviones de la marina Regia y recibió una Medalla de Plata por pilotear el biplano “Marchetti MVT”, primer avión de combate construido en Italia con planchas de metal, cuyos planos fueron ejecutados por el Ing. Alessandro Marchetti, Director Técnico del Departamento de Aviación de la Sociedad Vichers – Terni. Dicho aparato tenía un motor S.P.A. de doscientos caballos de fuerza y con él alcanzó el 9 de Diciembre de 1918, en el campo de aviación de Voltano, Pisa, una velocidad de 260,869 kilómetros por hora, superior en 57,369 kilómetros por hora a la del francés Maurice Prévost, batiendo ese record mundial de velocidad media impuesto el 29 de Septiembre de 1913, es decir, cinco años antes. Posteriormente obtuvo una Medalla de Oro en las pruebas organizadas por la “Pirelli Secolo I’ Ilustrate”.

Hablaba el italiano y el dialecto véneto y le correspondió acompañar a Gabriel D’Annunzio, el poeta del amore y futuro héroe del fascismo italiano, en la campaña aérea por reconquistar la ciudad italiana de Fiume, que aún permanecía en poder de los Austro – Húngaros en 1918. En aquella ocasión se arrojó sobre Fiume una gran cantidad de hojas volantes conteniendo las patrióticas proclamas de D’Annunzio.

Como héroe condecorado por el Rey de Italia Víctor Manuel III con la Cruz de Guerra, sus superiores lo enviaron al Campo de Aviación de Furbara en Roma de instructor de vuelos de acrobacia, prestando sus servicios de inmediato.

En Abril de 1920 el Ministro Plenipotenciario del Ecuador en Italia, Miguel Valverde Letamendi, había recibido una comunicación de José Abel Castillo, su hermano masón de Guayaquil, pidiéndole la adquisición de un avión con fines comerciales y de un piloto experimentado, pues deseaba inaugurar la era de los vuelos postales en el país (1) Valverde reservó los servicios del entonces Teniente Elia Liut para que se traslade al Ecuador con el biplano que la aviación italiana le había obsequiado por méritos, marca Macchi Henrit HO, de un solo tripulante, con motor de ochenta caballos de fuerza, estructura pequeña y fuselaje envuelto en lona, para establecer la aviación en el Ecuador. La ametralladora, única arma ofensiva del piloto, había sido desmontada.

Liut no dudó en aceptar la oferta sudamericana porque la Fuerza Aérea Italiana le había licenciado y aunque tenía un nuevo contrato para trabajar en el campo de aviación de Centocelle en Roma adiestrando a los jóvenes candidatos a pilotos, se sentía profundamente disminuido en su condición de simple profesor pues amaba la aventura por los aires sobre todas las cosas.

En Julio de 1920 embarcó en el puerto de Génova a bordo del vapor Bologna propiedad de la Compañía Trasatlántica Italiana en compañía de su mecánico Giovanni Fedelli y del experto piloto Ferrucio Guicciardi. El avión venía desarmado al interior de cajas de madera.

El día 26 arribaron a Guayaquil procedentes de Panamá en el vapor Bologna y dos días más tarde llegó el avión a bordo del Ansaldo. Los viajeros fueron recibidos por José Abel Castillo, su familia, el Cónsul de Italia Alfonso Roggiero y por varios miembros de la colonia, así como por los sacerdotes salesianos, casi todos italianos, que enseñaban en el colegio Cristóbal Colón de la ciudad y cuyo director era el padre Guido Rocca, quien dispuso el traslado a los patios del plantel, de los grandes cajones de madera que contenían el fuselaje, el motor y los repuestos del aeroplano.

Liut era un héroe de guerra, joven de escasos veinte y seis años, con gran experiencia en el manejo de aviones, viril, de enorme atractivo físico pero al mismo tiempo un desempleado que necesitaba sobrevivir en los difíciles tiempos de paz. De inmediato José Abel Castillo adquirió el monoplano MVT, Hanriot HD1, que rebautizado con el nombre de “El Telégrafo I” fue destinado a vuelos postales sobre los Andes, hazaña peligrosísima que nadie se había atrevido a realizar en Sudamérica dada la gran altura de las montañas y nevados y de la fortaleza de los vientos que se tornan poderosos a más de tres mil metros de altura.

Muchas personas cuerdas le calificaron de loco o de suicida pues hasta entonces los vuelos realizados en Guayaquil entre 1910 y el 20 no habían alcanzado más que mil metros de altura mientras hacían piruetas sobre el río Guayas y eran observados por un público ávido de emociones fuertes.

El primer viaje de prueba fue anunciado con la debida anticipación para el sábado 7 de Agosto de 1920. Liut sobrevoló la ciudad y realizó algunas acrobacias que despertaron el fervor de los habitantes. Al siguiente día, domingo 8 de Agosto, se bautizó solemnemente el aparato” y realizaron los preparativos de vuelo en terrenos del Jockey Club ante el Presidente electo Dr. José Luís Tamayo y su esposa Esther Concha Torres y tan entusiasmado quedó el futuro mandatario al presenciar los veinte minutos de piruetas, que tras posesionarse del cargo el 27 de Octubre, logró del Congreso un decreto para fundar dos Escuelas de Aviación, una en Guayaquil y otra en Quito. La primera recién empezaría a funcionar en la localidad de Duran en Julio de 1922, con los pilotos italianos que estaban en el país y habían demostrado capacidad y competencia. Los alumnos fueron nuestros jóvenes militares.

El ambiente que se vivía en el país era de fiesta pues el 9 de Octubre se conmemoraría el centenario de la independencia de Guayaquil y el 3 de Noviembre el de Cuenca. Una delegación del Cabildo de esta ciudad presidida por Luís Cordero Dávila y Roberto Crespo Ordóñez viajó al puerto principal a gestionar el traslado del aparato a la sierra. Con tal motivo el 29 de Agosto efectuó un vuelo de reconocimiento de la ruta a Cuenca y luego de un recorrido de ciento trece kilómetros que duró dos horas y once minutos sobrevoló Cuenca cumpliendo así la primicia de cruzar los Andes. Como dato curioso Liut llevó un altímetro sujeto en una pierna y una brújula sobre la otra pues el aparato no tenía panel de instrumentos. La prensa nacional ovacionó la hazaña como no podía ser de otra manera pues el aparato de Liut había sobrepasado los 3.700 mtrs. altura nunca antes alcanzada en Sudamérica.

El 18 de Septiembre el poeta y escritor Julio Esaú Delgado le dedicó el siguiente verso: Al verlo en el cielo de Guayaquil. // Hombre de fortuna / que pareces al volar / que conversas con la luna / que te abrazas con el mar. // Escóndete en esa nube / y báñate en su arrebol / anda pronto, sube, sube / y nos saludas al sol. // Tu visita le aterra / háblale con claridad / dile que aquí en la tierra / le jugaremos la guerra / si desprecia tu amistad. // I si Dios te reconviene / le dices al saludarlo / que subiste a buscarlo / porque acá, el nunca viene. // Caso de pleito o querella / que te obligue a devolver / trae amarrada una estrella / para coronar con ella / en la tierra una mujer. //

El día 9 de Octubre, siempre desde los terrenos del Jockey Club, sobrevoló Guayaquil y tras algunas evoluciones y acrobacias en el espacio, aterrizó sin novedad. El 11 realizó la práctica de vuelo con acrobacia a gran velocidad y volando a quince metros de altura sobre la pista de aterrizaje de pronto se elevó a cuarenta y cinco grados hasta perderse en los cielos del Guayas, mas a continuación le vieron regresar también a gran velocidad y de manera súbita se clavó en picada, nivelando el aparato cuando faltaba muy poco para tocar tierra. Todas estas acrobacias delante de la tribuna y en vuelo rasante crispó los nervios hasta de los más valientes. Al día siguiente el diario El Telégrafo publicaba a grandes titulares en su primera página, que Liut había roto dos records nacionales, volando a seis mil treinta metros de altura y alcanzando una velocidad máxima de 178,3 kilómetros por hora. Esa noche la gente que asistía a una Gala Musical en el teatro Olmedo reconoció a Liut cuando ingresaba con otras autoridades por uno de los pasillos para sentarse en primera fila y le recibió con frenéticos aplausos y vivas por doquier. Tal su inmensa popularidad en el puerto.

Al aproximarse las celebraciones cuencanas del 3 de Noviembre planificó con el piloto Ferruccio Guicciardi (2) el anunciado vuelo a Cuenca. Guicciardi y el joven José Santiago Castillo viajaron por vía terrestre a esa ciudad para acondicionar la pista de aterrizaje e improvisar un hangar para el aparato. El día miércoles 3 el diario El Telégrafo sacó muy temprano una edición extraordinaria destacando la celebración del centenario de la independencia de Cuenca con una gran oda escrita por la poetisa María Piedad Castillo de Leví, otros artículos conmemorativos y una fotografía del héroe del día, el gran piloto italiano Elia Liut, quien partió de Guayaquil muy retrasado, como a las diez y media de la mañana, debido a los discursos que tuvo que soportar en la pista de aterrizaje del Jockey Club (hablaron José Abel Castillo y otras personalidades más) subieron una valija de correo con quinientas tarjetas conmemorativas del centenario de la independencia, quince cartas y varios paquetes con la edición del diario El Telégrafo, pero tuvo mala suerte porque encontró nubes cerradas, fortísimas y grandes ráfagas de viento helado en las alturas y tuvo que regresar por dicho mal tiempo, pues el cielo más parecía un túnel sin salida, aterrizando de vuelta a solo media hora de haber despegado.

Al día siguiente, jueves 4 de Noviembre, con un público menor tras dos días feriados de descanso, partió nuevamente pero por la experiencia anterior lo hizo a las nueve y treinta y cinco minutos de la mañana llevando la misma valija, cartas y paquetes y tras un viaje sin contratiempos, siguiendo la ruta Guayaquil – Naranjal de cincuenta y nueve kilómetros, Naranjal – Molleturo de veinte y seis kilómetros y Molleturo – Cuenca de cuarenta y tres kilómetros, esta última era la más difícil porque atravesaba las alturas de Tarugapamba de tres mil setecientos cuarenta y cuatro metros sobre el nivel del mar.

Después comentaría: Salí de Guayaquil con la atmósfera bastante cargada, cuando llegué a la cordillera del Cajas me encontré con una densa neblina que me desconcertó por momentos y volé sin rumbo determinado por varios minutos hasta que volví a tomar hacia el norte a ver si divisaba el Chimborazo como referencia, cuando esto ocurrió a los pocos instantes decidí ir en dirección norte a Riobamba pues era el único horizonte posible, pero capeando el mal tiempo con tranquilidad retomé la dirección sureste, para ir hacia el destino original. Volaba a una altura superior a los 4.500 metros, encontrándome con una sorpresa a menos de quince metros de distancia: apareció un majestuoso cóndor que después de volar unos segundos hacia el aparato, se alejó posiblemente asustado por el ruido del motor. Fue una visión inesperada e impresionante, no le imaginaba que los cóndores volaran tan alto. Luego casi por instinto, divisé la población de Biblian, después Cañar, Azogues y la región de Charasol para, guiándome por la altura del Cojitambo, observar la planicie de Cuenca, sobresaliendo como punto referencial las torres del templo de Santo Domingo. Me alisté para sobrevolar sobre la ciudad, donde miles de personas estaban en las calles y en las azoteas de los edificios saludándonos y agitando pañuelos y sombreros. Me preparé para el aterrizaje que fue en Jen’có, propiedad de la familia Cuesta en el sector del Salado, sitio escogido por Guicciardi lo suficientemente distante para evitar la aglomeración de la gente y donde con enormes lienzos se había preparado las indicaciones para las maniobras que debía realizar para posar en tierra el avión, lo cual se cumplió perfectamente. Gracias a Dios, la misión estaba cumplida. Eran las once y cuarenta y cinco minutos de la mañana, tras una hora y tres cuartos de vuelo.

El asunto fue anunciado con repiques de campanas de la Catedral y el templo de Santo Domingo pues por noticias telegráficas se sabía que minutos antes el aparato había sido avistado durante su paso por Biblian. Liut arrojó sobre Cuenca algunos cientos de hojas volantes conteniendo el saludo del Dr. Luís Fidel Lazo Bermeo, médico cuencano residente en Guayaquil y muy aficionado a la aeronavegación (padre de la numerosa familia Lazo Salazar en el puerto) y cuando pasaba por el mercado de San Francisco una mujer del pueblo que vendía legumbres sufrió un ataque cardiaco al ver el monoplano en el cielo pues nunca se había enterado que existían; sin embargo, peor la pasó un indígena ^ que araba un campo, pues al oír el motor y mirar al cielo, de la impresión y susto, murió de contado.

Al bajar del avioncito se le vio alto, arrogante, vestido con un gorro que le cubría no solo la cabeza si no gran parte lateral de la cara. Enormes anteojos, botas altas y un abrigo de pieles que aumentando el volumen de su cuerpo, le descendía hasta las rodillas. Una sonrisa le brillaba en los labios en señal de triunfo. Enseguida fue rodeado de una enorme multitud (el corresponsal de El Telégrafo calculó en cuarenta mil personas) y solícito tomó a un niñito de más o menos ocho años de edad y lo sentó en el asiento del avión, gesto que le ganó una salva cerrada de aplausos y miles de sombreros al aire como demostración del delirante júbilo.

No está demás indicar que desde el momento que el avioncito había despegado desde Guayaquil con destino a Cuenca, se notó un movimiento extraordinario en las calles que eran materialmente invadidas por personas de toda condición social ya que la noticia había circulado con suma rapidez en toda la ciudad y el público estaba pendiente del arribo de la nave. I cuando se enteraron que había pasado por Biblián, no quedó duda de Cuenca a Riobamba. Más de una hora le tomó el viaje que fue sin contratiempos. El día 28 se realizó un tercer raid de Riobamba a Quito, en esta ocasión piloteaba Liut aterrizando en el Batán al norte de la ciudad, tras un vuelo de una hora y tres minutos.

Como de costumbre las autoridades y pueblo en general le brindaron una frenética bienvenida, saludándolo como a héroe. A los pocos días fue invitado a una cena en casa de don Pedro Freile Donoso, considerado uno de los agricultores y propietarios más pudientes de la capital. “Qué mujer tan encantadora y guapa era la anfitriona de la casa doña Carmen Angulo Tobar (Carmela para sus amistades) la reina de las atenciones para todos sus invitados, se movía de un lado a otro y miraba que a nadie le faltara nada. Por allí correteaban vestidos muy elegantes sus cuatro hijos, escabulléndose de entre los adultos del bullicio alegre que se había formado aquella noche después de la cena. A don Pedro – su marido – sentado en uno de los elegantes sillones de la sala, se le veía un poco decaído y cansado, manteniendo entre sus manos una copa de vino que no la había probado, mientras escuchaba hablar al alto oficial militar que le acompañaba. Mientras tanto, como ocurriera en Cuenca, las damas rodeaban al recién caído del cielo, quien lucía en su pecho las medallas recibidas esa tarde y ya más animado les enseñaba expresiones en italiano mientras degustaba su cognac.”

El 9 de Febrero de 1921 voló de Quito a Ibarra en cincuenta y dos minutos. El día 16 de Ibarra a Tulcán en dos horas y tres minutos. El 6 de Marzo realizó el primer vuelo postal.

Ese año de 1921 el gobierno le contrató para fundar la Escuela de Aviación Militar Cóndor en Duran, en terrenos de la hacienda El Recreo propiedad del Dr. Abel Gilbert Pontón. En la inauguración del primer curso el día 12 de Julio, a las diez de la mañana, se procedió a bendecir la escuela, la pista y el hangar contando con dos máquinas pertenecientes a las colonias siria e italiana. La comitiva oficial estuvo compuesta de autoridades y jefes y oficiales del ejército en riguroso uniforme. La concurrencia de curiosos fue masiva. El General Francisco Gómez de la Torre representó al Presidente José Luís Tamayo. Uno de los instructores italianos contratados para la Escuela sobrevoló a la multitud llevando en el avión a María Valdés Concha de Dillon, primera mujer ecuatoriana en sobrevolar los aires. Ella Liut y Atibo Manzzini también volaron llevando a varias autoridades.

Tras varios meses dirigiendo la Escuela Liut renunció y viajó a Quito y en Octubre contrajo matrimonio con Carmen Angulo, que acababa de enviudar de Pedro Freile, una de las primeras fortunas de la República.

Ella le pasaba con seis años pero estaban muy enamorados. La luna de miel fue en Europa con los cuatro niños Freile Angulo, a quienes llevaron a que terminaran su educación primaria. El Telégrafo publicó una tarjeta de prensa que dice: “Elia Liut y señora. Se despiden de sus amigos y les piden disculpas el no haberlo hecho personalmente por la premura del viaje, y esperan órdenes en Niza, donde les será grato atenderlas.”

El trayecto a Guayaquil, donde debían tomar el buque tuvo sus contratiempos; al pasar el tren por Huigra los recién casados y sus hijos bajaron a visitar a Piero Liut que vivía con su familia como simple obrero ferrocarrilero y a Giuseppe Liut que tenía una pequeña finca en las cercanías, estaba casado con una señora Jaramillo con hijos. La visita se prolongó más de la cuenta y se dio el caso singular de que el barco que debía conducirlos a Europa fue anclado en Guayaquil porque la señora se comprometió a sufragar los gastos que ello ocasionaba, con tal que los esperaran.

En Italia residieron alrededor de cuatro años. Liut, siguiendo su costumbre de jugador inveterado de póker, perdió mucho dinero. Doña Carmen tenía costumbres principescas y se cuenta que en cierta ocasión cerró un teatro, pagando todas las localidades, para escuchar una ópera cuya aria la unía sentimentalmente con su amado marido.

En 1926, tras cuatro años de residir en diferentes ciudades de Europa, gastando más de la cuenta, volvieron a Quito y se instalaron con los chicos – convertidos en jóvenes para entonces – en la amplia y hermosa villa La Victoria, que era más bien una quinta por su gran terreno y bien cuidados jardines, amplios salones en la planta baja y cómodos dormitorios en la parte alta, propiedad de la familia Freile, situada en la esquina suroriental de las calles Venezuela y Olmedo, que pronto se hizo famosa por los banquetes que doña Carmen ofrecía con gran habilidad y frecuencia a sus numerosas amistades.

Entre 1935 y el 37 realizó un raid aéreo de turismo. El 37 dirigió la recién fundada Escuela de Aviación Civil que funcionó en Latacunga. En un avión Kleim hizo varias demostraciones de vuelo en el nuevo aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil y a pesar que estaba retirado, lo condujo magistralmente, con la misma habilidad y pericia de otras épocas.

Pero los tiempos cambiaban, había nacido la aviación comercial en el Ecuador, los aviones modernos eran amplios, cómodos y cerrados, sus pilotos poco conocidos, el transporte aéreo se popularizaba y el público, familiarizado cada vez más con estos viajes rápidos y seguros, olvidaba las primeras épocas, plenas de aventura y heroísmo.

Para la Segunda Guerra Mundial a fines de 1939 ofreció sus servicios como voluntario al Ministerio de la Aeronáutica de su Patria italiana pero no fue aceptado por sobrepasar el límite de edad y dos años más tarde se salvó de caer en la Lista Negra ecuatoriana – 1942 – impuesta por el gobierno de los Estados Unidos, únicamente por su calidad de héroe nacional, pero debió ausentarse a una finca en Pallatanga, cercana a la de su hermano Giuseppe, donde introdujo la variedad de tomate riñón que sirve para fabricar pasta y salsa y que no se conocía en el Ecuador.

Allí permaneció desapercibido de las autoridades ecuatorianas, dedicado a faenas agrícolas menores y que no resultaron rentables pues cuando quiso instalar una pequeña fábrica envasadora de salsa de tomate le faltó capital y el mercado nacional resultó muy pequeño.

Terminada la Guerra el 46, a través del Embajador ecuatoriano ante el Estado Vaticano, Manuel Sotomayor y Luna, obtuvo noticias de sus hermanos Virgilio, Armida y Rosina Liut Giusti, de quienes no se sabía nada desde Septiembre de 1939, y resultó que se encontraban sanos y salvos en su pueblo natal.

En 1948 se trasladó a Ibarra a instalar la famosa fábrica de salsa y pasta de tomate y de fideos italianos pero tampoco le fue bien por la falta de costumbre de la gente de consumir productos enlatados, sobre todo en la sierra. Ya no era el héroe famoso de antaño y hasta había engrosado un poco, pero conservaba la simpatía y sencillez de siempre y su matrimonio continuaba en buenos términos.

A principios de 1952, se le veía fuerte y animoso aunque el cardiólogo le había recomendado caminar bastante y bajar de peso para ayudar a su corazón. El día 12 de Mayo, tras descansar en los jardines de “La Victoria” entró a la villa, sufrió un fulminante infarto y falleció casi de contado. Tenía cincuenta y ocho años de edad.

Fue un espíritu agradable y aventurero con especiales condiciones físicas y atléticas que le permitían realizar todo género de acrobacias sin peligro aparente alguno, pero no estuvo debidamente preparado para comerciante ni industrial, y como tampoco fue un sujeto intelectualizado, ya que solo gustaba del póker con amigos de confianza, nunca logró el éxito económico. Las cartas, esa era su única distracción conocida, pues como buen deportista ni bebía ni fumaba.

En su casa de Fiume Véneto, signada con el número 63 de la Vía de la República, consta la siguiente lápida de mármol que perenniza su recuerdo y dice así: “En esta casa pasó y vivió su pensativa adolescencia Elia Antonio Liut, portaestandarte y maestro del vuelo, valerosa águila de la Guerra Victoriosa, primer audaz en sobrevolar los Andes, benemérito fundador de la aeronáutica del Ecuador, lustre y gloria de su país natal, fallecido en Quito con el honor del triunfo. Con memoria de afectuoso orgullo. Sus conciudadanos. Fiume Veneto, 6 – III -1894 – Quito 12 – V -1952”. Igualmente la Municipalidad le declaró “el más ilustre ciudadano de Fiume Véneto” en mérito a sus hazañas de guerra y haber sobrevolado por primera ocasión los Andes sudamericanos.

En carta del 20 de Mayo dirigida a Roberto Crespo Ordóñez, a ocho días de su fallecimiento, su viuda – que siempre le amó con admiración infinita – hizo donación al Museo Municipal de Cuenca, ciudad que le declarara a Liut meses antes, en 1951, Ciudadano Honorario, las siguientes preseas: 1) Medalla de la Municipalidad de Quito de 1920, 2) Medalla de la Colonia italiana de Guayaquil de 1920 y 3) La Cruz de Guerra entregada por el Rey Víctor Manuel III de Italia durante la primera Guerra Mundial en reconocimiento a sus hazañas. Esta última había sido obsequiada románticamente por Liut a doña Carmela el día de su matrimonio y ella la guardaba como “recuerdo imperecedero de gran valor y cariño”, cerrándose así, con gesto de tanta elevación y belleza, una de las más importantes historias de amor enel siglo XX en el Ecuador pues como alguien lo dijo: Fue la unión de dos almas grandes, la del héroe triunfal y la de su bella dama.