LEVI CASTILLO ROBERTO

AUTODIDACTO.- Nació en Guayaquil el 29 de Enero de 1921 y fue bautizado como José Roberto. Hijo legítimo del Dr. Roberto Leví Hoffman y de la poetisa guayaquileña María Piedad Castillo de Leví, cuyas biografías pueden verse en este diccionario.

Inició sus primeros estudios en el Colegio Cristóbal Colón. En 1929 fue enviado a visitar la casa de sus parientes paternos en Alemania y de vuelta viajó por varios países de Europa. El 31 regresó nuevamente al Cristóbal Colón donde permaneció algunos meses. Entonces pasó a la Academia Militar “Riverside” en Gainesville, Georgia, y a la de Hollywood, Florida, hasta graduarse en 1937 como Subteniente de Reserva del Ejército de los Estados Unidos, especializándose en Aviación Militar en Pensacola.

El 38 estuvo nuevamente en el Ecuador, entró al Vicente Rocafuerte y se graduó de Bachiller el 39; mientras tanto era Ayudante Instructor ad honorem en la Escuela de Aviación Militar. Ese año ingresó a las Escuelas de Química y Farmacia y de Medicina, estudiando ambas profesiones. Para la invasión peruana fue acuartelado como oficial de Reserva y le enviaron a la Unidad del Mayor Félix Vega Dávila en El Oro. Allí soportó varios encuentros en condiciones inferiores y después viajó a El Pasaje y a Cuenca. Fue actor en Porotillo con el Mayor Estrella Arévalo y el Capitán Julio Cabrera, retirándose a Cuenca donde los trataron como insubordinados “por haber abandonado sus puestos de combate”.

Entonces enfermó de sinusitis en el lado izquierdo de la cara y se le infectó una muela que al ser extraída se rompió y le acarreó serias complicaciones. Operado por los médicos militares de Cuenca mediante la técnica “CathweIl Locke” siguió mal de salud, fue enviado al Hospital Territorial de Guayaquil y el Dr. Julián Hirsch le extrajo un pedazo de gasa infectada que le habían dejado y mejoró a base de lavados con la solución Oakin, pero se le formó una cavidad en el paladar y viajó a los Estados Unidos por nuevas operaciones hasta sanar completamente. El 42 entró al Cornell Medical College, fue llamado al ejército norteamericano y tuvo que usar de influencias con el Embajador Colón Eloy Alfaro para que el Departamento de Defensa le permitiera continuar sus estudios.

El 43 asistió ocho meses a la Escuela de Medicina Tropical de la U. de la Habana con los famosos tropicalistas Sres. Basnueva y Kourí. Nuevamente en Cornell y pasó a la “Escuela de Aplicación de Infantería” en Fort Benning, Columbus, Georgia, con uniforme ecuatoriano, para ser entrenado como Oficial de Comandos (boinas verdes) por el Mayor William Barby. De allí lo enviaron a Dundee en Escocia, después estuvo en el África del Norte, Sicilia, Nápoles y Anzio combatiendo una epidemia de tifus como Oficial Médico de un país aliado. Desde ese momento participó en el frente sanitario, ayudó en Grecia y en las landas de la Provenza, Francia, a controlar brotes maláricos.

A principios de 44 regresó a Fort Leavenorth, Kansas, a estudiar un Curso de Estado Mayor, posteriormente viajó a Guayaquil, matriculándose en la Escuela de Química y Farmacia, donde encabezó una huelga para obtener del Consejo Universitario la elevación a Facultad. Era compañero de excursiones del sabio entomólogo guayaquileño Dr. Francisco Campos Rivadeneyra, quien le tenía en gran estima. Después de la revolución del 28 de Mayo pasó nuevamente al exterior. Ese año había dado a la imprenta de la U. de Quito los siguientes trabajos: 1) “Clave para la identificación de los órganos masculinos (terminales) de los principales géneros, subgéneros y especies de anofelinos ecuatorianos” en 14 págs. 2) “El complejo pseudopunctipennis en el Ecuador” (Difteria dilicidae) en 7 págs. y 3) “Estudio sobre los Anofelinos de la región de Milagro” en 14 págs.

El 45 entró al “Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública” organizado por el gobierno americano y trabajó en Quito a las órdenes del Dr. Jaime Rivadeneira Dávila, como médico epidemiólogo y entomólogo sanitario combatiendo el paludismo andino causado por el mosquito anopheles pseudopunctipennis,

cuya variedad “rivadeneirae -levícastillo” denunció ese año, abriendo insospechados horizontes en el conocimiento del paludismo andino, pues probó que existían dos variedades diferentes de una misma especie de anopheles, una en la costa y otra en la sierra, aclimatadas tan bien y por tantos miles de años que ya se habían diferenciado en razón de sus distintos hábitat. Sin embargo Leví Castillo anota no sin cierto pesar “Este descubrimiento mío fue muy comentado en los círculos científicos del exterior mientras en el Ecuador me llamaban el doctor Mosquito y todos me hacían cháchara”.

Nuevamente en Guayaquil, logró formar una estación de investigaciones en terrenos de la hoy ciudadela “El Paraíso”. El 46 casó con la dominicana Martina Bello Germán con sucesión.

Afuera sus investigaciones eran acogidas con gran interés pues se acompañaban con micro fotografíastomadas con máquina Leica adaptada al microscopio y eran traducidas por su autor al inglés, alemán, francés e italiano, idiomas que hablaba y escribía con gran fluidez.

En 1947 fue nombrado profesor de Química del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte y sostuvo unas sonadas polémicas científicas con el sabio Francisco Campos Rivadeneyra. Este fue un gravísimo error de su parte, un encuentro de dos generaciones, que no trajo ninguna consecuencia a la ciencia y solo le serviría de obstáculo en su carrera.

En 1951 dio a la prensa su obra mayor titulada “Los mosquitos haemagogus de América del Sur”, traducido al inglés, portugués y alemán se encuentra en todas las bibliotecas de las Escuelas de Medicina Tropical del Mundo. La edición se agotó casi enseguida y hoy constituye texto de consulta obligado y al mismo tiempo rareza bibliográfica. También publicó “Notas sobre la dispersión del género Haemagogus en América del Sur y su importancia en la epidemiología de la fiebre amarilla selvática” que apareció en 9 pags y grabados en la Revista de Sanidad e Higiene Pública, de Madrid. En Diciembre se doctoró en Química y Farmacia con una tesis sobre la resistencia de los culex a los insecticidas, novedad que luego se comprobó en otros países.

En 1952 recibió del gobierno presidido por Galo Plaza la Cruz de Guerra por haber intervenido en Porotillo durante la aciaga invasión peruana del 41.

Ese año fue editor de la Revista ecuatoriana de Entomología y parasitología e ingresó a la Casa de la Cultura Ecuatoriana, como miembro de la sección de Ciencias biológicas del Núcleo del Guayas; recibió la medalla internacional “Carlos Finlay” de la Sociedad Cubana de Medicina Tropical, fue relator en el Congreso Internacional de Entomología de Amsterdam.

En el “Catálogo sinóptico de los Mosquitos del mundo” bajo los auspicios de la Fundación “Thomas Say” de los Estados Unidos. En el tomo sexto constan descritas diecinueve especies de mosquitos y el subgénero “Palpifer” descubiertos en el Ecuador por Leví Castillo, de suerte que se incorporaron oficialmente aprobadas estas especies y el susodicho subgénero, a la nomenclatura mundial.

El 53 recibió el título de Maestro en Salud 619“Scadta” y las “Panagra” que son las series más valiosas del Ecuador, así como muy completas colecciones aéreas y ordinarias de nuestro país y de otros de Europa. Le ayudaban a conseguirlas sus amigos con quienes se escribía. En 1960 ganó una Medalla de Bronce en la exposición Internacional Albert Hall de Londres. El 61 adquirió una Serie de rarezas (cuadros, variaciones de impresión, provisionales, etc) y obtuvo los dos primeros premios en la exposición internacional herofilatélica de Vliegende Hollander de Amsterdam. El 62 triunfó en la exposición Internacional de la American Air Mail Society en Miami.

También estudió las revistas especializadas y comenzó a detectar una serie de emisiones filatélicas abusivas y otras falsificaciones, y corno siempre ha sido un perfeccionista, decidió iniciar una campaña pública para limpiar a la filatelia del país de tanta basura y habló con su tío José Santiago Castillo, director del Telégrafo, quién le cedió un espacio que firmó con su anagrama “Rolecas”. Primero escribía generalidades de las principales oficinas postales del mundo, su columna se fue haciendo más seria, numerosos amigos de Quito empezaron a denunciarle abusos (falsificaciones y pillerías) que se hacían en la Dirección Nacional de Correos, llegándose incluso en una serie dedicada a las Islas Galápagos, a olvidarse de poner “Correos del Ecuador”, con lo cual se estaba creando un nuevo país filatélico, antes desconocido.

Su columna fue conocida a nivel internacional, un Ministro de Obras Públicas lo invitó a Quito a ofrecerle ciertas ventajas si no seguía denunciando sus pillerías, consistentes en la creación de errores y rarezas directamente vendidas a excelentes precios en el exterior y sin que el país pudiera darse cuenta.

Pronto se limpió el mercado filatélico mundial de esas basuras pero advino el régimen dictatorial del 63, rico en negociados filatélicos y “Rolecas” abandonó su infructuosa lucha dedicándose únicamente a proseguir con sus colecciones; mas, su larga serie de artículos constituye una completa historia de la filatelia ecuatoriana y bien merece ser recogida en una publicación.

Para entonces había sido nombrado periodista filatélico internacional y recibió el Carnet No. 600 de la “Sociedad Gremial de Periodistas

Filatélicos” con sede en Berna junto al local de la “Unión Postal Universal”, también visitaba las principales exposiciones universales y colaboraba con las más importantes publicaciones filatélicas. El mismo año 63 ganó Medalla de Oro en la Exposición Internacional Aerophila de Correos Aéreos de Amsterdam, el 64 triunfó en Berlín y el 65 en Chicago y New York donde ganó su quinta Medalla de Oro Internacional en la Exposición de Correos Aéreo y Aeroespacial del Americana Hilton, allí le designaron Juez Internacional de Filatelia Aérea en Junio del 66. Ese año adquirió al Dr. Salinas de Lozada, de Buenos Aires, una colección de hojas enteras de las primeras ediciones del Ecuador, logrando formar las dos mejores colecciones del mundo sobre Ecuador.

Hasta el 69 Leví Castillo barrió en las exposiciones internacionales en lo tocante a Ecuador. El 69 presentó sus estampillas en el edificio Scadta de Bogotá. El 70 donó a la Academia de aviación “Cosme Renella” la colección completa de los vuelos militares realizados en el Ecuador hasta ese año, avaluada en millón y medio de sucres y vendió en New York sus dos principales colecciones en forma fraccionada, en 65.000 y 50.000 dólares respectivamente.

Desde 1970 comenzó a colaborar con el historiador Julio Estrada Icaza en el Archivo Histórico del Guayas iniciando una nueva carrera. Pronto su amigo el contralmirante Carlos Monteverde Granados le llevó al Instituto de Historia Marítima en cuya revista publicó numerosos artículos. El 91 ingresó a la Asociación de Historiadores Ecuatorianos y el 97 a la Academia Nacional de Historia.

Otras de sus más importantes facetas de ese personaje tan especial es su activa participación en la masonería universal desde el 46 como miembro de la Logia Phitagoras de Washington D.C. aunque después trabajó en las de Texas, Missouri, Kansas, New York e lowa. En el Ecuador formó parte de la Logia “Luz de América No. 5 y sus trabajos masónicos merecieron el honor de salir editados en los Nos. 92 y 95 de los anales “Ars Quatuor Coronatorum” de Londres.

Retirado de los negocios mantenía inversiones en la botica del Comercio heredada de su padre hasta que ésta se cerró. Eventualmente enviaba colaboraciones históricas a diferentes diarios y a la revista de la U. de Guayaquil.

En la década de los años 1990 decidió vivir en Quito con su familia, adquirió un departamento y se dedicó a investigar temas históricos. El domingo 29 de Octubre del 2006 falleció del corazón a la avanzada edad de ochenta y cinco años y fue enterrado al día siguiente en el Cementerio Alemán de la capital. Estaba casado con Blanxa Muñoz Aguirre sin hijos

Polifacético, autodidacta, políglota (hablaba inglés, francés, italiano, alemán y español) y vehemente. Su producción se encuentra esparcida en diferentes revistas y periódicos del mundo.

Su honorabilidad masónica se basaba en “la búsqueda de la excelencia, rectitud de la escuadra y exactitud del nivel”. Su estatura mediana, tez quemada por el sol, fuertes espaldas; hablaba con energía y en tono mayor, gesticulando generalmente, y expresaba con euforia y convicción sus ideas. Murió profesando el judaísmo de sus mayores, nadie como Roberto ha estudiado tanto a los mosquitos en el Ecuador. Fue genial como entomólogo y como filatelista, pero le faltó tiempo y erudición en sus escritos históricos y por sus polémicas periodísticas el público le bautizo con el remoquete de “el doctor mosquito” que no le hacía mucha gracia por la carga de burla que contenía.